Miércoles, 27 Noviembre 2019 00:00

La loba ha vuelto - Por Omar López Mato

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A pesar de nuestros esfuerzos, de una lucha desesperada por no retornar al pasado, la loba ha vuelto y está al acecho.

 

Por ahora, cuida a sus cachorros y el tío Alberto pone empeño en compatibilizar intereses, tarea ímproba en un país corporativo, donde cada grupo cuida su huerta a expensas de la destrucción de los demás. ¿El país? Es rico, extenso, tenemos los cuatro climas… Siempre habrá dinero para sacar de la galera, una cosecha espléndida, los toros potentes, el petróleo de las vacas muertas y el eterno litio… todas excusas para gastar a cuenta siguiendo esa vieja tradición de los “niños bien” malcriados, que tiraban manteca al techo en París, creyendo que los recursos eran inagotables, y los cheques nunca se acabarían mientras hubiese un camión jaula para vender hacienda. Ellos lo hacían con sus campos, pero el peronismo siempre fue muy generoso con el dinero ajeno.

Se patinaron fortunas, por esa idea de abundancia eterna, convertida en la falacia fundacional del populismo.

Cada provincia tenía originalmente la idea de automantenerse, pero nuestro federalismo corporativo ha creado una casta de burócratas que exigen fortunas a cambio de mantener sus prerrogativas. Dos millones de pesos mensuales nos salen nuestros representantes, cada diputado nacional, provincial, concejal. Ellos gastan una fortuna de los impuestos confiscatorios que nos cobran, mientras la codicia estatal exige más y más con imposiciones redundantes sobre las ganancias (por las que ya pagamos) para cobrar impuestos a los bienes personales comprados (justamente) con las ganancias por las que ya se pagaron impuestos, a los que también le cargaron ingresos brutos, ABL y demás servicios municipales… es decir, todo ese dineral se dirige hacia un agujero negro, espacio necesario para caer una vez más vez en default.

Y todo sin que haya empezado el ataque de la manada del tío Alberto. Como los magos de varieté, sacará a relucir viejos trucos vendiéndolos como un ilusionista que nos hace creer que son producto de su poderoso ingenio, aunque todo será más de lo mismo: más impuestos, más cepo, dólar desdoblado ¿Junta de granos?, más retenciones, más concertación nacional, precios máximos (otra vez), escasez de productos, deterioro de la calidad, menor inversión, nuevas prerrogativas y capitalismo de amigos (supongo que al principio se van a cuidar), etc., etc. Una mala película que ya vimos y sabemos cómo termina, aunque esta vez sea más trágico, el fin de una forma de vida. ¿Volveremos a los ’70? ¿Volveremos a Gelbard (pero esta vez sin Perón)? Si el gobierno anterior, en una absoluta falta de imaginación, permitía que nuestros genios de Harvard y MIT aumentaran los impuestos y la deuda, la nueva camada tiene una tendencia cuasi obsesiva a darle a la maquinita con la excusa de aumentar el consumo… que es una forma de convertir papeles de valor decreciente en algo tangible, mientras el mundo se desmorona.

¿Por qué repetimos nuestra historia? Quizás por esa amnesia congénita que parece horadar el cerebro nacional, o por esa impronta corporativista. Habrá quienes le echen la culpa a la incultura de nuestras masas, como suponía Ortega y Gasset (y que en última instancia se debe a la falta de preocupación de la conducción por formar una masa pensante). Podría ser la sumatoria de todas estas costumbres casi folklóricas a la que debemos agregar la más perversa, la que José Hernández reflejaba en coplas imborrables: “Hacete amigo del juez…”

La loba está al acecho, y los jueces se hacen los distraídos. Si las causas confesas se hubiesen procesado en tiempo y forma, la loba ya estaría en una madriguera con barrotes. Pero no, no ha sido así ni lo será. Mientras que los jueces no entiendan que deben avocarse a la aplicación de las normas de las leyes, más allá de “objetivos superiores” (que jamás pueda ser lo político superior al de la ley), siempre estaremos al borde de caer en la dictadura. Con ese descontrol de los jueces y sus miedos es que logramos que vuelvan los lobos y las lobas, e impongan la ley de la manada.

Einstein decía que solo un idiota puede aplicar viejos procedimientos esperando nuevos resultados. ¿Será el momento de entender que somos idiotas, mientras la loba prepara el zarpazo a la yugular de la democracia, para defender a su progenie con ambiciones monárquicas, cómo las que los cubanos han abrazado? No es para engañarnos, desde finales de los ’60, hay un grupo de “jóvenes idealistas” que, se ha abrazado al populismo peronista para imponer su impronta cubana. Ya lo han hecho en Venezuela y destruyeron al país. ¿Ahora lo harán en Argentina? Todo parece indicar que tal es el camino.

Todo sistema corporativo aspira a la eternidad, y la loba lo proyecta en su heredero que eligió como mascarón de proa la imagen del más deleznable y sumiso de los adláteres de Perón.

La pregunta que todos nos hacemos es ¿qué harán cuando se terminen de gastar los pocos recursos que quedan, siguiendo sus costumbres distribucionistas? ¿Qué rematarán para seguir con el festival?

Omar López Mato
Médico y escritor
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