Domingo, 08 Septiembre 2019 00:00

Macri, Alberto Fernández y el polvorín económico - Por Alcadio Oña

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Las chances que tenía el Presidente para ser reelecto podían verse en las estadísticas del INDEC.

 

Ya no hay más vueltas que darle a la cuestión. Si uno quería saber por qué Mauricio Macri tenía grandes chances de perder el 11 de agosto, la respuesta estaba en las copiosas estadísticas del INDEC, todas empeñadas en mostrar una recesión tan profunda como interminable. Mejor dicho, estaba en que esas estadísticas reflejaban la realidad con bastante precisión y, de hecho, informaban sobre un ambiente social diverso que podía estallar y estalló en las PASO.

Sólo por citar algunos antecedentes fuertes, hasta las primarias se habían conocido 14 indicadores de la producción industrial, ninguno positivo. Y como ciertas cosas no cambian de un día para el otro, el último jueves se sumó el rojo número 15, esto es, un año y tres meses de caída libre.

La serie del instituto rescatado de las cenizas en que lo había sumido el kirchnerismo canta retroceso del 4,6% para 2016; leve repunte del 1,8% en 2017 y bajón del 5% en 2018. El acumulado del trienio arroja un menos 8% que va camino de superar el 10%, tal cual surge de las estadísticas de 2019.

Claramente en plan campaña, Axel Kicillof aprovechó un encuentro con industriales bonaerenses para disparar: “Estamos ante un plan de destrucción masiva de la industria, una política que ya se aplicó antes en la Argentina, una tormenta perfecta que tiene como resultado el industricidio”.

El ex ministro había empezado con la promesa de evitar chicanas, de ser prudente y de guardar silencio sobre las turbulencias de la coyuntura. Un truco, vista la parrafada completa, pues detrás de la supuesta pulcritud finalmente asomó nítido el objetivo de capitalizar la crítica situación fabril.

Eso sí, omitió redondamente los datos del segundo mandato de Cristina Kirchner, el que lo tuvo como protagonista central de la gestión económica. Dicen que de esos cuatro años tres fueron de recesión industrial y, de seguido, que entre 2011 y 2015 la actividad a la que el kirchnerismo iba a priorizar cayó 5,6%.

Para que se entienda mejor de qué se trata, lo que viene es un comentario de Matías Kulfas en Voces del Fénix, un periódico que difunde las ideas de un grupo de intelectuales creado a fines de 2001 bajo la bandera del “crecimiento con equidad social”. Kulfas, vale agregar, es un economista que integra el team de asesores de Alberto Fernández.

A propósito de aquellos años, Kulfas ha dicho, palabras más, palabras menos: “Con un escenario macroeconómico en deterioro y limitaciones acumuladas (...), la economía ingresó en un proceso de estancamiento donde la premisa inicial de profundizar el modelo mutó a la menos ambiciosa y épica premisa de aguantar el modelo”.

Tras señalar que para entonces se habían agotado los superávits gemelos de la primera etapa kirchnerista, concluye: “Se recurrió a herramientas e instituciones repetidas y de escasa orientación al cambio estructural”.

Está claro que el actual asesor de Alberto F. habla de Kicillof, sin mentarlo expresamente. Y habla, también, del fin de los tiempos cuando la súper soja sostenía el superávit comercial y alimentaba las cuentas del Estado.

Lo que remachó ese proceso, se sabe, fueron el cepo cambiario; el racionamiento a dedo de las importaciones administradas por el dedo a veces sospechoso de Guillermo Moreno; el saque a las reservas del Banco Central para financiar el pregonado desendeudamiento y, en fin, nada que reconstruyese un edificio que se desmoronaba sin remedio.

Así, de tumbo en tumbo y añadida la crisis macrista, la participación de la industria en el PBI global fue retrocediendo del 21,6% que ostentaba en 2004, a comienzos de la era K, al 12,6% del primer trimestre de 2019. Así, también, un sector que se caracterizaba por crear empleos bien pagos y de calidad pegó la vuelta y, en lugar de agregar de trabajo, ha perdido el 11% de las ocupaciones que había en 2011, muchas durante los últimos años.

Se verá, pues, cómo Fernández concreta la promesa de poner todo el foco en el crecimiento económico y en recuperar el muy deshilachado mercado laboral. Desde luego, si corona sus aspiraciones políticas y las del cristinismo del que forma parte.

Los esperan por de pronto la tarea de remontar 15 meses de caída sin pausa en la industria; 13 en el comercio mayorista y minorista y 11 en la construcción. Esto es, la necesidad de sacar del pozo a tres actividades tan potentes como que, juntas, representan casi la mitad del empleo del país.

Llegará el momento, entonces, de pasar del altisonante discurso de campaña a los hechos concretos, de cambiar todo aquello que a tambor batiente se le cuestiona al macrismo y de asumir, al fin, la indelegable función de gobernar. Aunque sea inevitable ir de a poco, pero mostrando desde el arranque mismo que son capaces de construir una realidad distinta y mejor.

Sobre ese horizonte, bien cercano, por cierto, habla o sirve de referencia el último relevamiento que el Banco Central hizo entre 39 institutos de acá y del exterior. Proyecta, para el año próximo, una inflación del 38%; caída del 1,1% en en el PBI, o sea, en la actividad económica; una tasa de interés del 42% y un dólar a 87 pesos promedio. Parafraseando al General, nada que suene a música en los oídos de Fernández y compañía.

De 2019 dice inflación del 55%, que es como decir, salvo cambios a la legislación vigente, aumento del 55% en gastos públicos indexados por la inflación pasada, como jubilaciones, pensiones y asignaciones por hijos. Puesto en limpio, un combo que compromete a alrededor del 60% de las erogaciones del Estado.

Hay eso y más que eso, al interior de una economía plagada de contratos indexados e indexados a plazos muy cortos. Ahora mismo unas cuantas empresas están recalculando sus números, según el dólar presente y el dólar futuro; algunas, en base a retenciones que ya imaginan superiores a las actuales y la mayoría, pensando en cuánto del aumento de sus costos podrán trasladárselos a los consumidores finales.

Debajo de una superficie hoy dominada por los vaivenes del mercado cambiario, crujen las estructuras empresarias y crujen las cadenas de pago, pesan las deudas y manda la incertidumbre por lo que existe y por lo que puede venir. Esto también les tocará, inevitablemente, a quienes gobiernen a partir del 10 de diciembre.

Todo y encima la negociación con el denostado Fondo Monetario, quizás con Donald Trump de por medio. Se verá qué condiciones plantea el FMI y cuáles, llegado el caso, acepta el cristinismo. Las vueltas que da la vida, el demonio que Néstor había espantado con US$ 9.80O millones ha retornado a escena.

Y si como parece la economía sepulta las aspiraciones reeleccionistas de Mauricio Macri, la economía será el gran acertijo que Alberto Fernández deberá resolver. Piensa en un año y medio para encarrilar las cosas.

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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