Jueves, 03 Octubre 2019 00:00

Volver a los ’70 - José B. Gelbard

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Nos toca un revival de los ’70. Como nunca aprendimos nada de nuestros errores, estamos obligados a repetirlos, casi con precisión matemática.

 

No solo revalorizaron la figura de Cámpora, el Frente para Todos es un remake del aglutinamiento del FreJuLi que ahora pretende reescribir la historia exaltando a la subversión que atacó al mismo gobierno peronista para idealizar al foquismo guerrillero y de esta forma consagrar al modelo cubano que desde entonces han querido imponernos.

Obviamente, a esta añoranza del desbole setentista le falta la pata económica, y Cristina saca a relucir otra figura del tren fantasma, a José B. Gelbard, quien de vendedor de corbatas a domicilio pasó a empresario y ministro de economía, sin más estudios formales que aquellos que nos presta la universidad de la calle (debemos reconocer que nuestros muchachos de Harvard y MIT no hicieron una tarea muy brillante, a pesar de sus logros académicos).

José nació en Polonia y a los 14 años llegó a Argentina. Una de primeras cosas que hizo fue afiliarse al Partido Comunista, que entonces tenía la costumbre de combatir el capitalismo desde adentro del capitalismo, proveyendo fondos a sus miembros más capaces, para iniciar emprendimientos, que a su vez proveían de medios al partido a fin de continuar su lucha de clases. El origen comunista de estos fondos fueron el origen de algunas fortunas de industriales argentinos.

Lo cierto es que José prosperó y se destacó por sus principios coparticipativos. Como estos coincidían con las ideas que Perón había aprendido del Duce (historia contrafáctica ¿qué hubiese sido de Argentina si en lugar de enviarlo como agregado militar a Italia, lo hubiesen enviado a Washington?) las miradas convergieron en Gelbard, quien gracias al poder convocatorio del “ex tirano prófugo”, propuso un gran acuerdo nacional…

Mientras una parte del partido justicialista se mataba “sanamente” a los tiros (gesto que el ex director de la Biblioteca Nacional propone exaltar como heroico), la otra creaba un “Gran Acuerdo Nacional”, con una medida “muy original”: el congelamiento de precios, concepto que ha sido usado desde tiempos de los asirios y los caldeos, y que funciona solo por el poder coercitivo de las autoridades. Gracias al nexo de Perón con los sindicatos, después de un generoso aumento salarial (recordemos que entonces no había casi desocupación y aún existía una pujante industria nacional, que gobiernos posteriores de distinta filiación política se encargaron prolijamente de destruir), se llamaron a sosiego para mantener una paz social quebrada por las balas de uno y otro bando, en una la sórdida lucha entre peronismos de izquierda y de derecha.

El plan de José tuvo cierto éxito inicial, mientras el poder estuvo en manos de Perón promoviendo la ley de inversiones extranjeras (ningún extranjero podía tener más del 50 % de una empresa), la ley de comercialización de granos y carnes (el Estado las compraba y los pagaba cuando quería, al precio que le parecía), la ley de suspensión de desalojos (los inquilinos morosos no podían ser desalojados),la ley de represión penal para la defraudación fiscal (norma que se presta a retaliaciones políticas), la ley de nacionalización de los depósitos bancarios (donde podían hacer con tu guita lo que ellos querían), y la ley de renacionalización de los bancos desnacionalizados (parece un juego de palabras)… Es decir, el Duce y Stalin podían estar orgullosos de sus discípulos.

También se promovió la producción nacional de bienes estratégicos, que obviamente cayó en manos de amigos de la causa. El capitalismo de amigos es más viejo que las monarquías.

Mientras vivió Perón, gracias a la amenaza de reprimendas, mejoraron algunos parámetros, pero la falta de confianza por los problemas de salud del general, más la evidente ineptitud de su vicepresidente, agregado a la sórdida pelea entre aquellos que promovían la “cubanización” del país contra el orden fascista de Lopecito y su banda, estimuló la falta de inversión y la escasez de productos de primera necesidad.

Los empresarios nacionales, autorizados a cazar en el zoológico, protegidos por la “amistad” con las autoridades de turno y la “sedación” de los sindicalistas (que recibían sobrecitos para mirar hacia otro lado) pronto comenzaron a bajar la calidad de sus productos o hacerlos escasear (ese año compré mi primer automóvil, me lo entregaron sin ruedas).

La situación hizo eclosión cuando murió Perón y entonces el acuerdo nacional se desmadró. La inflación saltó de un día para el otro y José se vio forzado a renunciar, reemplazado por un ingeniero llamado Celestino Rodrigo. ¿No sé si les suena?

Contar como terminó este episodio del Sodoma y Gomorra peronista amerita varios capítulos pero que podemos condensar en una expresión poco académica: Desbole total.

José se fue del país, pero curiosamente no volvió a su Polonia comunista, sino a Estados Unidos, donde murió de un derrame cerebral con apenas 60 años.

Es bueno recordarlo a Gelbard porque para Cristina y sus sucedáneos hoy parece ser un modelo exitoso a seguir por sus “logros evidentes”. No faltará algún grupo de nostálgicos que se aglutinarán en algún comité llamado “La Gelbard”, o “Los amigos de José” … Dios no quiera, que aparezca otra llamada “Los Rodrigos”, porque qué duda cabe que en la Argentina de los FF nos cabe aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”.

¿Serán éstas las políticas que nos esperan?

El Tío Alberto desempolvó el manual del marxismo boliviano, poniendo el ejemplo de Evo, que puso un impuesto a la riqueza, obviando decir que la presión impositiva en Bolivia era bajísima y que acá se pagan los impuestos más altos del mundo. También el Tío Alberto en una muestra de su ignorancia supina afirma, que aquellos que blanquearon sus fondos, aun estando en el exterior, no pagan impuestos… Si no lo sabía, es tiempo que aprenda algo.

Cuando el Tío Alberto habla de modelos a copiar, como el portugués y el uruguayo, debería entender una cosa: economía es confianza (que lea el libro de Ricardo Pascale, el Ministro de Economía de Uruguay, que trazó el plan que pretende copiar. Se llama “Economía y Confianza”, más claro…). El Tío Alberto deja que sus sobrinos digan disparates creando terror y ahuyentando los fondos que el país tanto necesita. ¿Confianza? Quizás sea una palabra que deba buscar en el diccionario un tipo que se dedicó a denostar de todas formas posibles a su compañera de fórmula.

El capitalismo de amigos, creado por su amigo Néstor, será complementado con un socialismo a palazos, bajo la antigua consigna del general “al enemigo, ni justicia”, que, por otro lado, además de ser ciega y muda, nuestra Justicia hace tiempo que está en terapia intensiva.


Omar López Mato
Médico y escritor
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