Jueves, 03 Octubre 2019 00:00

El sueño industrial: volver al pasado, sin Cristina - Por Francisco Olivera

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Sobre el final del café, cuando casi no quedaban temas por abordar en un diálogo sin reproches ni objeciones que obligó a retrasar los almuerzos de todos, Alberto Fernández les dejó ayer a los dirigentes de la Unión Industrial Argentina (UIA) una recomendación: la situación es lo suficientemente grave como para no andar perdiendo energías en discusiones sobre el pasado.

 

No será sencillo atender al pedido. Primero, porque el estancamiento acumula ya tanto tiempo que es transversal a Macri y a Cristina Kirchner: José Urtubey, uno de los anfitriones, le recordó al candidato que la actividad fabril venía cayendo casi de manera ininterrumpida desde 2011. Pero también porque el discurso y las propuestas con que los visitó ayer Alberto Fernández remitieron a los industriales a años cuyo contexto, aunque grato para recordar, no asoma todavía ni en el presente ni en el futuro: la recuperación posterior al colapso de 2001-2002.

Es el meollo de la desazón empresarial. La opción para estas elecciones será entonces entre lo más reciente o lo más remoto, algo que tampoco los exime de la posibilidad de que uno de los dos responsables del desastre, el actual presidente o su antecesora, esté otra vez en la conducción del país.

El invitado fue bien explícito. Les dijo que era optimista, pero que esperaba asumir el gobierno con 11.000 millones de dólares de reservas en el Banco Central, una cantidad similar a la que Néstor Kirchner había recibido en 2003, y que el escenario económico era tan grave como el de entonces, a pesar de que, aclaró, ahora los bancos estaban más sólidos y, a diferencia de aquella vez, la crisis no había terminado de explotar.

Lo escuchaban Miguel Acevedo, Cristiano Rattazzi, Martín Cabrales, Carlos Garrera, Guillermo Moretti, Carolina Castro y Alberto Sellaro, entre otros, todos ellos sentados en derredor de una mesa que lo da por ganador en los comicios y que creyó ver en ese diagnóstico una definición relevante: no hay divisas disponibles y es probable que los controles cambiarios se mantengan o incrementen en el futuro. Cecilia Todesca, una de las que, junto con Matías Kulfas y Santiago Cafiero, lo acompañaban, reforzó esa presunción cuando agregó que a Fernández no le gustaban las regulaciones, pero que seguramente iban a ser necesarias.

Los industriales aprovecharon para recordarles las dificultades que muchos de ellos tienen desde hace un mes en el acceso a dólares para prefinanciar exportaciones, un escollo que, se quejaron, contrasta con la autorización para acceder a 10.000 dólares por mes que tiene cada ahorrista particular. Conclusión en la UIA: difícil que el cepo cambiario tenga una vida corta.

Pero el candidato no dio tantas precisiones. Se limitó a anticipar que buscaba ejercer una administración pragmática. Que entendía, por ejemplo, las circunstancias de los que los industriales llaman "sectores sensibles", pero que cualquier medida destinada a asistirlos debía aplicarse sin desatender la situación fiscal, que supone heredará con un déficit que oscila alrededor del 7% del PBI. Se mostró, con todo, dispuesto a no regalar puestos de trabajo a otros países, entre los que citó a China, y a incentivar el crecimiento de empresas nacionales. Tiene pensado, por lo pronto, cambiarle el nombre a la Cancillería: anticipó que crearía el "Ministerio de Comercio y Relaciones Exteriores".

La conversación fue en inmejorables términos. Hablaron, por ejemplo, del fallo de anteayer de la Corte Suprema sobre el IVA y el impuesto a las ganancias. Fernández se mostró de acuerdo con esa decisión porque, dijo, había que darle a ese tipo de normativas un respaldo más institucional para que fueran sustentables. Insistió además en la necesidad de incentivar el mercado interno y desarrollar Vaca Muerta: admitió, al respecto, el exiguo margen para volver a tarifas pesificadas, pero, al mismo tiempo, la imposibilidad de dolarizarlas. También se explayó sobre uno de los asuntos más ambiguos de la campaña, que es la promesa de "un nuevo orden" que hizo semanas atrás Cristina Kirchner durante la presentación de su libro. "La interpretaron mal", dijo el candidato, y agregó que su compañera de fórmula se había referido con eso al acuerdo social con que pretende iniciar el combate contra la inflación.

La aclaración, que surgió sin que nadie la exigiera, no pareció azarosa: el rol y la cosmovisión de la expresidenta, el único tema que nadie quiso tocar en la mesa, es la gran inquietud subyacente de industriales que han apoyado a Macri pese a la recesión con el solo propósito de superar ese pasado reciente que llaman populismo y que ahora podría volver. Si fuera por ellos, lo resumirían en una añoranza: la de la Argentina de la recuperación posterior a 2002. Los tiempos de Néstor y Alberto: aquel kirchnerismo sin Cristina.

Francisco Olivera

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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