Marina Dal Poggetto

Marina Dal Poggetto

Urge parar la pelota y encontrar algún mecanismo de cooperación que evite daños mayores a la economía.

 

El Gobierno apostó a la reelección y perdió. El problema es que esta apuesta tenía un elevado riesgo, no sólo para el que tomaba la apuesta, sino también para la dinámica de la economía argentina en la transición, en un contexto donde el mercado partía de una visión binaria sobre ambos extremos de la polarización.

 

El comentario de Alberto Fernández sobre el “costo de oportunidad” de las Leliq marcó la semana que cerró. El precandidato presidencial del kirchnerismo afirmó que lo que se paga en intereses durante un mes (60 mil millones de pesos en julio) es el equivalente a tres veces el costo del programa de medicamentos para jubilados que había propuesto días atrás, cálculo que después extrapoló a un aumento en las jubilaciones y al gasto en Ciencia y Técnica.

 

A siete meses del segundo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que alejó a la Argentina del riesgo de default y de la espiral inflacionaria en la que estaba entrando en octubre pasado, y con la autorización del quinto desembolso (sumado a los anteriores acumula 44,5 mil millones de dólares), el organismo distribuyó un nuevo reporte con la cuarta revisión del acuerdo.

 

Desde el anuncio de la ampliación de Cambiemos un mes atrás, los planetas se alinearon para el Gobierno.

 

El contexto ayuda, pero los escenarios siguen siendo múltiples de cara al resultado de las elecciones.

 

Hay una visión en el Gobierno y el mercado de que detrás de la presión sobre Argentina está sólo el riesgo político y que, despejado este, vuelve a aparecer el sol.

 

"El margen de acción para impulsar el consumo y bajar la inflación de cara a las elecciones si no se restablece la confianza es ciertamente limitado". Esta era nuestra visión detrás de la estrategia de polarización que planteaba el gobierno, donde la necesidad de generar pánico sobre un eventual retorno de CFK iba a contramano de la necesidad de generar confianza en un contexto de libre movilidad de capitales, y con un apretón monetario y fiscal inéditos.

 

Otra vez aparecen las preguntas sobre la herencia que recibirá quien tome las riendas de la economía a fines de 2019 y en qué medida es mejor o peor que la recibida por esta administración en 2015.

 

Si el cierre de listas termina por convalidar la polarización y el Gobierno pretende transformar en expansivo un plan fiscal y monetario muy contractivos, escala el riesgo de corrernos a un escenario inestable con componentes sistémicos.

 

Usar al “consenso” para alentar la “polarización” no sólo es un oxímoron, sino que puede tornar inestable la transición.

 

El margen de acción para dar vuelta el ciclo de cara a las elecciones, sino vuelve la confianza, es ciertamente limitado.

 

A diferencia de los fallos anteriores, detrás de la reciente sentencia de la Corte Suprema de Justicia hay un argumento técnico incorrecto.

 

Luego de un febrero muy holgado, el tipo de cambio se despegó de la banda inferior y llegó a cotizar cerca de los 42,5 pesos el jueves pasado (cuatro por ciento de aumento en el día) y los futuros a diciembre se acercaron a 60 pesos.

 

El escenario, que de por sí es complicado, requiere romper una indexación cada vez más corta y despareja.

 

La incertidumbre política y la persistencia de la inflación y la recesión complican el panorama de cara a octubre.

 

La dinámica recesiva aceita el loop en el que ahora la política es la que empieza a complicar lo financiero y no contribuye a que la economía despegue.

 

La necesidad de un acuerdo político para desindexar la economía sigue siendo tan imprescindible como poco probable.

 

A priori, los impactos de corto plazo sobre la Argentina son tres y están relacionados entre sí: el financiero, el del crecimiento relativo y el competitivo.

 

Apenas cuatro meses y medio después del veto presidencial a la Ley que había frenado los aumentos tarifarios de principios de año, y con un nuevo ministro de Energía cuyo rol ha sido desde que desembarcó en la gestión, la difícil tarea de desagiar contratos dolarizados frente a un salto no controlado del dólar y una aceleración en la tasa de inflación, las tarifas volvieron a la tapa de los diarios.

 

El optimismo de que las cosas iban a ir bien y el mundo nos iba ayudar chocó contra la tormenta que pone a prueba los programas financiero, económico y político, que se retroalimentan

 

La suba del dólar ayuda a acomodar el desequilibrio externo, vía un desplome en el consumo y las importaciones y, en menor medida, vía un reacomodamiento de la rentabilidad de los sectores exportadores.

 

Como paradoja del destino, o quizá como estrategia comercial fallida, la semana previa a las elecciones estuvo en cartel la película italiana La hora del cambio. La película trata sobre la experiencia de un nuevo alcalde que viene de fuera de la política y destrona con un amplio apoyo popular al alcalde deshonesto, símbolo de la vieja política, con el eslogan "Cambiemos".

 

La confirmación del Brexit recuerda que no estamos exentos de episodios de volatilidad en un mundo donde el nuevo peso de los nacionalismos en una economía global que crece poco y sin solución al problema de los refugiados, pone en juego el orden mundial de los últimos años.

 

Fundado el 4 de agosto de 2003

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