Miércoles, 10 Abril 2019 00:00

La derecha y la ocupación, vistas desde la izquierda y el judaísmo progresista. Netanyahu afirma que anexionará parte de Cisjordania si gana las elecciones.

Escrito por  La Vanguardia (Barcelona)
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El avance fundamentalista pone a los israelíes ante el espectro del fascismo


Moshe Feiglin, líder del partido ultraderechista Zehut y promotor de la legalización del consumo de marihuana, en un mitin en Tel Aviv (Reuters)

“El mundo se ha movido hacia la derecha y este es el laboratorio perfecto para el fundamentalismo político religioso. Israel se va a mover hacia un Estado fascista”. Quien dice estas palabras es nada menos que una rabina israelí, Tamara Schagas. “Israel es más derechista, más fundamentalista, más fascista”. Y quien dice esto es un veterano del partido Meretz, Meir Margalit.

¿Pueden ambos, una religiosa, y un miembro de la izquierda laica, coincidir en algo así? Pueden, y no son los únicos. De entrada, el espectro político se presenta en las elecciones de hoy escorado notoriamente hacia la derecha con abundancia de pequeñas formaciones de signo extremista y religioso vinculados muchos de ellos a los colonos.

“La derecha sigue vendiendo la idea de que vamos a tener Judea, Samaria y Gaza”, comenta a este respecto el escritor y traductor Ioram Melcer. En los años Netanyahu, la ocupación en los territorios palestinos -y con ella las violaciones de derechos humanos- se ha incrementado.

“Cuanto más dura la ocupación, más violenta es. Y como nadie piensa en acabar con ella, la derecha se perpetúa. Hay una normalización, una naturalización de la ocupación; hay una generación entera que no se da cuenta de que esto es anómalo”, dice Margalit, que durante años luchó contra la demolición de viviendas palestinas en Jerusalén. La izquierda se sentó a esperar ver caer a la derecha y les dejó el judaísmo a los otros”

Tamara Schagas, miembro y educadora de Rabinos por los Derechos Humanos, es testigo de que los jóvenes a punto de hacer el servicio militar no saben nada de la ocupación. Conversa de origen argentino, Schagas pertenece a la corriente rabínica reformista (las otras son la conservadora y la ortodoxa).

“El sistema se está basando en la religión, y los rabinos llaman a las urnas”, señala Ioram Melcer. Pero esto tiene otra explicación. “El público se ha derechizado y ha arrastrado a los rabinos -afirma Margalit-. Algunos de ellos me dicen que los políticos de la derecha les obligan a tomar posturas”. De otro lado, “el sionismo religioso ve al Estado como una herramienta”, apunta Schagas.

De ahí la “ley de Estado nación del pueblo judío”, que fue aprobada por el Parlamento (62 a favor, 55 en contra, dos abstenciones) el año pasado, una ley que algunos dicen no entender. “Como no nos queda claro si la palabra judío implica Estado, religión o nación, más o menos se acepta que implica tanto nación como religión”, señala Melcer.

El problema es de calado. Tamara Schagas, activista en la defensa de los inmigrantes africanos (hoy quedan unos 40.000) que Netanyahu intentó deportar sin éxito a Ruanda, cree que “es una crisis de ideología y liderazgo, porque nadie sabe qué es una democracia judía en el 2019.

El judaísmo de Israel es ortodoxo, en el sentido de seguir la ley judía, y la democracia es parlamentaria. Deberíamos hacer que los distintos judaísmos que existen sean parlamentarios y que la democracia sea ortodoxa en términos de seguir sus preceptos básicos, y eso no está ocurriendo. Quien no dice sostener los valores judíos por encima de la democracia se convierte en un traidor”.

La izquierda lo sabe bien, porque no ha sobrevivido a todo esto desde el asesinato de Isaac Rabin y no ha sabido afrontar todo esto. “Se sentó a esperar a ver caer a la derecha y les dejó el judaísmo a los otros”, opina la rabina. En estos años, unos creen que han crecido las divisiones en la sociedad judía, a diversos niveles, y otros, como Margalit, que “se han hecho más grotescas; cosas que antes no se decían ahora se dicen abiertamente”. No puede ser, subraya, que los méritos que exhiben los generales candidatos sean haber matado muchos árabes.

Cualquiera es izquierdista

“Fascismo” era un falso perfume en un vídeo de campaña, al estilo publicitario más sofisticado, con el que causó impactó la ministra de Justicia, Ayelet Shaked, que está coaligada con el ministro de Educación, Naftali Bennett, en la formación Nueva Derecha. “El perfume que gustará menos a los izquierdistas”, decía en un tuit presentando el vídeo. “Era una forma de fastidiar a los otros: ¿Decís que somos fascistas? ¡Pues lo somos!”, comenta Ioram Melcer.

Lo curioso es que la derecha y la extrema derecha consideran izquierdista a casi cualquiera. Sara Netanyahu increpó ayer a dos periodistas de un portal de derechas que acudían a la residencia del primer ministro a entrevistar a su marido, les dijo que escribieran “sobre los dormitorios” de Shaked y Bennett y tachó a los reporteros de... “izquierdistas”.

Meir Margalit cuenta que un día aparecieron en Jerusalén pegatinas que decían “si no hubiera árabes no habría atentados”, y tiempo después aparecieron otras que decían “si no hubiera izquierdistas no habría atentados”. “Yo sugiero a mis amigos que se tomen estas cosas en serio”, señala Margalit.

 

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