Domingo, 23 Diciembre 2018 00:00

Cristina Kirchner cree que Mauricio Macri fracasó y da a entender que lo enfrentará - Por Nicolás Wiñazki

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La ex mandataria da pistas de que competirá. El temor por las causas de corrupción que afectan a ella y a sus hijos.

 

“Macri es un inútil”. 
“No está a la altura de las circunstancias”.
“Esto es un desastre”.

Las frases son de Cristina Fernández de Kirchner. Es su estilo. Las repite ante los diferentes interlocutores con los que empezó a reunirse cada vez más seguido, reconstruyeron fuentes que la frecuentan. La ex presidenta, con dos mandatos cumplidos sucediendo al de su ex esposo, Néstor Kirchner, trabaja para volver a la Casa Rosada en el 2019. La alienta la experiencia gubernamental de Cambiemos que considera un fracaso. Por ahora solo da a entender que será candidata. No lo explicita. Es su estilo. Siempre usó el misterio y las definiciones vagas hasta que se decidió a competir. Fue lo que hizo en los comicios legislativos del 2017. Y la última vez que se postuló a la Presidencia, en el 2011. Confirmó que buscaría su reelección a solo sesenta días de las PASO. A cuatro horas y media horas del cierre de la inscripción de las listas ante la Justicia informó quién sería su compañero de fórmula: Amado Boudou. Era la jefa indiscutida del PJ, pero no hizo ninguna consulta con el resto del partido. Cristina es una mujer del poder. Quiere volver a gobernar la Argentina. Pero que quiera hacerlo no significa, aunque finalmente busque hacerlo. Peleará, como mujer del poder, hasta el final para lograr ese objetivo.

Cristina cree que triunfará en el 2019 con la táctica de apelar a la memoria de lo que sigue relatando como doce años de apogeo para el “pueblo”. La era K. Está convencida de que su éxito se encamirá por ese rumbo. Así polarizaría los comicios con Macri, un candidato a la reelección que no podría mostrar logros tras una gestión que los propios funcionarios admiten como errática.

Paradojas de la política.

Macri piensa igual que Cristina. Pero al revés.

Los líderes de Cambiemos, y sus asesores en el arte de ganar comicios, esperan que la candidata del peronismo sea Kirchner para polarizar con ella. Apelarían así a rememorarle a los votantes los malos recuerdos que tendría la mayoría de la sociedad de los años de Gobierno de Cristina.

Una candidata que además pasará aún más infortunios judiciales que los que sufrió este año.

En el 2019 habrá juicios orales y públicos en la que se la acusará en cámaras, a ella y a sus dos hijos, Máximo y Florencia, de cometer delitos de corrupción.

¿Se animará Cristina a postularse en una elección si las encuestas no le aseguran un triunfo casi seguro?

El riesgo es la derrota, y una segunda derrota electoral a nivel nacional la sacaría de la discusión del poder.

Los procesos penales en los que está procesada contienen pruebas muy complejas de defender con argumentos jurídicos. Hasta ahora, ella jamás usó sus conocimientos de abogada para contrarrestar los testimonios o la documentación que la compromete. Repite ante los jueces y fiscales lo mismo que dice en público: ella es víctima de una Justicia manipulada por la política y los medios.

La actual senadora no está presa en el caso de los Cuadernos K, por ejemplo, solo porque la protegen los fueros legislativos. Lo pidió el juez Claudio Bonadio si la Cámara rarificaba su trabajo. Fue ratificado.

El Gobierno no parece dispuesto a usar sus energías en la votación en el Senado que definirá, como pidió la Justicia, si se le quita la inmunidad a Cristina para sea arrestada.

El jefe de los senadores del PJ ortodoxo, Miguel Ángel Pichetto, ya anunció que su bancada no votará a favor del desafuero de su enemiga política Cristina.

Como en toda guerra tradicional, en la disputa por el poder dentro del peronismo también hay reglas que se cumplen a pesar de alrededor se sucedan batallas cruentas.

Los fueros están incluidos entre las inmunidades que los “compañeros” no tocan a pesar de la rabia que se tengan unos con otros.

En ese tema, será decisivo el papel que cumpla la Casa Rosada.

¿Pondrá la energía necesaria para cumplir con el pedido de un juez federal ratificado por la Cámara?

El desafuero de Cristina debe tratarse en el recinto.

¿Cambiemos podría “ponerle el pecho a los bolsos” de Centeno si no se juega todo por el todo para desaforar a la ex presidenta?

En el caso del ex ministro Julio De Vido, el oficialismo convocó a dos sesiones en la Cámara de Diputados y marcó un discurso público muy duro para desaforar al ex funcionario, objetivo que se logró. De Vido está preso.

Aunque ningún referente de la Presidencia lo admita en público, en Cambiemos prefieren que Cristina siga libre para polarizar con ella en las elecciones.

La relación de la Casa Rosada con la provincia de Santa Cruz es excelente. El senador radical Eduardo Costa, que compitió con la actual gobernadora, Alicia Kirchner, lo sabe bien.

No votó el presupuesto nacional.

Demasiados privilegios de la Nación para su rival, se queja.

Cristina, que no se habla con su cuñada por problemas que son imposibles de conocer por los códigos de silencio de esa familia, seguirá trabajando con todo para ser la candidata que más mida en las encuestas en abril próximo. Es la fecha que se pusieron en el Peronismo Alternativo, integrado por gobernadores más Sergio Massa, entre otros, para obligar a la ex presidenta a que capitule con sus deseos presidenciales.

En el Gobierno creyeron ver una alianza concreta entre ese sector del PJ y los Kirchner cuando los diputados K, junto a los del Frente Renovador, de Massa, se unieron para arrebatarles dos cargos cruciales en el Consejo de la Magistratura, el órgano que controla a los jueces. Lo lograron. La diputada del Frente Renovador Graciela Camaño y el jefe de La Cámpora, el también diputado Eduardo “Wado” De Pedro son ahora integrantes de ese ente temido por los jueces. Fuentes del peronismo que conocen la trastienda de esa operación le reconocieron a Clarín que De Pedro sí habló con Massa para pedirle ayuda para esa aventura. Massa apoyó la jugada con sus legisladores, iguales que otros jefes del PJ.

Aun así, el ex intendente de Tigre quiere anular electoralmente a Cristina. La política es la política. Se puede jugar en simultáneas, como el ajedrez. Hace pocos meses, Massa se cruzó en un ascensor del Congreso con Máximo Kirchner. Se saludaron con respeto.

“Wado” fue más efusivo cuando se topó con Massa en la inauguración de un restaurante que exalta la figura de Evita.

Le agradeció el apoyo para triunfar en la “intrusión” del PJ en el Consejo de la Magistratura.

Cristina, mientras tanto, compite día a día con el PJ Alternativo, el rival que podría quitarle la posibilidad de debilitarla frente a Macri.

Se enojó porque el gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, se suma ese espacio.

La ex presidenta buscó una foto con uno de los jefes territoriales que disputará la gobernación de una provincia clave, Tucumán. El senador José Alperovich entró en disputa con quien era su “delfín”, su ex amigo Juan Manzur. Se unió a los K.

Mas allá de todo, Kirchner insiste en que la crisis económica se profundizará y su imagen crecerá para polarizar contra un Macri débil, y sin otro candidato del PJ que mida más en los sondeos que ella.

Intenta mostrar que le teme más al PJ alternativo que a la Justicia. Su hijo Máximo es diputado nacional. Tiene fueros, como ella. Su hija no. Una versión indica que Cristina podría convencer a Florencia para que sea candidata a legisladora por Santa Cruz. Voceros informales de los K lo negaron.

“Más daño del que me hicieron en tribunales ya no me pueden hacer”, se lamenta cuando que habla de los juicios en su contra. Pero se muestra audaz. Cree que el banquillo de acusada puede ser buenas “vidrieras” para aprovechar “políticamente” en medio de la campaña.

Es su estilo.

Nicolás Wiñazki

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