Lunes, 29 Julio 2019 00:00

Papa Francisco: «La prostitución confunde hacer el amor con torturar a una mujer indefensa»

Escrito por  Javier Martínez-Brocal
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Francisco invita a conocer las duras consecuencias de la prostitución, para desanimar a los clientes.

El Papa ha lanzado una dura condena contra los clientes de la prostitución, coincidiendo con el «Día Mundial contra la Trata de personas» que se celebra este 30 de julio.

Según Francisco, «cualquier forma de prostitución es una reducción a la esclavitud, un acto criminal, un vicio repugnante que confunde hacer el amor con desahogar los propios instintos torturando a una mujer indefensa».

Lo escribe en el prólogo del libro «Mujeres crucificadas. La vergüenza de la trata relatada desde la calle», en el que el sacerdote Aldo Buonaiuto revela la situación límite de mujeres que ha conseguido rescatar de las calles.

Francisco recuerda que en agosto de 2016 visitó una de las casas de acogida para ex prostitutas que este sacerdote de la Comunidad Juan XXIII ha puesto en marcha en Roma.

«No imaginaba que habría encontrado mujeres tan humilladas, tan afligidas, sometidas a pruebas tan duras», reconoce Francisco. «Eran realmente mujeres crucificadas. En esa habitación en la que conocí a chicas liberadas de la prostitución forzada, respiré todo el dolor, la injusticia y el efecto de la opresión», escribe, comparándolas a «las heridas de Cristo».

El Papa se reunió con ellas durante más de una hora y quedó muy impactado. Las chicas le describieron con crudeza cómo se habían aprovechado de ellas, las habían violado y las seguían amenazando.

«Después de escuchar las conmovedoras historias de estas pobres mujeres, algunas de ellas con un hijo en brazos, sentí el fuerte deseo, casi la necesidad, de pedirles perdón por las auténticas torturas que tuvieron que soportar a causa de esos clientes, muchos de los cuales se consideran cristianos», escribe el Papa. «Una persona jamás puede ser puesta a la venta», subraya el Papa.

Francisco también da las gracias al autor del libro por su «valiente labor de rescate y rehabilitación» de estas chicas. Recuerda que actuando así, este sacerdote se expone «a los peligros y las represalias de organizaciones criminales que han convertido a estas chicas en una fuente inagotable de ganancias ilícitas y vergonzosas».

«Ojalá se conozcan las historias que hay detrás de las escandalosas cifras del tráfico, para que entendamos que si no se para la demanda tan elevada de los clientes, no podemos combatir eficazmente la explotación y la humillación de vidas inocentes», repite el Papa.

«Explotar a una mujer como si fuera mercancía de usar»

El Papa arremete contra los traficantes de personas y contra los clientes de la prostitución, pero también contra la sociedad que consiente este mercado: «Es patológica la mentalidad por la que puede explotarse a una mujer como si fuera mercancía de usar y tirar. Es una enfermedad para la humanidad, un modo equivocado de concebir la sociedad».

«Liberar a estas pobres esclavas es un gesto de misericordia y un deber para todos los hombres de buena voluntad. Su grito de dolor no puede dejar indiferentes a los individuos o a las instituciones. Nadie debe apartarse o lavarse las manos de esta sangre inocente que se derrama por las calles del mundo», concluye el Papa.

Según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, que organiza la Jornada Mundial contra la Trata de personas, «todos los países están afectados, ya sea como país de origen, tránsito o destino de las víctimas».

Este organismo de la ONU subraya que los traficantes todavía siguen amenazando principalmente a mujeres y niñas, la inmensa mayoría para fines sexuales.

Además, denuncia que los conflictos empeoran la situación, pues los civiles deben escapar de sus casas, y los traficantes aprovechan esta situación para captarlos o llevarlos a otro país con falsas promesas de un trabajo como camarera o enfermera.

Cada historia del libro «Mujeres crucificadas» muestra de un modo desgarrador el drama del tráfico de personas.

Por ejemplo, la de dos hermanas de 12 y 13 años secuestradas en Albania y obligadas a prostituirse en un garaje. Ningún cliente les preguntó por su situación personal ni intentó ayudarlas. Además, los traficantes arrancaron el dedo meñique del pie a una de ellas cuando intentó escapar. Años después, el sacerdote Aldo Buonaiuto las interceptó por la calle y las refugió en una de sus casas. Allí comenzó su nueva vida.

Javier Martínez-Brocal

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