Domingo, 30 Junio 2019 00:00

La mariposa de plomo

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¿Para qué sirve la historia? Nos solemos preguntar… y nadie está muy seguro de que estudiando el pasado podamos enmendar nuestros errores. A veces las simplificaciones esquemáticas y didácticas atentan contra esta finalidad reveladora.

 

De los personajes históricos conocemos los momentos más trascendentes, pero desconocemos su accionar después de esos cinco minutos en que fue personaje central de los acontecimientos.

A muchos no nos entra en la cabeza como una persona que acumula 13 procesamientos y cinco causas que ya llegaron a la instancia de juicio oral, pueda tener aspiraciones presidenciales. ¿Cómo llegamos a esto? Nos preguntamos. ¿Cómo puede olvidarse tan rápidamente los padecimientos del régimen populista? Como siempre los argentinos nos creemos únicos, sobresalientes en lo bueno y lo malo. Y ni siquiera nos cabe ese dudoso mérito. Les quiero contar la historia de Imelda Marcos, política de Filipinas. ¿Podemos compartir algo con un país que parece tan lejano a nuestra cultura? Pues no es tan extraño, porque Filipinas fue parte del Imperio español.

Imelda Remedios Visitación Romuáldez Trinidad, nació en Manila en 1929. Conoció la pobreza, peor también el poder omnímodo, y tuvo su momento de fama mundial cuando debió huir de su país en medio de una revolución que destapó la trama de corrupción de su gobierno. Su mítica colección de 1.000 pares de zapatos (las versiones oscilan entre 700 y 3.000) pronto se convirtieron en emblema de Imelda. ¿Para qué quería esta ex modelo, de armónica belleza y voz templada, de gustos extravagantes y conductas enérgicas, esos mil zapatos?

“La mariposa de hierro” –así la llamaban a Imelda- había demostrado una ambición desmedida que le permitió sobreponerse al breve y escandaloso affaire de su marido, el presidente Ferdinand Marcos, con una actriz americana. Después de este episodio, la codicia de Imelda no tuvo límites. Desde entonces la corrupción en el gobierno de los Marcos fue moneda corriente, y el acúmulo de riquezas desmedido. Algunos calculan que la fortuna de la familia asciende a 35.000 millones de dólares, contando entre otras inversiones, con varios rascacielos en Nueva York.

Un detalle anecdótico, Imelda quiso comprar el Empire States por 750 millones de dólares, pero al final abandonó el proyecto, por considerarlo demasiado “ostentoso”.

Después de tres períodos presidenciales sucesivos de Ferdinand Marcos (21 años), las crisis económicas recurrentes, el asesinato de Benigno Aquino (opositor al régimen de la “dictadura conyugal” que curiosamente había sido novio de Imelda en su juventud) y el surgimiento de Corazón Aquino, su esposa, como aglutinante de la oposición, la situación del matrimonio se hizo insostenible, más cuando el gobierno norteamericano le quitó su apoyo ante los inocultables negociados de la pareja gobernante.

Las elecciones de 1986 fueron escandalosamente fraudulentas, a punto tal que Ronald Reagan, amigo de los Marcos, exigió una definición. Sin embargo, redoblaron la apuesta en la adversidad (no sé si les suena conocido) y a pesar del fraude, asumieron una vez más la presidencia. Un grupo de militares filipinos dio un golpe de Estado con la asistencia de varios ex ministros del régimen, entre los que se encontraba un primo de Ferdinand Marcos. Desbordados por los acontecimientos, el matrimonio buscó asilo en los Estados Unidos.

Antes de partir, Imelda le cantó al pueblo desde un balcón del palacio Malacañan, (suponemos que debió haber sido una versión filipina de “No llores por mí, Argentina”). En su residencia dejó 15 abrigos de visón, 458 vestidos, 1.000 carteras y los famosos 1.000 pares de zapatos. Al parecer Imelda huyó con lo puesto. De todas maneras, no le faltó dinero para reponer su ajuar.

Desde Hawai los Marcos continuaron administrando su Imperio de cuentas suizas, panameñas y paraísos fiscales en USA, bajo los nombres de Jane Ryan y William Saunders.

Por supuesto que la pareja filipina negaba el origen espurio de la fortuna, argumentando que la hicieron al descubrir el llamado Tesoro de Yamashita, los bienes robados por los militares japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Nadie se tragó este cuento, y el tema de la riqueza de la familia despertó no una, sino 900 reclamos judiciales en Filipinas y los Estados Unidos.

De los supuestos 10.000 millones de lo que están acusados de sustraer, la Justicia solo reconoció 1.620 millones. El resto de las causas han sido desestimadas.

Ferdinand murió en 1969 e Imelda volvió a Filipinas en 1991, donde reinició su carrera política. Ese mismo año repatrió los restos de su marido, conservados en una cámara criogénica de cristal.


 

En 1998 Imelda fue electa miembro de la Cámara de Representantes y en el 2001, después de ser encarcelada unos días, devolvió 687 millones de dólares al Estado filipino que “misteriosamente” había desaparecido de las arcas del gobierno durante la presidencia del ahora gélido Ferdinand. Así y todo, Imelda recuperó parte del prestigio de la antigua “mariposa de hierro”, convirtiéndose en una especie de ícono cultural para las nuevas generaciones de filipinos, especialmente después de un documental sobre su vida, del lanzamiento de una marca de cosméticos con su nombre y del álbum que el músico David Byrne grabó, basado en una frase que Imelda habrá de poner como epitafio de su tumba: “Aquí yace el amor y la verdad es que el amor yace aquí”.

Imelda se volvió ídolo de multitudes, su marca de cosméticos vendió fortunas y el álbum fue un éxito.

“La mariposa de hierro”, hoy algo oxidada a sus 90 años, sigue manteniendo su peso político en Filipinas y sus hijos siguen los pasos de sus padres.

Es obvio el paralelismo con los Kirchner. Una fue la mariposa de hierro, la nuestra ¿será de plomo?

La historia de Imelda es el paradigma del pensamiento mágico del populismo basado en el glamour de una artista mediocre que acumula poder para someter a un pueblo cándido y de cortas miras, alimentado por un distribucionismo miserable, y la dádiva prebendaria.

Imelda también era “La madre de la Nación”, que recibía 2.500 cartas al día, sin pudor de mostrar sus riquezas, fruto de expoliar al pueblo a pesar de sus miserias. la ostentación no mellaba su prestigio entre las clases populares, al contrario, quizás por eso mismo la admiraban. Imelda llegaba a cambiarse 8 veces de vestido al día y lucía joyas y alhajas que valían varios cientos de miles de dólares.

Acá no hemos tenido mejor suerte, después de la caída del general Perón, el gobierno de la Revolución Libertadora mostró los vestidos y alhajas que había lucido su esposa, tratando de denunciar ese exhibicionismo innecesario de la “abanderada de los pobres”. Hoy esos vestidos se idolatran en el Museo Evita.

Perón volvió después de 17 años de exilio. A Imelda le bastó solo cinco años ¿bastarán cuatro para Cristina? La desastrosa situación económica generada por estos gobiernos populistas que expolian los fondos del país suele dejar a los gobiernos sucesivos una situación tan desesperante que la masa votante, en su eterna amnesia, no puede dilucidar de quién es la culpa.

Creen que, mágicamente, la economía cambiará con el nuevo gobierno y todo será tan feliz como cuando se despilfarraban millones en subsidios.

¿Seremos víctimas de la misma amnesia popular que les hace olvidar o minimizar los robos, los desfalcos y la corrupción del gobierno “Nac & Pop”?

Contemplamos atónitos las declaraciones de políticos hipócritas de promesas vacías, pactos espurios y alianzas impensadas que sacrifican la integridad y la coherencia por unos votos que aseguren su cuota de poder y así de impunidad.

La mariposa de hierro volvió y fue millones. ¿Acaso nos espera nuestra mariposa de plomo?

Omar López Mato
Médico y escritor  
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