Hugo E. Grimaldi

Hugo E. Grimaldi

El cimbronazo que provocó ayer el ataque ocurrido en la Plaza del Congreso sacó a flote los peores recuerdos de la sociedad sobre la violencia política vivida en el país y seguramente la sumió por un rato, al menos, en la reflexión.

 

Como producto anticipado de unas elecciones que recién van a llegar a seis meses vista, los argentinos viven por estos días el estrés de un país castigado a varias puntas que ha puesto en vidriera un escenario impensado hace apenas semanas, lo que fuentes de la Casa Rosada identifican, ya sin tapujos, como una extraordinaria operación política del llamado "círculo rojo" para evitar que el presidente Mauricio Macri acceda a un segundo período de gobierno y para que la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, lo reemplace. Plan "V" lo llaman.

 

Los chilenos de Cencosud administran en total 895 locales del rubro supermercado en cinco países de la región (Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú), de los cuales unos 290 operan aquí bajo tres marcas diferentes (Jumbo, Disco y Vea). Por su parte, los franceses de Carrefour suman en el país 180 locales en varios formatos, mientras que disponen de otras 400 bocas distribuidas en la geografía brasileña. En tanto, la estadounidense Walmart también tiene presencia en la Argentina, Brasil y Chile, pero también en México, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua.

 

Como si fuese una rejilla que se traga cada vez más aceleradamente el agua, el economista y periodista Dardo Gasparré plantó esta semana en el diario "El Observador" de Montevideo una figura que le cae como anillo al dedo al actual deterioro de la realidad argentina: "cuando la espiral se hace remolino, el desenlace ocurre a la velocidad de la luz".

 

Mauricio Macri parece estar convencido que muchos empresarios le están jugando en contra al Gobierno, seducidos por discursos que quieren poner la pelota otra vez en el campo de las tasas negativas, el consumo, la promoción del mercado interno con la imposición de aranceles y el consecuente cierre de la economía, más una suerte de Compre Nacional, sazonado con algo que los libere de responsabilidad en el tema "cuadernos".

 

Rumbo hacia una elección que va a estructurar probablemente por muchos años un modelo de país, no sólo desde lo económico, sino también desde lo institucional, Mauricio Macri ha definido ante los suyos el actual momento como el de una "nueva normalidad", concepto que de su parte implica que ha comenzado a reconocer que siempre hay que poner los caballos delante del carro.

 

Pasen y vean, el grotesco espectáculo está por comenzar. Fuera de los cánones de los colectivos feministas, agazapadas en los bordes del cuadrilátero se observa con claridad a dos boxeadoras más que tensas de la cara a los talones, muchachas a quienes alientan una gran cantidad de hombres sacados.

 

Con la particular taquigrafía que domina Twitter, un integrante bastante activo de las redes sociales acaba de poner en fila en una frase a dos de los protagonistas de la semana política: "Bolsonaro es a Temer lo que Lavagna a Remes Lenicov".

 

Al decir de Plutarco, Jair Bolsonaro es un personaje que parece que "hace juego" con Mauricio Macri, aunque el paralelismo de sus vidas es quizás más interesante por lo que no tienen en común que por sus forzados parecidos.

 

"¿Querés grieta? Tenés grieta". Estas cuatro palabras tiradas al aire, surgieron de la boca de un consultor de opinión pública, peronista para más datos, cuando en una rueda informal conversaba hace un par de días con algunos asistentes a un cóctel de fin de año sobre el viejo tema de la acción psicológica.

 

 

Todo el barrio está más que convulsionado por la llegada del disruptivo Jair Messias Bolsonaro a la presidencia de Brasil, para muchos un demonio nacionalista formado en instituciones militares que se trae el cuchillo bajo el poncho y que se ha hecho elegir democráticamente para provocar cambios drásticos en los paradigmas de convivencia dentro y fuera de su país.

 

Diego Latorre lo dijo del vestuario de Boca Juniors allá por 1998 y la frase quedó. Con sus matices, el concepto le cabe por igual a la coalición de gobierno y al peronismo, conglomerados que podrían definirse como dos cabarets que hoy bailan exclusivamente al compás de la música que, desde el centro de la escena, seleccionan Elisa Carrió por la Coalición Cívica y Cristina Fernández por Unidad Ciudadana.

 

Mientras el Banco Central se aprestaba para testear en cualquier momento y de modo sorpresivo a qué precio se podía ubicar el dólar si la tasa bajaba un escalón, varios factores externos y de la política local le han metido ayer ruido a lo saludable de esa estrategia y la han hecho trastabillar.

 

El actual remanso en el vaivén de los mercados, que ya se verá cuánto tiempo dura, permite de momento hacer un orejeo de naipes de más largo aliento, mirando hacia las presidenciales de 2019.

 

Mientras puertas adentro del Gobierno se debate si hay que enfriar la economía cuanto antes para que la recuperación que eventualmente se genere aparezca más temprano en 2019, es más que evidente que, si bien desde hace varios meses las encuestas marcan una pronunciada caída en la imagen de las primeras espadas de Cambiemos, si la pregunta se refiere a la sucesión presidencial en oposición al modelo actual, la preferencia de la gente se hace más pensada.

 

A los ojos de la opinión pública y a dos años y siete meses de haber llegado a la Casa Rosada, la figura política de Mauricio Macri hoy parece tener sus miembros atados a cuatro caballos que lo quieren descuartizar.

 

Mientras, algo mareado, se apura a pasar los malos tragos para ver si se puede poner de pie en 2019, el Gobierno cobra sopapos de todos los costados: primero que nada, de la izquierda y del populismo que le caen por su acercamiento al FMI, mientras los economistas más ortodoxos denuncian cierta postura facilista del equipo económico para licuar los ingresos de los asalariados, el alto y concentrado stock de Lebac y el volumen de gasto público y aunque le dan cierto crédito a las autoridades por seguir al comando de la situación, le asignan a su política económica características maquiavélicas.

 

Para los griegos, la hipocresía tenía que ver con el teatro y con la forma de actuar, fingiendo sentimientos o expresando ideales no propios.

Para los cristianos, la mismísima penitencia arranca de un profundo examen de conciencia y de mostrar un real arrepentimiento en relación a las faltas cometidas.

 

El mar que llega a la playa y se retira es una figura más que usada en la literatura. Esta historia que se repite y la compulsión de los argentinos a favorecer el corsi e ricorsi han puesto más de una vez a los gobiernos y con ellos al país, al borde de una encrucijada.

 

En la cuestión tarifaria, el argentinómetro acaba de medir nuevamente la vocación arraigada de muchos políticos y de algunos ciudadanos que por necesidad o ideología prefieren seguir los caminos del facilismo atándose al palo mayor de una pauta cultural compulsiva e histérica a la que se retorna siempre de modo circular, aun a riesgo de seguir cometiendo los errores que finalmente los mismos populismos, quienes siempre se presentan como salvadores, potencian para degradar todavía más a la sociedad.

 

Como en su momento le cayeron como anillo al dedo a la política, a la educación o a la Justicia, las palabras "decadencia", "degradación" y "miserias" fueron pronunciadas muchas veces en estos días para describir la situación de crisis casi terminal que vive actualmente buena parte del periodismo en la Argentina, si es que aún existe un colectivo que englobe los diferentes aspectos y personajes del oficio de informar.

 

La Justicia ha implosionado gravemente y sus esquirlas amenazan con destruir del todo no sólo la endeble institucionalidad de la Argentina, sino además la inserción del país en el mundo por reparos más o menos ciertos que pueda haber sobre su seguridad jurídica, dolor de cabeza que puede derivar de aquí en más en nuevas restricciones económicas que, finalmente, puedan terminar demorando el proceso inclusivo que el Gobierno jura que se va a generar buscando el objetivo de "pobreza cero".

 

Como si fuesen dos caras de una misma moneda, las inspiraciones en política son generalmente buenas consejeras para trabajar para el mediano y el largo plazo, mientras que las ansiedades (sobre todo aquellas basadas en calenturas) sirven más para demoler que para construir.

 

Cual un vendedor de Biblias puerta a puerta y en nombre del cambio con gradualismo, Mauricio Macri encaró ayer su alocución ante la Asamblea Legislativa con la fe de un predicador.

 

El agudo Rolo Villar acaba de retratar irónicamente en la radio a un Hugo Moyano desesperanzado y con ganas de bajarse también él de su propia marcha.

 

El enemigo de mi enemigo es mi amigo", un viejo proverbio de la diplomacia y de la guerra, aun de las menores como son las escaramuzas que libran a diario por la plata los barrabravas de todos los clubes, es la guía que hoy conduce el casi insólito acercamiento entre Hugo Moyano, muchos kirchneristas nostálgicos y varios gremios históricamente alejados del otrora mandamás cegetista.

 

Cuando a los gobiernos los alcanza de lleno la paranoia del ejercicio del poder están en serios problemas porque suelen perder el Norte, sobre todo cuando hay que tener la mente bien fría, tal cómo se necesita ahora mismo para encarar un año bien difícil en materia económica y social.

 

Los tragos amargos, mejor darlos a sorber lo más lejos posible de las elecciones. La frase no es una variante del Teorema de Baglini aunque el guiso que se vino cocinando en la mesa chica del presidente Mauricio Macri entre aquel domingo 22 de octubre de gloria para Cambiemos y el fin de año que se acaba de cerrar tiene altos condimentos de racionalidad, como aquella sentencia del mendocino, sazonados también con algún toque de la picaresca de la política.

 

Si hay un texto al que hasta ahora no se le ha dado toda la importancia que tiene es aquel que explicita los llamados Compromisos Comunes que firmaron la Nación y las provincias (salvo San Luis), el 16 de noviembre, sobre la distribución de recursos fiscales.

 

De ninguna manera se puede hablar cabalmente de miedo, ni tampoco es dable decir a estas alturas que Mauricio Macri carece de muñeca para ganar elecciones, aunque sí es posible describir el momento actual de ciertas oscilaciones de la imagen gubernamental como resultado de la recurrente timidez del Gobierno para tomar el toro por las astas y para apostar a lo suyo con convicción.

 

En materia de reformismo permanente, hasta ahora la balanza de dos platos registra, de un lado, la potente metodología que está usando el presidente Mauricio Macri a favor del diálogo y el consenso para gobernar fuera de cánones ya gastados, exponiendo abiertamente sus ideas y necesidades para que sean moderadas por las ideas y las necesidades de los demás, mientras que en el otro platillo, en sus negociaciones con las provincias y la CGT, el Gobierno ha concentrado una dosis bastante importante de voluntarismo, al que hay que sumarle el bendito gradualismo, método que parece darse de patadas con las reformas de fondo que necesita la Argentina.

 

La Iglesia observa con mucha atención el procedimiento de cambio cultural que, tras su triunfo nacional del 22 de octubre, instauró el Gobierno para trabajar en el reformismo permanente, método que contempla de modo central el diálogo y el consenso, temas muy caros al papa Francisco.

 

Cuando una ex presidenta tilda de idiota al mismísimo presidente de la Nación o cuando la principal candidata porteña del partido de gobierno se permite banalizar una muerte por televisión, se hace presente con crudeza la Argentina de la decadencia moral que no termina de morir.

 

Como enseña el Martín Fierro, en la vida no hay tiento que no se corte. La gran novedad es que, quizás empujado por las encuestas o por las necesidades que tiene cada uno de primerear al adversario o de arreglar rápidamente sus crisis internas, el lazo que sujetaba a casi todos los actores de la política adelantó sus tiempos en desgarrarse, sin esperar al día 22 ni mucho menos, al 10 de diciembre.

 

El aprovechamiento político-electoral que se está haciendo de la conmocionante desaparición del artesano Santiago Maldonado, situación más que obscena porque hay una vida en juego, le ha puesto por estos días a la actualidad un singular dramatismo, aspecto que no se presentaba cuando populistas y defensores del cambio, los rivales ideológicos que se ubican a cada lado de la cada día más profunda grieta de intolerancia que divide a la Argentina, se chuzeaban a través de Twitter únicamente por los porotos.

 

Resultó ser una extraña mixtura cargada de hipocresía, la que se observó en la calle el martes pasado.

 

El capital es cobarde y el miedo no es zonzo son dos frases que se escuchan en los mercados de todo el mundo, mientras que en el país estos términos se potencian especialmente cuando llegan las elecciones.

 

El Gobierno quería perder la votación para sacarle bolilla negra a Julio De Vido en Diputados y lo consiguió.

 

Mientras a Jaime Durán Barba las cuestiones institucionales no le mueven la aguja porque él cree científicamente que ese tipo de cosas no penetran en el votante medio, en fuentes del ala política del Gobierno dicen confiar en el poder de la transparencia como un valor que podría confrontar exitosamente en las elecciones con el paradigma del voto económico y, al respecto, le agradecen a Julio De Vido su supuesta mención cuasimafiosa, a la hora de aludir a conexiones del kirchnerismo con empresas allegadas a Mauricio Macri.

 

Un blanqueo ideológico carente de autocrítica. De cara a las elecciones, la inseguridad pesa más que la economía

 

La pelea de fondo entre Cristina Fernández y Mauricio Macri será por imponer valores. Lo demás es hojarasca

 

El antiperiodismo le acaba de dar una lección a los medios, a la sociedad misma y especialmente a aquellos gobernantes que defienden la banalización de las noticias generadas por las redes sociales y la mensajería electrónica.

 

En la Argentina, hubo y hay tapaderas entre políticos, sindicalistas y empresarios acostumbrados a vivir de la teta del Estado, aunque a veces hay cargos de conciencia

 

Crisis terminal en Brasil y otro brote verde que le falla a la Argentina

 

El Presidente pasó del encuentro con Trump a la realidad del país y los distintos frentes de la agenda diaria

 

Tras incidentes en Santa Cruz, en el gobierno se preguntan si los K buscan la intervención

 

Los precios, los docentes, Micaela y el Incaa, los temas de la semana

Pasó el primer paro general que le hizo la CGT al gobierno de Mauricio Macri, jornada en la que se confrontaron varios modelos de país.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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