Domingo, 10 Marzo 2019 00:00

A los peronistas, cada tanto, les gusta quemar un ataúd

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Quizás lo hacen por omnipotencia, que es lo más probable, aunque hay quien sostiene que, cuando los peronistas queman un ataúd, lo hacen por creerse impunes.

 

Muchos opinan que lo hacen de burros que son, y hasta algunos quieren adivinar en estos gestos una tendencia suicida… pero lo real es que, cada tanto, a los peronistas les gusta quemar un ataúd. Como lo hizo Herminio, que no fue el único.

También lo quemaba Isabelita cada vez que levantaba su dedito amenazante y nos decía en su tonada madrileña, “no me atosiguéis”, mientras López Rega manejaba las AAA. Lo quemó Casildo Herrera cuando “se borró”.

Los peronistas quemaron el ataúd, y por poco se les incendia el país cuando los Montos le quisieron torcer el brazo a Perón, echándole el cadáver acribillado de Rucci, y desafiándolo en la Plaza de los Imberbes.

Esta costumbre de quemar un féretro parece ser más fuerte que ellos, nacida por las inclinaciones “Republicanas” de su líder, que no se sonrojaba al promover el “5 X 1”, ni cuando aconsejaba usar el alambre de enfardar con sus enemigos, ni la leña que prometía repartir generosamente entre aquellos que no mostrasen sumisión al régimen… Total, la gente (alguna gente) pronto se olvida y lo único que recuerdan es cuando los peronistas despilfarran los fondos públicos en actos prebendarios, o gastan los dineros del país creyendo (o diciendo creer) que estamos “condenados al éxito” porque “Dios es argentino”, “los recursos son inagotables” y “somos el granero del mundo”, y demás afirmaciones que les hace soñar con que se puede chorear eternamente.

Los peronistas cada tanto queman un ataúd, pero cuando se lo recriminan buscan un chivo expiatorio y le endilgan el muerto a López Rega, Casildo “Meborré” Herrera, Isabelita, Herminio, Jaime y mucho mejor si es un expartidarido que haya tenido la peregrina idea de ayudarlos, como fue el caso de María Julia. De esta forma, le demuestran a la gilada que son ellos los salvadores de la patria, y los demás unos ineptos y corruptos.

Como bien señalaba Borges, por su inclinación a ser incorregibles, los peronistas seguirán quemando ataúdes y alineándose tras el candidato que mejor mida en las encuestas, aunque sea chorro, corrupto, Maquiavelo, Rey de Bastos y estafador.

El peronismo ha sido una aceitada máquina de ganar elecciones porque en la dicotomía futbolera del país, lo único que importa es salir vencedor. ¿Quién se acuerda del segundo? ¿Quién se acuerda del lamentable espectáculo de los barrabrava? ¡Qué importa el papelón internacional, si las mieles de la victoria eliminan las culpas!

La misma esquizofrenia futbolera invade el espectro político, y los Maquiavelos berretas, creen que todo es válido para ganar. Chicanean al contrincante, metiendo todos los palos en la rueda, clavando puñales arteros, vociferando más fuerte (que es su mejor argumento para tener la razón de su lado), desentendiéndose del pasado como una bruma lejana, echando culpas a diestra y siniestra para despistar a los eternos idiotas útiles que le han regalado su voto año tras año, asegurando el deterioro del país a niveles que jamás hubiésemos sospechado.

¡Obvio que el gobierno de Cambiemos ha cometido graves errores! Muchos forzados por la pesadísima herencia de la cleptocracia, y también por errores cometidos al mejor estilo peronistas, hipertróficos y soberbios. Pero a diferencia de los peronistas, Cambiemos reconoce que se ha equivocado y propone enmienda, cosa que jamás oiremos de un peronista. ¡¿Ahora están todos con Cristina, después de haberse desgarrado las vestiduras?! A los piruchos les encanta quemar un ataúd, exponiendo sus bajezas, con golpes de guarangos, actuando como si ellos de nada fuesen culpables. Son santos inocentes que aún tienen la desvergüenza de recriminar, sin reconocer, de acusar sin haber expiado culpas, de promover soluciones que no pudieron implementar, de hacer propuestas que solo conducen al desorden, de oponerse solo por el hecho de oponerse, de tirar la piedra y ocultar la mano, cuando dejan sus huellas en toda la escena del crimen lugar, batiendo récords en un campeonato de hipocresía.

A los peronistas les encanta quemar ataúdes, y aunque ellos se crean ignífugos, van a incendiar el país… y no se harán cargo.

Omar López Mato
Médico y escritor  
Su último libro es El general y el almirante - Historia de la conflictiva relación entre José de San Martín y Thomas Cochrane  
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