Miércoles, 09 Octubre 2019 00:00

Acuerdo de precios y salarios o plan económico: ¿qué va primero? - Por Daniel Fernández Canedo

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La historia económica argentina es rica en experiencias de congelamientos temporarios que terminaron naufragando con una inflación que se apoyaba en déficits fiscales o cambiarios.

 

A la disparada del dólar que desató el resultado de las PASO del 11 de agosto le siguió el salto de la inflación y a eso la salida de los depósitos en dólares. Y desembocó en el control de cambios que le abrió la puerta al candidato del Frente de Todos para empezar a gestar un acuerdo de precios y salarios destinado a atacar la "inercia" inflacionaria.

La causalidad de los hechos fue acelerada y la idea de que Alberto Fernández ganaría las elecciones del 27 de octubre alineó rápidamente a los protagonistas. Tanto los sindicalistas de la CGT como los empresarios de la Unión Industrial Argentina aceptaron por anticipado el ya conocido esquema de aquietar por un tiempo precios y salarios.

La idea resulta tentadora en tiempos electorales y al calor de una inflación anual que, según las estimaciones de las consultoras privadas, se proyecta en 54,9% para este 2019 y abre la puerta para una discusión importante entre políticos y economistas.

El centro de esa discusión es si un acuerdo de precios y salarios debe encararse antes, simultáneamente o después de la concepción de un programa económico que lo sustente y lo haga sostenible en el tiempo.

La historia económica argentina es rica en experiencias de congelamientos temporarios que terminaron naufragando con una inflación que se apoyaba en déficits fiscales o cambiarios.

Roberto Frenkel, un economista que sigue estos temas desde hace años, decía en el programa del periodista Carlos Pagni que "el núcleo es la consistencia de la política sobre la cual se puede apoyar ese acuerdo".

Entre otros puntos esenciales Frenkel planteó dos: 1) cumplir con los compromisos porque "si no cumplimos con lo que firmamos no vamos a crecer", y 2) que el dólar suba con la inflación como garantía de que "ni se va a disparar ni a atrasar".

De ahí fue a otros dos puntos medulares diciendo que "para mostrar un tipo de cambio sostenible tiene que haber una política monetaria y fiscal consistente". Casi un ABC de la economía y con bajo componente mágico.

Esa suerte de declaración de principios abre la puerta a una pregunta más concreta: ¿por dónde empezar a desenmarañar el problema de una economía que no crece hace casi nueve años, que tiene una inflación de 55% anual y que detenta una realidad tan dolorosa como es 35,4% de pobreza.

Un sendero posible lo definió el último informe de Ecogo, la consultora que dirige Marina Dal Poggetto de la siguiente manera: "Sin una solución rápida a la deuda que permita reabrir el mercado y estabilizar el programa financiero, la consistencia monetaria necesaria para enmarcar el acuerdo de precios y salarios no aparece".

Ahí se propone primero lograr un acuerdo por la deuda (FMI y bonistas) que abra la posibilidad de un regreso a los mercados de capitales (hoy el acceso está cortado) para pensar en una baja del costo del crédito que permita hacer viable la inversión en la Argentina.

Esa posible hoja de ruta es compatible con la idea de que, en caso de ganar la elección, el primer viaje de Alberto Fernández será a Washington para hablar con el gobierno y con el FMI.

Según el entorno del candidato del Frente de Todos, Fernández piensa en negociar un nuevo préstamo "stand by" (es el que actualmente tiene la Argentina) en vez de otro de Facilidades Extendidas que le permitiría prolongar los vencimientos.

La clave, dijeron, es porque un "extended fund facilities" exige a los gobiernos reformas de mediano plazo que garanticen algún grado de solidez fiscal pero que son variables social y políticamente sensibles: jubilaciones, impuestos y empleo.

Fernández habló de la posibilidad de una suba robusta sobre los bienes personales y su entorno deja trascender que aplicarían retenciones porcentuales, en vez de las fijas actuales, sobre las exportaciones del sector agropecuario.

Habló de suba de las jubilaciones (aunque no se menciona la posibilidad de derogar la fórmula de indexación actual) y el más cercano de sus economistas, Matías Kulfas, negó que piensen en encarar una reforma laboral integral.

Desde hace semanas los allegados de Alberto F. vienen anunciando que la reducción del costo laboral para favorecer exportaciones vendrá de la mano de acuerdos sectoriales -ponen como ejemplo el de Vaca Muerta- para el complejo sojero, el litio, el conocimiento, etc, describiendo un esquema en el que a priori todos ganan y nadie paga un costo.

Pero ir a otro acuerdo con el FMI se presenta prioritario como paraguas de una negociación "amigable" de la deuda que posibilite un regreso a los mercados a tasas "civilizadas".

La tasa de riesgo país argentina es de 2100 puntos que en la práctica implica estar fuera del mundo financiero. Es pagar 21 puntos más que EE.UU. El promedio de América Latina ronda los 200 puntos.

Acordar sobre un plan económico integral es mucho más que hacerlo hacia un acuerdo de precios y salarios. Y en general, los países que resultaron exitosos siempre pusieron el caballo delante del carro. ¿Habrá otro camino?


Daniel Fernández Canedo

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