Lunes, 12 Febrero 2018 00:00

Macri afianza “Cambiemos” con Schiavoni y Cornejo

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Con Chapadmalal como paisaje veraniego y cumpleañero, con su familia como reducto de pureza y tranquilidad, Mauricio Macri comienza sus 59 febreros de reavivada fe de cambios proclives al año no electoral que se inicia preparando las “tiradas de orejas” a sus compañeros de ruta política que hará sentir más de un quejido a la distancia.

 

Con la seguridad que le genera María Eugenia Vidal en Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta en la Capital Federal,  y su “cerebro mágico” (juego de mi niñez) Marcos Peña, el presidente percibe el primer momento de cirugía mayor, por ahora en su gobierno.

A dos años vista de las desprolijidades de los necesarios reajustes tarifarios de principios de 2016 sabe bien que el principal enemigo de su gobierno y muy probable reelección – la inflación- aún dista de ser vencida.

Ese tumor cancerígeno incorporado en nuestra sociedad desde hace más de setenta años, sólo pareció ser combatido y con principio de extirpación en dos oportunidades: el Plan Austral de Juan Vital Sourrouille el 14 de junio de 1985 que, aunque con medidas dirigistas produjo el efecto deseado para Raúl Alfonsín al desagiar (quitar expectativas inflacionarias) y tratar de crear una moneda fuerte y estable que nos permitiera a los argentinos proyectar endeudamientos futuros a tasas internacionales.

Lamentablemente, el telegrama de Lorenzo Miguel felicitando al entonces Ministro de Economía en enero de 1986 por permitir el primer aumento salarial selectivo para su gremio en enero de 1986 marcó su primera herida que lo conduciría, Plan Primavera 1987 mediante, a un golpe de mercado que se llevaría puesto su gobierno en el primer semestre de 1989.

Algo parecido sucedió con el Plan de Convertibilidad, llevado a cabo y sostenido sólo por Domingo Cavallo durante la presidencia de Carlos Menem desde el 1 de abril de 1991 hasta el invierno de1996 cuando el superministro le presentó su renuncia indeclinable a un presidente que no quería entender –recién reelecto el 14 de mayo de 1995- que sólo esperaba su re-reelección en 1999 pergeñada por su Ministro de Justicia Rodolfo Barra.

La renuncia de Cavallo marcó el comienzo del fin de la convertibilidad menemista, que sólo fue respetada en los 740 días del gobierno de Fernando de la Rúa por el hecho de cumplir con la palabra empeñada por el presidente radical de no devaluar, a pesar que su colega brasileño Fernando Henrique Cardoso, amigo personal tanto de Menem como de de la Rúa lo había hecho a principios de 1999 en un 20%.

Como tener memoria es hacer historia creemos conveniente traspolar esos hechos vividos por el pueblo argentino a la actualidad gradualista de Macri, Quintana y Dujovne.

A 26 meses de gobierno los resultados no han sido relevantes ni menos aún positivos.

Los 5 puntos de inflación expectables para el 31 de marzo debilitan la expresión de deseos de Dujovne de culminar 2018 con un 15% de inflación y con un dólar a 22 pesos.

A pesar de ello, el éxito de los créditos  hipotecarios lanzados por los tres grandes bancos nacionales –Nación, Provincia y Ciudad- demuestran la confianza popular en las convocatorias gubernamentales.

La economía bimonetaria ejecutada con éxito en el Perú hace dos décadas aún parece no haber sido estudiada por los hipergradualistas argentinos que proyectan a mediano plazo, hecho que en nuestro país siempre se pondera como larguísimo plazo.

A pesar de ello, Macri -con inteligencia ajedrecística- ha pensado en dos alfiles que protejan su “reinado”.

Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza y presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical y el senador nacional –y amigo personal presidencial- Humberto Schiavoni son quienes le ayudarán a consolidar la coalición parlamentaria “Cambiemos” en una coalición gobernante.

Tanto el mendocino como el misionero saben “fumar bajo el agua”, algo que algunos macristas post 2001 consideran como la “vieja política”.

Todos se necesitan…todos nos necesitamos. “Nadie puede solo” parece haber convertido a Macri de un administrador empresario de la “res-pública” en un estadista con visión de futuro, tanto próximo como histórico.

Si bien el Presidente siempre valorará la confianza y lealtad de sus amistades de la infancia, ahora parece comenzar a hacerlo con los viejos dinosaurios de la política.

Necesita la experiencia de Cornejo y a su centenario partido de 126 años de historia.

Necesita a Schiavoni por su experiencia de peronista histórico que –mejor que nadie- le marcará las flaquezas de ese conglomerado disperso al que sólo los unen dos actitudes: el espanto y la necesidad de aglutinarse en una ex presidente multiprocesada con futuro carcelario.

Ocho años en Boca Juniors, ocho años en la ciudad de Buenos Aires y más de dos en la Presidencia de la Nación han convertido a un joven algodonado en un galán maduro.

No descontamos que la experiencia de los años vividos –no todos fáciles- servirán de sustentación de un hombre que, si sabe manejarse, pasará a la historia como un pliegue de la Argentina del fracaso constante al país mundialmente confiable que todos deseamos para nuestros hijos.

Humberto Bonanata    
www.humbertobonanata.com.ar     
www.sancernigimenez.com.ar   
Twitter: @hbonanata  
Buenos Aires, Febrero 12 de 2018

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