Jueves, 30 Enero 2020 00:00

Henry David Thoreau y la desobediencia cívica - Por Omar López Mato

Escrito por 
Valora este artículo
(6 votos)

 

En 1846, Henry David Thoreau, un docente y fabricante de lápices, se negó a pagar sus impuestos y, por tal razón, fue apresado.

Thoreau era de la opinión que él no estaba dispuesto a pagar impuestos a un gobierno que sostenía una guerra injusta contra México y que, a su vez, apoyaba la esclavitud.

Dos años más tarde dio una conferencia titulada “Desobediencia cívica”, a la que después le dio forma de libro, que inspiró la acción política de Mahatma Ghandi y Martin Luther King, entre otros luchadores de la no violencia.

Sus ideas eran respuestas pacíficas ante hechos políticos que le repugnaban. Thoreau se pregunta ¿Qué significa dejar de ser una colonia y seguir siendo esclavo de los prejuicios? ¿De qué nos sirve la voluntad política si no es un medio para alcanzar la libertad moral?

En opinión del autor, las mayorías suelen ser ciegas a los principios de la justicia y se mueven por conveniencias. De allí que necesiten un gesto que las movilice, un ejemplo que les señale el camino porque “antes que nada, tenemos que ser hombres y no súbditos”. No debemos obedecer ciegamente a un gobierno, más cuando éste nos lleva contra nuestros principios, o cuando vemos que se apunta a corromper a la sociedad, conduciéndola a la decadencia. Entonces es necesario desobedecer la ley injusta para rehabilitarnos como hombres, de tal forma que la denuncia pública es parte de la exigencia moral de la ciudadanía.

Esta denuncia se convierte en imprescindible para despertar a “las mayorías dormidas” por el discurso oficial y las mentiras.

Thoreau no justificaba la protesta violenta, salvo en situaciones de excepcionalidad, como a él le tocó vivir con la muerte de John Brown, un luchador contra la esclavitud, ejecutado por tratar de liberar a la gente de color.

La desobediencia raramente cambia al sistema sino sus actos injustos.

Thoreau nunca impugnó la democracia, solo aspiraba a que fuera mejor, más ética, más equitativa. La desobediencia es un acto consciente e intencional que exige perseverancia (y coraje) para lograr su objetivo: justicia, equidad.

Thoreau hace una diferencia importante, “la ley no ha hecho a los hombres más justos. Las leyes no necesariamente son justas ni lógicas, y muchas veces ni siquiera necesarias, y la aplicación de esas leyes no siempre es equitativa”.

Thoreau es uno de los fundadores del trascendentalismo norteamericano, donde el hombre “tiene algo más que carne”, y se convierte en un cuerpo espiritual con los sentidos para percibir lo que es verdadero, justo y bello. La civilización ha mejorado nuestras vidas materiales, pero no nos ha hecho mejor como humanos.

Nuestros gobernantes siguen siendo tan corruptos como los del Imperio Romano.

Cuando un Estado corrupto e ineficaz, que no practica lo que teóricamente se supone, debe garantizar la justicia y encarcelar a los que no están a su favor o los desprestigia, como pretende el Lawfare, resistir es un esfuerzo necesario para volver al orden natural y la decencia.

La rebelión cívica se justifica cuando un régimen rompe el contrato social que une a un pueblo. Y ese contrato se rompe cuando se abusa del poder que le ha sido concedido al gobernante, infligiendo normas legales y principios éticos, interfiriendo con el libre accionar de la justicia y afectando a los individuos en su patrimonio con impuestos confiscatorios, afectando así la capacidad económica de su población. Y entre los impuestos más contraproducentes está la inflación, que afecta a los estratos más bajos y denota la ineptitud de quienes nos conducen (y han conducido al país). Ya el jesuita Juan de Mariana (1536 – 1624) proponía castigar a los gobernantes que envileciesen la moneda, y por eso se entendía que emitiesen o distorsionasen la concentración de oro, plata o cobre de su moneda.

La historia de occidente es una sucesión de rebeliones cívicas contra aquellos que imponen exacciones que afectan el devenir de la nación y los individuos.

Y es entonces cuando hay que recordar a Thoreau y su noche en la cárcel, y a los señores ingleses imponiéndose a la codicia de Juan sin tierra y la firma de la Carta Magna.

Ha llegado para los argentinos, el momento de imponer límites a manejos decadentes. Somos el país con una de las inflaciones más altas del mundo y el de mayor presión fiscal, sin haber sufrido una guerra o un cataclismo natural, que ha sido arrasado por la tormenta del populismo corrupto e ineficiente. ¿Hasta cuándo tolerar las exacciones fiscales sin levantar la voz ante estos excesos?

¿Por qué continuar pagando dinero que termina en manos sucias por la corrupción y la codicia desmedida? ¿Vamos a seguir viendo pasivamente como despilfarran nuestras cosechas, destruyen nuestro ganado y malgastan nuestros ahorros?

Recuerden a Thoreau, porque en algún momento el único camino es la desobediencia cívica.

Omar López Mato
Médico y escritor
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
www.facebook.com/olmoediciones

Gentileza de www.olmoediciones.com para 

Visto 1560 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…