Lunes, 30 Septiembre 2019 00:00

El Papa Rojo

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Tuve la oportunidad de conocer al Dr. César Vidal hace varios años, cuando vino a presentarnos su libro sobre la revolución rusa. Doctor en historia, teología y derecho, ha escrito numerosos textos, donde expone su pensamiento y sus conocimientos con claridad meridiana.

 

En este reportaje habla del vínculo entre religión y política, un tema que los argentinos vivimos a diario.

Los latinos creemos en el “hombre providencial”. Las sociedades que pasaron por la Reforma del XVI, no creen en “hombres providenciales”. Pueden aparecer “hombres prominentes”, como pudo ser Abraham Lincoln en un momento determinado, pero las sociedades protestantes creen en un esfuerzo colectivo bajo la supremacía de la ley. Nosotros creemos en el “hombre providencial”, “el salvador” o “el mesías”; a veces se llama Perón, otras Fidel Castro, a veces puede ser Néstor Kirchner, o Evo Morales, o Hugo Chávez. Con ellos, las instituciones quedan relegadas ante este mesianismo.

Los problemas de las sociedades latinas son culturales, entendiendo por “cultural” no la cultura artística o de lectura que pueda tener la gente. Nuestra cultura viene de una cosmovisión hispanocatólica, una cultura en la que la supremacía de la ley queda relegada. La reciente portada de un periódico lo dice todo: “Los jueces se preparan para el cambio político”. ¡Eso es una barbaridad! luchamos por la independencia de los Poderes y terminamos con este sometimiento pusilánime.

El chavismo está mucho más cerca del fascismo de Mussolini que del marxismo de Lenin, aunque Chávez o Maduro insistan en que son socialistas y que son el socialismo del siglo XXI. Los regímenes mesiánicos hacen continuamente referencia al pasado que, en el caso de Maduro, no pueden ser las glorias romanas como creía Benito, y recurre a Bolívar. En Argentina se pretende crear una continuidad de hombres proverbiales, San Martín, Yrigoyen, Perón, y ahora Kirchner. No faltaron pretendientes a ocupar este cargo, porque muchos dictadores militares quisieron ser como Perón y por eso nunca hicieron los cambios que debían hacer.

El bolchevismo por definición es hacer tabla rasa: busca al “nuevo hombre”. El socialismo de Correa, de Kirchner, o Hugo Chávez, está mucho más cerca de la visión socialista del fascismo que de la marxista, y, de hecho, en el caso de Evo Morales, se refiere a un pasado precolombino. Esa mezcla de visión populista social con el pasado es propio del fascismo.

Por regla general los Papas son políticos, porque el Estado Vaticano es un Estado, y está reconocido como tal. Y aunque esto pueda sonar muy duro, el Estado Vaticano toma decisiones de acuerdo a sus intereses, que no siempre coinciden con sus principios, lo cual desconcierta al creyente de buena fe católico. Sin embargo, es una realidad histórica innegable. Diez Papas sufrieron muertes violentas y hasta uno fue desenterrado y juzgado postmortem.

El Papa Francisco es un personaje para este momento mundial. La Iglesia ha considerado que que Bergoglio, es el individuo apto para regir el Vaticano, y también capaz de ordenar las caídas finanzas de la Iglesia, saqueadas por tanto juicio de abuso sexual.

El nuevo Papa debía ser un Papa hispano, porque Hispanoamérica es la única zona del mundo donde la Iglesia católica, mantiene una influencia social grande, que ya no sucede en Europa, ni en otras partes del mundo. Tenía que ser un hispano, pero no podía ser un hispano étnico, debía encontrarse un hispano que no le causara problemas a un norteamericano o a un centroeuropeo, etc., etc. Y tenía que ser un hispano que se llevara muy bien con los regímenes del llamado socialismo del siglo XXI. Y ahí Bergoglio encajaba, porque, en su día escribió el prólogo de un libro que se titulaba “Conversaciones entre el Papa y Fidel”, y en cincuenta páginas de ese prólogo él sostiene la lectura de la situación internacional que hacía entonces Fidel Castro, un ex alumno de un colegio jesuita como lo había sido Bergoglio. Ese libro, se editó en Buenos Aires, y a lo largo de cincuenta páginas hace una lectura, en la que por ejemplo la situación internacional se interpreta exactamente igual que la dictadura cubana, y en un momento determinado dice que la culpa de los problemas de Hispanoamérica son el capitalismo, los problemas de Cuba son el bloqueo de Estados Unidos… ese prólogo es extraordinario, ese libro se titula “Diálogo entre el Papa y Fidel Castro”, y hay una cosa que dice que es tremenda, y es que el régimen cubano es el que más se parece al pensamiento social de la Iglesia católica, salvo por el (pequeño) detalle de que es ateo. Ahora ha prologado un libro de Juan Grabois.

Bergoglio “era” el hombre para una Iglesia en crisis, que había rechazado a un Papa ortodoxo como Ratzinger. Bergoglio era el hombre que teóricamente podía llevarse muy bien con las dictaduras de izquierda de Hispanoamérica, era el hombre, que de alguna manera al ser hispanoamericano iba a concitar una respuesta popular. Si eso es bueno o malo, es otro tema.

Raúl Castro lo reconoció, al igual que Obama, como la figura clave para el cambio de la relación entre Estados Unidos y Cuba, había sido el Papa... con Trump la cosa cambió.

Las religiones no han perdido peso, no hay nada más que ver el fenómeno del integrismo islámico para darse cuenta de que ese peso existe.

El esquema psicológico entre política y religión guarda un paralelismo. Ciertas visiones políticas tienen una impronta de carácter religioso, lo ha dicho la ex presidenta: “Hay que temerle a Dios… y un poquito, a mí”.

No es extraño, por ejemplo, que muchos de los sacerdotes que se dedicaron a la política se convirtieron en guerrilleros de izquierda. Es decir, esa mentalidad religiosa, al final acaba en otra mentalidad religioso-política, que nunca está en el terreno templado de la política; siempre está en el terreno del extremismo.

Hay tergiversación del término diálogo en muchos casos. Hay gente que entiende el diálogo como una rendición, como una imposición de perspectivas. El diálogo para ellos significa que uno se rinde a lo que se dice. Pero eso no es diálogo; dialogo es intercambiar, no imponer, sino tratar de sacar lo mejor de cada uno. Eso implica apertura, y no todos tenemos.

En una sociedad es indispensable evitar las posiciones sectarias, cuando una sociedad se fractura en términos políticos, está mucho más cerca del abismo de lo que se pueda creer, cuando de pronto en una familia deciden que pueden hablar de fútbol en una cena, pero que no pueden hablar de política porque acaban tirándose los platos por las cabezas, las cosas están pésimo. Eso implica que hay una fractura social. Y eso tiene precedentes, en otras partes del mundo y siempre acaba mal.

Una sociedad es sana socialmente, cuando efectivamente podemos hablar, sin tener el mismo punto de vista; quizás en algunos aspectos podemos llegar a un acuerdo y ver lo que podemos hacer en común, y en otros discrepamos, pero eso no implica que uno te convierta en mi enemigo. Es más, el adversario político, puede ser un adversario político, pero no necesariamente un enemigo y más en una sociedad democrática. Y cuando en una sociedad se produce esa fractura, que generalmente es impulsada por los políticos, porque quieren mantener a su rebaño lo más homogéneo posible, lo más sometido posible, eso hace un enorme daño a la sociedad.

Que Venezuela es una dictadura, no hay duda. Se puede decir que la dictadura cubana es más dura, pero no cabe la menor hesitación de que en Venezuela hay una dictadura, hay presos políticos, hay muertos, la libertada de expresión bajó muchísimo… Y sin embargo, la Iglesia no se ha expresado formalmente, como tampoco lo hizo con Hitler, con el Duce y con Pavelić en Croacia.

El comercio de presos políticos es herencia de Lenin. Éste empezó a negociar con algunos presos, ocasionalmente dejaba salir a algún escritor. Lenin consiguió convencer a Maxim Gorki para que volviese de Capri a Rusia, para dar la idea de que efectivamente, la inteligencia rusa, la intelectualidad rusa, apoya a los bolcheviques, cuando los bolcheviques están fusilando a Mandelstam, a August Babel, a tantísimos escritores.

Algunos terminaron suicidándose, como Mayakovski, desengañados de lo que era el poder bolchevique; muchos acabaron en campos de concentración. Fueron escasos los que se salvaron del bolchevismo, como fue el caso de Anna Andréyevna Ajmátova, que de todas formas tenía que llevar la comida a su marido a la prisión, o Pasternak que le encarcelaron a su amante, y él se salvó por poco. En general, la purga de intelectuales fue tremenda, limitando la capacidad de expresión.

¿Esto es lo que nos espera en Argentina con la ley de medios, con la CONADEP de periodistas, con una posible nueva Constitución y con los juzgados populares?

César Vidal en "Animales sueltos" de Alejandro Fantino - 10/11/17

 

 

Omar López Mato  
Médico y escritor  
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