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Lunes, 29 Abril 2019 00:00

Pedro Sánchez tendrá que elegir entre Ciudadanos y Podemos y los nacionalistas

Escrito por  Pedro Muñoz
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La campaña de Rivera complica la posibilidad de un pacto al margen del secesionismo, aunque tanto él como el presidente del Gobierno descartaron anoche esa posibilidad.

Los resultados de las elecciones generales dejan solo dos posibilidades: o bien Pedro Sánchez vuelve a echarse en manos de Podemos y los nacionalistas, o bien pacta con Albert Rivera. Sin embargo, la sobreactuación del líder de Ciudadanos, que ha basado su campaña en la única idea de echar al actual jefe del Ejecutivo, complica esta posibilidad. Anoche mismo, en sus mensajes los dos líderes prácticamente descartaron el acuerdo.

La suma de PSOE y Ciudadanos alcanza los 180 diputados, cuatro por encima de la mayoría absoluta, lo que les daría un amplio margen para gobernar, mientras que si los socialistas optan por pactar con Podemos y los nacionalistas hay dos opciones: que sumen con ERC (181 diputados), o que lo hagan con PNV y Junts per Catalunya (179), sobre el papel más moderados en materia económica.

Encrucijada

En estas condiciones, probablemente los resultados de las elecciones son los más complicados de gestionar para Rivera, a pesar de que sin duda son un éxito al pasar de 32 escaños en 2016 a los 57 de ayer.

Por una parte tiene en su mano conseguir que los secesionistas dejen de tener la llave de la gobernabilidad de España, algo que siempre ha sido «leit motiv» de su formación, pero por otra tendría que dar un giro copernicano respecto a un Pedro Sánchez al que ha calificado de «peligro para España» y asegurado que sacarlo de Moncloa es «una emergencia para España». Todo ello, además, sin su anhelado «sorpasso» al Partido Popular, aunque haya estado muy cerca de conseguirlo.

Lo cierto es que Rivera ya alcanzó un acuerdo de Gobierno con Sánchez en 2016, aunque no pudo llevarse a efecto por el voto en contra de Podemos en la sesión de investidura. Entonces la idea del líder de Ciudadanos era sacar del Palacio de la Moncloa a Mariano Rajoy y para ello no tuvo inconveniente en pactar con un PSOE que había perdido las elecciones y obtenido los peores resultados de su historia. En los siguientes comicios, sin embargo, llegó a un acuerdo con los populares.

Para Pedro Sánchez tampoco va a ser fácil olvidar lo sucedido en los últimos meses y con los resultados en la mano sabe que tiene que elegir entre Ciudadanos y Podemos y los nacionalistas. Lógicamente también puede intentar gobernar en solitario con pactos puntuales, la famosa «geometría variable» de José Luis Rodríguez Zapatero, pero sus 122 escaños no parecen suficientes para dotar a su Ejecutivo de estabilidad.

Hay otro elemento que complica las cosas: la celebración de elecciones municipales y autonómicas el próximo 26 de mayo. De llegarse a un acuerdo entre ambas formaciones, su discurso para esa cita deberá variar sustancialmente, sobre todo por parte de la formación de Rivera. Es más; el PSOE puede exigir su apoyo para gobernar en aquellas comunidades y municipios en que sea posible, y eso además con la herida de Andalucía aún abierta para los socialistas.

Buena sintonía

Las dificultades tampoco serán pequeñas para Sánchez en el caso de que decida pactar con Podemos y los nacionalistas. En primer lugar, la formación de Pablo Iglesias quiere entrar en el Gobierno y no solo condicionarlo, como ha sucedido hasta ahora. Sin duda, los populistas exigirán carteras sensibles y muy probablemente la Vicepresidencia del Gobierno para su líder. A favor del acuerdo, no obstante, está el hecho de que el propio jefe del Ejecutivo en funciones haya destacado la buena sintonía que ha mantenido con ese partido durante su etapa de gobierno, hasta el punto de firmar un acuerdo presupuestario.

En cuanto a los nacionalistas, en la campaña han mostrado su disposición a mantener el apoyo a Sánchez, aunque también quieren obtener rédito del mismo. Probablemente Sánchez hubiera preferido poder formar gobierno sólo con Podemos y el PNV, pero no será posible en una primera votación. Las tres formaciones se quedan en 173 escaños, que no obstante sí valdrían en una hipotética segunda votación en la que cosecharían más votos positivos que negativos por la previsible abstención de otras formaciones nacionalistas.

No parece que el líder socialista vaya a ofrecer a las formaciones nacionalistas entrar en su Ejecutivo, entre otras cosas porque históricamente éstas lo han rechazado al comprobar que obtienen mayores beneficios con apoyos desde fuera, con la ventaja añadida de que no sufren el desgaste propio del ejercicio del poder. Para estos partidos las claves de la negociación con Sánchez serán las ventajas que puedan sacar de un nuevo modelo de financiación y los avances en autogobierno que puedan sacar al Gobierno.

En el caso de los catalanes, además, está pendiente de resolver la situación de los políticos juzgados en el Supremo y la posibilidad de un indulto en el caso de que se produzca una sentencia condenatoria. Sánchez no se quiso pronunciar sobre esta posibilidad en campaña aunque se le preguntó una y otra vez, en una estrategia para guardarse un as en una hipotética negociación con los secesionistas.

Aunque la aritmética parlamentaria que emerge de las elecciones abre la puerta a varios posibles pactos y lo más deseable para todos sería esconder sus cartas hasta después de las elecciones locales, la combinación de fuerzas tendrá que cristalizar en la semana previa a los comicios. En concreto, el 21 de mayo como muy tarde, cinco días antes de los comicios autonómicos, ya que ese día será cuando se constituyan las nuevas Cortes.

Este trámite, que hasta el fin del bipartidismo no entrañaba grandes dificultades, obliga a que el partido mayoritario intente tejer la mayoría absoluta para poder controlar la Mesa del Congreso con los que pretenden que sean sus socios durante la legislatura. Este órgano tiene el poder de bloquear, ralentizar o acelerar las iniciativas ya sean de la oposición o del Gobierno, como se vio en la legislatura que acaba de terminar. Así que el próximo presidente del Gobierno quiere evitar el placaje constante del Parlamento, tendrá que asegurarse de alcanzar la mayoría de este órgano junto a sus socios.

Muy condicionados

No solo las alineaciones políticas quedarán en evidencia en las votaciones para la elección de los nueve miembros de la Mesa, sino también la potencia de las mismas. Estos puestos son muy codiciados, además, por la visibilidad que ostentan para los partidos que los ocupan y los sobresueldos que conllevan para los diputados que resultan elegidos. Por ello, el partido mayoritario suele utilizarlos para cortejar a los que pretende que apoyen la investidura de su candidato a presidente del Gobierno ofreciéndoles una presencia en la Mesa superior a la que les correspondería por escaños.

Así, podríamos encontrarnos con que el PSOE decidiera sentar en la Mesa a ERC por primera vez en la democracia o le entregara la primera vicepresidencia de la Cámara a Podemos, si está por esta alineación. En la anterior legislatura, el PP consiguió a Ciudadanos dos puestos en la Mesa con tan solo 32 escaños; los mismos que ocuparon el PSOE con 84 diputados y Podemos con 67.

Quien más puede perder mostrando sus alianzas antes de las elecciones locales es el PSOE. Podemos ha logrado sembrar la duda en la izquierda sobre un pacto de Sánchez con Rivera. Si esta unión llegara a cuajar, es posible que el PSOE perdiera apoyos por la izquierda en esos comicios.

Pablo Muñoz

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