James Neilson

James Neilson

 

Estamos asistiendo a un cambio geopolítico que planteará muchos desafíos a un país de dimensiones medianas como la Argentina que es dueño de una cantidad enorme de recursos naturales envidiables.

 

 

Para sobrevivir hasta diciembre del año que viene, Macri tendrá que congraciarse con los mercados, convivir amistosamente con el grueso del peronismo y conservar el apoyo de la parte menguante de la población que aún cree en el Gobierno.

 

 

Saben que Néstor, Cristina y sus adláteres llenaron sus propiedades de botín, pero sienten que sus enemigos son tan malévolos que actúan como si sólo fuera cuestión de una campaña eficaz.

 

 

Quienes creen que el interminable desastre económico argentino es fruto de una mezcla tóxica de facilismo, cortoplacismo, voluntarismo, corrupción e ilusiones posibilitadas por la abundancia de recursos naturales coinciden en que todo es culpa de “la política”, pero entienden que los responsables de encontrar una solución, si habrá una, tendrán que ser personas que se formaron en agrupaciones que, de un modo u otro, contribuyeron al desaguisado.

 

 

Lo acusan de cometer un error no forzado tras otro y él, Presidente, desprecia “los códigos de la política”.

 

 

En mayo de 2003, cuando se mudaron a la Casa Rosada y la Quinta de Olivos, Néstor Kirchner, Cristina y sus sirvientes trajeron consigo la gran aspiradora de dinero. Y no tardaron en ponerla en marcha.

 

 

A Macri no le será nada fácil convencer al resto de la sociedad de que, a pesar de la “tormenta”, “el rumbo” que ha elegido es el único sensato y que sería una locura probar suerte con otro.

 

 

Entienden que no les convendría derrotar al oficialismo si fuera a costa de una crisis política y económica que ellos mismos heredarían, pero son reacios a hacer pensar que están a favor de los ajustes que saben son inevitables.

 

 

¿Estaría la Argentina en condiciones de soportar, sin sufrir convulsiones políticas y sociales muy graves, una crisis mundial de proporciones aún mayores que la de diez años atrás?

 

 

Los militares saben lo difícil que es librar una guerra en dos frentes, si envían grandes contingentes de tropas a uno corren peligro de tener que replegarse en el otro.

 

 

Puede que Macri intente ir por menos gradualismo, pero todos los días se enfrenta a nuevas dificultades políticas que hacen desistir de medidas urgentes.

 

 

Los dilemas que enfrenta Macri se asemejan mucho a los que obsesionan a docenas de otros mandatarios.

 

 

No sólo Mauricio Macri sino también muchos otros suponen que la imagen personal del presidente y por lo tanto su capacidad para llevar a cabo las reformas ambiciosas que le parecen necesarias depende casi por completo de la reacción de la mayoría frente a la evolución de la economía.

 

 

Hasta ahora, los únicos beneficiados por la fase más reciente de la ya casi centenaria debacle nacional, han sido aquellos peronistas que, desde hace un par de meses, tratan de asegurar que el presidente pague todos los costos del ajuste que saben inevitables.

 

 

Luego de semanas de turbulencias, hubo dos figuras que no se han visto perjudicadas y que presentan la posibilidad de que Cambiemos siga en el poder luego de 2019: Carrió y Vidal.

 

 

Hasta hace algunos años pareció que el Fondo Monetario Internacional se había resignado a desempeñar el papel del malo más malo en los dramas políticos y económicos de países reacios a manejar sus economías con un mínimo de prudencia, pero un buen día los directores del organismo, presionados por políticos norteamericanos y europeos, decidieron mejorar su imagen.

 

 

Desgraciadamente para el presidente Macri, la realidad política, es decir, lo que la gente está dispuesta a soportar, acaba de chocar contra la lamentable realidad económica.

 

 

Antes de la irrupción de las llamadas redes sociales cuya nave capitana es Facebook, a pocos se les ocurría tomar los grandes diarios o las empresas de radio y televisión principales por dechados de honestidad. Nos guste o no nos guste, el periodismo siempre ha tenido mala fama.

 

 

Mauricio Macri tiene que manejar ciertas realidades: la económica, la política, la social y la cultural. Por desgracia, aquí no es nada fácil compatibilizarlas.

 

 

Para inquietud de quienes creen que sin medidas más drásticas la economía podría hundirse, el gobierno se ha resignado a convivir con una tasa muy alta de inflación por años.

 

 

No será fácil convencer a “militantes” que se proclaman dueños absolutos de la Memoria, Verdad y Justicia, que en su caso se trata de conceptos resbaladizos manipulados por demagogos.

 

 

El camionero es el nuevo enemigo perfecto del macrismo.

 

 

El Presidente multiplica el control sobre los gastos del Estado que considera superfluos.

 

 

Cuando Luis Barrionuevo, con su sonrisa habitual, nos recordó que “Alfonsín y De la Rúa atacaron a los sindicatos y no terminaron su mandato”, advertía que la corporación de la que es un representante destacado ya ha derribado a dos presidentes y que en su opinión sería plenamente capaz de agregar otro a su colección de trofeos.

 

 

El ideólogo Durán Barba resalta la alta aceptación que las reformas de Macri tienen en el exterior.

 

 

 

El peronismo se asemeja a una caja repleta de bloques de construcción para niños.

 

El Presidente termina de superar un enemigo y aparece uno nuevo. Los desafíos por venir y la orden a Sturzenegger.

 

El gobierno de Cambiemos se ve ante un dilema nada agradable. Por motivos políticos y económicos, tiene forzosamente que intentar difundir optimismo.

 

Si bien los números nos dicen que desde hace casi un siglo la Argentina ha sufrido un fracaso calamitoso tras otro, y que le convendría ensayar algo distinto del populismo, el antiguo régimen no carece de defensores.

 

La tragedia del ARA San Juan habla del desmantelamiento de las Fuerzas Armadas.

 

El Presidente, entre la herencia progre y la utopía modernizadora.

 

A los peronistas les gusta jactarse de la “vocación de poder” descomunal que siempre ha sido una de las características más notables y, a juzgar por lo ocurrido a partir de 1945, más ventajosas de un movimiento que, luego de una serie de mutaciones, carece de bases ideológicas firmes.

 

La salida de la procuradora general fue festejada por el Gobierno.

 

El triunfo en las elecciones de medio término le dio nuevo impulso a Macri.

 

La gobernadora María Eugenia Vidal es la cara visible del anunciado triunfo del macrismo.

 

Hoy en día escasean partidarios de la “teoría del gran hombre”, una tesis que se puso de moda en el siglo XIX y que en los siguientes sería adoptada con entusiasmo por los decididos a hacer del culto a la personalidad del jefe máximo local una fuente de poder, prestigio y dinero.

 

Con rapidez sorprendente, está consolidándose la impresión de que los candidatos de Cambiemos podrían imponerse en las elecciones del 23 de octubre por márgenes muy superiores a los previstos en vísperas de las PASO de hace menos de cinco semanas.

 

La nota que Cristina le dio al periodista Luis Novaresio fue un manotazo de ahogado.

 

Antes de transformarse en un león herbívoro, Juan Domingo Perón creía que el movimiento que había puesto en marcha tendría que ser tan amplio que incluiría a todos salvo, claro está, a oligarcas y otros malevos reacios a subordinar sus propios intereses a los suyos.

 

A los ojos del mundillo político y el poder económico, el mandatario ya no es una mera figura de transición sino un presidente de verdad.

 

El triunfo de Cambiemos en las PASO le da nuevo aire al proyecto de Macri.

 

Para sorpresa no sólo de los que vaticinaban que los votantes, hartos de sufrir un ajuste que los candidatos opositores decían era insoportable, darían una cachetada muy fuerte al gobierno de Mauricio Macri, sino también de sus propios integrantes y quienes lo apoyan, las PASO sirvieron para despejar un horizonte que, hasta caer la noche del domingo pasado, le parecía ominosamente nublado.

 

Los alarmados por lo que está ocurriendo en el mundo dicen que los líderes actuales no les llegan ni a los tobillos a aquellos hombres carismáticos que, más de medio siglo atrás, tuvieron que enfrentar situaciones terriblemente difíciles.

 

Un triunfo de CFK podría significar una marcha atrás en el programa de Macri.

 

El resultado de las elecciones de octubre dependerá de la capacidad de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal para convencer a los habitantes del paupérrimo conurbano bonaerense de que no son los tecnócratas gélidos de la caricatura opositora sino personas muy pero muy sensibles acostumbradas a compartir el dolor ajeno.

 

Que el oficialismo prefiera a la expresidente como adversaria no siempre puede salir bien, como ya se vio en otros países.

 

El estratega macrista Jaime Durán Barba molestó a muchos cuando dijo que “más de la mitad de quienes son fanáticos de Cristina creen que era corrupta. Y les parece muy bien”.

 

Los desplantes y las denuncias de Carrió están terminando con la paciencia del Presidente.

 

Muchos violadores, ladrones y asesinos comunes beneficiados por el “dos por uno” no tardarán en reincidir, pero es casi nula la posibilidad de que lo hicieran los militares encarcelados por crímenes de lesa humanidad que quisieran aprovechar un fallo reciente de la Corte Suprema que los pondría en pie de igualdad con los demás delincuentes.

 

La gobernadora María Eugenia Vidal será la cabeza de la campaña PRO de este año.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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