Jueves, 12 Diciembre 2019 00:00

En las puertas de un nuevo default de la deuda pública - Por Ramiro Castiñeira

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La diferencia entre los compromisos del Estado y los que asume el sector privado

 

En un país normal, si una persona ahorra USD 100 en bonos del Estado, tiene la posibilidad de vender esos títulos en los mercados financieros y disponer inmediatamente de ese capital. Los intereses a partir de entonces los cobrará el nuevo acreedor. Pero hoy, si ese inversor vende su bono del Estado en el mercado financiero consigue como mucho USD 40, es decir cotizan con una quita del 60 por ciento.

Esa gran quita responde a que hoy nadie cree que Argentina pague su deuda en tiempo y forma. Se parte de una economía que no crece hace 8 años, no tiene superávit fiscal hace 10 años, ni se conoce una agenda de reformas en marcha que permita cambiar esa suerte.

Si fuera una persona, la Argentina hace años que no tiene trabajo (no crece), ya se comió todos los ahorros (AFJP, recursos energéticos, reservas del BCRA), ya agotó el cupo de la tarjeta de crédito (deuda pública) y el tío Sam (FMI) ya le indicó que no pase más a pedir plata. La actitud tampoco ayuda, Argentina frente a los problemas se pasa la tarde en la esquina con sus otros amigos que tampoco tienen trabajo ni proyectos, como Cuba y Venezuela.


Deuda pública

La Argentina no creció, no crece y se pone en duda si crecerá. No tiene plan para crecer, ni plata para pagar al menos los intereses de la deuda que ya tomó. Una Deuda de USD 240 mil millones hasta el 2015 se elevó a USD 310 mil millones en la actualidad (76% del PBI).

Es ese contexto, los USD 40 sobre USD 100 que se remata la deuda del Estado argentino en los mercados, advierte que el sistema ya espera una quita del capital, postergar varios años su pago, además que también supone la capitalización de parte importante del flujo de los intereses de la deuda renegociada.

Es que sin superávit primario no hay plata ni para pagar los intereses, y el mercado entiende que lo máximo que le pueden ofrecer es que se capitalicen e incremente lo adeudado. Toda esta incertidumbre es la que permite explicar por qué los bonos cotizan a 40 dólares.

Dos formas de negociación

Uruguay renegoció su deuda en 2003. A muy grandes rasgos, la negociación a la “uruguaya” fue respetar monto adeudado y tasas acordadas, y estirar 5 años el cronograma de pago. El resultado fue que los bonos valían 90 dólares tras la negociación. Una quita del 10 por ciento.

En el otro extremo de cómo encarar una negociación fue argentina en 2005, una de las más agresivas de la historia financiera mundial. Luego de 4 años en default, la oferta fue una quita del 66% sobre el capital, patear 30 años la deuda remante, bajar la tasa de interés y los intereses que pagarían los nuevos bonos… lola, se capitalizan la primera década. El resultado fue que los bonos valían USD 30 tras la renegociación. Una quita del 70 por ciento.


Valor de la deuda

Pese a lo agresivo de la oferta, gran parte de los acreedores aceptaron el canje en forma voluntaria para recuperar algo del dinero y olvidarse de Argentina, frente a la opción de escalar el pleito en los juzgados. Como resultado a la oferta tan agresiva, en toda la siguiente década el Gobierno argentino sólo logró colocar deuda a Venezuela (y a dos dígitos), y un nutrido swap de China a cambio de una base en Vaca Muerta.

Un punto no menor, en 2005 el Gobierno argentino negociaba la deuda en default con la carta del superávit primario en la mano. Un excedente fiscal que logró tras la crisis del 2002, en base a inflar ingresos con retenciones y licuar gastos pisando las jubilaciones.

El gobierno que culmina redujo el déficit primario de 4% del PBI en 2015 a 1% del PBI en 2019 (incluye gastos que disparan la indexación en 2020). La deuda exige 3% de PBI para el pago de intereses y se parte de un déficit primario de 1% del PBI. Es decir, pese al ajuste, todavía no se genera plata para intereses.

Por lo que antes de hacer una oferta de pago, los acreedores querrán saber si en algún momento existirá capacidad de pago. Pregunta que se responde con un programa económico que no sólo restablezca el superávit primario perdido una década atrás (2009), sino también con una agenda de reformas para que la Argentina tenga alguna posibilidad de exportar algo más que soja.


Stock de deuda pública

Ahora bien, desdoblar el mercado de cambios dándole la cotización más baja al exportador; imponer retenciones y posiblemente el regreso de los cupos a las exportaciones, resulta la fórmula ideal para destruir el aparato exportador de un país.

Vaca Muerta se vende como la gran esperanza exportadora. Pero vale advertir que hacer un “gueto capitalista” con leyes actualizadas y seguridad jurídica limitada sólo para un sector, no es un proyecto de país. Así como tampoco en Cuba alcanza el gueto capitalista del turismo y medicina sólo para extranjeros.

El Gobierno argentino entró 8 veces en default en toda su historia: Dos veces en el siglo XIX (1827, 1890), cuatro veces en el siglo XX (1951, 1956, 1982, 1989) y vamos dos veces en el reciente siglo XXI (2002 y 2014). Hoy estamos a la puerta de un nuevo default, consecuencia directa de duplicar el tamaño del Estado en la “década ganada” sin tener la menor idea de cómo financiarlo.

Ramiro Castiñeira
Director y Economista Jefe de Econométrica, Economic Research & Forecasts

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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