Martin Tetaz

Martin Tetaz

La noticia de la semana fue algo confusa para mucha gente que se atragantó el pan dulce de la última Navidad viendo como el dólar amenazaba con llegar a $20, al tiempo que en los celulares del círculo rojo proliferaban las versiones de renuncia del presidente del Banco Central.

 

Todo el mundo recuerda esa famosa frase que llevó a Clinton a la presidencia de los Estados Unidos: “Es la economía, estúpido” fue el mantra que mostró que a la gente, incluso por encima de la guerra, le importaba el bolsillo.

 

El Gobierno abandona la vieja meta del 10 % de inflación y apunta ahora a una del 15% para el año que se inicia

 

La escena es de un futuro cercano. Son las dos de la mañana, la mesa de dulces ya fue arrasada y el alcohol en sangre supera los cinco brindis. Imposible manejar. En la calle un taxi es un oasis en el desierto.

 

Cristina nos llevaba a Venezuela en el tren bala; Macri a Mar del Plata en el lechero

 

La pregunta del millón: ¿Debe el Estado decirle al contribuyente en que gastar o cómo ahorrar?

 

El debate se instaló en el Congreso tras los acuerdos firmados por el oficialismo con los gobernadores

 

Cuáles son las variables que se deben atender para acercarnos a la comprensión del problema

 

El modelo económico de Cambiemos está basado en un cierre gradual del déficit fiscal

 

“Hay que bajar los impuestos porque nos están matando” dijo a mediados de julio el mismísimo Presidente en la más mediterránea de las provincias.

 

“Nos está costando bajar de manera significativa la inflación núcleo”, podría haber sido la crítica de algún economista de la oposición, pero fue la frase que el Presidente del Banco Central pronunció el miércoles pasado, con motivo de la presentación del Informe de política monetaria.

 

En los primeros seis meses del año la cuenta corriente del balance de pagos acumuló un déficit de 12.889 millones de dólares, lo que quiere decir que el país no genera suficientes divisas y que para funcionar requiere asistencia externa equivalente a casi 4% del PBI por año.

 

Según el Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (CEDLAS), en el primer semestre del 2015, último período comparable en el que se hizo la encuesta permanente de hogares, 30,5% de las familias estaban debajo de la línea de pobreza.

 

Según un estudio del economista Michael Osborne, de la Universidad de Oxford, 47 por ciento de los empleos podrían ser automatizables y no se trata de una elucubración de ciencia ficción, sino que ese es el número dada la tecnología actual; el futuro puede ser incluso más sombrío.

 

En el segundo semestre del año pasado, según el IPC de la Ciudad de Buenos Aires, los precios, que habían volado en los seis meses anteriores, empezaron a desacelerarse de manera dramática; de una inflación del 29,2% entre diciembre del 2015 y junio del 2016, se redujo a solo 9,1 en el resto del 2016.

 

Argentina tiene la triste combinación de ser un país caro en el que el sistema de precios funciona de manera pobre porque la economía está entre las más cerradas del mundo y las señales de oportunidad que brinda la escasez mundial quedan escondidas.

 

Esta semana la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó una nueva norma que regula los alquileres. Entre otros puntos, la Ley establece que las comisiones serán pagadas por los propietarios y que las mismas no podrán superar el 4,15% del contrato. Ambas disposiciones dispararon la protesta de las cámaras inmobiliarias que denuncian que la intervención perjudicará a las partes y dañará el negocio.

 

Con diez jugadores colgados del travesaño, el arquero sacaba de puntin al lateral, se revolcaba en el barro y sobre el pitazo final atajaba un penal. No, no es el relato de un partido de futbol sino la analogía que mejor describe las peripecias que tuvo que hacer la semana pasada el Banco Central para aguantar el pánico de los ahorristas y evitar que la divisa norteamericana superara los $18.

 

Puede afirmarse que la percepción de la gente sobre la situación económica representa dos tercios de una elección

 

El cuento de la rana y el agua caliente es un clásico en psicología de la percepción. Si se mete uno de esos animalitos en una olla y se la pone al fuego, la pobre anfibia muere porque su cuerpo se va habituando a los cambios graduales en la temperatura.

 

Esta semana tronó, una vez más, el escarmiento contra los supermercados y la representante de la bronca fue nada menos que Elisa Carrió. La candidata y líder de la Coalición Cívica arengó “No compren en supermercados, salvo que haya descuentos, porque están poniendo precios que son terriblemente superiores a lo que realmente valen”.

 

A las seis la marea humana se empezó a mover. Las escaramuzas por las imperfecciones del orden espontáneo empezaron a acumularse, pero el agua no llegó al río… hasta que se acabaron los changuitos.

 

Esta es una historia que ya conté en muchas oportunidades, pero que en Argentina se repite cada vez que una vaca aparece en el campo visual, porque como reza el dicho, el que se quema con leche…

 

El taxi deshace la cuadra que lo separa de la avenida y se sumerge en la Santa Teresa, justo antes de chocar el local verde de una conocida marca de alquiler de autos. Diego Leuco me pidió esta mañana que relevara los precios de Asunción y ya se sabe; donde manda capitán, no manda marinero.

 

Para entender el problema de la deuda en Argentina hay que remontarse al siglo pasado.

 

El chiste se lo escuché por primera vez a Rolo Villar. Un hombre se presenta a una entrevista laboral y pregunta por el sueldo que cobraría en el nuevo empleo. El reclutador le comenta “al principio ganará 10.000 pesos y si todo sale bien, al cabo de un año pasaría a cobrar 20.000”. “Buenísimo”, replica el candidato, “entonces llámeme dentro de un año”.

 

El jueves llegué a casa a eso de las diez de la noche, cené y empecé el ritual nocturno; acostarlo a Tetecito, preparar las mamaderas de Santi y Benja, hacerles los puff y poner de fondo la tele como única luz para que los peques se vayan durmiendo mientras se alimentan.

 

El experimento era muy simple; el Profesor Fritz Strack, de la Universidad Würzburg les preguntaba a sus alumnos a qué edad creían que había muerto Mahatma Gandhi.

 

Señora presidenta, le escribo estas líneas a partir de la exteriorización de su propuesta económica en una entrevista que le hicieron recientemente en C5N.

 

Nadie sabe muy bien cómo empezó el fenómeno ni de donde salió la primer criptomoneda.

 

El hombre estaba sentado de espaldas al Casino, en una mesita de una ventana que daba a la calle, en el bar que ocupa el 1927 de la calle Buenos Aires, frente a la Plaza del Milenio, en pleno centro de Mar del Plata.

 

En 1953 Corea del Sur era un país de bajo nivel de desarrollo, e incluso pobre para los estándares latinoamericanos, pero hoy 63 años después es una potencia económica indiscutida.

 

El 18 de julio del 2011, Hugo Chávez, por entonces Presidente de Venezuela, firmaba el Decreto 8.331 conocido como “Ley de Costos y Precios Justos”, que en sus considerandos sostenía que “los abusos flagrantes del poder monopólico en muchos sectores de la economía han originado que la base de acumulación de capital se materialice en los elevados márgenes de ganancia que implica el alza constante de precios sin ninguna razón más que la explotación directa e indirecta del pueblo”.

 

Todo el que ha viajado tiene una anécdota similar. Desde la Coca de 1,5 litros a un dólar en Miami, hasta la bandejita de diez piezas de sushi a nueve dólares en New York, pasando por un almuerzo en plena Puerta del Sol a menos de diez euros, más barato que un menú ejecutivo del centro de Buenos Aires.

 

De acuerdo al último informe cambiario del Banco Central, 843.000 argentinos compraron dólares por 2.593 millones durante el pasado mes de marzo.

 

La semana fue bastante turbulenta en lo económico; primero se conocieron los indicadores oficiales de inflación que confirmaron lo que el propio Banco Central había anticipado, en el sentido de que el trimestre febrero, marzo y abril presentaría guarismos más altos por el impacto del tarifazo en la luz y el gas.

 

Consistente con los datos que se empiezan a conocer respecto de las mediciones de inflación del mes de marzo, el Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) del Banco Central corrigió al alza sus previsiones indicando que espera que los precios aumenten, en promedio, un 21,3% durante 2017, cuatro puntos por arriba de la meta del BCRA, que como muchos saben fue establecida en 17% por parte de esa entidad.

 

Entre las nuevas escuchas a Oscar Parrilli que se conocieron hace pocos días, emergió una perlita que pasó más desapercibida que la catarata de insultos que Cristina Fernández de Kirchner le propinó a los industriales, pero que incluye información que aunque menos divertida, resulta mucho más interesante.

 

Hasta hace un año atrás, nuestro país ostentaba la extraña contradicción de ofrecer la posibilidad de comprar un electrodoméstico en cómodas cuotas, al mismo tiempo que para acceder al sueño de la casa propia había que pagarla al contado, “taca taca”, peso sobre peso, o peor aún; dólar sobre dólar.

 

Contrariamente a lo que muchos creen, hubo momentos en la historia económica argentina en los que se cumplió el famoso vaticinio de Lorenzo Sigaut; “El que apuesta al dólar pierde”. Concretamente, quien compró billetes verdes en julio del 2002 perdió un 25% de su capital en pocos meses porque la divisa se desplomó desde los $3,96 por unidad que cotizara a mediados de ese año, a $2,90 para mayo del 2003.

 

El domingo 24 de abril del año pasado, en este mismo espacio, expliqué bajo qué condiciones podía ser una muy buena idea sancionar una norma que impusiera una doble indemnización, como mecanismo para frenar una posible ola de despidos.

El cuento tiene diversas formas, pero en la versión que recuerdo una importante empresa multinacional importaba una máquina de última tecnología, en la que había invertido doscientos millones de dólares.

 

El recuerdo se me antoja un poco difuso. Alcanzo a recuperar el gusto medio amargo de la chocolatada que preparaba mi viejo, la pelea por un remanente de galletitas dulces con mis tres hermanos, la caminata por calle 45, el timbrazo a mi amigo Maxi, la remontada del diagonal 74 hasta 9 y los 100 metros que restaban hasta la puerta de la escuela 2.

 

Esta semana, por la falta de cintura política del Gobierno, una noticia que debería haber sido muy buena para la economía, terminó pidiendo la hora y colgada del travesaño.

 

Aunque aparentemente inconexas, la audiencia pública que empezó el viernes para discutir las tarifas del gas y el proyecto de Presupuesto defendido por el ministro de Hacienda, son las dos caras de una misma moneda.

 

Paul Samuelson fue un economista brillante. El “Keynes” norteamericano, como algunas veces se lo llama, es en realidad uno de los padres intelectuales de la síntesis neoclásica-keynesiana; una familia de modelos económicos que partiendo de los postulados generales de los neoclásicos, incorporan las nociones macroeconómicas de los keynesianos.

 

El dato se conoció esta semana y disparó análisis de todo tipo en los medios de comunicación. Según el flamante INDEC, el desempleo del segundo trimestre de este año fue del 9,3%

Esta semana, el premio Nobel de Economía que no fue, la ex Presidenta, “dio cátedra” en el programa radial de Roberto Navarro. Por supuesto, no tiene sentido debatir con rigor académico cada una de sus afirmaciones porque Fernández no tiene formación en esta ciencia social y no se le puede pedir que domine conceptos teóricos que no ha estudiado.

 

El local de una conocida marca internacional es similar al que esa multinacional tiene en un shopping de la ciudad de Buenos Aires, pero éste está en pleno centro de Madrid, en una calle que, saliendo desde la Puerta del Sol, apunta al corazón del barrio de Chueca, la meca del orgullo gay.

 

En 1974 un famoso economista descubrió que los países que tenían un PBI per cápita más alto no eran los más felices y que el crecimiento de la actividad tampoco aumentaba la satisfacción de la población.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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