Joaquín Morales Solá

Joaquín Morales Solá

El destino de Cristina Kirchner parece oscilar entre el regreso a la política electoral o el ingreso en la prisión. La política (y la vida) suele tener un camino más enmarañado que una línea directa entre los días que corren y esos futuros posibles.

 

Mauricio Macri había quedado con un regusto a desagrado, tuviera o no razón, después de la decisión de la Corte Suprema sobre el aumento de las tarifas de gas. Aunque valoraba que el tribunal no le hubiera arruinado aún más el déficit fiscal, leyó con resquemor los considerandos que aludían a cómo debían aumentarse las tarifas y hasta dónde deberían incluirse las audiencias públicas.

 

Sergio Massa le ha hecho un favor a la política argentina. Su promesa inicial de "prohibir las importaciones", atenuada luego en la redacción de un proyecto de ley, permite abrir un debate crucial que el país se debía.

 

Cierto fresco se siente en el despacho de los presidentes. Colaboradores y secretarios de Mauricio Macri van vestidos con algún abrigo. La calefacción está puesta en su nivel mínimo, cuenta uno de esos ayudantes. El despacho ya es otro, aunque es el mismo.

 

Enrique Peña Nieto y el emir de Qatar merecían un contexto argentino mejor que el que les tocó. El acercamiento con México de Mauricio Macri significa dos importantes giros en la política exterior.

 

Ayer, segundo día hábil después de la feria judicial, la política se volvió a instalar en los tribunales.

 

Con los gobernadores contentos, es difícil que el Senado lo boicotee al Presidente. Si los sindicatos históricos tienen dinero en sus manos, es casi imposible que la protesta supere las palabras.

 

Ayer, envuelta por más sombras que luces, Cristina Kirchner se fue de la Capital. Había sido protagonista directa o indirecta de una semana en la que la política se disputó en los tribunales federales de Comodoro Py.

Un problema objetivo fue resuelto con más errores que aciertos. El problema es la ruina del sistema energético que dejó el kirchnerismo. Un país sin gas y sin electricidad, y sin posibilidades ya de seguir importando monumentales cantidades de energía. El déficit fiscal es intolerable, tal como está, para cualquier Estado serio.

O Mauricio Macri sigue de luna de miel con la sociedad o está cubierto por un misterioso manto que lo preserva del fuego de herencias ajenas y errores propios.

 

Tienen razón los kirchneristas: es probable que Cristina Kirchner termine presa.

 

Un rumor precedió a la decisión de Ibar Pérez Corradi de negarse a la extradición inmediata a la Argentina. Decían aquí, en medios políticos de distinta extracción, que la vida del viejo prófugo corría peligro en su país. Seguramente se trató de un dramatismo propio de la visión conspirativa de los argentinos, pero lo cierto es que Pérez Corradi creyó en esos presagios.

 

La Justicia confirmó por primera vez que una campaña electoral para elegir presidente de la Nación fue financiada por el narcotráfico. Tres ex jefes de Gabinete de Cristina Kirchner fueron procesados por delitos de corrupción en complicidad con otro sistema mafioso, el de la AFA. Una epidemia de pánico se abatió sobre presos por corrupción o narcotráfico. Temen ser asesinados en cárceles argentinas antes de que puedan hablar delante de los jueces.

 

Si todo lo que vemos y percibimos sobre el pasado reciente fuera cierto, estaríamos ante el latrocinio de fondos públicos más grande del que se tenga memoria.

Tal vez Guillermo Moreno no sea sólo un provocador (que también lo es) o Hebe de Bonafini no sea sólo una anciana rencorosa y desinformada. El núcleo duro del kirchnerismo está propalando la idea de que un sector importante de la sociedad sufre el hambre de manera insoportable.

Cristina Kirchner no puede caminar por las calles de Río Gallegos. Tampoco por las de la Capital. Corre el riesgo de chocar con la protesta de la gente común. Sólo por algunos barrios (no pocos) del Gran Buenos Aires podría pasear sin inconvenientes.

José López no pudo enterrar los dólares, pero enterró al kirchnerismo. En la ingrata madrugada de ayer, protagonizó el espectáculo más escandaloso y patético que se recuerde de funcionarios corruptos.

En la cárcel de Ezeiza ya están presos el que pagaba y el que cobraba. José López y Lázaro Báez. Son las puntas visibles de la amplia y multimillonaria red de corrupción de la obra pública en tiempos del kirchnerismo.

El dinero insignificante, innecesario, terminará condenando la corrupción. Los hoteles de Cristina Kirchner en El Calafate compraban una docena de medialunas por día cuando declaraban tener todas las habitaciones ocupadas.

 

Miguel Pichetto y Ernesto Sanz, peronista uno y radical el otro, son amigos personales a pesar de que pocas veces están de acuerdo. Los dos fueron senadores y presidentes de sus bloques en los mismos años.

Hay una rumorología sobre disidencias presuntas entre el Gobierno y la Iglesia. Y hay una cuestión que ha sobrevolado esa relación en días y meses recientes: la existencia de un núcleo enorme de pobreza entre los argentinos.

Mauricio Macri esquivó en el momento agónico lo que hubiera sido la primera gran crisis de la coalición gobernante.

La mancha del escándalo está mojando muy cerca, demasiado cerca, de Cristina Kirchner. La ex presidenta y su hijo Máximo fueron imputados en una nueva causa por supuestos hechos de corrupción en la compraventa y el alquiler de inmuebles de la empresa Los Sauces.

Nadie la vio venir. Nadie oyó los preparativos. Nadie, en fin, imaginó en el Gobierno la colisión con legisladores y sindicatos peronistas en estado de sublevación.

Rodeado de funcionarios que le suplicaban serenidad, Mauricio Macri entró el lunes pasado en la reunión con los principales dirigentes gremiales del país.

Los empresarios entienden la realidad con la ley de la oferta y la demanda en la mano: ¿por qué deberían invertir ahora, deducen, si gran parte de las empresas grandes y medianas (ni hablar de las pequeñas) tiene ociosa entre el 40 y el 50 por ciento de su capacidad de producción? Sin embargo, el temor al regreso del populismo es fácilmente perceptible en todos ellos, incluidos funcionarios con concepciones distintas y empresarios de diferente porte. Conclusión: el populismo no está muerto.

 

Mauricio Macri tropezó ayer por segunda vez con un obstáculo serio para desplazar a Alejandra Gils Carbó. Entre el deseo de echarla y la imposibilidad de hacerlo por la vía directa (el juicio político), sus funcionarios escribieron un proyecto para desplazarla dentro de un año. La mezcla de lo que redactaron y las concesiones a la oposición terminaron chocando con la Constitución.

 

El jueves, poco antes de que la coalición gobernante se reuniera en público, más temerosa que segura, una pregunta se hizo masiva: "¿Lilita viene con la cartera?" La cartera de Elisa Carrió es el símbolo de sus rupturas, después de que la usó para decirle adiós a Pino Solanas.

 

Sergio Massa es un interlocutor incómodo para el macrismo. Nadie sabe nunca cuál es su última palabra.

 

Un ministro de Macri suele decir que las sociedades no agradecen las crisis que se evitan, porque está seguro de que ellos evitaron una enorme.

 

La democracia tiene un problema con Fernando Esteche. Su conflicto con el sistema político, que él llama despectivamente "democracia occidental", es largo y afectó a varios gobiernos.

 

Al final de un largo diálogo telefónico con la canciller Susana Malcorra, Eric Trump, hijo del presidente electo norteamericano, le pidió que transmitiera un mensaje: "Dígale al presidente Macri que mi padre siempre lo recuerda con cariño". Rápida y pragmática, Malcorra llamó a uno de los hijos de Trump, los únicos seguros integrantes del equipo que acompañará al próximo jefe de la Casa Blanca.

 

Varios de los empresarios argentinos (muchos medianos y pequeños, pero también algunos grandes) podrían haber estado el viernes en la manifestación de cegetistas y piqueteros. No para reclamar por la emergencia social, sino por la emergencia propia.

 

Ayer, cuando la política hablaba de luchas internas y de tretas opositoras, un acuerdo crucial se tramaba en un rincón del oficialismo.

 

Podrá decirse que el kirchnerismo (o el cristinismo, para ser precisos) conserva importantes resortes de influencia en organismos internacionales de derechos humanos y que, en parte por eso, tiene tanta repercusión en el mundo el caso de la prisión de Milagro Sala. Y es cierto. Podrá agregarse que la líder del movimiento Túpac Amaru es una figura polémica, prepotente y arbitraria en el manejo de los recursos públicos. Y también es cierto.

 

Mauricio Macri deberá hacerse a la idea de que el peronismo entró en campaña electoral. Peor: que está dispuesto a usar sin piedad las debilidades de su administración con miras a las elecciones del próximo año.

 

Un año después de haber accedido al poder, Mauricio Macri se reencontró con el kirchnerismo. En el Congreso y en la calle. Sin embargo, los alborotos de la política se encierran en el famoso "círculo rojo" de la vida pública. Las sociedades suelen detenerse más en las películas que en las fotos. Macri tiene, según la encuesta de Poliarquía que hoy publica LA NACION, el 55 por ciento de aprobación.

 

Sólo algunos peronistas (Miguel Pichetto, Juan Manuel Urtubey, Juan Schiaretti y Omar Perotti, entre otros pocos más) salvaron al país de una crisis política mayor, si es que lo salvaron.

 


Si hay algo que realmente lo molestó a Mauricio Macri fue aquella foto de la CGT junto a Sergio Massa en la firma de un proyecto común sobre el impuesto a las ganancias. Miró a su alrededor. Y cerca de él habían cometido un error enorme: ignorar en el proyecto oficial un acuerdo previo con la CGT en un impuesto que afecta a un millón de trabajadores.

 

Mauricio Macri decidió la semana pasada, cuando puso su gobierno en la dirección del inminente año electoral, retomar la conducción absoluta de la economía. Alfonso Prat-Gay era un obstáculo en ese proyecto presidencial. Poco afecto a los zigzags de la política y a cultivar el trato personal con sus colegas del gabinete, Prat-Gay vivió siempre en la orilla justa del macrismo.

 

Una jurisprudencia de la Cámara Nacional de Casación de octubre de 2008 salvó a Cristina Kirchner de estar hoy presa. Siete años antes, en 2001, el también ex presidente Carlos Menem fue preso por los mismos delitos por los que ayer procesaron a la viuda de Kirchner: asociación ilícita y administración fraudulenta.

 

Cuando miran el año electoral, entre las distintas familias del oficialismo hay unanimidad sobre una certeza. Sólo sobre una. La recuperación de la economía es la condición previa para cualquiera de las muchas estrategias en danza. Prat-Gay se fue.

 

Alguien está despachando al público conversaciones telefónicas privadas con los espasmos de un loco. Se conocieron algunos audios (el primero de Cristina Kirchner en su diálogo de compinches con Oscar Parrilli) y también algunas transcripciones de otras conversaciones, aunque sin audios.

 

El Papa niega que haya problemas con el gobierno argentino y rescata la figura del Presidente; relativiza la polémica por la donación de la Casa Rosada a Scholas y dice que no tiene voceros oficiales por fuera del Vaticano

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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