Domingo, 29 Septiembre 2019 00:00

La libertad como forma de vida no cotiza en ningún mercado

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A solo cuatro semanas de celebrarse la primera vuelta electoral en la Argentina, acorde las encuestas obligatorias consagradas como P.A.S.O. que sólo han servido para precipitar variables sociales en grado incierto y demostrar cómo reaccionaron los mercados financieros ante una eventual victoria del kirchnerismo sobre Juntos por el Cambio, las voces altisonantes de los eventuales triunfadores han sumido a la sociedad en su conjunto en una profunda depresión dominada por el miedo y la disrupción como sombra de un incierto futuro.

 

Desde la cobardía de cierta pusilánime justicia al temporizar las causas en trámite de ciento treinta miembros del gobierno anterior, en las que se destaca ampliamente la candidata a vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner, las propuestas de Mempo Giardinelli y Raúl Zaffaroni para abolir la Constitución Nacional liberal y alberdiana para crear un “nuevo orden” (término desgraciado en la historia de la humanidad al ser implantado por Adolfo Hitler y dictaduras subsiguientes), regulación de márgenes de ganancias de las empresas (Cristina Fernández), CO.NA.DEP para que la prensa libre deje de serlo y ajuste económico visceral que resultaría insoportable para un cuerpo social con más de un tercio de ciudadanos bajo la línea de la pobreza (ejemplo portugués y uruguayo soñado por Alberto Fernández que condujo a ajustes sin precedentes con abrupta caída del salario real de los trabajadores activos y jubilados) muestra el panorama más temerario que hayamos previsto en treinta y seis años de democracia, aún adolescente y con cierta dosis de miserabilidad.

Por primera vez el kirchnerismo –por ingenuidad o brutalidad- anticipó el colapso social por venir en el supuesto de alcanzar el gobierno nacional.

Con razón y fundamentos el gobierno de Mauricio Macri es cuestionable.

“Tienen menos calle que Venecia” sería una frase ya popular que los supera en la soberbia y adolescencia política que siempre se negaron a renunciar porque eran “el camino, la verdad y la vida”.

Despreciaron todo tipo de coalición de gobierno intra o extra Cambiemos porque imaginaban que los votos sólo eran de ellos.

Recurrieron a sus socios electorales sólo cuando comenzaban los incendios y el Parlamento era redescubierto como poder central de la República.

Cuando Ernesto Sanz, Miguel Pichetto y Federico Pinedo trataban de armar una coalición superadora de la parlamentaria a comienzos de 2016, la respuesta reiteradamente negativa de Marcos Peña arreciaba: “Ganamos nosotros y gobernamos nosotros” era la consigna de esa hora.

Prueba y error, prueba y error, el gobierno de PRObemos llegó a las P.A.S.O. del 11 de agosto pasado dominado por la arrogancia de los inexpertos. O se ganaba o se perdía por menos de tres puntos parafraseaban Peña y Durán Barba al mismísimo Presidente de la Nación creyente fiel que los algoritmos de sus prosaicos dominarían la humanidad de los cordones de pobreza de las periferias de las grandes ciudades.

Es cierto que la gente no valoró las cloacas, el agua potable, los puentes, rutas, autopistas, metrobuses, diversas fuentes de energías renovables, urbanización de barrios de emergencia y la revolución tecnológica jamás vista en tan solo cuarenta y dos meses de gestión.

También es cierto que Mauricio Macri reaccionó ante los errores no forzados de su gobierno. “No hay peor batalla que la que no se da” arengaba Miguel Ángel Pichetto ayer en las Barrancas de Belgrano. Algún día la historia valorará el sacrificio personal de Pichetto al aceptar acompañar Macri en la fórmula presidencial a riesgo de ser tildado de traidor por sus ex compañeros de ruta política.

Quizás sean Pichetto junto a Mario Negri, Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Elisa Carrió, Emilio Monzó, Federico Pinedo, Federico Storani, Facundo Suárez Lastra, Luís Naidenoff, Gerardo Morales y Ricardo López Murphy entre los destacados, los resilientes de la vieja y buena política que este gobierno siempre denostó.

Ellos continuarán luchando en el barro sin importar el resultado del 27 de octubre. Porque sienten a la política como una forma de vida diaria, una necesidad exponencial de ideas superadoras a discutir bajo el marco del respeto mutuo.

“Nunca es tarde cuando la dicha es buena” impone el refranero español. Y Macri con su emocionalidad cuasi culposa demuestra haberlos comprendido.

El Presidente de la Nación jugará sus últimas cartas políticas con mayor devoción que cualquier emprendimiento empresario en el que, junto a su padre, siempre se destacaron por los éxitos.

Macri sabe que si pierde él perdemos todos…

Y perderemos la República, nuestras libertades individuales, nuestros derechos personalísimos, nuestra justicia independiente y nuestra razón de ser ciudadanos plenos.

“Va a haber peronismo por 30 años y después, nos mataremos entre nosotros” presagia el cómico Rodolfo “Dady” Brieva.

Ya no existen zonas grises.

De nosotros depende que la docencia cívica impida este pronóstico apocalíptico.

Humberto Bonanata
www.humbertobonanata.com.ar  
www.sancernigimenez.com.ar  
Buenos Aires, Septiembre 29 de 2019

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