James Neilson

James Neilson

 

¿Ayudará la convocatoria a un “diálogo” a obligar a los peronistas federales, a los radicales disidentes, a Lavagna e incluso a los kirchneristas a decirnos qué exactamente harían para impedir que la crisis económica desemboque en un colapso?

 

 

La microeconomía está en manos de mercados locales que prestan más atención a la intención de voto en favor de CFK que a los intentos de su sucesor por controlar la hiperinflación.

 

 

El país gira en torno a las elecciones y, sobre todo, alrededor de su ganador.

 

 

El posible triunfo de Cristina Kirchner en las elecciones encendió las alarmas del establishment.

 

 

La titular del FMI, Christine Lagarde, le hace concesiones al macrismo de cara a la campaña 2019.

 

 

La Argentina es el país de las campañas electorales permanentes. A menos que haya una contienda en el horizonte, aun cuando se tratara de una en un villorrio casi despoblado, tanto los políticos profesionales como los comentaristas que se interesan por lo que hacen, o lo que a su entender simbolizan, se sienten frustrados.

 

 

El gobierno de Mauricio Macri no ofrece soluciones a la crisis y la inflación. ¿Otros candidatos sí las tienen?

 

 

El nuevo salto del dólar encendió las alarmas del Gobierno.

 

 

Puede que haya votantes que, antes de entrar en el cuarto oscuro, analizan con objetividad meticulosa las propuestas de los candidatos, su trayectoria personal y la de los partidos o movimientos que representan, para entonces elegir en base a datos que les parecen inequívocos, pero hasta ahora nadie ha logrado ubicarlos.

 

 

Como muchos otros, Mauricio Macri creía que sería relativamente fácil bajar la inflación y, con la economía estabilizada, ir acercándose a la “pobreza cero” que, decía, era su objetivo principal.

 

 

Aunque la campaña electoral ya se ha iniciado, no parece verse dominada por el enfrentamiento de programas de gobierno claramente distintos.

 

 

El Presidente logró el alivio de que Vidal finalmente no juegue a desdoblar la elección provincial.

 

 

El ex ministro Roberto Lavagna se presenta como un candidato con las herramientas a mano para resolver la crisis.

 

 

El 2019 empezó con una nueva ola de aumentos. Se esperan convulsiones financieras y rupturas comerciales internacionales. El Gobierno reza por la cosecha.

 

 

No es lo que los encargados de los preparativos para la largamente esperada cumbre porteña del G20 habrán querido, pero tal vez haya sido apropiado que, poco antes de la llegada de los mandatarios y sus séquitos nutridos, Buenos Aires se haya visto convertida en el escenario de una insurrección lumpen, un estallido de violencia sin más propósito evidente que el de sembrar el caos.

 

 

La calma del dólar le da nuevas chances al Presidente de cara a las elecciones de 2019. El plan de confrontar con Cristina Fernández.

 

 

La realidad argentina es tan fea que no sorprende en absoluto que tantos políticos estén más interesados en aprovecharla en beneficio propio que en modificarla, aunque fuera mínimamente.

 

 

Cuando del FMI se trata, los nacionalistas, populistas y progresistas locales coinciden con los “neoliberales” del mundo desarrollado que creen que sería mejor que los países en apuros se enfrentaran directamente con los mercados.

 

 

Estamos asistiendo a un cambio geopolítico que planteará muchos desafíos a un país de dimensiones medianas como la Argentina que es dueño de una cantidad enorme de recursos naturales envidiables.

 

 

Para sobrevivir hasta diciembre del año que viene, Macri tendrá que congraciarse con los mercados, convivir amistosamente con el grueso del peronismo y conservar el apoyo de la parte menguante de la población que aún cree en el Gobierno.

 

 

Saben que Néstor, Cristina y sus adláteres llenaron sus propiedades de botín, pero sienten que sus enemigos son tan malévolos que actúan como si sólo fuera cuestión de una campaña eficaz.

 

 

Quienes creen que el interminable desastre económico argentino es fruto de una mezcla tóxica de facilismo, cortoplacismo, voluntarismo, corrupción e ilusiones posibilitadas por la abundancia de recursos naturales coinciden en que todo es culpa de “la política”, pero entienden que los responsables de encontrar una solución, si habrá una, tendrán que ser personas que se formaron en agrupaciones que, de un modo u otro, contribuyeron al desaguisado.

 

 

Lo acusan de cometer un error no forzado tras otro y él, Presidente, desprecia “los códigos de la política”.

 

 

En mayo de 2003, cuando se mudaron a la Casa Rosada y la Quinta de Olivos, Néstor Kirchner, Cristina y sus sirvientes trajeron consigo la gran aspiradora de dinero. Y no tardaron en ponerla en marcha.

 

 

A Macri no le será nada fácil convencer al resto de la sociedad de que, a pesar de la “tormenta”, “el rumbo” que ha elegido es el único sensato y que sería una locura probar suerte con otro.

 

 

Entienden que no les convendría derrotar al oficialismo si fuera a costa de una crisis política y económica que ellos mismos heredarían, pero son reacios a hacer pensar que están a favor de los ajustes que saben son inevitables.

 

 

¿Estaría la Argentina en condiciones de soportar, sin sufrir convulsiones políticas y sociales muy graves, una crisis mundial de proporciones aún mayores que la de diez años atrás?

 

 

Los militares saben lo difícil que es librar una guerra en dos frentes, si envían grandes contingentes de tropas a uno corren peligro de tener que replegarse en el otro.

 

 

Puede que Macri intente ir por menos gradualismo, pero todos los días se enfrenta a nuevas dificultades políticas que hacen desistir de medidas urgentes.

 

 

Los dilemas que enfrenta Macri se asemejan mucho a los que obsesionan a docenas de otros mandatarios.

 

 

No sólo Mauricio Macri sino también muchos otros suponen que la imagen personal del presidente y por lo tanto su capacidad para llevar a cabo las reformas ambiciosas que le parecen necesarias depende casi por completo de la reacción de la mayoría frente a la evolución de la economía.

 

 

Hasta ahora, los únicos beneficiados por la fase más reciente de la ya casi centenaria debacle nacional, han sido aquellos peronistas que, desde hace un par de meses, tratan de asegurar que el presidente pague todos los costos del ajuste que saben inevitables.

 

 

Luego de semanas de turbulencias, hubo dos figuras que no se han visto perjudicadas y que presentan la posibilidad de que Cambiemos siga en el poder luego de 2019: Carrió y Vidal.

 

 

Hasta hace algunos años pareció que el Fondo Monetario Internacional se había resignado a desempeñar el papel del malo más malo en los dramas políticos y económicos de países reacios a manejar sus economías con un mínimo de prudencia, pero un buen día los directores del organismo, presionados por políticos norteamericanos y europeos, decidieron mejorar su imagen.

 

 

Desgraciadamente para el presidente Macri, la realidad política, es decir, lo que la gente está dispuesta a soportar, acaba de chocar contra la lamentable realidad económica.

 

 

Antes de la irrupción de las llamadas redes sociales cuya nave capitana es Facebook, a pocos se les ocurría tomar los grandes diarios o las empresas de radio y televisión principales por dechados de honestidad. Nos guste o no nos guste, el periodismo siempre ha tenido mala fama.

 

 

Mauricio Macri tiene que manejar ciertas realidades: la económica, la política, la social y la cultural. Por desgracia, aquí no es nada fácil compatibilizarlas.

 

 

Para inquietud de quienes creen que sin medidas más drásticas la economía podría hundirse, el gobierno se ha resignado a convivir con una tasa muy alta de inflación por años.

 

 

No será fácil convencer a “militantes” que se proclaman dueños absolutos de la Memoria, Verdad y Justicia, que en su caso se trata de conceptos resbaladizos manipulados por demagogos.

 

 

El camionero es el nuevo enemigo perfecto del macrismo.

 

 

El Presidente multiplica el control sobre los gastos del Estado que considera superfluos.

 

 

Cuando Luis Barrionuevo, con su sonrisa habitual, nos recordó que “Alfonsín y De la Rúa atacaron a los sindicatos y no terminaron su mandato”, advertía que la corporación de la que es un representante destacado ya ha derribado a dos presidentes y que en su opinión sería plenamente capaz de agregar otro a su colección de trofeos.

 

 

El ideólogo Durán Barba resalta la alta aceptación que las reformas de Macri tienen en el exterior.

 

 

 

El peronismo se asemeja a una caja repleta de bloques de construcción para niños.

 

El Presidente termina de superar un enemigo y aparece uno nuevo. Los desafíos por venir y la orden a Sturzenegger.

 

El gobierno de Cambiemos se ve ante un dilema nada agradable. Por motivos políticos y económicos, tiene forzosamente que intentar difundir optimismo.

 

Si bien los números nos dicen que desde hace casi un siglo la Argentina ha sufrido un fracaso calamitoso tras otro, y que le convendría ensayar algo distinto del populismo, el antiguo régimen no carece de defensores.

 

La tragedia del ARA San Juan habla del desmantelamiento de las Fuerzas Armadas.

 

El Presidente, entre la herencia progre y la utopía modernizadora.

 

A los peronistas les gusta jactarse de la “vocación de poder” descomunal que siempre ha sido una de las características más notables y, a juzgar por lo ocurrido a partir de 1945, más ventajosas de un movimiento que, luego de una serie de mutaciones, carece de bases ideológicas firmes.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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