Jorge Raventos

Jorge Raventos

 

La derrota de Carlos Javier (El Colorado) Mac Allister en la interna de Cambiemos de la provincia de La Pampa para nominar al candidato del oficialismo nacional a la gobernación representó una señal ominosa para los estrategas de Balcarce 50.

 

 

Para beneplácito del Gobierno, los medios más influyentes han desplazado de sus pantallas y sus primeras planas las amarguras que suele deparar la economía. Se multiplican las noticias sobre crímenes y delitos, el avatar venezolano que el oficialismo ha conseguido instalar propagandísticamente como contracara y, por cierto, sobre la temática de la corrupción K.

 

 

Los fuertes liderazgos de Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner obligan al peronismo alternativo a diseñar estrategias para posicionarse como tercera opción. Otras fuerzas progresistas de oposición también juegan su partido tratando de encontrar un candidato. Si Lavagna va a ser candidato, sólo lo será de una coincidencia de esa naturaleza.

 

 

La decisión de la Casa Rosada de no desdoblar el comicio bonaerense, interpretada a dúo con la gobernadora, despejó una de las incógnitas principales de cara al proceso electoral de octubre.

 

 

El Gobierno decidió imponer por decreto de necesidad y urgencia una iniciativa que impulsó ya cinco años atrás el renovador peronista Sergio Massa. La única diferencia es el formato legal: aquél era un proyecto de ley, mientras el Ejecutivo prefirió la vía del decreto. ­ En tanto que una salida de baja violencia a la crisis venezolana necesitará más jugadores.

 

Antes de volar a Brasilia para entrevistarse con Jair Bolsonaro, Mauricio Macri visitó Santa Cruz y fue recibido por la mandataria provincial, Alicia Kirchner.

 

 

Tanto uso de la urna no es necesariamente sinónimo de democracia plena. Según el estudio más reciente sobre el tema de The Economist Intelligence Unit, Argentina es una "democracia defectuosa"

 

 

La política internacional no es un juego de visitas sino una tarea colectiva que se hace en casa. El país debe afrontar esos desafíos acelerando reformas que impulsen el incremento de su productividad, ofrezcan seguridad jurídica a mediano y largo plazo.

 

 

La Argentina no pudo con el Superclásico por la final de la Copa Libertadores, pero acoge a los principales líderes del mundo. La frustración­ del partido tuvo­ hasta ahora más­ repercusión en la­ opinión pública­ que la cumbre.

 

 

De tanto trabajar las fallas que, a los ojos de los estrategas oficialistas, fracturan la geología peronista, el Gobierno descuidó las fisuras propias de su coalición que, de improviso pero no sorpresivamente, se empiezan a dejar ver en la superficie.

 

 

Dentro de diez meses casi exactos, el 11 de agosto de 2019, las elecciones primarias definirán los candidatos que competirán en octubre por la presidencia.

 

 

Cada vez que Brasil crece, ese crecimiento económico se ve reflejado en la Argentina. En esas condiciones, convertir a la corrección política en un obstáculo para las relaciones más estrechas sería una torpeza imperdonable.

 

 

Tanto en las filas de la oposición como en el oficialismo hay miradas -si se quiere, complementarias- que prefieren que al país le vaya mal así los votantes aprenden. La misa en Luján y los incidentes en la Plaza del Congreso.

 

 

Al menos durante cierto lapso, todo indica que el ex militar se consagrará en la segunda vuelta electoral y que junto, a su par argentino, están llamados a trabajar en un espacio compartido.

 

 

En la perspectiva de una dura lucha electoral, el Gobierno sabe que no puede perder ni un voto. En ese contexto, trata de que el aporte del FMI le permita llegar a los comicios de 2019 en una situación económica más aliviada. Pero, al mismo tiempo, enfrenta las tormentas desatadas por Elisa Carrió.

 

El presidente­ Mauricio Macri está jugando una apuesta definitiva e irreversible. Con su alianza con el Fondo, confirma un rumbo que inició desde el primer momento. Claro que el organismo no presta prioritariamente para que el país equilibre las cargas, sino para garantizar que Argentina pagará sus deudas.

 

 

El oficialismo pretende una polarización en, la que el eje anticorrupción prevalezca sobre el eje económico.

 

 

Que el gobierno use al kirchnerismo como el kirchnerismo usó en su momento la evocación del gobierno militar y la represión desbocada de los años 70 para estimular una, digamos, "polarización positiva", sigue apareciendo como la principal estrategia electoral del oficialismo.

 

 

Una golondrina no hace verano. El dólar se serenó en los últimos días hábiles, en las conversaciones con el FMI imperaron la comprensión y el ánimo flexible y Mauricio Macri se comunicó una vez más con Donald Trump para conseguir el apoyo de Washington (y consiguió renovarlo). Todo bien.

 

 

El miércoles último, "el mejor equipo" delegó en su jefe, el Presidente, la función de fusible y lo dejó expuesto a un deterioro formidable de autoridad. Con la confianza minada, sería más fácil para el Gobierno actuar buscando soluciones que no sean simples instrumentos electorales.

 

 

El "Gloriagate" impacta en los cálculos de 2019.

 

 

El Peronismo Federal no puede repetir la actitud pasiva del último miércoles sin pagar un costo político por ello.

 

 

Mientras la media sanción en Diputados funcionó como un despertador para los cuadros de las iglesias (en primer lugar, la católica) que decidieron empeñarse a fondo para frenar la legalización del aborto, el Gobierno sigue buscando su lugar en el mundo y el escándalo de la corrupción K siembra dudas sobre la economía.

 

El estallido de este escándalo puede servir objetivamente como un sonajero diversionista, pero sería injusto atribuir esa función a una intención oficialista. La sociedad espera que en estas historias de corrupción los malvados sean castigados.

 

 

Más allá del juicio sobre la intención de la Casa Rosada, habría que admitir que la discusión del rol que el país reserva hoy a las Fuerzas Armadas resulta algo demasiado importante para encogerlo al tamaño de un subterfugio.

 

 

Mantener en pie a CFK sigue siendo un elemento central de la estrategia del Gobierno. Mientras tanto, Para Pichetto no es viable un amontonamiento peronista con el kirchnerismo y Solá no quiere una elección con "dos peronismos" porque eso beneficiaría a Macri.

 

 

Masculla que el peronismo es poco confiable y carece de una cabeza reconocida. Pero ante los efectos de la crisis, el influjo de las encuestas y los reclamos que recibe, el Gobierno parece explorar una nueva sintonía con la realidad y trabajar por, al menos, un acuerdo básico que permita atravesar los próximos dos trimestres

 

 

La crisis ha revuelto al oficialismo y ha mostrado diferencias disimuladas. Por supuesto, también hay cruces fuertes con la oposición. Este contexto se da en un momento en que la necesidad de alcanzar acuerdos se hace cada vez más imperiosa.

 

La buena onda recuperada con la clasificación de Argentina a los octavos de final del Mundial quedó neutralizada por los hechos económicos. La lógica del Gobierno lo inclinará, en lo que resta de 2017, a buscar acuerdos políticos con la oposición.

 

 

El anuncio del FMI y el cambio de rango otorgado eran cuestiones que se aguardaban con gran expectativa. Pero no todo lo que brilla es oro y esas buenas nuevas tienen un costo: el Gobierno debe actuar con fuertes límites.

 

 

El tema del aborto fue lanzado en momentos en que los traspiés económicos ocupaban el centro en las preocupaciones. También reveló una grieta diferente de la que había demarcado la política kirchnerista. Mientras tanto, se acerca el 2019 y el Gobierno no logra alcanzar acuerdos básicos y el PJ busca construir una alternativa electoral válida.

 

 

El Gobierno­ necesita un­ programa más­ atractivo que­ el mero ajuste.

 

 

Sin duda el país afronta una situación difícil. Los obstáculos al diálogo no alientan buenas expectativas.

 

 

En las últimas semanas han empezado a invertirse tendencias en el oficialismo y la oposición. Hasta no hace mucho en el gobierno se regocijaban con las divisiones del peronismo (y las estimulaban, dentro de sus posibilidades). Entretanto, el oficialismo gozaba de la relativa unidad que ofrecía el ejercicio concentrado del poder.

 

 

El Presidente­ acaba de poner­ la luz de giro­ y ya insinúa­ un viraje.­ Tarde, pero seguro, Mauricio Macri entendió que debe orientarse por el camino de la política, el acuerdo y la participación.

 

 

A Macri se­ lo evalúa por­ su capacidad­ para enfrentar­ las situaciones­ más críticas. Y la decisión de buscar un acuerdo con el FMI certifica que comprar confianza no sólo puede ser caro en condicionamientos; también implica admitir que al día de hoy el país no la despierta espontáneamente.

 

 

Prevalece­ por el momento­ en el Gobierno­ la línea del­ núcleo duro.­ Abroquelarse­ para perdurar. Claro que más allá de los planes y las estrategias, la última palabra la tiene la realidad.

 

 

¿Hay algo verdaderamente novedoso en el torbellino que en los últimos días se observa en el seno del oficialismo? El ejercicio de respuesta puede comenzar excluyendo elementos.

 

 

Con dos años de ejercicio del gobierno, a pocos meses del lanzamiento de un nuevo proceso electoral, con inflación maníaca y encuestas depresivas, en las filas de la coalición gobernante han empezado a manifestarse tironeos que, aunque naturales, comprensibles y previsibles, provocan vértigo.­

 

 

El presidente Macri no pudo verse con Donald Trump en la Cumbre Iberoamericana de Lima. El mandatario estadounidense suspendió su viaje unas horas antes de la reunión y tomó la decisión de bombardear Siria cuando su reemplazante, el vicepresidente Mike Pence, no había terminado de deshacer su equipaje el último viernes.

 

La Argentina tiene que cuidar la unión nacional y trabajar para la construcción de un Estado fuerte. La pelea por la identidad requiere superar anacronismos, clichés y prejuicios que ya eran obsoletos décadas atrás.

 

 

De confirmarse que Cambridge Analytics fue convocada para incidir en elecciones argentinas sería razonable suponer que la fuerza política que contrató esos servicios no haya sido el kirchnerismo: el escrutinio público, oficial y mediático sobre ese sector es tan minucioso (llega hasta la difusión de conversaciones telefónicas privadas de la expresidente CFK) que si estuviera involucrado ya habría habido una lluvia de denuncias y una densa cobertura periodística.

 

 

La llamada “agenda feminista” (el reclamo de igual salario por igual trabajo, la reacción frente a la violencia que hace blanco en las mujeres y, paradójicamente, la habilitación del debate legislativo sobre el aborto) le ha permitido al gobierno recuperar una iniciativa que se le venía escurriendo al tratar los temas económicos, un territorio donde avanza tan gradualmente que ha tenido que definir el crecimiento como “invisible”.

 

 

Los hechos suelen gambetear esquemas y relatos. La renuncia a la conducción de la AFIP de un funcionario del relieve de Alberto Abad produjo una incómoda disonancia en la cuidada armonía del discurso con el que, apenas unas horas antes, el Presidente había abierto el 1 de marzo las sesiones del Congreso.

 

 

Ante un paisaje relativamente apacible en la Asamblea Legislativa, el Presidente pudo sacar a relucir los números positivos que le brindó el Indec, lanzar temas para explorar el terreno del populismo y hasta sacar rédito de temas como la despenalización del aborto que, al decir el peronista federal Miguel Pichetto, "son trampas cazabobos".

 

 

No siempre acertará en los relatos y las fundamentaciones de iniciativas oficiales, pero exhibe una interesante capacidad para usar en favor propio iniciativas ajenas y para disparar sobre la atención pública temas y enfoques que ocultan o disimulan (al menos por un tiempo) situaciones incómodas o embarazosas por las que atraviesa el poder.

 

Si el Gobierno se proponía aislar al dirigente sindical, en esta ocasión lo ha conseguido con ayuda del propio camionero, que empujó hacia afuera a sus compañeros peronistas.

 

 

Uno de los pilares de la comunicación oficial es el que identifica al gobierno con “lo nuevo” y “lo bueno”. Una frase favorita de los altos funcionarios reitera que “nosotros decimos la verdad”.

 

 

El primer mes de 2018 presenta signos ambiguos para el oficialismo. El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, se ufanó de algunos resultados económicos: 2,9% de crecimiento del PBI; un déficit fiscal 0,3% más pequeño que el estimado a inicios de 2017 (con la ayuda, eso sí, del recurso excepcional del blanqueo). Sin embargo, otros datos son más preocupantes: el persistente déficit comercial; el creciente déficit de la cuenta corriente, que el año pasado se ubicó en el 4,6% del PBI.

 

 

La segunda semana de 2018 presenta signos ambiguos para el oficialismo.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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