Domingo, 05 Agosto 2018 00:00

Jimmy Hoffa - ¿Una historia conocida?

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Desapareció hace 43 años. Nunca más se supo de él. Cada tanto surgen testigos que juran saber dónde está enterrado bajo toneladas de cemento. Sin embargo, jamás pudieron dar con los restos de Jimmy Hoffa. ¿Cómo es que un dirigente sindical se convirtió en una leyenda urbana? Esta es su historia.

 

Hoffa nació en Brazil, Indiana, en 1913. Su padre murió joven dejando a su familia en una situación precaria. Jimmy debió salir a trabajar a los 14 años. Ya en 1932 era conocido por destacarse en las luchas gremiales, por tal razón fue invitado a organizar el sindicato de camioneros, conocido como Teamstears, que para entonces contaba con 75.000 afiliados. En solo tres años Hoffa duplicó ese número.

Para presionar a la patronal, Hoffa organizaba “quick strikes” (huelgas relámpago) y boycotts de distinto tipo. A la vez que los Teamstears crecían en fuerza de negociación, Hoffa construyó una serie de nexos financieros con organizaciones mafiosas, que a su vez lo asistían a presionar a los empresarios.

Durante la Segunda Guerra evitó ser reclutado argumentando que su tarea como gremialista era de valor para la nación, ya que al mantener “tranquilos” a sus afiliados asistía al esfuerzo bélico.

Aunque nunca trabajó como camionero, se convirtió en presidente de una de sus sedes en 1946.

En 1952 fue electo vicepresidente del gremio, secundando a Dave Beck, el sucesor de Daniel J. Tobin, presidente desde hacía 50 años. Su ascenso se debió a la campaña contra Tobin que Hoffa había llevado adelante, especialmente en los estados centrales de U.S.A.

Cuando Beck fue convocado por el Senado para responder por algunos de sus actos, este se negó a declarar invocando 140 veces la Quinta Enmienda, (que protege al acusado de no declarar en su contra). Beck fue condenado, y Hoffa se convirtió en el presidente de los Teamstears. En este período se avocó a expandir el sindicato, reclutando no solo camioneros, sino empleados de aerolíneas y otros medios de transporte.

Robert Kennedy había seguido de cerca la carrera de Hoffa y desde los ’50 presentó una serie de causas contra él, aunque recién cuando su hermano accedió a la primera magistratura es que Robert como Fiscal General pudo avocarse a juntar cargos contra Hoffa y otros sindicalistas conectados con la mafia.

En 1964 Jimmy fue sentenciado a 8 años de prisión por intento de soborno, fraude y uso inapropiado de los fondos del sindicato, como falsos préstamos que concedía a conocidas empresas del crimen organizado. Para tener una idea de la proporción, gran parte de las Vegas fue construido con fondos de los Teamsters.

A pesar de ser condenado por fraude, Hoffa fue una vez más electo presidente.

Después de tres años de apelaciones que llegaron a la Corte Suprema, ingresó a la Prisión de Lewisburg en Pennsylvania.

Durante su período en la cárcel, Frank Fitzsimmons fue presidente del sindicato. A pesar de haber accedido a ese cargo por Hoffa, pronto se apartó de su influencia.

En 1971, después de menos de 5 años en el presidio, el presidente Nixon conmutó su pena.

Una vez libre, Hoffa recibió una pensión del sindicato de 1.700.000 dólares, una extraña circunstancia sin antecedentes... Este hecho creó suspicacias a punto tal de correrse el rumor que fue el mismo Nixon quien había provisto el dinero a fin de obtener el apoyo del sindicato para su reelección.

Como le fue prohibido continuar con su actividad sindical Hoffa, sintiéndose discriminado, inició una causa para invalidar esta disposición. La Corte dictaminó en su contra.

Hoffa estaba escribiendo su autobiografía cuando el 30 de julio de 1975 fue invitado a una cena con dos conocidos jefes de la mafia: Anthony Joseph Giacalone y Anthony Provenzano. La relación con ambos Anthony no era buena, este último se había enemistado con el ex sindicalista, a punto tal de amenazar a Hoffa con asesinar a sus nietas.

Sin embargo, nadie se presentó al Machus Red Fox, un restaurant en Bloomfield Township, un suburbio de Detroit, donde debía tener lugar el encuentro. Desde entonces nadie lo volvió a ver. Su vehículo estaba abierto en el estacionamiento.

El 30 de julio de 1982, después de siete años de pesquisas, entrevistas y careos, James Riddle Hoffa fue declarado muerto.

Desde entonces las versiones sobre dónde se esconde el cuerpo de Hoffa se sucedieron. Obviamente, el FBI llenó un reporte de 56 páginas recogiendo distintas versiones; todas apuntan a un ajuste de cuentas.

Un matón llamado Sheeran dice haberlo asesinado con dos disparos en la cabeza. Su cuerpo fue cremado por orden de un gánster llamado Salvatore Brigulio. Ninguno de los dos fue apresado.

Desde su desaparición fue rastreado en el fondo de los Grandes Lagos, se ha buscado sus restos en tres casas (1992, 2002, 2004), en una caballeriza y en el Estadio de The Giants.

Se lo vinculó con la muerte de Kennedy (como JFK de Oliver Stone) y se han filmado series y películas como Fist (1978), Odio a la muerte (1983) y Hoffa (1992) protagonizada por Jack Nicholson y escrito por David Mamet.

Su hijo, James Phillip Hoffa, sigue siendo presidente del mismo sindicato que dirigió su padre.

James Riddle Hoffa continúa desaparecido haciendo honor a su nombre, ya que Riddle significa enigma.

Pocos argentinos conocen esta historia más allá de las versiones de Hollywood. Un país como EE.UU. tuvo gremialistas que duraron 50 años en la conducción del sindicato y su puesto parece hereditario. Esta gente mató y coimeó, hasta parece que compraron a un presidente. Sin embargo, hubo una voluntad, liderada por políticos, empresarios y jueces de acabar con esta situación, de acabar con la impunidad porque sabían que un país así no es viable. Hoffa y toda una generación de sindicalistas terminaron presos. El proceso de depuración es el que se debe seguir. Nunca hubo tantos sindicalistas y políticos presos como ahora, pero ¿cuántos más deberían estarlo? Por eso debemos apoyar la acción de jueces y fiscales, como las que se llevaron adelante esta semana.

Lo que nos pasa a los argentinos es que creemos que somos excepcionales: somos los más vivos, los que las sabemos todas, que inventamos la pólvora y que nadie nos gana en ingeniosos. Es claro, si vivimos encerrados mirándonos el ombligo, no vamos a ver que no inventamos nada; pero copiamos mal y desproporcionadamente. El nuestro es un problema de proporciones, no de originalidad.

Para colmo somos unos llorones tangueros: que el mundo nos hizo mal y que nos quieren tirar al muere de pura envidia, porque somos los vencedores morales de todos los concursos a los que nos presentamos (aunque no aparecemos ni a placé).

Se pide plata al exterior o se aprieta a los siempre pagan impuestos, los que estamos en el zoológico. ¿Por qué no salen a cazar fuera del Zoo?

Hay una cuenta que muy pocos se han hecho ¿cuánto es la economía informal? ¿Cuánta plata hay en paraísos fiscales que aún no ha sido blanqueda?

No es un ejercicio intelectual muy sutil, las estimaciones más conservadoras estiman (como poco) que el 30 % de la economía es informal (una expresión elegante para no decir en negro). Toda esa plata no paga impuestos.

Probablemente se estén perdiendo de recaudar lo que se ha pedido prestado, pagando altos intereses por esa suma, cuando es misión del gobierno obtener maximizar la recaudación sin ser opresivos… Ya sabemos qué les pasa a los gobiernos que se exceden en la presión impositiva, desde Juan sin Tierra en adelante, la historia se repite.

También quedan ¿250.000 millones? (dólar más, dólar menos) de plata no declarada de argentinos, especialmente en EE.UU. donde varios Estados se han convertido en paraísos fiscales.

¿Por qué no marcha el gobierno hacia un nuevo pacto fiscal, más lógico y racional que sancione a los evasores como corresponde? Para subir los impuestos no se necesita ir a Harvard. ¡Un poco de ingenio! Que se bajen los impuestos, que paguen todos los que deben pagar y verán el efecto virtuoso: más producción, más exportación, más impuestos pagados por más gente, que a su vez verá aliviada su carga.

Los medios para la salvación están más cerca de lo que pensamos y consiste en aplicar los recursos legales que están en manos de las autoridades.      

 

Omar López Mato
Médico y escritor  
Su último libro es El general y el almirante - Historia de la conflictiva relación entre José de San Martín y Thomas Cochrane
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