Miércoles, 25 Septiembre 2019 00:00

Empresas se preparan para un final incierto de la era Macri - Por Guillermo Kohan

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El mundo económico se prepara para un cierre muy complicado de la administración Macri después de octubre, en tanto crece la incertidumbre sobre el rumbo y el elenco que podría acompañar a Alberto Fernández en el arranque de su gestión.

 

Más allá de los deseos de accionistas y ejecutivos, en las principales empresas se trabaja con la hipótesis de que el resultado de las PASO resulta irreversible. Los encuestadores más serios que acertaron el resultado de las primarias informan ahora que la brecha se amplía casi a 20 puntos. Proyectan que Alberto alcanzaría 50/53% de los votos, contra 32/35% que podría sumar el actual Presidente. Menos reversible sería el resultado en la provincia de Buenos Aires, aunque María Eugenia Vidal podría sumar entre 2 y 4 puntos más que Macri por su carisma y mejor imagen en los sectores medios.

Un factor que complica más al oficialismo es que ahora, los líderes territoriales de Juntos por el Cambio tratarán de salvar la ropa en sus distritos tratando de promover un voto delivery que combine la boleta ganadora de Alberto y Cristina, con las categorías para intendente o diputados nacionales que se definen en octubre. Es el caso de la mayoría de los intendentes de Cambiemos en todo el país, particularmente en la provincia de Buenos Aires. Los jefes comunales saben por las PASO cómo votaron en cada manzana sus vecinos. Y está claro que en los lugares donde ganó Alberto, esos intendentes van a repartir la boleta de ellos combinada con la de la oposición.

En algunos distritos, San Miguel, por ejemplo, el candidato local de Cambiemos sacó en las PASO unos 25 mil votos más que la dupla Macri-María Eugenia. Está claro que fueron vecinos que optaron por la oposición a nivel de Presidente y Gobernador, pero siguieron votando al oficialismo a nivel comunal. Puede responder en muchos casos a un voto racional conforme con la gestión local y no con la nacional, pero se sabe hace años que el voto delivery define entre 15% y 20% de los sufragios, cuando le llega a los vecinos la boleta armada para que vayan ya decididos al cuarto oscuro.

Algo parecido puede ocurrir en las provincias gobernadas hasta ahora por Cambiemos, donde en las PASO fue derrotado Macri. Un ejemplo para entenderlo: Mendoza, no tanto en la elección provincial este domingo, sino en la nacional de octubre, donde se vota a Presidente en todo el país. El actual gobernador, Alfredo Cornejo, será en octubre el primer candidato a diputado nacional por su provincia. Su boleta va pegada a la de Macri, a quien sus aliados mendocinos le pidieron que ni aparezca por la provincia, porque tira para abajo en el padrón electoral. Hay quienes presumen que Cornejo, como todos, promoverá que aun los que voten a Alberto, lo lleven a él con la boleta cortada en la categoría de diputados nacional.

Conclusión: los dirigentes territoriales hasta ahora aliados de la Casa Rosada defenderán solo la boleta de ellos, ya no exclusivamente la de Macri. Incluso en algunos distritos, caso la provincia de Buenos Aires, la tirria desatada entre el equipo de campaña de María Eugenia Vidal y el que todavía lideran Marcos Peña y Jaime Duran Barba supuestamente a favor de Macri dificultan todavía más el panorama. La propia Gobernadora, alentada por sus colaboradores más incondicionales, responsabiliza de su derrota a Peña y al propio Presidente por no haberle permitido separar el comicio local en la Provincia, como sí lo hicieron Cornejo en Mendoza, Gerardo Morales en Jujuy y Gustavo Valdez en Corrientes.

También es cierto que a Vidal le faltó ese grado de audacia e independencia que a veces se necesita en la arena política. Decenas de veces muchos de sus colaboradores le sugirieron firmar el decreto del desdoblamiento electoral sin esperar la bendición de Macri, que nunca le iba a permitir mostrar que sumaba más que él. Para el Presidente, todo aquello era una conspiración en su contra.

También empresarios trataron de convencer a María Eugenia, sugerían que ya el presidente Macri se había convertido en parte del problema porque se anticipaba a principio del año que podía perder contra Cristina. Finalmente era cierta la famosa encuesta de Isonomía que en marzo último lo daba perdiendo a Macri contra Cristina por más de 9 puntos. En enero y febrero, un hombre muy conocedor del distrito como Emilio Monzó anticipaba a quien quisiera escucharlo que Macri estaba perdiendo por un millón y medio de votos. Nadie quiso escuchar. Se lo volvió a decir Monzó al Presidente semanas antes de las PASO. Terminó todo en una durísima discusión y un portazo: no se fueron a las manos de milagro.

Historia antigua, a esta altura casi irrelevante para un mundo económico que se prepara para un cierre muy complicado de la administración Macri. Hay muchos informes económicos que anticipan que podría volver a profundizarse la corrida contra el peso y contra los bancos después de 27 de octubre si no hay acuerdo entre autoridades salientes y entrantes. Muchos anticipan que será inevitable profundizar el cepo, ya que las reservas solo alcanzan para garantizar los depósitos en dólares, cuyos retiros habían frenado, aunque el jueves último según el BCRA se fueron más de 300 millones de los depósitos.

Es obvio que Fernández, si gana, tratará de que le estalle a Macri antes de diciembre el sinceramiento final del tipo de cambio, el desarme de las Leliq y pago de bonos en pesos que representarían una gigantesca emisión, y oficializar el default más o menos selectivo de la deuda.

Pocas novedades, más allá de lo conocido sobre el elenco y el rumbo que adoptaría Alberto si se confirma su triunfo. Parecía últimamente que subían las acciones de Martín Redrado para conducir la economía, en tanto Guillermo Nielsen volvería a ser el hombre clave en la renegociación de la deuda con el FMI y acreedores privados. Se buscaría un entendimiento con el Fondo que facilite la conversación con los privados. También trascendió y ya se publicó la idea del congelamiento total de precios, salarios y prestaciones estatales por 180 días. El déficit del sector público se reduciría por no pagar la deuda, y por licuar los compromisos corrientes en pesos, después de la fuerte devaluación ya contabilizada, más las que podrían llegar en los próximos meses.

Por si faltaran complicaciones para las expectativas, reapareció Cristina promoviendo el Nuevo Orden que cuestiona la propiedad privada, con definiciones económicas que ya fracasaron durante su gestión: intervenir en la formación de precios con la excusa de los costos locales versus la devaluación y amenazar a los inversores con que se van a regular los márgenes de ganancias de las empresas. Nada que no se haya ensayado en el pasado. Finalmente, como Macri, también Cristina empezó a perder las elecciones cuando se fueron agotando los dólares de las reservas.


Guillermo Kohan

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