Martes, 26 Noviembre 2019 00:00

Cómo salir de las crisis y de las recesiones por la vía exportadora - Por Alcadio Oña

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Ya urge salir del dólar dependencia y de las crisis externas. Las vías pueden ser diferentes, pero hay una necesidad y se llama exportaciones.

 

La Argentina es, por donde se lo mire, un país dólar dependiente, un país cuya economía o buena parte de su economía no genera ni de cerca las divisas que necesita para funcionar y que siempre está a tiro de crisis cambiarias. Nada, al fin, que los especialistas ignoren ni mucha gente del común no sepa o padezca, entre otras formas, bajo la forma de la archiconocida inflación.

Dentro de este cuadro habría que colocar el superávit comercial de los primeros diez meses del año y, sobre todo, a las causas que lo originan. Se llevan acumulados impresionantes US$ 11.265 millones, que van rumbo a pasar de largo los 12.000 millones de 2012, la última gran marca de la serie reciente del INDEC. Un superávit tan impresionante como agarrado con alfileres, valdría añadir.

Ocurre que semejante saldo proviene, casi por entero, del desplome de las importaciones o, si se prefiere, de la profundidad de la recesión. Durante ese período las compras al exterior cayeron nada menos que 25,6% contra exportaciones que, en el otro platillo de la balanza, apenas aportan una mejora del 5,4%.

Dicho esto, lo que sigue plantea que cualquier repunte de la actividad económica le pegará un sacudón a las cuentas externas, uno a la medida del repunte. Según datos de especialistas, por cada punto que el PBI crece las importaciones crecen entre 3 y 4 puntos y, entonces, un rebote del 3% en el PBI provocaría una trepada del 9 al 12% en las importaciones.

Un cálculo a mano alzada diría luego que, si en lugar de caer 25,6% las compras hubiesen subido un nada desmesurado 10%, en lugar de superávit tendríamos un rojo profundo y pura pérdida. Así de atada a bienes e insumos que no produce anda la economía argentina, así de dependiente es su estructura y, finalmente, así de frágiles y expuestas son sus cuentas externas.

Tampoco habría un gran hallazgo en señalar que la salida al laberinto pasa por lograr que las exportaciones aumenten tanto como hace falta, para emparejar y sostener las importaciones. Y conseguir, además, que producción nacional vaya llenando huecos que cada vez más se llenan con producción del exterior, con valor agregado y trabajo ajenos.

Un estudio de Martín Rapetti, Pablo Carreras Mayer, Caterina Brest López y Alejo Sorrentino analiza y propone varias entradas al problema. Está publicado en la Web del Cippec, un centro dedicado a evaluar políticas públicas, y apunta justamente a cerrar esa brecha entre necesidades y posibilidades.

El esquema resulta compatible con un balance comercial equilibrado, pero ancla en el envión exportador que se debiera emprender a partir del nuevo ciclo político.

Dice que para apuntalar un crecimiento económico sustentable del 3% anual, una meta en cierto sentido modesta aunque imprescindible viniéndose de dónde se viene, harían falta exportaciones adicionales y también anuales por 25.000 millones de dólares.

Describe varias alternativas, según las visiones de quienes las ejecuten: más mercados internistas, entre quienes ven en la demanda doméstica el motor del desarrollo, y quienes apuestan a fondo a la vía del aprovechamiento de las riquezas naturales. Su modelo coloca el foco en lo que llaman “una estrategia diversificada”, que combine exportaciones primarias y primarias manufacturadas; industriales y de servicios.

En ese modelo, los dólares adicionales de los recursos naturales y las manufacturas de origen agropecuario suman 12.700 millones; 8.900 millones los de bienes industriales y 4.200 millones los de servicios.

De paso, el trabajo de los economistas del Cippec pone un caso que luce emblemático. Las exportaciones de servicios alcanzaron notables US$ 15.500 millones en 2011, con mucho del turismo y, sobre todo, con mucho de aquellos basados en el conocimiento: software, audiovisuales, publicidad y servicios profesionales. Entre 1996 y 2001, dice, habían quedado estancadas en US$ 4.700 millones.

Si hablásemos hoy de los 25.000 millones extra, estaríamos hablando de unos 95.000 millones para el año próximo y de un incremento de las exportaciones del 35%. Parece muy ambicioso de entrada, así fuese necesario ir por ese camino.

La clave es siempre generar divisas genuinas, sin caer en el recurso del endeudamiento o cayendo cuando suena inevitable o imprescindible para apalancar inversiones. De lo contrario, el riesgo se llama devaluaciones.

Urge en cualquier hipótesis salir del pantano de la recesión y hacerlo además de un modo ininterrumpido, nada parecido a los últimos 70 años donde uno de cada tres fue recesivo. Se trata, claro está, de un crecimiento con igualdad e inclusión social, que atienda la pobreza ya extrema y sea capaz de equilibrar las oportunidades, incluida la educación.

Puede sonar a pedir demasiado, solo que unas cuantas experiencias han probado que el crecimiento por si mismo no garantiza nada. O peor, puede mejorar la situación de quienes ya estaban mejor.

Y como lo evidente nunca deja de ser evidente, todo lleva a la calidad de los gobiernos, a su capacidad para articular políticas económicas integrales y, al fin, a un uso de los recursos del Estado transparente y apreciable.

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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