Domingo, 18 Agosto 2019 00:00

Alberto F. también es parte del problema - Por Alcadio Oña

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Temporada tormentosa en la economía

 

Faltan 48 días hábiles para la primera vuelta del 27 de octubre; 67 para el hipotético balotaje del 24 de noviembre y más de 70 hasta que quien finalmente resulte ganador asuma la presidencia, el 10 de diciembre. Hablar de días hábiles tiene sentido aquí, porque pone en perspectiva lo que hay y lo que puede venir y porque es hablar de los mercados, del precio del dólar y de las ventas de reservas del Banco Central; del riesgo país, de las acciones y las tasas de interés y, al fin, de algo semejante a una temporada probablemente tormentosa, seguro tensionante y agotadora.

Vistos desde las formas, el calendario y las piezas son lo mismo que había, pero sólo vistos desde las formas. Ahora nada luce igual, ni siquiera parecido al cuadro de unos días atrás: desde el golpe que el cristinismo le pegó al macrismo el domingo pasado, el panorama cambió y cambió por completo. Despojado de los intereses de la política, también cambió para mal.

Entre el lunes y el viernes, el dólar aumentó 25%, de 46,55 a 58,12 pesos y el BCRA vendió cerca de US$ 800 millones, sumando reservas propias y divisas del Tesoro Nacional, para contener la disparada sin contenerla. Las tasas del Central que guían el mercado pasaron del 63,4 al 74,9 % y levantaron a casi 87% las que se cobran por adelantos en cuenta corriente; las acciones del S&P Merval donde cotizan las empresas líderes cayeron 32% y el riesgo país, un termómetro de los temores asociados al pago de la deuda, escaló un 92% hasta los 1.656 puntos básicos.

Fue un shock fenomenal en apenas cinco días de operaciones, o sea, en cinco de los 48 que van de aquí a la primera vuelta. Y fue un shock sobre otro shock, como lo prueba un número fuerte entre los fuertes: desde principios de abril de 2018, hace menos de un año y medio, el dólar acumuló un 183%.

Claro que, si el corte se hace en el precio de dos viernes atrás, tendríamos allí una suba del 127% y un costo que va limpiamente a la cuenta del Gobierno.

El combo completo se llama pérdida de riqueza para un país que hace años viene perdiéndola en cantidad o, si se prefiere, pérdida de ingresos a la manera en que siempre se pierden aquí durante las crisis y las no crisis. Esto es, de abajo para arriba, si es que el sablazo llega a los pisos de arriba.

Fuera de la voluntad de llevar tranquilidad a la gente y a los mercados y del compromiso de mantener abierto un canal de diálogo, resulta un acertijo entre los analistas la magnitud de los compromisos que Alberto Fernández asumió ante Mauricio Macri. “Si algo influyó en los mercados fueron los 60 pesos que le puso al precio del dólar, pero por el resto hubo mucho dedicado a hacer su propio juego”, dice uno de ellos.

Es obvio que el candidato del Frente de Todos no arriesgará nada que signifique arriesgar la ventaja de 15 puntos, sabiendo además que en esos mismos 15 puntos está el valor de sus cartas y el de las que puede usar Macri.

Fernández se permitió desairar el pedido que le hizo el Presidente en el sentido de que fuera a Wall Street a explicar cuál es su plan: le respondió que la crisis económica es culpa del Gobierno y no suya. Pero se cuidó de ocultar que ya tiene alguien hablando con los inversores, un funcionario importante del primer Kirchnerismo.

También eludió la posibilidad de quedar pegado a decisiones que, necesariamente, le implicarían afrontar costos políticos. De nuevo, la factura a la cuenta de Macri.

En este escenario hay una parva de complicaciones que, quiera que no, pueden o van a involucrarlo. Sucede, finalmente, que Alberto F. es parte del problema, pues aunque hoy evite embarrarse en salidas al embrollo que creó la gestión de Macri habrá urgencias que deberá atender si le toca ser presidente, y atenderlas no bien asuma la presidencia.

La lista suena a interminable, empezando por la inflación y las variables atadas a la inflación, o sea, las indexaciones que ya pueblan la economía. Algunos ejemplos: si el índice de este año ronda el 55% que estiman estudios privados, en ese porcentaje o en el que salga se ajustarán en 2020 las jubilaciones, la AUH y varios planes sociales, más las compensaciones que gatillan las paritarias. Los precios seguirán siendo un problema.

Emisarios de Fernández con buena llegada al Banco Central, si no el propio Fernández, le han pedido a Guido Sandleris que cuide las reservas. Sirve, solo que no limpia los vencimientos de la deuda que caen durante 2020 y que deberán ser refinanciados, ni tampoco evita la renegociación con el FMI, toda una promesa de arduas, prolongadas y críticas deliberaciones, quizás con Donald Trump metido en el medio.

El candidato del Frente de Todos prefiere a Roberto Lavagna en el Ministerio de Economía y, llegado el momento, Lavagna preferirá ser canciller o embajador en Estados Unidos. Nada aún definido, el equipo surgirá del grupo que ha armado con Sergio Massa, Felipe Solá y los gobernadores más próximos y fuertes, lo cual huele parecido a pretender un papel menor de Cristina Kirchner en la selección. Tal como ocurre con tantas cosas, el movimiento se verá andando.

Está definitivamente claro que Macri ha decido dar pelea hasta el final, porque se siente capaz de ganar y porque debe apuntalar a los candidatos de Juntos por el Cambio en los comicios del 27 de octubre. Obvio, apuesta cuanto menos a mantener viva la alianza que lo encumbró a la Casa Rosada.

De eso hablan el congelamiento del precio de los combustibles bajo la amenaza de aplicar la Ley de Abastecimiento; la eliminación del IVA para alimentos esenciales; el congelamiento de las cuotas UVA; la ampliación de los planes pro-consumo y las medidas orientadas a los trabajadores sin distinciones. Es macrismo de este tiempo, no Guillermo Moreno de otros tiempos.

Aunque tardío, el paquete significa reconocer los costos sociales que provocó un ajuste para muchos analistas inédito en su dimensión y es, desde luego, una movida con nítido color electoral. También implica dar de baja el acuerdo con el FMI y, de hecho, poner al menos entre paréntesis la apuesta que el Fondo y Trump hicieron a la reelección de Macri.

Semejante vuelta de campana colocó en primer plano a Dante Sica, el ministro de Producción y Trabajo convertido por la fuerza de las cosas en poco menos que ministro de Economía. Hasta donde se sabe, Sica no ha dejado de ser peronista y como tal aplica remedios del peronismo, aunque el cristinismo intente hacerlos pasar como de su cosecha.

Alberto F. necesita que la economía llegue al 10 de diciembre lo más ordenada que sea posible y necesita entrar a la Rosada bien armado, pues seguro sobre seguro Cristina y el cristinismo duro estarán esperando su oportunidad. Entretanto, faltan 42, 67, más de 70 días de mercados probablemente inestables, siempre impredecibles.

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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