Domingo, 28 Julio 2019 00:00

La batalla perdida

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Más allá de una victoria electoral, más allá de los votos, de quien gane o sea derrotado en las urnas, hay algo que cada día me resulta más claro: estamos perdiendo la batalla en la contienda cultural.

 

Dependientes de la economía, corriendo tras los mangos, movilizado por lo urgente y no lo importante, se ha relegado la pelea de fondo, la madre de todas las batallas, la que da sentido a la vida de las naciones: la cultura.

Cultura no solo son los libros, los cuadros, y las películas, sino la explicación de lo que significa ser argentino, lo que maman los chicos en el colegio, en la casa en la construcción de una idiosincrasia. En lo que ven y escuchan.

Hasta hace poco éramos conocidos en el mundo por nuestra soberbia. Éramos los morochos que triunfamos en París, los que teníamos las mejores carnes, exquisitos futbolistas y las minas más lindas… y de pronto, en pocos años, la sensibilidad de un Borges se convirtió en el grotesco maradoniano que de una u otra forma se agazapaba en nuestros genes: el astro arrasado por la vanidad que brota de la ignorancia. Como decía Benedetto Croce, la única palabra que se puede escribir con las mismas letras de “argentino”, es “ignorante”.

Como Argentina, el astro del fútbol mostró la imposibilidad de manejar sus riquezas sin caer en la ostentación ni en la vulgaridad, ni el derroche, la mejor metáfora de un país que sin guerras ni desastres naturales cayó en la mendicidad.

Como hijos pródigos culposos fuimos derrochando nuestra fortuna, pero en lugar de reconocer nuestros pecados proyectamos las culpas. Los responsables de nuestra decadencia están afuera, es el Fondo (que no aprende nunca y nos sigue prestando plata), o EE.UU. (neoliberales, capitalistas), o China, o Brasil o el Mercado Común Europeo… Todos juntos o separados quieren someternos, aplastarnos, relegarnos. Cualquier cosa es buena para victimizarnos. ¿Nunca un mea culpa? Para muchos argentinos nunca hicimos nada malo. ¿Defaulteadores seriales? ¿Corrupción mayúscula? ¿Negocios turbios? No, nada, solo pecadillos…

Lo peor del caso es que creemos tan firmemente en nuestra inocencia que le inculcaron a nuestros jóvenes el principio de culpa ajena y los derechos propios, sin muchos deberes, ni preocuparse de dónde saldrán los fondos que banquen nuestros derechos.

Les contaron una historia mendaz sobre los jóvenes idealistas y los represores genocidas. Cuentan unos muertos, pero no del otro bando. Tanto se han convencido de sus dichos, que el que niegue que hubo 30.000 desaparecidos, puede ser juzgado.

El otro día fueron dos pilotos ex combatientes de Malvinas al Nacional Buenos Aires, para contar su papel en la gesta para recuperar las Islas; los alumnos del colegio de elite los increparon, recriminándoles haber actuado en un gobierno militar. Cuando le preguntaron por qué, contestaron: “No hay que olvidar que tenemos 30.000 compañeros desaparecidos” ¿Eso no es adoctrinamiento? A la juventud le metieron en la cabeza (con libros, películas, testimonios, repitiéndolo hasta que se convencieron de que así fue) que los montoneros son sus “compañeros”.

El orden establecido es un mito burgués y el policía de la esquina es un represor. Los pilotos de Malvinas quieren adoctrinar, porque todo aquel que se aleje de su pensamiento hegemónico es un enemigo. Una entrevista se convierte en un interrogatorio. El periodista que no sea servil es un gorila. Creen en la patria nac and pop, pero no tienen idea de cómo juntar un peso sino a través del método de Robín Hood.

Proclaman los derechos humanos, pero se olvidan el de la propiedad y la libertad.

Creen en el asistencialismo y el distribucionismo, pero nadie les enseña a producir. Las vacas se crían solas y los yuyos crecen naturalmente, el acero y el cobre de sus computadoras brota como el agua en las fábricas. Ahora prometen remedios gratis a los jubilados. ¿Cómo se pagarán? ¿De dónde saldrán la plata? ¡Ah! Los derechos son inalienables, responden impertérritos.

El Che y Fidel son héroes sin importar a quién mataron. Contemplan el éxito de Cuba y Venezuela, pero no se ruborizan ante la represión y los muertos del régimen. ¿Hay quienes asesinan con dignidad?

Ahora rechazan un servicio cívico voluntario, como si volviésemos al servicio militar obligatorio, mientras que lo único que están ofreciendo es un instrumento de instrucción al que accederá quien quiera. Sin embargo, a este servicio cívico le falta una pata, que es la sanitaria. Cuando se impuso el Servicio Militar en tiempos de Roca, se había tenido en cuenta el incremento de tuberculosos entre los más jóvenes. A tal fin, todos los incorporados debían ser sometidos a un examen médico.

Este servicio cívico debería tener también la función de pesquisar enfermedades: sífilis, tuberculosis, HIV, etc., etc., etc. El Servicio Militar detectaba a miopes, ambliopes, tuberculosos, adicciones, enfermedades venéreas, etc. Darle un punto de apoyo que los ayude a mejorar su condición laboral y su salud es esencial para para el éxito del proyecto.

Es incómodo cuando se vive de mitos toparse con la verdad, es necesario reconocer que 12 años de mentiras han sembrado cizaña en el campo de la cultura, donde las pulsiones brotan salvajes. Bien saben desde los tiempos de Lenin y Bakunin, que es más fácil diseminar el odio que la moderación, el extremismo falaz a la racionalidad… Y este estado de cosas condena al país, más allá de la próxima elección.

Omar López Mato
Médico y escritor  
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