Domingo, 10 Diciembre 2017 00:00

Bonadío y Pichetto cerraron la interna peronista

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Existe un mito urbano que dice que el 17 de octubre es “el día de la lealtad” porque es el único día en que en el peronismo no se traicionan.

 

La palabra “traición” nace de su propio líder al expulsar de la Plaza de Mayo a los montoneros el 1 de mayo de 1974, dos meses antes de su muerte, al calificar de imberbes a la organización armada que él había creado a fines de los 60 y había “debutado” políticamente el 29 de junio de 1970 con el secuestro cómplice del Gral. Pedro Eugenio Aramburu, amparado por el “onganiato” (dictadura de Onganía).

Claudio Bonadío, ex empleado del que fuera Concejo Deliberante porteño y parte de la servilleta de Carlos Corach que lo impulsó al Juzgado Federal, es de armas a tomar, tanto en la vida como en la justicia.

Lo ha demostrado en su variada “lealtad” peronista tanto con Menem, Duhalde o los Kirchner.            

Cambiados los vientos, declaró la guerra a la “viuda negra” y comenzó a fagocitarse con la elevación a juicio oral por la causa dólar futura en la que comenzó a justiciar los actos políticos, hecho no amparado ni por las Constitución Nacional ni por las leyes que en su consecuencia se han dictado.

Todo acto político merece juicio político en tiempo y forma, nó tras la caída de los ex poderosos.

Claudio Bonadío parece desconocerlo, tanto en la causa “dólar futuro” como en la de “traición a la Patria” con la que logró causar un escándalo de proporciones indeseado tanto para los procesados y detenidos como para el propio gobierno de Macri.

Lamentablemente toda interna peronista carga sobre la población en su conjunto. Esta “mejicaneada” lo posiciona como personaje judicial internacional sin medir las consecuencias que, al atravesar el proceso y el juicio oral, podrán victimizar a la jefa de la asociación ilícita durante el kirchnerato post-mortem de Néstor Kirchner, Cristina Fernández.

Miguel Ángel Pichetto es quien más conoce del tema. El multifacético menem-duhalde-kirchnerista, amigo personal de Bonadío, recibió esta semana la mejor noticia de su larga trayectoria política.

Es la misma persona que fue miembro informante del oficialismo kirchnerista que aprobó el tratado con Irán.

Las prisiones preventivas dictadas por “el gordo” próximo a culminar su carrera judicial con una jubilación del orden a los $ 260.000 mensuales, le abrió el camino para que Pichetto se convierta en el “Don Corleone” del Senado, única voz peronista para negociar con su bloque de los 25 con el gobierno de Cambiemos.

Un fallo a medida de Pichetto comentan todos; así fue.

Justo en diciembre, mes conflictivo si los hay, con llamado presidencial a sesiones extraordinarias, Bonadío detonó la bomba que implosionó no sólo en el peronismo sino en el arco político en su conjunto.

A Bonadío no le importan las consecuencias de sus decisiones ni que en el juicio oral la causa de “traición a la Patria” sea recaratulada en instancias superiores.

Al Juez tampoco le trascienden los gobiernos; él siempre es oficialista.

Ciertamente que, a diferencia de los gobiernos peronistas, su inesperado fallo trastocó el orden del gobierno nacional que no se ha caracterizado por “operar” a los jueces federales, germen del mal de la justicia argentina por su afinidad a los gobiernos de turno.

Los argentinos de bien no podemos estar ni contentos ni tristes sino expectables.

Debemos transitar la política de una sociedad adolescente sin caer en los insultos futboleros de los barrabravas.

La Justicia es mucho más que un Juez.

Como dice el refrán: “El que traiciona una vez, traiciona siempre”…

Humberto Bonanata 
www.humbertobonanata.com.ar  
www.sancernigimenez.com.ar  
Facebook: Julián Sancerni Giménez  
Buenos Aires, 10 de diciembre de 2017

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