Domingo, 12 Mayo 2019 00:00

El detrás de escena de un país febril - Por Alberto Amato

Escrito por  Alberto Amato
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Con algunas revelaciones extraordinarias, en “Dios y la patria se lo demanden”, Juan Bautista Yofre retoma el relato documentado y sazonado por su memoria de los desencuentros sangrientos de la vida política y militar de la Argentina, desde 1930.

Los entretelones del primer golpe militar de la Argentina, que derrocó a Hipólito Yrigoyen e instauró décadas de desastres políticos y sociales, las andanzas de los servicios secretos de la “Libertadora”, previas y posteriores a la asunción de Arturo Frondizi; la ayuda financiera estadounidense a la SIDE argentina un mes antes de la asunción de Arturo Illia; el dramático y trágico destino del general Juan José Valle, fusilado en 1956 por liderar un intento de golpe contra la dictadura de Pedro Aramburu e Isaac Rojas; los tormentosos años de Salvador Allende en Chile, su relación con la Argentina y con el entonces dictador Alejandro Lanusse; los desvaríos de la guerrilla peronista y trotskista; los encuentros cercanos y a través de allegados entre Juan Perón y Ricardo Balbín y la frustrada posibilidad de la fórmula Perón-Balbín para las elecciones del 11 de marzo de 1973; las andanzas del almirante Emilio Massera en Francia; los desbarajustas de la última dictadura, las zancadillas palaciegas de aquellos centuriones, Malvinas y la irrupción de Carlos Menem en la Casa Rosada, todo un amplio fragmento de la historia argentina contemporánea, sin contar los años de Yrigoyen, desfila en Dios y la Patria se lo demanden, de Juan Bautista Yofre, que fue en parte testigo de muchos de los hechos que evoca.

Yofre es autor de varios libros en los que expone, en una amena cabalgata de relatos documentados y sazonados por su memoria, los desencuentros muchas veces sangrientos y acaso irreparables de la turbulenta vida política y militar del país. Así lo hizo en, por citar algunos títulos, Nadie fue, Fuimos todos, El escarmiento, La trama de Madrid, Fue Cuba, entre otros.

Sus relatos, a modo de crónicas periodísticas cortas, están basados en documentos de los servicios de inteligencia, escritos en algunos casos con un lenguaje similar, “fuente A1” y cosas así, que permiten esbozar algunas teorías apasionantes. Una de ellas afirma que Perón tenía infiltrada a la guerrilla del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) por el accionar de un espía, se presume mujer, que usaba el nombre de “Lucy”. Así supo el general que el plan del ERP era asesinarlo en el “Operativo Macuto”. Teoría que el médico personal de Perón, Pedro Cossio, ratificó a Yofre en 2010 y de paso extendió el deseo de asesinar a Perón a la izquierda en general.

Otras revelaciones no son menos apasionantes. Una recuerda que el gobierno de Lanusse espió a Perón en Puerta de Hierro en los febriles años previos a sus dos retornos al país, en noviembre de 1972 y en junio de 1973. Según el espía, “Perón no piensa venir a la Argentina”, “Perón no piensa ser candidato final en Argentina”.

Otra, revive la intención de huir de la Argentina de Mario Roberto Santucho, jefe del ERP, tras la derrota militar de su grupo guerrillero en los montes tucumanos primero, y luego en el intento de copar el Arsenal Domingo Viejobueno de Monte Chingolo, el 23 de diciembre de 1975. Horas antes del viaje de Santucho al exterior, el 19 de julio de 1976, el jefe guerrillero y parte de la cúpula del ERP fueron muertos, o capturados y desaparecidos luego, por un grupo comando del Ejército al mando del capitán Juan Carlos Leonetti, que también resultó muerto en el tiroteo.

Dios y la Patria… destapa, al menos lo intenta, el protagonismo que tuvo el entonces capitán de navío Francisco Manrique, que en junio de 1956 era jefe de la Casa Militar de Aramburu, en la captura del general Juan José Valle, jefe de la rebelión militar y cívica contra la “Libertadora”, que fue luego fusilado en la penitenciaría de la calle Las Heras.

Yofre reproduce una carta escrita por el propio Manrique en noviembre de 1972, previa a la llegada de Perón, en la que relata un episodio novelesco que debe leerse en el libro, dado su dramático contenido. En síntesis, se trata de una carta que Manrique dirigió días después de la rebelión de Valle, siempre según su texto, al almirante Teodoro Hartung, ministro de Marina, “y que debe constar en los archivos de la Armada”, afirma Manrique.

Esa carta revela que Valle se refugió en el departamento del mendocino Andrés Gabrielli, uno de sus amigos, que era también allegado a Manrique. Gabrielli “entrega” a Valle durante una entrevista que ambos mantienen con el almirante Rojas, vicepresidente de la Nación, en su departamento de la calle Austria.

Valle recibe a Manrique, pistola en mano, en un cuarto del departamento de Gabrielli. Manrique le dice que él está desarmado y que no es su misión detenerlo. Que lo hará la policía en breve. Pero que tiene un plazo de media hora, si decide seguir su huida. Pero Valle se entrega, siempre según los dichos de Manrique, consciente de que puede ser fusilado. “Si han fusilado gente, a mí me deben fusilar también. He sido el jefe y mi responsabilidad es total”, revela Yofre que escribió Manrique que dice que le dijo Valle.


Alberto Amato

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