Luis Majul

Luis Majul

Los analistas políticos superficiales expertos en analizar escenarios futuros no quieren arriesgar un pronóstico, porque temen las burlas de las redes sociales. Por eso hacen malabares para manipular los hechos. Pero la realidad, tarde o temprano se impone. Y la realidad indica que, más allá de lo que dice o lo que parece que hace, Cristina Fernández no tiene más remedio que ser candidata a presidenta.

 

Era imposible jugar la final de la Copa Libertadores de América con público visitante? No. De hecho la ciudad de Buenos Aires será sede del G20 y el nivel seguridad e inteligencia previa que se necesitan para asegurar su normal desarrollo es por lo menos veinte veces el que se precisa para garantizar la seguridad un superclásico en el Monumental o en la Bombonera.

 

Lo que pasó el 24 de octubre dentro y fuera del recinto de los diputados nacionales no debería ser tomado a la ligera. Pablo Sirvén lo calificó como un intento de golpe de Estado técnico, y su descripción no parece exagerada.

 

Hay una línea invisible que une a Cristina Fernández, Carlos Menem, Hugo Moyano y Daniel Scioli con una buena parte del peronismo, K o no K. Se trata de un pacto no escrito, pero lo suficientemente claro: el límite es la cárcel, como producto de una condena por delitos de corrupción.

 

El vicepresidente de Independiente Pablo Moyano, y el ex gobernador Daniel Scioli están a punto de recibir los beneficios del sistema de impunidad que les permite a los fiscales y jueces de garantías de la provincia de Buenos Aires proteger a los presuntos delincuentes, por más evidencia que haya para condenarlos y detenerlos.

 

¿Se va y rompe con Cambiemos Lilita Carrió? Primero analicemos los hechos. Luego ensayemos una conclusión.

 

Sobre las denuncias judiciales contra Hugo Moyano y Daniel Scioli, lo que sorprende no es tanto la falta de acompañamiento de la mayoría de los medios y el "sistema" político en general.

 

¿Qué pasará con la economía de aquí a las próximas elecciones presidenciales? Nadie en Argentina podría vaticinarlo con precisión. Y no podría hacerlo, porque ninguno, no importa la corriente de pensamiento o los intereses que representan, pudo pronosticar, en diciembre pasado, que 9 meses después el dólar superaría los $ 40.

 

Los analistas finos del poder en la Argentina siguen sosteniendo que Mauricio Macri asumió la Presidencia como producto de una serie de factores entre los que la suerte fue determinante.

 

Tanto el presidente Mauricio Macri como la ex presidenta Cristina Fernández están jugando tiempo de descuento.

 

El sube y baja del dólar y los cuadernos de la corrupción K están produciendo en el sistema político argentino un enorme impacto cuyas consecuencias son todavía, difíciles de predecir.

 

Si el Gobierno hubiera explicado desde el principio el peso de la herencia recibida, habría salido fortalecido sin poner en riesgo su credibilidad en cada crisis

El Presidente dice que esta crisis (con una devaluación de casi el 120% desde principio de año, con el dólar casi a $ 40, una tasa de riesgo país de casi 780 puntos, una inflación anual que seguro pasará el 35% pero que, para algunos se podría disparar hasta llegar a una hiperinflación) era algo que tendría que haber explotado, por lógica, en enero de 2016. Cree que eso no ocurrió porque el cambio de presidente hizo que el mercado transformara al país en la plaza emergente de moda más atractiva. Y que entonces el mundo nos empezó a prestar dinero a tasas más razonables.

 

No hay grieta más estúpida ni más falsa que la de Los Cuadernos de Oscar Centeno versus los desastres que provocan la inflación, combinada con la recesión, la devaluación del peso y el aumento de la pobreza. Ni el "queremos flan" de Alfredo Casero ni "más que los cuadernos me preocupa el hambre" de Florencia Peña resultan suficientes para explicar uno de los peores momentos de la Argentina desde 1983 hasta ahora.

 

En el gobierno están cada vez más preocupados por el impacto judicial, político y social, de la causa denominada los cuadernos de la corrupción. De otra manera no se explica cómo el miércoles pasado, el mismo día en que se frustró la sesión para discutir si se autorizaba o no el allanamiento a los domicilios particulares de Cristina en Recoleta, Río Gallegos y Calafate, se hayan llevado a cabo dos reuniones secretas, relevantes y en domicilios particulares.

 

El Presidente Mauricio Macri se hizo cargo de un nuevo trabajo: explicarle al mundo que los cuadernos de la corrupción K no van a tener la misma implicancia en la economía real que el Lava Jato en Brasil. Ya envió a varios secretarios y ministros a "separar la paja del trigo". Y él mismo está dispuesto a comunicarse con otros jefes de Estado y dueños de bancos y fondos de inversión para aclarar el punto.

 

El Presidente no lo va a repetir en público, porque su pensamiento, puesto en palabras, podría ser considerado una intromisión del Poder Ejecutivo al Poder Judicial.

 

Un reducido grupo que trabaja cerca del Presidente y que todavía confía en que será reelecto al año que viene se encuentra en plena tarea de identificación minuciosa de los denominados "desencantados".

 

Los que están cerca muy cerca del Presidente lo dicen en voz baja. Casi en silencio. Para que no sea interpretado como un dato de "soberbia" oficial o subestimación del mal momento económico que se encuentra atravesando el país.

 

En el medio de la devaluación y la corrida cambiaria de final todavía incierto, el Presidente Mauricio Macri cuenta con una pequeña ventaja. Excepto una parte del kirchnerismo, la mayoría de la oposición no quiere que el país se incendie.

 

El Gobierno debe ser claro al explicar el porqué de las decisiones que toma para resolver los problemas del país

 

Hasta cuándo va a seguir subiendo el precio del dólar? O lo que es lo mismo, pero más comprensible para la mayoría de los argentinos: ¿Cuánto más valor va a perder el peso, los bienes, las propiedades, el salario y todo lo que se compra y lo que se vende con moneda nacional? Nadie lo puede calcular con seriedad. Lo que viene pasando con la economía desde diciembre del año pasado hizo trizas todos los pronósticos de los especialistas.

 

El presidente Mauricio Macri está como el piloto de un avión que acaba de protagonizar un aterrizaje de emergencia en el medio de una tormenta. Todavía los pasajeros siguen temblando. Y la tripulación también. Ahora hay que hacer, de inmediato, un relevamiento de los daños. Y más tarde revisar el aparato, para determinar qué reparaciones necesita la aeronave y cuándo estará de nuevo en condiciones de volar y llegar a destino.

 

El haber tenido que recurrir al Fondo Monetario Internacional, el prestamista de última instancia, es una evidencia de que la Argentina estaba punto de caer en una crisis gravísima.

 

Hugo Moyano es el sindicalista más poderoso de la historia de la Argentina. Ni Augusto Timoteo Vandor, ni Lorenzo Miguel, ni ningún otro en ninguna época tuvo tanto poder económico y político ni la capacidad de apriete y extorsión que tiene hoy el líder de los camioneros argentinos.

 

Es posible que el presidente Mauricio Macri haya interpretado mal las razones del triunfo de Cambiemos en las elecciones presidenciales de 2015 y las legislativas de 2017.

 

El próximo miércoles será un día clave. Es porque la Cámara de senadores decidirá si sancionará la ley que viene de Diputados y que propone retrotraer los aumentos de tarifas a noviembre del año pasado o si quedará sin efecto esa propuesta de la oposición.

 

La corrida cambiaria y la devaluación hicieron lo que no se atrevió a hacer este gobierno ni bien asumió: poner sobre la mesa la verdadera dimensión de la crisis.

 

Hugo Moyano no está preocupado por la suba del dólar, el regreso del FMI a la Argentina ni la pérdida del poder adquisitivo de los choferes de los camiones después de dos semanas turbulentas.

 

El sacudón de los últimos días, que todavía no terminó, debería servir de lección para toda la dirigencia política. Sin embargo, el primero que debería tomar nota y empezar a revisar su manera de ejercer el poder es el Gobierno.

 

El Gobierno cree que la corrida cambiaria terminó y que hoy no va a pasar nada raro con el dólar. En este sentido, es optimista. El Gobierno también hace autocrítica.

 

La tormenta perfecta que tanto necesitaba la oposición para tener la esperanza de transformarse en alternativa para 2019 finalmente, sucedió.

 

Debería haber algo en el medio entre los golpes de tarifa con que cada tanto el Gobierno sacude a la clase media metropolitana y la receta delirante de Cristina Kirchner de retrotraer su costo a diciembre del año pasado y congelarlas hasta Dios sabe cuándo.

 

Le hizo bien o mal al gobierno del Presidente Mauricio Macri le intervención de Lilita Carrió, Alfredo Cornejo y Mario Negri en su política de aumentos de tarifas para el gas?

 

El Presidente es un hombre de suerte. Ganó las elecciones presidenciales con los justo. Algunos incluso dicen, con datos estadísticos en la mano, que si la campaña se prolongaba una semana más, Mauricio Macri hubiera perdido frente a Daniel Scioli.

 

Ni Macri puede calmar la tensión que generan las acusaciones mutuas entre el presidente de la Corte y la diputada

Aunque ambos eligieron la misma estrategia de victimización y esperan sacar partido político de esa iniciativa, en el fondo, los ex presidentes Lula Da Silva y Cristina Fernández de Kirchner no se parecen en casi nada.

 

Todo huele a coimas alrededor de varios jueces de Comodoro Py. Todo huele a coimas alrededor de Cristóbal López.

 

Ayer, en La Cornisa, el presidente Mauricio Macri fue lapidario contra Cristóbal López, Hugo Moyano y Daniel Scioli también. A López, para que no quedaran dudas después del vergonzoso fallo que no sólo lo puso en libertad, sino también bajó la carátula de evasión fraudulenta a evasión fiscal simple, lo llamó malversador de fondos y delincuente.

 

Aciertos propios, errores de sus adversarios y una oposición sin candidatos fuertes allanan los planes de reelección del Presidente

 

Hay un dato que circula en los pasillos de Comodoro Py y puede provocar un fuerte impacto en todo el sistema judicial y también el sistema político. Es la presunta e inminente liberación del hombre de negocios K, zar del juego y evasor fraudulento, Cristóbal López.

 

Cerca del jefe de gabinete, Marcos Peña, se deben estar divirtiendo de lo lindo. Los mismos que acusan a Jaime Durán Barba y al propio Peña de ser los responsables de que el Gobierno comunique mal, quedaron primero confundidos y después sorprendidos.

 

Nadie sabe a ciencia cierta si la gran jugada de marketing político del año fue una idea de Jaime Durán Barba; del sociólogo español Roberto Zapata; del jefe de Gabinete, Marcos Peña, o del propio presidente Mauricio Macri. Lo que sí se puede asegurar, a pocos días de su lanzamiento, es que la discusión sobre la posible legalización del aborto está atravesando a todo el sector adulto de la sociedad argentina, casi sin excepciones.

 

Es la iniciativa del presidente Mauricio Macri de habilitar la discusión sobre la legalización del aborto en el parlamento una cortina de humo? ¿Lo hace para tapar la andanada de las noticias negativas sobre la economía y los incipientes casos de corrupción o falta de ética que empezaron a aparecer en el gobierno con inquietante frecuencia?

 

Qué habríamos escrito quienes nos consideramos periodistas críticos si a un subsecretario General de la Presidencia de Néstor Kirchner o de Cristina Fernández le hubieran encontrado un millón 200 mil dólares en una cuenta, en Andorra, que no fue declarada ni ante la AFIP ni ante los organismos de control?

 

Mauricio Macri dice que pasó gran parte de su vida luchando contra los prejuicios que los demás tenían sobre él. Ahora, sobre la mitad de su primer mandato como Presidente, todo parece indicar que tendrá que seguir peleando contra "ese fantasma", por lo menos, hasta que le entregue la banda a su sucesor o sucesora.

 

El Gobierno y más precisamente, el Presidente, están pasando por unos de sus momentos más difíciles. Tienen, la administración y el propio Mauricio Macri, demasiados frentes abiertos, con partidos a mitad de jugar y cuyos resultados aparecen inciertos.

 

El Presidente no saldrá a gritarlo en público, pero en el fondo, sabe que su enfrentamiento directo y terminal, con Hugo Moyano, el sindicalista más poderoso de la Argentina, es inexorable. Que la dinámica del conflicto no tiene retorno.

 

En esta segunda mitad de su mandato, el Gobierno deberá explicar mejor sus decisiones y recordar a sus votantes desde dónde se partió

 

Hoy puede pasar cualquier cosa. Dentro y fuera del Congreso. Dentro, porque Cambiemos no tiene el quórum asegurado. Y fuera, porque la decisión de reemplazar a la Gendarmería por la Policía de la Ciudad para hacerse cargo de la seguridad alrededor del Parlamento, en semejante contexto, es una experiencia inédita, de resultados inciertos.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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