Eugenio Paillet

Eugenio Paillet

La pregunta que ha recorrido en los últimos días el espinel de la política, a ambos lados de la grieta y en medio del desmadre regional que afecta a Bolivia y Chile, es hacía dónde va Alberto Fernández. O a qué está jugando el presidente electo, y no sólo en materia de política exterior. También en el plano interno.

 

El presidente Mauricio Macri reafirmó hoy su postura en torno al grave conflicto institucional que afecta a Bolivia e insistió en que el desplazamiento de Evo Morales de la presidencia por presión de las fuerzas armadas no puede ser calificado de "golpe de Estado".

 

Alberto Fernández acaba de realizar su definición más tajante respecto del problema, crucial si los hay, que deberá afrontar cuando asuma el 10 de diciembre: la solución del endeudamiento externo. Dijo en México que, así como está la deuda con el Fondo Monetario Internacional no se puede pagar.

 

"Desde el lunes 28 nosotros estamos listos para iniciar la transición con los equipos del presidente electo, pero por ahora nadie nos ha llamado...", se quejaba no sin una cuota de inocencia uno de los principales voceros del presidente Mauricio Macri.

 

Algunos interrogantes, sobre los cuales sería apresurado buscar respuestas que necesariamente deberán esperar al menos el curso del corto y mediano plazo, se subieron a la escena política esta semana tras las elecciones del domingo en las que Alberto Fernández derrotó a Mauricio Macri. Han sido abordados por analistas y observadores, y por integrantes de los dos espacios que contienen al presidente entrante y al que le dejará la posta el 10 de diciembre.

 

Marcos Peña, tan vapuleado por sus enemigos internos como a la vez ratificado en su confianza por Mauricio Macri pese a las andanadas que llovían sobre su cabeza, le había dicho envalentonado a un ministro político el martes de la semana pasada, dato reflejado por esta sección: "De esta Mauricio sale vivo".

 

Uno paladea el triunfo en primera vuelta; el otro cree profundamente en que forzará el balotaje del 24 de noviembre. Alberto Fernández y Mauricio Macri serán a no dudarlo los dos personajes centrales de la jornada de hoy, que tras el paso de millones de ciudadanos por las urnas podría alumbrar dos escenarios igualmente complicados de cara a los 44 días hábiles que restan de aquí al 10 de diciembre: o la extensión de las ansiedades y las preocupaciones durante un mes que parecerá larguísimo, o la confirmación que abonarían prácticamente todos los pronósticos sobre la liquidación del pleito cuando se conozcan los resultados provisorios al filo de esta medianoche.

 

"De ésta Mauricio sale vivo...", le dijo el lunes Marcos Peña a uno de los ministros que lo secundaban, un rato después de la reunión de gabinete en la Casa Rosada en la que se analizaron tres temas puntuales: el promisorio resultado del debate en la Facultad de Derecho, que para el Gobierno tuvo en el presidente a un claro ganador; el reperfilamiento de la deuda con el FMI para cumplir con los pagos de aquí a fin de año, y el panorama interno de Cambiemos para el caso -absolutamente negado por los "gurkas" del oficialismo- de que Macri pierda las elecciones del domingo y deba abandonar el mando el 10 de diciembre a manos de Alberto Fernández.

 

Mauricio Macri hace lo indecible para sostener la idea de que el milagro es posible, aunque hasta ahora con las marchas del "Sí, se puede" solo estaría logrando fidelizar el voto duro que ya tenía antes de las PASO.

 

Para nadie es un secreto en la intimidad de los despachos oficiales que la relación entre María Eugenia Vidal y Marcos Peña está rota. Y con pronóstico más que reservado respecto de su evolución en el futuro, en especial si como todo parece apuntar lo que viene después del 10 de diciembre los encontrará a ambos en el campo de la oposición.

 

No ya el eterno entusiasmo que los empuja, sino hasta algunos raptos de euforia se percibían en la mañana del martes en varios despachos del primer piso de la Casa Rosada. Fue luego de la llamativamente multitudinaria concentración que acompañó la presentación de una nueva escala del "Sí, se puede" de Mauricio Macri en la ciudad de Tucumán en la noche del lunes.

 

Se ha dicho hasta el cansancio que la política es el arte de lo posible. Desde Aristóteles, pasando por Nicolás Maquiavelo y Winston Churchill, y hasta nuestra propia versión argenta en boca del expresidente Carlos Menem, la frase tiende a sostener que para un político no hay imposibles si posee "el arte" para hacer realidad ese concepto.

 

Se terminaron los "defensores del cambio", una legión rentada de unos trescientos activos militantes del macrismo más puro que bombardeaban con mensajes "proactivos" sobre la gestión del gobierno y más acá en el tiempo durante la campaña electoral.

 

Parados en estados de ánimo diametralmente opuestos, Mauricio Macri y Alberto Fernández, a fin de cuentas, los únicos protagonistas que parecen contar a estas alturas han iniciado el recorrido del último tramo de la carrera hacia el 27 de octubre. Suena petulante el análisis de algunos observadores que ya dan todo por cerrado, en especial porque en política y en medio de una sociedad que ha hecho gala en el pasado de su ciclotimia, en este país todo puede ser posible.

 

Varias de las reuniones que se han realizado en los últimos días en la cima del macrismo han tenido que ver con dos análisis puntuales que le apuntan al día después del 10 diciembre, cuando todos los indicios sostienen que Cambiemos deberá entregar el gobierno, antes que a la estrategia para intentar un milagro en octubre y luego en el balotaje de noviembre.

 

“¿Cuál Mauricio, Alberto?”, se preguntaba con ironía un economista en rueda de colegas, al cabo de otra semana de aquelarre en medio de acampes, protestas piqueteras, los datos de la alta inflación de agosto y el acuerdo exprés entre el Gobierno y la oposición en el Congreso por la Emergencia alimentaria.

 

El proyecto de ley de Emergencia Alimentaria que se dispone a tratar toda la oposición en el Congreso terminó por convertirse más temprano que tarde en una disputa de campaña entre el Gobierno y el peronismo, impulsor central de la iniciativa.

 

Tal vez ya sea tarde para lágrimas. En el gobierno igual se desgarran las vestiduras por no haber podido elaborar, o no haberlo hecho por pura tozudez y fanatismo atribuibles siempre al peñismo y sus sobredosis de optimismo, el mensaje post PASO que les otorgase una vida más en este juego que parece irremediablemente perdido.

 

Podría decirse que "técnicamente", Mauricio Macri decidió bajarse de la campaña electoral hacia las elecciones del 27 de octubre. Claro que sigue siendo el candidato presidencial de Juntos por el Cambio, y que, en la intimidad, aunque cada vez con menos ínfulas, cree que es posible el milagro de dar la vuelta la historia.

 

Mauricio Macri parece destinado muy a su pesar a solventar el camino de Alberto Fernández hacia su muy probable asunción como nuevo presidente el próximo 10 de diciembre. En buen romance, y con alguna interpretación forzada de los hechos ocurridos esta semana, cabría convenir que el presidente se ha resignado a hacerle el trabajo sucio a quien todos los indicios propios y ajenos descuentan que será su sucesor dentro de cien días.

 

En despachos del gabinete nacional había en las últimas horas al menos un par de interpretaciones sobre lo que parece el fin de la cooperación más o menos civilizada -o como quiera llamársele- que habían entablado Mauricio Macri y Alberto Fernández para ordenar el tránsito hacia la primera vuelta del 27 de octubre y evitar mayores cimbronazos que los ya vistos y sufridos en la economía y los mercados luego de la paliza electoral sufrida por el gobierno el 11 de agosto.

 

Es una verdad de Perogrullo decir que Alberto Fernández está a un paso de sentarse en el sillón de Rivadavia a partir del 10 de diciembre, y que Mauricio Macri tiene por delante y casi como único camino el de administrar la emergencia y asegurarse con lo que le queda a mano que la gobernabilidad hasta el cambio de mano está asegurada.

 

Se dijeron de todo. Hubo pase de facturas. Otra vez el revoleo de renuncias sobre la mesa. Y el planteo, que más que un planteo en algunos casos fue reclamo, sobre si hay que abocarse de a poco a generar una transición ordenada del poder, dando por sentado que el resultado de las PASO del domingo es irreversible.

 

Los mercados, omnipresentes y sacralizados, podrían dar hoy un primer indicio sobre el resultado de las PASO, en las que salvo matices y hasta algunos corrimientos impensados al cierre de esta edición se adjudicaba con aplastante solvencia el cristinismo por sobre el macrismo.

 

En la recta final hacia las PASO, en un escenario no exento de altísimas tensiones, en el peñismo renació el optimismo. Y por aquello de que "todo tiene que ver con todo", en estas últimas horas volvieron a fijar sus miradas y sus mejores estrategias en la obtención del ya casi mítico número cinco.

 

El próximo domingo más de 33 millones de argentinos irán a votar a las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), trámite cívico que develará la verdad. O, si se quiere, una de las tres verdades que arrojará el proceso para elegir quién será el presidente a partir del 10 de diciembre de 2019, si se agregan la primera vuelta del 27 de octubre y el eventual balotaje del 24 de noviembre.

 

Un mensaje implícito y directo para dos segmentos cruciales del electorado: Mauricio Macri tendrá no uno sino dos actos de cierre de campaña de cara a las PASO del 11 de agosto. Uno será el 7 de agosto en la Plaza de la Música de la ciudad de Córdoba, y un día más tarde será "el cierre del cierre" en el municipio de Vicente López, en la primera sección electoral del estratégico conurbano bonaerense.

 

Los laboratorios del macrismo trabajan a full en la recta final hacia las PASO del 11 de agosto. Cualquier alquimia sobre grupos de votantes, sociales, etarios, económicos, y desde ya políticos, es trabajada por el equipo de estrategas que reportan directamente a Marcos Peña y Jaime Durán Barba.

 

Mauricio Macri y Alberto Fernández, como protagonistas centrales de la carrera hacia las elecciones de agosto, octubre y eventualmente de la segunda vuelta de noviembre, parecen haber definido en la recta final el tenor de sus estrategias.

 

Lo primero que salta a la vista, y que reconocen los propios funcionarios del marismo que estuvieron cerca de la iniciativa, es que el lanzamiento de una "colimba" voluntaria cuyo gerenciamiento estará a cargo de Gendarmería Nacional viene bien como herramienta de campaña, en plena recta final hacia las reñidísimas PASO.

 

 

 

Todos los indicadores y los análisis de las últimas dos semanas parecieran estar mostrando un cambio de escenario.

 

"Fe, esperanza, optimismo". No es Daniel Scioli, desde ya, el que pronuncia esa frase que contiene un trípode en el que no escasea precisamente el entusiasmo, y que el exmotonauta usó y abusó durante su carrera política y en especial en la campaña presidencial de 2015. Es, se diría con bastante aproximación según lo que desgranan fuentes del macrismo, la base de lanzamiento oficial de la campaña electoral del frente Juntos por el Cambio en el predio de Parque Norte.

 

Para que el electorado no se confunda, en especial aquellos que no votaron por el Frente para la Victoria en 2015 y 2017, Marcos Peña ha salido a plantear por si hacía falta al menos uno de los costados -el otro obviamente es el que ocupa el Frente de Todos- en los que se debatirá de aquí a las PASO del 11 de agosto.

 

No quedará en la anécdota, mala o buena según desde qué costado político o militante se la mire, el escrache que sufrió el domingo el presidente Mauricio Macri en Zúrich, Suiza, cundo llegaba con su automóvil a la sede de la FIFA para entrevistarse con el titular del organismo del fútbol mundial, Gianni Infantino.

 

Hay una antigua mirada de analistas y observadores, que en verdad se remonta a 2009, cuando Cristina Fernández sanciono la ley de las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias), que sostiene casi un teorema: no definen nada, pero "crean un clima".

 

Marcos Peña hizo una segunda demostración del poder recuperado, que había sido cuestionado desde la propia interna del macrismo y de hecho desde sectores radicales de la rebautizada coalición Juntos por el Cambio.

 

El gabinete nacional consideró hoy como una jugada que terminará favoreciendo sus propias chances electorales en las elecciones de octubre la decisión de Sergio Massa de finalmente bajarse de la pelea presidencial para encabezar la lista de candidatos a diputados nacionales bonaerenses del Frente con Todos.

 

En el gobierno no alcanzaban las manos esta semana para aplaudir la llegada de Miguel Pichetto como candidato a vicepresidente de la fórmula que encabezará Mauricio Macri.

 

El presidente Mauricio Macri sorprendió hoy a buena parte de su propio interno con la decisión de nominar al senador peronista anti K Miguel Pichetto como su compañero de fórmula de cara a las elecciones de octubre.

 

Si se da por cierto que la procesión va por dentro, serían válidas algunas tenues señales de optimismo en los despachos del macrismo en medio de horas dramáticas por los trazos que dibujarán definitivamente el mapa electoral con la conformación de los frentes que competirán en las urnas, el próximo miércoles, y la definición de las listas de candidatos, el 22 de este mes.

 

Mauricio Macri y su mesa chica están obligados a atender sin respiro los vaivenes de su patio trasero. También se ven necesitados de espiar en los patios vecinos, en medio de un aquelarre de la política en la que imperan las intrigas, las traiciones reales o en ciernes, y los pechazos entre socios protagonizados por aquellos que a una hora pueden ser amigos y la hora siguiente convertirse en enemigos.

 

"Hay una condición que no es negociable: Mauricio tiene que sentirse cómodo...". La frase pertenece al jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, en un aparte informal con un par de cronistas durante uno de sus tantos pasos por la Casa Rosada.

 

"Yo no puedo aflojar ahora". La frase se la adjudican a Mauricio Macri fuentes inobjetables que conocen la saga de encuentros y desencuentros en los que entró el macrismo y sus socios de Cambiemos para definir finalmente la estrategia hacia las elecciones, y nada menos que las candidaturas.

 

Apurado por los tiempos que le marcó el explosivo lanzamiento de la fórmula en la que Cristina Fernández irá como vice de Alberto Fernández, pero también por las presiones internas desde radicales y hasta macristas reflexivos, el presidente resolvió en las últimas horas pedir "una gran encuesta a nivel nacional para conocer de última horneada las proyecciones hacia las PASO de agosto, la primera vuelta de octubre, y la eventual segunda vuelta de noviembre.

 

El Gobierno se sacudió, cómo no hacerlo, con el anuncio de Cristina Fernández de que no será candidata a presidente, que dejará ese lugar para Alberto Fernández y que ella lo acompañará como candidata a vice. "No nos cambia nada", dijo -pese al terremoto mediático que provocó la jugada- un funcionario de la Jefatura de Gabinete.

 

Por primera vez, que se recuerde según los confidentes, Mauricio Macri asintió con gesto adusto tras algunos mandobles que desde la reunión del gabinete nacional del lunes, más bien una sesión de catarsis dirán algunos, se lanzaron contra Elisa Carrió.

 

Malas noticias llegaron en las últimas horas a la Casa Rosada desde Córdoba. Algunas de ellas, para peor, podrían tener una incidencia nefasta en las elecciones presidenciales de octubre, según se verá. Por ejemplo, si la "complicidad" entre Mauricio Macri y Juan Schiaretti mutará en rutpura lisa y llana.

 

No hace más de un puñado de días, Mauricio Macri y su mesa chica reunidos en Olivos rechazaron de plano la necesaria idea de ir hacia una suerte de Consejo Económico y Social para salir definitivamente de la crisis de credibilidad y confianza en la que se encuentra sumido el gobierno.

 

En medio de las dramáticas horas del jueves, mientras los mercados parecían saltar por los aires y las tapas del mundo advertían sobre una Argentina al borde del abismo, Mauricio Macri dejó claro delante de su mesa chica y algunos otros invitados que su primera prioridad, en medio de un tembladeral al que ni él ni sus ministros supuestamente idóneos parecen encontrarle la vuelta, era completar el mandato. Llegar al 10 de diciembre.

 

Lo primero que salta a la vista tras los anuncios del gobierno es que existe una flagrante contradicción entre el Macri candidato y el Macri presidente.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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