Domingo, 25 Marzo 2018 00:00

La memoria nos ata al pasado, la historia nos libera - Por Ceferino Reato

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La memoria favorece una lectura parcial del golpe de Estado y de la violencia de los 70. Y permite ligar a Macri con la dictadura

 

Si tomamos en cuenta a los políticos —desde Mauricio Macri a Cristina Kirchner— y a los organismos de derechos humanos, pero también a la gran mayoría de medios y periodistas, la memoria es mucho más importante que la historia, al menos para recordar al golpe de Estado de hace 42 años y la última dictadura.

"Memoria, verdad y justicia" es la consigna que expresa este consenso monumental.

Sin embargo, pienso que la historia es mucho más que la memoria. Y que en todo caso, la consigna debería ser "Historia, verdad y justicia".

La memoria es siempre parcial; nos acordamos de aquello que más nos impactó y ni siquiera en orden cronológico; en términos colectivos, es la recreación que hace un grupo particular sobre lo que pasó en un momento determinado. En cambio, la historia integra las visiones de los distintos grupos que protagonizaron esos hechos; le da importancia al contexto; intenta reconstruir todo lo que pasó.

Mientras la memoria favorece a un grupo determinado, la historia no tiene un objetivo de poder, o no debería tenerlo.

Por ejemplo, la historia reconoce un lugar protagónico a las Madres y a las Abuelas de Plaza de Mayo en la lucha contra la dictadura y en favor de la verdad y la justicia sobre esa época sangrienta.

Pero, no es complaciente con ningún grupo. Está probado que ni Montoneros ni el Ejército Revolucionario del Pueblo defendían la democracia y los derechos humanos; por el contrario, robaban, secuestraban, herían y mataban.

Claro que habían inventado todo un vocabulario para esas acciones: no asesinaron al sindicalista José Ignacio Rucci sino que lo "ajusticiaron"; no robaban un banco sino que "recuperaban" dinero. Y justificaban esos medios por los altos fines que perseguían: la liberación nacional y la revolución socialista.

Pero, los derechos humanos no son relativos sino absolutos, la vida en primer lugar. De lo contrario, habría que prestarle atención a los militares y policías que pretenden justificar las torturas y los asesinatos con altos fines como la defensa de la Patria y del estilo de vida occidental y cristiano.

La historia es molesta porque interpela también a nuestros organismos de derechos humanos sobre su postura con relación a la violencia política de las guerrillas. Registra tanto el apoyo estentóreo de Hebe de Bonafini como el respaldo más disimulado de Estela de Carlotto a la lucha armada de sus hijos y de los compañeros de sus hijos.

¡Qué luchadoras de derechos humanos tan raras! Una muerte es una muerte, no depende de quién la cometa. Al menos desde el punto de vista de las víctimas, que es —se supone— el punto de vista que deben adoptar los organismos de derechos humanos en tanto emergentes de toda la sociedad civil.

De acuerdo con esta postura hegemónica, la reconstrucción de los Setenta debía hacerse solo con los relatos de las víctimas de la dictadura y de sus parientes, amigos y compañeros o camaradas políticos.

Para ellos, no había que entrevistar, por ejemplo, al ex dictador Jorge Rafael Videla; por eso, se enojaron tanto —siguen enojados— con mi libro Disposición Final, más allá de que Videla reconociera por primera vez que aplicaron un plan sistemático para "eliminar a una cantidad grande de personas".

Tampoco pueden admitir la más mínima mención a la violencia de las guerrillas, en especial los atentados previos al golpe de Estado de hace 40 años, que contribuyeron a que muchos argentinos recibieran con alivio a los militares.

Más aún: los insurgentes cometieron el error de creer que se trataba de una crisis revolucionaria sin darse cuenta de que, en realidad, era una crisis reaccionaria, y jugaron —también ellos— al golpe. Lecturas apuradas y mecánicas de Marx, ignorancia total de Gramsci.

En un libro sobre el pasado, el contexto es un punto clave. Marx escribe maravillosamente en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte que un golpe de Estado no puede ser considerado como "un rayo caído desde un cielo sereno". Hay que analizar también el cielo, es decir las circunstancias y condiciones en las que los hombres hacen su propia historia.

La clave es la distinción entre memoria e historia; como afirmó el semiólogo, filósofo e historiador búlgaro-francés Tzvetan Todorov en un artículo en el diario español El País (Un viaje a Argentina, 7 de diciembre de 2010) la memoria "refleja las vivencias de uno de los grupos constitutivos de la sociedad; por eso, puede ser utilizada por ese grupo como un medio para adquirir o reforzar una posición política".

"Por su parte —agrega—, la Historia no se hace con un objetivo político (o si no, es una mala Historia), sino con la verdad y la justicia como únicos imperativos. Aspira a la objetividad y establece los hechos con precisión; para los juicios que formula, se basa en la intersubjetividad, en otras palabras, intenta tener en cuenta la pluralidad de puntos de vista que se expresan en el seno de una sociedad".

"La Historia —completa— nos ayuda a salir de la ilusión maniquea en la que a menudo nos encierra la memoria: la división de la humanidad en dos compartimentos estancos, buenos y malos, víctimas y verdugos, inocentes y culpables. Si no conseguimos acceder a la Historia, ¿cómo podría verse coronado por el éxito el llamamiento al '¡Nunca más!'? Cuando uno atribuye todos los errores a los otros y se cree irreprochable, está preparando el retorno de la violencia, revestida de un vocabulario nuevo, adaptada a unas circunstancias inéditas".

Por eso, a Todorov le llamó la atención en su viaje a Buenos Aires en 2010 —fue invitado por el gobierno de Cristina Kirchner— que ni en lo que fue la ESMA ni en el Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado de la Costanera pudo ver "el menor signo que remitiese al contexto en el cual, en 1976, se instauró la dictadura".

"Como todo sabemos —completa—, el período 1973-1976 fue el de las tensiones extremas que condujeron al país al borde de la guerra civil. Montoneros y otros grupos de extrema izquierda organizaban asesinatos de personalidades políticas y militares, que a veces incluían a toda su familia, tomaban rehenes con el fin de obtener un rescate, volaban edificios públicos y atracaban bancos".

¿Por qué no encontró esas referencias en la ex ESMA o en el Monumento en la Costanera? La respuesta es sencilla: ni el kircherismo ni Carlotto ni Bonafini estaban —están— interesados en la historia sino en la memoria, que les da la posibilidad de moldear el pasado según sus ideales, deseos e intereses.

Es que la memoria trae el pasado para utilizarlo como un insumo en la lucha política del presente; la memoria permite, por ejemplo, vincular a la dictadura con Macri; el gobierno de Cambiemos sería una continuidad del Proceso de Reorganización Nacional por otros medios.

La historia, en cambio, busca entender el pasado para dejarlo en el pasado. En todo caso, para aprender de él. Solo eso. Nada menos que eso.

Es llamativo que Macri y Cambiemos sigan privilegiando la memoria en lugar de la historia. Batallas que no se dan son batallas que seguro se pierden.

Ceferino Reato
Periodista y escritor, su último libro es "Salvo que me muera antes"

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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