Joaquín Morales Solá

Joaquín Morales Solá

Sin Cristina Kirchner las elecciones serían un camino más arduo para Mauricio Macri, pero con ella le es más farragoso el gobierno del país. La economía está expectante ahora de las encuestas y lo estará más en la medida en que avance el año electoral.

 

Un agente de la DEA que no es agente de la DEA. Un empresario extorsionado por una causa en la que no figura. Una supuesta extorsión pedida por el fiscal Carlos Stornelli delante de un testigo, el intendente de Salta, Gustavo Sáenz. Un exembajador y exfuncionario kirchnerista, Eduardo Valdés, que habla del "operativo" contra el fiscal Stornelli.

 

Ya muy enfermo, con la irremediable certeza de que la vida había quedado definitivamente atrás, Daniel Muñoz, exsecretario privado de Néstor Kirchner, le contó a su esposa, Carolina Pochetti, que le había entregado a su abogado, Miguel Ángel Plo, diez millones de dólares para "arreglar con el juez Luis Rodríguez y para solucionar las cosas en los Estados Unidos".

 

Tienen el diagnóstico, pero no encuentran el remedio. Los peronistas no kirchneristas llegaron a la conclusión, acertada, de que entre el 65 y el 70 por ciento de los votos están repartidos entre Mauricio Macri y Cristina Kirchner; es decir, afirman, que está vacante un porcentaje de la sociedad que oscila entre el 30 y el 35 por ciento, casi los mismos porcentajes que acompañan al Presidente o a la expresidenta.

 

María Eugenia Vidal imaginó el día improbable en que sería gobernadora de Buenos Aires con Cristina Kirchner como presidenta. Suficiente. Punto final para el debate sobre el desdoblamiento o no de las elecciones provinciales con las nacionales, que había promovido el peronismo -a favor y en contra- más que el oficialismo.

 

Una ocurrencia del kirchnerismo consiste en sostener que la presidencia interina de Juan Guaidó en Venezuela es un golpe de Estado fraguado por Washington. En rigor, Estados Unidos demoró demasiado la decisión de bloquear las cuentas en dólares por el petróleo crudo que le compra a Venezuela.

 

El kirchnerismo cometió una excepción: fue coherente. El apoyo al régimen dictatorial de Nicolás Maduro forma parte de la biografía de los Kirchner y de su insalvable destino.

Era un momento extraño. Fiscales y periodistas hablaban aquí de que los Kirchner habían lavado dinero (unos 70 millones de dólares, por ahora) en los Estados Unidos, pero nadie advertía ningún movimiento en los norteamericanos referido a esa cuestión. Era como si se hablara de un paraíso fiscal o de un país caribeño.

 

La política exterior no es el lado fuerte de Jair Bolsonaro. Su larga trayectoria en el Congreso brasileño lo ató a la siempre agitada política interna, muy lejos de las relaciones internacionales.

 

La última encuesta de Isonomía, una de las más prestigiosas agencias de mediciones del país, encendió algunas alarmas entre dirigentes del oficialismo. Algo podría estar cambiando imperceptiblemente. Mauricio Macri, que conserva el 41 por ciento de imagen positiva, está por debajo de Cristina Kirchner (tiene el 45) y una imagen negativa superior (el 57 contra el 53 de Cristina).

 

Una pregunta oportuna y frecuente en la Argentina es si las ideas de Cristina Kirchner y sus seguidores son coherentes con el tiempo que les toca vivir. La llegada de Jair Bolsonaro al gobierno de Brasil casi completa un paisaje sudamericano muy distinto al que vivió Cristina durante su largo reinado en el poder argentino.

 

En medio de la tragedia que significa el fin de una vida, la muerte del excanciller Héctor Timerman desnudó al cristinismo tal como es.

 

Habrá un duelo definitivo entre Macri y Cristina. Quizá sea el último entre ellos, después de 15 años en que se odiaron y necesitaron con la misma intensidad

 

Cristina Kirchner debería estar presa desde hace 48 horas. No por algunas de sus decisiones políticas, discutible si son justiciables o no, sino por la investigación más profunda que se haya hecho sobre el robo del dinero público durante 12 años. Una segunda instancia judicial, la Cámara Federal conformada por dos jueces, confirmó la decisión de Claudio Bonadio de procesarla y dictarle prisión preventiva.

 

El presidente de la Corte Suprema, Carlos Rosenkrantz, perdió dos votaciones en un mismo día. En ambos casos fue abandonado, de distinta forma, por los dos jueces que lo llevaron al cargo de titular del máximo tribunal de justicia del país: Elena Highton de Nolasco y, sobre todo, Horacio Rosatti.

 

Mauricio Macri estaba con un raro malhumor cuando le llegaron las primeras noticias de una importante recuperación en las encuestas. Crecer siete puntos en apenas un mes no es una noticia habitual para ningún político, ni aquí ni en el exterior.

 

Dos mujeres claves para el proyecto político y electoral de Mauricio Macri se han distanciado públicamente. A pesar de todo, Elisa Carrió y Patricia Bullrich son solo la expresión de un problema y de un desafío mucho más profundos que lo que parecen a simple vista.

 

La Corte Suprema de Justicia dictó ayer una resolución que seguramente se inscribirá como uno de los grandes jalones en la historia de la revisión de la cruel represión del Estado en los años 70.

 

Hace poco, en una conversación telefónica, Mauricio Macri le preguntó a Christine Lagarde por qué el riesgo país de la Argentina era tan alto. "Ustedes declararon un monumental default hace 17 años y el tiempo transcurrido no es mucho para el mundo", le contestó la jefa del Fondo Monetario.

 

La aparición del submarino, cuya desaparición hace un año provocó la casi unánime consternación de los argentinos, sucedió en un momento especialmente tenso de la política.

 

Cristina Kirchner será candidata, diga ahora lo que diga. Si algo faltaba para confirmar esa información fue la noticia de que tres viejos zorros del peronismo se irán del bloque moderado que preside Miguel Pichetto para acercarse al de la expresidenta.

 

Los días de noviembre registran una inflación más moderada. No es un mérito de la economía. Es la consecuencia de una recesión más profunda que la que cualquiera imaginaba.

 

Jair Bolsonaro es una pregunta sin respuesta para el mundo, pero no deja de ser una buena noticia para Mauricio Macri.

 

Fue un escenario del bárbaro Far West. Varios grupos de manifestantes violentos detuvieron los colectivos que transitaban por el metrobús de la avenida 9 de Julio. Les tiraron piedras, destrozaron los vidrios de las ventanas y obligaron a los pasajeros a tirarse al piso, amontonados. Fue el miércoles de furia.

 

Nunca hubo tanta tensión entre el Gobierno y la Iglesia, pero tampoco nunca antes hubo semejante tensión dentro de la propia Iglesia. Resulta extraño que haya sido un dirigente gremial como Hugo Moyano, más evocado en días recientes por su trajinar judicial que por sus luchas sociales, el que haya creado ese clima dentro y fuera de la institución católica. Mientras haya un papa argentino, cada movimiento de la Iglesia local chocará con las mismas preguntas: ¿cuenta con el aval del Pontífice?

 

El duro y pobre conurbano es el reino de Cristina, quien promete romper con el sistema económico y político. En 50 semanas se verá si se salta al vacío

 

"Si me quieren meter preso, que me metan, pero no busquen excusas". El autor de esa frase es Hugo Moyano, pero no estaba hablando de Mauricio Macri, sino de Cristina Kirchner. La pronunció el 19 de febrero de 2013 en un multitudinario acto de protesta contra la entonces presidenta y su ministro de Trabajo Carlos Tomada, de quien dijo que iba a quedar en la historia como el peor titular que tuvo esa cartera.

 

Para la expresidenta, sin embargo, las decisiones de Macri son propias de una derecha insensible, incompatibles con las ideas de la revolución inconclusa que ella cree haber encarnado. Con otras palabras: si lo hacía Kirchner era progresista; si lo hace Macri es reaccionario.

 

Cuando se cumplían los primeros siete días hábiles de estabilidad del mercado cambiario, después de varios meses de volatilidad, estalló la crisis por el aumento retroactivo de la tarifa del gas.

 

Carlos Stornelli, el fiscal de la causa argentina más grande de corrupción (la de los cuadernos), fue también el fiscal que mandó a la cárcel a Carlos Menem y que investigó el contrabando de armas a Ecuador y Croacia, hace 23 años.

 

Donald Trump y Cristina Kirchner son aliados necesarios de Mauricio Macri. Le resuelven tantos problemas como se los crean. Aunque con ellos el presente es más problemático y complejo, sin ellos el futuro sería más complicado.

 

El anuncio que se hará hoy sobre un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) es el único argumento razonable del Gobierno para justificar la renuncia del presidente del Banco Central, Luis Caputo. Caputo se iba. Lo único que debía resolverse era cuándo.

 

Una de las preguntas más habituales en la política es si Cristina Kirchner será candidata presidencial el próximo año.

 

Cristina Kirchner podrá eludir la cárcel por ahora, pero no podrá esquivar el intenso debate que provocará el pedido de la Justicia para que sea detenida. Tampoco el peronismo en su conjunto podrá soslayar esa polémica. Sucederá luego de que la Cámara Federal confirme los procesamientos y las prisiones preventivas dictados por el juez Claudio Bonadio.

 

Cristina Kirchner nunca fue ajena al esquema de sobornos montado por su marido cuando se hicieron cargo del gobierno. Hay nuevas pruebas. El otrora poderoso secretario de Obras Públicas, José Francisco López, declaró ante el juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli que los dólares que revoleó en un convento de General Rodríguez durante una noche alucinada eran en verdad de Cristina. López no tuvo nunca ninguna duda de que ese dinero, más de nueve millones de dólares, pertenecía a la expresidenta.

 

Fue, para Mauricio Macri, el mejor martes en mucho tiempo. La mayoría de los gobernadores peronistas (con las excepciones de los siempre ásperos Alberto Rodríguez Saá y Carlos Verna) le dieron al Presidente cierta garantía de que tendrá aprobado el crucial presupuesto del próximo año.

 

El Gobierno intenta sellar un pacto con los mandatarios provinciales en busca de más gobernabilidad. El futuro del justicialismo para el 2019.

 

La reducción de los impuestos a las exportaciones no fue solo una promesa electoral; él cree sinceramente que en las exportaciones está el futuro serio y seguro del país.

 

Los que vieron a Mauricio Macri en las últimas horas escucharon cierta autocrítica sobre la historia de su gobierno. El Presidente acaba de terminar su semana más difícil desde que está al frente del Estado. Deslizó que cuando llegó se entusiasmó con el crédito internacional que le permitía una política demasiado gradual en la reducción del monumental gasto público que heredó.

 

Hay una contradicción notable en la incesante crisis económica. Mauricio Macri es el presidente de la democracia argentina con mayor nivel de apoyo en el mundo político internacional.

 

La estrategia de su defensa debería refutar las evidencias que aportaron los testigos e imputados de la causa de los cuadernos, en vez que criticar los detalles de los allanamientos.

Cuando Cristina Kirchner dijo en el Senado que una homérica conspiración internacional trata de impedir su candidatura presidencial el año que viene, estaba diciendo algo más. Anunciaba que definitivamente será candidata presidencial. Avanzó en la monumental teoría conspirativa y se comparó con Lula, que es un candidato preso en Brasil. Será candidata, entonces. Pero ¿estará presa?

 

Puede ser que una multitudinaria marcha, como la que se reunió ayer en el Congreso, logre lo que no pudieron el sentido común ni la obligación institucional de la mayoría de los senadores peronistas.

El peronismo no ha sido nunca un partido suicida. El otro partido histórico, el radicalismo, cayó a veces en la tentación de terminar voluntariamente con su vida.

 

Algo inesperado está sucediendo en la política argentina. Una generación de empresarios, vinculados hasta ahora con la obra pública y la energía, podrían desaparecer dentro de muy poco.

 

Si la causa de los cuadernos de las coimas sigue avanzando, la expresidenta podría enfrentar otro posible pedido de detención.

Carlos Wagner, otrora influyente presidente de la Cámara de la Construcción, dejó completamente al desnudo al sistema de obras públicas en el gobierno de los Kirchner.

 

Ángelo Calcaterra abrió una puerta que ni él imagina hasta qué profundidades conduce. El hecho de que el dueño de una empresa importante (ex dueño, en este caso) haya aceptado que pagó coimas por la obra pública en el gobierno de los Kirchner creó un precedente inédito en el país.

 

El remisero Oscar Centeno aceptó que escribió los cuadernos. Un empresario, Juan Carlos de Goycoechea, confirmó el procedimiento que contó Centeno, aunque no la cantidad de dinero. El círculo se cierra sobre Cristina Kirchner.

 

Si en el Congreso los números fueran definitivos siete días antes de una votación, podría asegurarse que el rechazo al proyecto de ley que legaliza el aborto tiene ya los votos suficientes. Pero ningún número es concluyente ni probablemente el rechazo termine siendo un rechazo total del Poder Legislativo.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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