Domingo, 23 Junio 2019 00:00

Saltos y retornos impensados en la política del poliamor - Por Nicolás Wiñazki

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El fin de la infidelidad como pecado: el armado de las listas demuestra que los cambios drásticos de bando ya no son mal vistos en los templos partidarios. Un fenómeno que cruza a todos.

 

Todos bailaron con todos. Distinta música con distintas parejas. Misma música con parejas ya conocidas. O al revés. O viceversa. De izquierda a derecha. La clase dirigente argentina amplió su conciencia. Se libera de viejos prejuicios. Año 2019. El amor es aun más libre que cuando se aclamaba por el amor libre. Vivimos un tiempo nuevo: la era de la “política del poliamor”. Las elecciones presidenciales de octubre son ejemplo de esta novedad.

El poliamor es una nueva fórmula que adoptaron matrimonios o noviazgos para convivir con más plenitud, de acuerdo a sus creencias y experiencias. Es una fórmula que tiene cada vez más adeptos. El acuerdo, con matices, suele ser así: cada uno de los miembros de la pareja elige además a otras personas con las que pueda compartir su cariño. No es poligamia. Es igualdad de condiciones para unos y otros. Y cierta estabilidad en la diversidad. No hay mentiras. No hay infidelidades. Todo se nutre de sinceridad.

Es un fenómeno que, con obvias variables, se puede transpolar a la coyuntura nacional. Los dirigentes y referentes de los casi caducos partidos políticos perdieron el prejuicio y se juntan con supuestos enemigos. O vuelven a amigarse con quienes fueron sus aliados y luego sus rivales.

Vale todo. Ya nadie es capaz de mostrar lealtad eterna para sus movimientos en los que empezaron como jóvenes afiliados. Van adonde quiera y con quien quieran. Un ex menemista, ex duhaldista, y por ahora kirchnerista como Aníbal Fernández, le atribuye al escritor Gabriel García Márquez una reflexión. Según el ex Jefe de Gabinete, el narrador colombiano aconsejaba a los matrimonios en situación de conflicto no volver a discusiones antiguas. “Hay que olvidar, chau, no hablar nada para atrás. Se mira para adelante y listo…”.

Y ahí, en las boletas de las elecciones nacionales, se encontrarán nombres que parecen haber pasado por una licuadora si se recuerda en qué listas y con quiénes se postulaban algunos hace poco tiempo.

Ejemplos sobran. Un votante de Mauricio Macri de antes del 2015 entonces elegía a un crítico y recibidor de críticas de Elisa Carrió, de la Unión Cívica Radical y del peronismo. Hoy, Macri, Carrió y la UCR son los pilares de la coalición “Cambiemos”, que ha sumado a nuevos integrantes. Del PJ. Poliamor.

Macri alguna vez fue aliado de una tríada que no funcionó. La integraban el ex diputado Francisco de Narváez, el hoy Presidente y Felipe Solá. Éste último formó parte del gobierno de Menem, fue duhaldista, luego fue kirchnerista, después opositor al kirchnerismo junto al ex K y luego fundador del Frente Renovador, Sergio Massa. Solá dejó ese partido para volver al PJ de los Kirchner.

Massa, ex jefe de Gabinete de Cristina Kirchner, prometió que combatiría a la ex presidenta para que no vuelva nunca más al poder. Pero se sumó en las últimas semanas al kirchnerismo. Y allí estaba Solá. Junto a otro ex jefe de Gabinete, hoy precandidato a presidente de los K, que había luchado contra sus ex y actuales jefes junto a Massa. Es Alberto Fernández.

Poliamor. Cariños viejos y rencores dejados atrás, se unieron de nuevo para vencer a Macri. Los acompañará en la Capital Federal Victoria Donda, diputada con origen militante en el kirchnerismo. Tras sus inicios cambió de parecer -algo no criticable para quien crece en la vida pública- y fue una opositora muy firme de los Kirchner. Sobre todo, de la agrupación juvenil de Máximo, La Cámpora. Militantes de ese movimiento la insultaron desde las gradas del Congreso en una de sus juras como legisladora. Hoy se reencuentra con esos viejos enemigos.

El espacio K ha sumado también al cineasta Fernando “Pino” Solanas, antes aliado de Carrió, críticos de Macri. La diputada dejó plantado a Pino un día, de súbito, en medio de un acto. “Me fui a comer una pizza”, sonrió después Carrió. Tras ese desplante de una pareja que se quería, empezó a nacer “Cambiemos”. Carrió confirmó esa coalición con la UCR y el PRO. Macri fue electo Presidente.

Era el tiempo de unirse para sacar a los K del poder, explicaron en ese nuevo frente. Los rivales llevaban 12 años gobernando. Quisieron y odiaron a Massa, Fernández, a uno de sus presidentes del BCRA, el luego ARI y luego Cambiemos Alfonso Prat Gay; al ex titular de Economía, hoy de nuevo en “Juntos por el Cambio”, Martin Lousteau. Y al primer ministro de Economía que heredaron los Kirchner de los Duhalde. el actual precandidato a presidente de Consenso 2030, Roberto Lavagna. Éste último también fue candidato a presidente por el frente UNA en los comicios del 2007. Era una coalición que integraba principalmente la UCR, y su compañero de fórmula fue Gerardo Morales, el hoy gobernador de Jujuy por Cambiemos.

Volviendo a Solanas: el kirchnerismo lo denunció en la Justicia, dos veces, acusándolo falsamente de haber mandado a quemar vagones de trenes. Todo perdonado. Poliamor.

Macri, el Presidente que busca repetir el mandato, sorprendió con la elección de su precandidato a vicepresidente. Es Miguel Ángel Pichetto. Peronista total. Fue el jefe del bloque del Senado K durante los 12 años de mandato de sus hoy enemigos electorales. Pichetto contó que le avisó sobre su nuevo destino a sus ex jefes Carlos Menem y Eduardo Duhalde.

Hasta ese momento, era parte del espacio llamado “PJ Alternativo”, que compartía con Massa, Lavagna y el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey Éste último es vice de Lavagna. Los otros dos no pudieron con ese “amor”. Fueron a abrazar a otros. En sentido figurado.

El transfuguismo político, como recuerda el analista Sergio Berensztein, es un fenómeno internacional. Ronald Reagan, por ejemplo, fue gobernador de California por el Partido Demócrata y luego presidente por el partido Republicano. “¡Amor! Amooor! ¡Amoooor!”, gritó alguna vez en televisión el ex ultra K Luis D’Elía, hoy preso por tomar una comisaría de modo violento. “Siento que me clavaron un puñal en la nuca”, se lamentó cuando se enteró que los Kirchner ya no lo querían. Todo puede cambiar.

Los cuestionamientos a los “garrochazos” en política ya no son lo que fueron. Alberto Fernández fue muy criticado cuando logró que el recién electo diputado por el PRO de Macri, Eduardo “Lorenzo” Borocotó, pasará a formar parte de los legisladores K sin asumir su banca. Hoy no pasaría. Alberto Asseff, del Partido Nacionalista Constitucional, el primero al que se afilió Fernández, que le dio personería al primer Frente para la Victoria, se pasó al frente que postula a Presidente días después de firmar una alianza con el economista José Luis Espert. Asseff estuvo con la UCR y con el peronismo. Otros tiempos.

Como eran otros tiempos, en la antigua Roma, cuando, según el mito, el cónsul Escipión despreció a los asesinos de un rival con un látigo verbal que se repite aún hoy: “Roma no paga traidores”. Traducido: “Roma no paga traidores”.

Nicolás Wiñazki

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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