Martes, 19 Noviembre 2019 00:00

El riesgo de reactivar la economía vía expansión monetaria - Por Roberto Cachanosky

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Relación entre la dinámica de la oferta de dinero, la demanda y los precios al consumidor

 

Pareciera ser que, en sectores afines al presidente electo, Alberto Fernández, están pensando en emitir moneda para reactivar la economía al más puro estilo keynesiano. La idea estaría enmarcada en un acuerdo de precios y salarios partiendo del supuesto de que, dado que hay una muy baja utilización de la capacidad instalada en la industria, todo incremento de la expansión monetaria no generaría presiones inflacionarias, sino que las empresas responderían produciendo más unidades en lugar de aumentar los precios.

De acuerdo al último informe del Indec, en septiembre la industria manufacturera estaba trabajando al 57,7% de su máximo potencial, con sectores que estaban en niveles más bajos, como es el caso del automotriz que trabajaba al 37,4% de su capacidad de producción o en la otra punta las industrias metálicas básicas que operaban al 79%. Esta situación se repite desde abril último, y, por lo tanto, se estaría apostando a que una expansión monetaria para financiar aumentos de jubilaciones, de sueldos de empleados públicos y, tal vez, algo de “crédito blando” para estimular el consumo se traduzca en mayor producción, lo que haría salir a la economía de la recesión con una mínima inflación. Eso no sería crecimiento, en todo caso sería reactivación.

Ahora bien, la idea básica sería estimular el consumo para que, al aumentar la demanda, la oferta responda incrementando la producción en vez de subir los precios. ¿Es viable esta estrategia de corto plazo? Depende del comportamiento de la demanda de dinero, es decir por la cantidad de pesos que la gente quiere tener inmovilizados en el bolsillo, en la cuenta corriente o en la caja de ahorro del banco. Es dinero emitido que la gente no utiliza y lo tiene disponible para transacciones a lo largo del mes.


Para comprender mejor el tema puede verse el proceso en el cuadro previo, dado que no es solo cuestión emitir y esperar a que aumente la oferta de bienes. En estos casos hay que ver cómo se mueven simultáneamente 3 variables.

El caso 1 sería el actual. Hay emitidos $10.000, la demanda de moneda es de $2.000, por lo tanto, el dinero para transacciones es de $8.000. La oferta de bienes y servicios es de 800 unidades, por lo tanto, el precio promedio que surge de dividir el dinero para transacciones por la oferta de bienes es 10 pesos.

El caso 2 muestra la apuesta para reactivar la economía poniéndole plata en el bolsillo a la gente consistiría en emitir un 10% esperando que la demanda de moneda se mantenga en $2.000. O sea, no se mueve la demanda de moneda. Como ahora habría en el mercado $9.000 para transacciones, aumentando la demanda de bienes. Ante ese aumento de demanda las empresas responderían con un incremento de la oferta dado que no tienen que realizar inversiones para incrementar la producción, dada la elevada capacidad ociosa en los establecimientos.

De manera, los industriales pueden elevar la oferta solo comprando más insumos. Si ante la expansión monetaria en 10% (los pesos en circulación pasan de 10.000 a 11.000) la oferta crece 12,5% pasando de 800 a 900 unidades, el nivel general de precios se mantiene estable en $10 por unidad. Este sería el caso en que funciona la idea de expandir moneda sin tener impacto inflacionario.

Pero también puede darse el escenario 3 en que se incrementa la cantidad de moneda en un 10%, cae la demanda de moneda de $2.000 a $1.000 y crece la oferta de bienes de 800 a 900 unidades. El nivel general de precios pasa de $10 a $11 por unidad, con lo cual podría haber cierta reactivación, pero con inflación.

En el escenario 4 la situación se complica más porque cae la demanda de moneda, pero no aumenta la oferta de bienes. En ese caso el impacto inflacionario es más intenso y no hay reactivación.

El peor escenario sería el ejemplo 5, en el cual, ante una expansión monetaria para reactivar la economía, no solo cae la demanda de moneda sino que también sigue disminuyendo la oferta de bienes y servicios por incertidumbre, mayor carga tributaria u otras múltiples causas.

El peso de la historia con alta inflación

Considerando la tradición inflacionaria, megainflacionaria e hiperinflacionaria con la destrucción de 5 signos monetarios, no luce conveniente jugarse a reactivar la economía vía expansión monetaria. Es más, se asume el riesgo de caer en una aceleración en el ritmo de alza de los precios al consumidor, en una magnitud que dependerá de la reacción de la demanda de dinero y de la oferta de bienes y servicios. Y nada asegura que al final del camino vaya a haber crecimiento basado en más inversiones. Para eso debería disminuir la presión impositiva, cambiar la legislación laboral y reducirse el gasto público, algo que por el momento no surge del discurso de Alberto Fernández.

El dilema que tiene que enfrentar la economía argentina es que el gasto público consolidado pasó de 30% del PBI al 47% en el momento en que el viento de cola permitía financiar el aumento del gasto público.

En dólares constantes de 2019, Fernando de la Rúa tuvo en su breve mandato un precio promedio del poroto de soja de USD 257 la tonelada; subió bajo la presidencia de Néstor Kirchner a USD 323 la tonelada, 26% más en términos reales. En su primer mandato, Cristina Kirchner contó con un valor promedio de USD 491 y en el segundo se elevó a USD 508; mientras que en los 4 años del gobierno de Mauricio Macri se ubicó en una media de USD 358 la tonelada.

No es lo mismo lo que se recauda por derechos de exportación con una soja a USD 508 la tonelada que con USD 358. La caja es diferente.


Puesto en otras palabras, la Argentina es como una familia que en momentos en que tenía buenos ingresos, aumentó sus gastos fijos, pero cuando se perdió el trabajo y hubo que achicar el presupuesto nadie quiso hacerlo. Ese es el problema de fondo.

Y ese exceso gasto sobre los nuevos ingresos más bajos es lo que impide crecer, por eso no comparto que de esto se sale con crecimiento. Con el nivel de gasto público que comprime al sector privado con exceso de impuestos es inviable el crecimiento. Cambiemos lo intentó y fracasó porque el crecimiento requiere de otras condiciones que no ofrece Argentina.

Esquivar esta realidad buscando reactivar la economía con expansión monetaria tiene riesgos inflacionarios e incluso hiperinflacionarios que están latentes.

Y hay que tener en cuenta que la conflictividad social no se produce solamente por un proceso recesivo. Una estampida inflacionaria por apostar a la reactivación vía expansión monetaria puede generar un alto grado de tensiones en la sociedad.

Roberto Cachanosky

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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