Joaquín Morales Solá

Joaquín Morales Solá

"Si me quieren meter preso, que me metan, pero no busquen excusas". El autor de esa frase es Hugo Moyano, pero no estaba hablando de Mauricio Macri, sino de Cristina Kirchner. La pronunció el 19 de febrero de 2013 en un multitudinario acto de protesta contra la entonces presidenta y su ministro de Trabajo Carlos Tomada, de quien dijo que iba a quedar en la historia como el peor titular que tuvo esa cartera.

 

Para la expresidenta, sin embargo, las decisiones de Macri son propias de una derecha insensible, incompatibles con las ideas de la revolución inconclusa que ella cree haber encarnado. Con otras palabras: si lo hacía Kirchner era progresista; si lo hace Macri es reaccionario.

 

Cuando se cumplían los primeros siete días hábiles de estabilidad del mercado cambiario, después de varios meses de volatilidad, estalló la crisis por el aumento retroactivo de la tarifa del gas.

 

Carlos Stornelli, el fiscal de la causa argentina más grande de corrupción (la de los cuadernos), fue también el fiscal que mandó a la cárcel a Carlos Menem y que investigó el contrabando de armas a Ecuador y Croacia, hace 23 años.

 

Donald Trump y Cristina Kirchner son aliados necesarios de Mauricio Macri. Le resuelven tantos problemas como se los crean. Aunque con ellos el presente es más problemático y complejo, sin ellos el futuro sería más complicado.

 

El anuncio que se hará hoy sobre un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) es el único argumento razonable del Gobierno para justificar la renuncia del presidente del Banco Central, Luis Caputo. Caputo se iba. Lo único que debía resolverse era cuándo.

 

Una de las preguntas más habituales en la política es si Cristina Kirchner será candidata presidencial el próximo año.

 

Cristina Kirchner podrá eludir la cárcel por ahora, pero no podrá esquivar el intenso debate que provocará el pedido de la Justicia para que sea detenida. Tampoco el peronismo en su conjunto podrá soslayar esa polémica. Sucederá luego de que la Cámara Federal confirme los procesamientos y las prisiones preventivas dictados por el juez Claudio Bonadio.

 

Cristina Kirchner nunca fue ajena al esquema de sobornos montado por su marido cuando se hicieron cargo del gobierno. Hay nuevas pruebas. El otrora poderoso secretario de Obras Públicas, José Francisco López, declaró ante el juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli que los dólares que revoleó en un convento de General Rodríguez durante una noche alucinada eran en verdad de Cristina. López no tuvo nunca ninguna duda de que ese dinero, más de nueve millones de dólares, pertenecía a la expresidenta.

 

Fue, para Mauricio Macri, el mejor martes en mucho tiempo. La mayoría de los gobernadores peronistas (con las excepciones de los siempre ásperos Alberto Rodríguez Saá y Carlos Verna) le dieron al Presidente cierta garantía de que tendrá aprobado el crucial presupuesto del próximo año.

 

El Gobierno intenta sellar un pacto con los mandatarios provinciales en busca de más gobernabilidad. El futuro del justicialismo para el 2019.

 

La reducción de los impuestos a las exportaciones no fue solo una promesa electoral; él cree sinceramente que en las exportaciones está el futuro serio y seguro del país.

 

Los que vieron a Mauricio Macri en las últimas horas escucharon cierta autocrítica sobre la historia de su gobierno. El Presidente acaba de terminar su semana más difícil desde que está al frente del Estado. Deslizó que cuando llegó se entusiasmó con el crédito internacional que le permitía una política demasiado gradual en la reducción del monumental gasto público que heredó.

 

Hay una contradicción notable en la incesante crisis económica. Mauricio Macri es el presidente de la democracia argentina con mayor nivel de apoyo en el mundo político internacional.

 

La estrategia de su defensa debería refutar las evidencias que aportaron los testigos e imputados de la causa de los cuadernos, en vez que criticar los detalles de los allanamientos.

Cuando Cristina Kirchner dijo en el Senado que una homérica conspiración internacional trata de impedir su candidatura presidencial el año que viene, estaba diciendo algo más. Anunciaba que definitivamente será candidata presidencial. Avanzó en la monumental teoría conspirativa y se comparó con Lula, que es un candidato preso en Brasil. Será candidata, entonces. Pero ¿estará presa?

 

Puede ser que una multitudinaria marcha, como la que se reunió ayer en el Congreso, logre lo que no pudieron el sentido común ni la obligación institucional de la mayoría de los senadores peronistas.

El peronismo no ha sido nunca un partido suicida. El otro partido histórico, el radicalismo, cayó a veces en la tentación de terminar voluntariamente con su vida.

 

Algo inesperado está sucediendo en la política argentina. Una generación de empresarios, vinculados hasta ahora con la obra pública y la energía, podrían desaparecer dentro de muy poco.

 

Si la causa de los cuadernos de las coimas sigue avanzando, la expresidenta podría enfrentar otro posible pedido de detención.

Carlos Wagner, otrora influyente presidente de la Cámara de la Construcción, dejó completamente al desnudo al sistema de obras públicas en el gobierno de los Kirchner.

 

Ángelo Calcaterra abrió una puerta que ni él imagina hasta qué profundidades conduce. El hecho de que el dueño de una empresa importante (ex dueño, en este caso) haya aceptado que pagó coimas por la obra pública en el gobierno de los Kirchner creó un precedente inédito en el país.

 

El remisero Oscar Centeno aceptó que escribió los cuadernos. Un empresario, Juan Carlos de Goycoechea, confirmó el procedimiento que contó Centeno, aunque no la cantidad de dinero. El círculo se cierra sobre Cristina Kirchner.

 

Si en el Congreso los números fueran definitivos siete días antes de una votación, podría asegurarse que el rechazo al proyecto de ley que legaliza el aborto tiene ya los votos suficientes. Pero ningún número es concluyente ni probablemente el rechazo termine siendo un rechazo total del Poder Legislativo.

 

Luis D'Elía propone fusilar al Presidente en la Plaza de Mayo. Hugo Moyano amenaza con resistir una multa del Ministerio de Trabajo con huelgas del estratégico sindicato de camioneros. Cierto peronismo intenta tumbar el decreto reglamentario de Mauricio Macri que reorganiza las funciones de las Fuerzas Armadas.

 

¿Debe preservarse el consenso democrático (y el cuerpo legal) de 1983 que les impide a las Fuerzas Armadas intervenir en conflictos internos? Sí, desde luego. ¿Deben imaginar los gobernantes el rol que tendrán los militares en el siglo XXI, con desafíos que no figuraban en los años 80, después de más de tres décadas de indiferencia política hacia los uniformados? Sí, también.

 

El Presidente informó el rol que ocuparán de ahora en más. Pero modificaciones más profundas requieren cambios en las leyes.

El gobierno de Cuba acaba de reconocer el "papel del mercado" en la economía después de casi 60 años de fracasos económicos. En mayo de 2016, México amplió a 88.000 millones de dólares un crédito flexible que tenía del Fondo Monetario por 66.000 millones. Ese crédito está aún vigente. Ningún mexicano le atribuye al Fondo, que se sepa al menos, la culpa por los muchos y graves problemas que atraviesa su país.

 

A Mauricio Macri no hay que pedirle que sea un remedo de Cristina Kirchner. Nunca hay en sus apariciones un sentido épico de la historia que le tocó. Ni una convocatoria al fanatismo de sus seguidores, que carecen de fanatismo. Esas condiciones construyen un contraste enorme con su antecesora.

 

Una nueva grieta abrió una tregua, tal vez fugaz, en la vieja grieta. El proyecto para legalizar el aborto fue un golpe que dividió a los partidos, a los bloques parlamentarios y a la propia sociedad, sin importar géneros o extracción social.

 

La cuna que meció a Mauricio Macri estaba en el centro del "círculo rojo". Lo que entonces se llamaba "establishment", Durán Barba lo rebautizó y, al mismo tiempo, amplió el número de sus componentes. Ya no eran solo los empresarios más importantes y los banqueros de la City porteña; también pasaron a integrarlo economistas, intelectuales y periodistas.

 

La volatilidad del mundo no cambió, pero la Argentina comenzó a dar los primeros síntomas de que podría estabilizarse a pesar del contexto internacional.

 

La sequía cedió, pero ahora empeoró la economía internacional. Hace rato que a Mauricio Macri lo despierta todas las mañanas una mala noticia.

 

¿Es cierto que la Iglesia apoyó el paro nacional de anteayer? La rumorología indica que sí, pero no hay ninguna declaración ni documento de los obispos que den testimonio de semejante compromiso político.

 

El "círculo rojo" sobrevuela la cabeza del Presidente. Una y otra vez. Esa amalgama de empresarios, intelectuales, economistas y periodistas no le ha dado tregua durante gran parte de la crisis que acaba de vivir. Se sintió solo.

 

¿Una tregua entre dos tempestades? ¿El principio de la normalización del mercado cambiario después de varias semanas de furia? Esas preguntas no tienen respuesta todavía, luego de dos días en los que las variables financieras recuperaron cierta calma.

 

No se puede vivir con un clima político de estas características y tomarlo como lo más natural del mundo.

Mauricio Macri es una excepción (junto con el chileno Sebastián Piñera) en una América Latina amenazada por nuevos populismos (México y Colombia) o por intensos procesos de inestabilidad (Perú y Brasil, claramente). Ese paisaje de la política continental permite comprender por qué la Argentina recibió la ayuda financiera más importante de su historia.

 

Las crisis son siempre consecuencias de un fracaso de la política. La diagonal que funcionó durante más de dos años, entre el gobierno de Macri y un peronismo racional, se atascó esta vez. O nadie pudo trazarla.

 

Salvo un milagro (que no son frecuentes en política), el Senado le dará hoy sanción parlamentaria al proyecto de ley que frena la política de sinceramiento de las tarifas de servicios públicos de Mauricio Macri. El proyecto anula los aumentos de las tarifas desde noviembre del año pasado. A partir de entonces, los incrementos deberán hacerse de acuerdo con las subas salariales. Las pymes tendrán también aumentos mucho menores que los estipulados por el Gobierno.

 

En la lucha por las tarifas, el Gobierno debe buscar una diagonal en el Senado y llegar a un acuerdo con la oposición para que se apruebe la reducción del IVA en las facturas.

Mauricio Macri decidió ayer, en un almuerzo con su aliada Elisa Carrió, que no tocará la política de retenciones al campo. Seguirá tal como se estableció al principio de su mandato. Esa fue siempre la posición del Presidente, presionado en el sentido contrario por otros sectores empresarios. El campo ha sido su aliado. Ya tiene otras batallas en curso. La del peronismo, por ejemplo.

 

Mauricio Macri se puso como objetivo bajar el déficit, pero es difícil porque el presupuesto argentino tiene un 75% de gasto social. Solo se puede tocar el 25% restante, con trabajo de todo el Gabinete.

La pregunta no era si la Argentina se quedaría sin crédito externo, sino cuándo sucedería esa crisis terminal de financiamiento. Cuando Mauricio Macri advirtió que era eso lo que estaba escuchando de sus funcionarios, aceptó de inmediato el consejo del ministro de Finanzas, Luis Caputo, que le venía proponiendo recurrir preventivamente al Fondo Monetario.

 

¿Pasó ya la peor parte de la tempestad? Un día sin furia en los mercados no es necesariamente el fin de nada, pero podría significar el principio del fin de la peor crisis que debió enfrentar Mauricio Macri desde que es presidente.

 

La sociedad apunta contra el organismo, pero se olvida de la responsabilidad de los dirigentes. La crisis de desconfianza que se repite en el país.

Pocas veces el sistema financiero internacional y la sociedad argentina coinciden en algo. Pero hay una excepción en los inquietos días que corren. Ambos extremos desconfían del sistema político argentino. El cristal de confianza que se rompió en Wall Street no es con Mauricio Macri, sino con el sistema que administra la política argentina y que, desde ya, comprende algunas decisiones de su gobierno.

 

El dólar había cruzado de nuevo los 23 pesos. Las acciones y los bonos argentinos se derrumbaban en el mundo. Cuando ayer amenazaba con convertirse en un martes negro (después de un reciente jueves negro), el Gobierno jugó la carta más importante que tenía: el regreso del país a los créditos del FMI.

 

El miércoles último, un día antes del jueves negro, convivieron dos universos muy distintos separados por apenas 10 cuadras en el centro de la Capital.

 

Sucedió la peor semana que haya vivido el programa económico y el gobierno de Mauricio Macri. ¿Solo el programa económico? ¿Nadie más que el Gobierno?

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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