Domingo, 04 Noviembre 2018 00:00

John William Cooke: El creador del oxímoron peronista

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El 2 de noviembre de 1956 el general Juan Domingo Perón firmaba en Caracas una carta donde declaraba que “en caso de fallecimiento, delego en el doctor John William Cooke el mando del movimiento”.

¿Quién era este personaje con nombre de gringo a quien Perón concedía el “mandato para presidir a la totalidad de las fuerzas peronistas organizadas en el país y en el extranjero”, cuyas decisiones tendrían la misma fuerza que las suyas?

Este abogado, nacido en La Plata de innegable linaje irlandés, fue el diputado más joven de la historia. Tenía al asumir solo 27 años. Por tal razón, lo llamaban el Bebé. Su padre era de extracción radical y había llegado a ser canciller en la época del presidente Edelmiro Farrell. A pesar de su precoz militancia peronista, Cooke no compartía el direccionamiento de los sindicatos, a quienes criticaba su espíritu burocrático y la tendencia de sus dirigentes a perpetuarse en el poder, creando dinastías que con los años serían imperios. ¿Qué diría Cooke de los Moyano?

Su pensamiento le había aparejado algunos conflictos con la conducción más ortodoxa del movimiento. Cuando le tocó defender la expropiación del diario “La Prensa”, instada por la Sra. Perón, acusó al medio de ser el vocero de los terratenientes, de estar asociado con la United Fruit y de conspirar contra el peronismo desde las sombras. Su discurso fue tan vehementemente anti imperialismo, que Apold, el todopoderoso secretario de comunicación, lo llamó comunista.

Desde 1949, hasta el golpe que derrocó al general Perón, Cooke se desempeñó como profesor de Economía Política en la Carrera de Derecho de la UBA.

Fue entonces y desde el exilio, que Perón eligió a este seguidor como su “heredero”, aunque Cooke estaba preso en la Penitenciaria de la calle Las Heras. Desde allí logró organizar la resistencia peronista.

¿Por qué el general había elegido a Cooke? “Mis dirigentes estaban demasiado adocenados para ser eficaces”, confesó Perón. En una carta a Alejandro Leloir (último presidente del partido que llevaba su nombre) le dijo que Cooke había sido “el único en tomar una posición de absoluta intransigencia” en los momentos más aciagos del peronismo.

El marzo del ’57, junto a otros dirigentes del partido como José Antonio, Héctor Cámpora y Guillermo Patricio Kelly, logró escapar de la prisión de Río Gallegos, huyendo a Chile.

Desde Chile estableció una relación epistolar regular con el ex presidente, al que visitó en Venezuela en 1957. Fue entonces que Rogelio Frigerio (abuelo) y Emilio Perina (padre) comienzan las conversaciones para conformar el pacto electoral con Arturo Frondizi.

A pesar del voto de confianza de Perón, Cooke era resistido dentro del partido, y el ex mandatario pronto entró en colisión con su “heredero”, quien no compartía el modus operandi del general (hombre metódico que se despertaba cuando Cooke se acostaba). Relevado de su trabajo de representante, Cooke viajó a Cuba, donde se entrevistó con un joven Che Guevara, quien en su momento había proclamado su oposición al peronismo (como la mayor parte de la izquierda argentina). Cooke escribió entonces “Apuntes sobre el Che”.

Existe una foto del ex diputado en Bahía de Cochinos (1961) portando una metralleta, que poco nos convence sobre sus inclinaciones marciales... Sin embargo, allí teníamos a un peronista “combatiendo el capital” y defendiendo la Revolución Cubana. Cooke había dado el primer paso para otorgarle a la izquierda argentina el sustento popular que siempre le había faltado. Para él, “el peronismo y el antiperonismo” eran parte de la lucha de clase, la tesis y antítesis hegeleniana a aplicar a la política nacional. También instaba a una resistencia armada, aunque Perón le había aconsejado “desensillar hasta el amanecer”.

En 1963 creó Acción Revolucionaria Peronista, el primer esbozo de la izquierda peronista, prolegómeno de la sangrienta lucha desatada en los ’70. Al igual que la Revolución Rusa, esta no fue solo una lucha de clases, sino una pelea a muerte por la sustentación del poder dentro del partido, como el enfrentamiento con la burocracia sindical, que tanto molestaba a Cooke.

El ex representante del ex mandatario entendía que Perón era “el máximo valor de la política democrática burguesa en Argentina, un pre marxista que por inteligencia o conocimiento general sigue la evolución que toma la Historia…” En algún momento de su exilio, Perón tuvo un acercamiento a la izquierda (cuando le fue funcional para su aspiración de retornar al país sembrando el caos), aunque siempre en su prédica política, el comunismo no era la opción para combatir los excesos del capitalismo. Y así lo demostró cuando a su retorno se opuso las imposiciones de la izquierda peronista, un híbrido que Cooke había empezado a engendrar durante el exilio del general (quien, entre la derecha y la izquierda, siempre prefirió el capitalismo –a pesar de la marchita- porque uno crea riquezas y el otro reparte miseria).

Cooke murió el 19 de septiembre de 1968 de cáncer, en el Hospital de Clínicas. Su último deseo fue la donación de sus órganos. En el 2014 sus cenizas fueron esparcidas en el Río de la Plata, tal como lo había pedido 47 años antes. Sin saberlo, era una forma de unirse a su esposa, Alicia Graciana Eguren, desaparecida durante la dictadura en un “vuelo de la muerte”.

Omar López Mato
Médico y escritor  
Su último libro es El general y el almirante - Historia de la conflictiva relación entre José de San Martín y Thomas Cochrane
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