Sábado, 16 Julio 2016 07:27

Un desgaste innecesario

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Desde la asunción de Mauricio Macri el 10 de diciembre de 2015 como presidente de una república ultrajada, ni el más selecto de sus confidentes hubiera imaginado cuánta historia contemporánea le tocaría escribir en tan pocos meses.

 

 

Los primeros tropiezos políticos por su propia desconfianza ante el manejo parlamentario que le resultaría exitoso y la liberación de los mercados económicos junto con el pago a los bonistas, la reinserción de la Argentina ante el mundo civilizado y la reparación de la deuda histórica de todos los gobiernos antecedentes con nuestros jubilados y pensionados, describía en los hechos que Macri ejercía el arte de la política con mayor destreza que la esperada.

 

En cambio, el empresario exitoso devenido presidente de todos los argentinos, aún no supo ubicar en proa la difícil nave de la economía, más aún: ni su propio gabinete ha logrado unicidad de políticas claras que marquen un rumbo interno ante un necesario plan de shock antiinflacionario que, a siete meses vista, aparece como medicina de salvación ante un gradualismo inconducente.

 

El vaivén económico desmerece los logros políticos internos e internacionales.

 

Los errores por impericia o tozudez dañan el sacrificio diario que Macri le imprime a su tarea: la presidencia es un desafío personal y se ha prometido a sí mismo no fallar. Claro que a veces sus “protectores” tanto lo protegen que lo ahogan y aíslan de la realidad.

 

Como hecho tomemos el consejo de no concurrir el 10 de julio al Campo Argentino de Polo al desfile en honor al bicentenario de las bandas militares extranjeras. Lo llevaron a justificar su cansancio por redes sociales hasta que su sangre calabresa fluyó por sobre el esfuerzo y lo hizo recapacitar y presenciar en nuestro nombre el homenaje a todos los argentinos.

 

Y si de comunicación y discurso se habla, las falencias nos muestran un Macri que no es tal. Un hombre de sangre caliente que quizás no sepa demostrar su fuerza. Un tano calentón que aparece ante la gente como un frío y distante calculador de los hechos…

 

El galimatías tarifario energético, las idas y vueltas entre el 1200% originario y el 400% y 500% -según sean hogares o industrias- sin fomentar ahorro alguno al tomar en cuenta el mismo bimestre de 2015, al permitir seguir calefaccionando las piletas de natación por  un tope tarifario y la falta de criterio de intensidad de consumo por regiones geográficas, ponen al gobierno en una encrucijada al no poder retroceder ya que ello implicaría un incremento del gasto del orden de $ 12.000 millones en 2016, por fuera de toda pauta presupuestaria.

 

Las cacerolas de la fría y lluviosa noche del jueves no sólo fueron convocadas por la ínfima militancia kirchnerista y la ultraizquierda que aún queda.

 

Belgrano, Palermo y Caballito también salieron a protestar sobre el disloque tarifario que Aranguren continúa ladrando a una luna cada vez más cubierta de oscuros nubarrones que dañan colateralmente al gobierno nacional que cuenta con el 68% de confianza pública.

 

Esa misma gente sabe que no quiere volver atrás ni ser sujeto pasivo del ladri-progresismo de 4581 días de kirchnerato. Esa gente necesita que a Macri le vaya bien para que a ellos mismos les vaya bien.

 

No hay red de contención ni mirada al pasado. El accionar judicial -y muy especialmente periodístico- se encargó de quemar las naves del pasado populista y fortalecer la imagen presidencial en su confianza, a pesar de los errores irresueltos en propia tropa.

 

El órgano más sensible del ciudadano -el bolsillo al decir de Perón- soporta la atomización del Ministerio de Economía inconducido por nadie. El gradualismo de estos siete meses ha encontrado un cuello de botella tarifario -una bomba populista que no supieron desactivar- y una inflación anual proyectada a diciembre del 35%% al 38%, con un dólar entablillado a $16 para fin de año.

 

Cualquier parecido con “la tablita” de Martínez de Hoz es mera coincidencia no deseada.

 

Sin dudas no era lo deseado por Mauricio Macri para su primer año de gobierno, que en el exterior supera ampliamente las expectativas macroeconómicas a pesar de sus tareas internas irresueltas.

 

Todo un mensaje en favor de la credibilidad presidencial.

 

No existe plan de shock tarifario sin plan de shock antiinflacinario en conjunto.

 

Bernardo Grinspun (1985), Antonio Erman González (1989) y Jorge Remes Lenicov (2002) han aprendido a los golpes nuestra historia económica.

 

El tiempo perdido no se recupera jamás…
 

Humberto Bonanata

www.humbertobonanata.com.ar

www.notiar.com.ar

www.sancernigimenez.com.ar

Twitter: @hbonanata 

Buenos Aires, Julio 16 de 2016

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