Lunes, 09 Mayo 2016 10:25

Reconstruir en 5 meses lo que destruyeron en 151… utopía forzosa

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“No actúen en forma alocada o movidos por presiones contra la ex presidenta Cristina Kirchner.  Yo creo que eso nunca es bueno. Mi sensación es que con estas cosas hay que ser muy prudentes y no sobreactuar.” -Ministro de Justicia Germán Garavano-Diario Perfil.com

La frase del Ministro de Justicia confirma la certidumbre que en todo gobierno existen personajes vidriosos. Germán Garavano pareciera demostrar “in péctore” más su pertenencia a “justicia legítima” que a una renovación de raíz como propone el gobierno de Cambiemos encabezado por Mauricio Macri.


¿Una declaración desafortunada o un freno encubierto al despertar judicial?


La misma “justicia” que poco hubiera hecho en caso de haber triunfado Scioli hoy se reanima, en muchos casos por valentía como Claudio Bonadío y en otros por obligación vergonzante impulsado por el clamor social, como Sebastián Casanello.


Nada hubiera sido posible de no mediar la trascendencia mediática que no les dejó más cabida al “encubrimiento legal” de 12 años, 7 meses y 20 días de kirchnerato.


El trajinar judicial de dos mujeres transparentes e incuestionables en su honorabilidad como Elisa Carrió y Margarita Stolbizer, sin olvidar la valentía de Mariana Zuvic, poco hubiera logrado sin el amparo mediático de Carlos Pagni, Joaquín Morales Solá, Nicolás Wiñazki, Daniel Santoro, Hugo Alconada Mon, Omar Lavieri, Marcelo Bonelli, Hernán Cappiello, Nicolás Pizzi y otros tantos analistas de la corrupción que nos gobernara como sociedad enfermiza.


En contraposición saludable a las declaraciones de Garavano, la canciller Susana Malcorra no dudó en interpelar públicamente otro despropósito más del candidato republicano a presidente de los Estados Unidos Donald Trump:

“Trump opina desde una posición que no es saludable sobre Sudamérica. "Ignora lo que estamos tratando de hacer hace cinco meses", en referencias a las irónicas declaraciones del precandidato republicano en las que había dicho que, si no resultaba electo como presidente, su país seguiría el rumbo de "Argentina o Venezuela".


Mientras caen los populismos latinoamericanos, la sociedad estadounidense de encuentra amenazada por un delirante poco comparable con las peores gestiones de gobierno de los gendarmes de la libertad.


Sociológicamente debiera analizarse el sentir de la sociedad americana que, tras dos satisfactorios mandatos de Barack Obama, duda en afianzar los beneficios sociales -especialmente en materia de salud y crecimiento del empleo- en cabeza de Hillary Clinton o entrar en un cono de sombras xenófobo con factibles consecuencias negativas internas e internacionales.


Mientras tanto nuestro subcontinente comienza esta semana crucial para el futuro de Dilma Rousseff y el gobierno de nuestro principal socio económico, el vecino Brasil. Camino al juicio político, lo más certero de su parte sería convocar a elecciones generales para octubre y presentar su renuncia.


El líder del PMDB, el vicepresidente Michel Temer, ha afirmado abiertamente que asumirá el cargo si Rousseff cae. Su ex aliado y actual vicepresidente hace honor a su apellido: es de temer quien se aprovecha de la traición para caminar sobre el cadáver político de su ex socia. Su intención de voto (2%) demuestra que el pueblo brasileño requiere un cambio que supere el maquillaje cosmético de alta complejidad, como propone el “judas” de Rousseff.


Así las cosas, la Argentina se reacomoda en un mundo abierto a la libertad y a la democracia plena.


Sería negligente ocultar que la publicación de 400 nuevos precios cuidados con un 4,8% de aumento autorizados en mayo demuestra la fragilidad del conjunto de medidas económicas -no puede llamárselo plan económico- que aún no ha encontrado el anclaje de un plan de shock antiinflacionario que descomprima un mercado crediticio atado a las LEBACs del Banco Central como piso de la inflación interanual proyectada.


Lo hemos dicho y lo seguiremos diciendo: la historia económica argentina demuestra el fracaso de las medidas económicas aisladas. En mayor o menor medida, el Plan Austral (1985) y la Convertibilidad (1991) debieron subsanar ese error en plena crisis social.


Ningún perito mercantil cursante del quinto año comercial afirmaría que en agosto comenzará a caer abruptamente la inflación. Todos sabemos que a fines de junio se perciben los aguinaldos y se reactualizan la mayoría de los convenios paritarios.


Es decir, se reactivará el consumo. Pero difícilmente la mayor actividad económica sea acompañada por una caída sustancial del índice de precios.


El sentido común así lo indica.


Humberto Bonanata            

www.humbertobonanata.com.ar           

Twitter: @hbonanata

Buenos Aires, Mayo 09 de 2016

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