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Viernes, 04 Octubre 2019 00:00

Genera dudas la salida que propone Alberto Fernández para la deuda pública - Por Fernando Laborda

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Una semana atrás, en Córdoba, Alberto Fernández ofreció una de sus más importantes definiciones en materia económica. Ante 500 empresarios y dirigentes reunidos por la Fundación Mediterránea, planteó la necesidad de una renegociación "seria, sensata y sin quitas" de la deuda pública argentina, con un alargamiento de los plazos de pago que le dé tiempo al país para crecer.

 

Una alternativa semejante a la que planteó Uruguay en 2002, bajo la presidencia de Jorge Batlle. La propuesta del candidato presidencial del Frente de Todos sobre una refinanciación amigable cayó bien en el mercado financiero. Sin embargo, abrió dudas sobre su viabilidad tanto entre economistas como entre algunos de los propios dirigentes que respaldan su postulación a la Casa Rosada.

Un dirigente peronista que ocupó importantes destinos diplomáticos durante la gestión nacional del kirchnerismo juzgó que la solución "a la uruguaya" que propició Alberto Fernández para la deuda parecía "una declaración de campaña", en tanto que "de aquí a diciembre, la situación puede ser bastante peor y entonces habrá que pensar en otras alternativas". Otro referente del justicialismo dijo temer que a Fernández le suceda algo semejante que a Eduardo Duhalde cuando, tras asumir la presidencia de la Nación a principios de 2002, dijo que quien había depositado dólares recibiría dólares, promesa de la que posteriormente tuvo que rectificarse.

Diferentes economistas, desde Daniel Artana hasta Marina Dal Poggetto, pusieron de manifiesto que cualquier solución a la deuda deberá estar enmarcada en un programa monetario y fiscal consistente. En otras palabras, un programa macroeconómico integral que genere credibilidad y previsibilidad, y que hasta el momento no es fácilmente advertible si se analizan las declaraciones públicas tanto del principal candidato presidencial opositor como de su referente Matías Kulfas, quien en los últimos días pareció convertirse en su más relevante vocero económico.

Kulfas sugirió que, más que en ajustar el gasto público, hay que pensar en "crecer" para resolver el problema del déficit fiscal. Una ecuación que desató críticas en quienes advierten que esa estrategia no sería muy diferente de la buscada por el gobierno de Mauricio Macri con el gradualismo, hasta que le estalló la crisis financiera en abril de 2018.

En lo que sí hay más acuerdo con Fernández y su equipo económico es en que la manera más genuina de que el país obtenga dólares será a través de sus exportaciones. De allí que se impulse un "dólar competitivo" para alentar al sector exportador y que se hable de transformar al Ministerio de Relaciones Exteriores en un agente de colocación de productos argentinos en el mundo.

El economista de FIEL Daniel Artana consideró que, mientras dure la incertidumbre, tendremos muy escaso financiamiento externo, por lo cual será necesario mantener el equilibrio en las cuentas fiscales y externas, y para esto las exportaciones deberán crecer al menos el triple que lo que mejore el PBI, lo cual llevaría a rezagar el consumo interno. Sostuvo que la Argentina debería lograr en 2020 un superávit fiscal primario del 3% del PBI, equivalente a unos 11.000 millones de dólares, para poder reperfilar la deuda y exhibir capacidad de pago.

Respecto de la reestructuración de la deuda, el economista Rodolfo Santángelo puntualizó, al exponer en la reciente Conferencia de FIEL, que entre las ventajas de las que goza la Argentina figuran el hecho de que el costo del dinero en el mundo es hoy ínfimo, que las paridades de los bonos en dólares rondan ya apenas entre el 40 y el 50 por ciento, y que aún no estamos en default.

Sin embargo, el mismo economista precisó algunas desventajas para llevar a cabo la amigable renegociación que ha postulado Fernández. La primera es que no hay hoy un superávit primario como el del año 2005, cuando el gobierno de Néstor Kirchner negoció con los acreedores. La segunda es que no luce viable políticamente adoptar decisiones sobre reformas estructurales, tales como una reforma previsional que posibilite una disminución mayor del déficit fiscal.

La contrapartida del exitoso canje voluntario de deuda de Uruguay, que toma como modelo Fernández, fue un fuerte ajuste fiscal que, en poco tiempo, le permitió al Estado uruguayo pasar a tener superávit fiscal. Se trató de una renegociación que requería de una amplia confianza por parte de los acreedores, algo que solo podía conseguirse con metas muy duras de disciplina fiscal, que den cuenta de una buena capacidad de repago de la deuda.

Constituiría un exigente esfuerzo fiscal, que hasta ahora Fernández no ha mostrado voluntad de llevar a la práctica. Podría apostar a un dólar más alto que termine licuando el gasto público parcialmente, aunque esta estrategia podría también acelerar el impacto inflacionario y la depreciación de los salarios. Algo contrario a la idea que transmite el propio candidato acerca de la necesidad de "meterle dinero en el bolsillo a la gente" para potenciar el consumo, y que difícilmente pueda ser contrarrestado con un simple acuerdo de precios y salarios entre los sectores del capital y del trabajo, como el que propone.

Fernando Laborda

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