Eugenio Paillet

Eugenio Paillet

“¿Cuál Mauricio, Alberto?”, se preguntaba con ironía un economista en rueda de colegas, al cabo de otra semana de aquelarre en medio de acampes, protestas piqueteras, los datos de la alta inflación de agosto y el acuerdo exprés entre el Gobierno y la oposición en el Congreso por la Emergencia alimentaria.

 

El proyecto de ley de Emergencia Alimentaria que se dispone a tratar toda la oposición en el Congreso terminó por convertirse más temprano que tarde en una disputa de campaña entre el Gobierno y el peronismo, impulsor central de la iniciativa.

 

Tal vez ya sea tarde para lágrimas. En el gobierno igual se desgarran las vestiduras por no haber podido elaborar, o no haberlo hecho por pura tozudez y fanatismo atribuibles siempre al peñismo y sus sobredosis de optimismo, el mensaje post PASO que les otorgase una vida más en este juego que parece irremediablemente perdido.

 

Podría decirse que "técnicamente", Mauricio Macri decidió bajarse de la campaña electoral hacia las elecciones del 27 de octubre. Claro que sigue siendo el candidato presidencial de Juntos por el Cambio, y que, en la intimidad, aunque cada vez con menos ínfulas, cree que es posible el milagro de dar la vuelta la historia.

 

Mauricio Macri parece destinado muy a su pesar a solventar el camino de Alberto Fernández hacia su muy probable asunción como nuevo presidente el próximo 10 de diciembre. En buen romance, y con alguna interpretación forzada de los hechos ocurridos esta semana, cabría convenir que el presidente se ha resignado a hacerle el trabajo sucio a quien todos los indicios propios y ajenos descuentan que será su sucesor dentro de cien días.

 

En despachos del gabinete nacional había en las últimas horas al menos un par de interpretaciones sobre lo que parece el fin de la cooperación más o menos civilizada -o como quiera llamársele- que habían entablado Mauricio Macri y Alberto Fernández para ordenar el tránsito hacia la primera vuelta del 27 de octubre y evitar mayores cimbronazos que los ya vistos y sufridos en la economía y los mercados luego de la paliza electoral sufrida por el gobierno el 11 de agosto.

 

Es una verdad de Perogrullo decir que Alberto Fernández está a un paso de sentarse en el sillón de Rivadavia a partir del 10 de diciembre, y que Mauricio Macri tiene por delante y casi como único camino el de administrar la emergencia y asegurarse con lo que le queda a mano que la gobernabilidad hasta el cambio de mano está asegurada.

 

Se dijeron de todo. Hubo pase de facturas. Otra vez el revoleo de renuncias sobre la mesa. Y el planteo, que más que un planteo en algunos casos fue reclamo, sobre si hay que abocarse de a poco a generar una transición ordenada del poder, dando por sentado que el resultado de las PASO del domingo es irreversible.

 

Los mercados, omnipresentes y sacralizados, podrían dar hoy un primer indicio sobre el resultado de las PASO, en las que salvo matices y hasta algunos corrimientos impensados al cierre de esta edición se adjudicaba con aplastante solvencia el cristinismo por sobre el macrismo.

 

En la recta final hacia las PASO, en un escenario no exento de altísimas tensiones, en el peñismo renació el optimismo. Y por aquello de que "todo tiene que ver con todo", en estas últimas horas volvieron a fijar sus miradas y sus mejores estrategias en la obtención del ya casi mítico número cinco.

 

El próximo domingo más de 33 millones de argentinos irán a votar a las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), trámite cívico que develará la verdad. O, si se quiere, una de las tres verdades que arrojará el proceso para elegir quién será el presidente a partir del 10 de diciembre de 2019, si se agregan la primera vuelta del 27 de octubre y el eventual balotaje del 24 de noviembre.

 

Un mensaje implícito y directo para dos segmentos cruciales del electorado: Mauricio Macri tendrá no uno sino dos actos de cierre de campaña de cara a las PASO del 11 de agosto. Uno será el 7 de agosto en la Plaza de la Música de la ciudad de Córdoba, y un día más tarde será "el cierre del cierre" en el municipio de Vicente López, en la primera sección electoral del estratégico conurbano bonaerense.

 

Los laboratorios del macrismo trabajan a full en la recta final hacia las PASO del 11 de agosto. Cualquier alquimia sobre grupos de votantes, sociales, etarios, económicos, y desde ya políticos, es trabajada por el equipo de estrategas que reportan directamente a Marcos Peña y Jaime Durán Barba.

 

Mauricio Macri y Alberto Fernández, como protagonistas centrales de la carrera hacia las elecciones de agosto, octubre y eventualmente de la segunda vuelta de noviembre, parecen haber definido en la recta final el tenor de sus estrategias.

 

Lo primero que salta a la vista, y que reconocen los propios funcionarios del marismo que estuvieron cerca de la iniciativa, es que el lanzamiento de una "colimba" voluntaria cuyo gerenciamiento estará a cargo de Gendarmería Nacional viene bien como herramienta de campaña, en plena recta final hacia las reñidísimas PASO.

 

 

 

Todos los indicadores y los análisis de las últimas dos semanas parecieran estar mostrando un cambio de escenario.

 

"Fe, esperanza, optimismo". No es Daniel Scioli, desde ya, el que pronuncia esa frase que contiene un trípode en el que no escasea precisamente el entusiasmo, y que el exmotonauta usó y abusó durante su carrera política y en especial en la campaña presidencial de 2015. Es, se diría con bastante aproximación según lo que desgranan fuentes del macrismo, la base de lanzamiento oficial de la campaña electoral del frente Juntos por el Cambio en el predio de Parque Norte.

 

Para que el electorado no se confunda, en especial aquellos que no votaron por el Frente para la Victoria en 2015 y 2017, Marcos Peña ha salido a plantear por si hacía falta al menos uno de los costados -el otro obviamente es el que ocupa el Frente de Todos- en los que se debatirá de aquí a las PASO del 11 de agosto.

 

No quedará en la anécdota, mala o buena según desde qué costado político o militante se la mire, el escrache que sufrió el domingo el presidente Mauricio Macri en Zúrich, Suiza, cundo llegaba con su automóvil a la sede de la FIFA para entrevistarse con el titular del organismo del fútbol mundial, Gianni Infantino.

 

Hay una antigua mirada de analistas y observadores, que en verdad se remonta a 2009, cuando Cristina Fernández sanciono la ley de las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias), que sostiene casi un teorema: no definen nada, pero "crean un clima".

 

Marcos Peña hizo una segunda demostración del poder recuperado, que había sido cuestionado desde la propia interna del macrismo y de hecho desde sectores radicales de la rebautizada coalición Juntos por el Cambio.

 

El gabinete nacional consideró hoy como una jugada que terminará favoreciendo sus propias chances electorales en las elecciones de octubre la decisión de Sergio Massa de finalmente bajarse de la pelea presidencial para encabezar la lista de candidatos a diputados nacionales bonaerenses del Frente con Todos.

 

En el gobierno no alcanzaban las manos esta semana para aplaudir la llegada de Miguel Pichetto como candidato a vicepresidente de la fórmula que encabezará Mauricio Macri.

 

El presidente Mauricio Macri sorprendió hoy a buena parte de su propio interno con la decisión de nominar al senador peronista anti K Miguel Pichetto como su compañero de fórmula de cara a las elecciones de octubre.

 

Si se da por cierto que la procesión va por dentro, serían válidas algunas tenues señales de optimismo en los despachos del macrismo en medio de horas dramáticas por los trazos que dibujarán definitivamente el mapa electoral con la conformación de los frentes que competirán en las urnas, el próximo miércoles, y la definición de las listas de candidatos, el 22 de este mes.

 

Mauricio Macri y su mesa chica están obligados a atender sin respiro los vaivenes de su patio trasero. También se ven necesitados de espiar en los patios vecinos, en medio de un aquelarre de la política en la que imperan las intrigas, las traiciones reales o en ciernes, y los pechazos entre socios protagonizados por aquellos que a una hora pueden ser amigos y la hora siguiente convertirse en enemigos.

 

"Hay una condición que no es negociable: Mauricio tiene que sentirse cómodo...". La frase pertenece al jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, en un aparte informal con un par de cronistas durante uno de sus tantos pasos por la Casa Rosada.

 

"Yo no puedo aflojar ahora". La frase se la adjudican a Mauricio Macri fuentes inobjetables que conocen la saga de encuentros y desencuentros en los que entró el macrismo y sus socios de Cambiemos para definir finalmente la estrategia hacia las elecciones, y nada menos que las candidaturas.

 

Apurado por los tiempos que le marcó el explosivo lanzamiento de la fórmula en la que Cristina Fernández irá como vice de Alberto Fernández, pero también por las presiones internas desde radicales y hasta macristas reflexivos, el presidente resolvió en las últimas horas pedir "una gran encuesta a nivel nacional para conocer de última horneada las proyecciones hacia las PASO de agosto, la primera vuelta de octubre, y la eventual segunda vuelta de noviembre.

 

El Gobierno se sacudió, cómo no hacerlo, con el anuncio de Cristina Fernández de que no será candidata a presidente, que dejará ese lugar para Alberto Fernández y que ella lo acompañará como candidata a vice. "No nos cambia nada", dijo -pese al terremoto mediático que provocó la jugada- un funcionario de la Jefatura de Gabinete.

 

Por primera vez, que se recuerde según los confidentes, Mauricio Macri asintió con gesto adusto tras algunos mandobles que desde la reunión del gabinete nacional del lunes, más bien una sesión de catarsis dirán algunos, se lanzaron contra Elisa Carrió.

 

Malas noticias llegaron en las últimas horas a la Casa Rosada desde Córdoba. Algunas de ellas, para peor, podrían tener una incidencia nefasta en las elecciones presidenciales de octubre, según se verá. Por ejemplo, si la "complicidad" entre Mauricio Macri y Juan Schiaretti mutará en rutpura lisa y llana.

 

No hace más de un puñado de días, Mauricio Macri y su mesa chica reunidos en Olivos rechazaron de plano la necesaria idea de ir hacia una suerte de Consejo Económico y Social para salir definitivamente de la crisis de credibilidad y confianza en la que se encuentra sumido el gobierno.

 

En medio de las dramáticas horas del jueves, mientras los mercados parecían saltar por los aires y las tapas del mundo advertían sobre una Argentina al borde del abismo, Mauricio Macri dejó claro delante de su mesa chica y algunos otros invitados que su primera prioridad, en medio de un tembladeral al que ni él ni sus ministros supuestamente idóneos parecen encontrarle la vuelta, era completar el mandato. Llegar al 10 de diciembre.

 

Lo primero que salta a la vista tras los anuncios del gobierno es que existe una flagrante contradicción entre el Macri candidato y el Macri presidente.

 

La frase la soltó un macrista puro de la segunda línea de gestión en medio de las reuniones cargadas de tensión entre las primeras espadas del gobierno, y hasta ayer nomás reyes del optimismo a ultranza, con los envalentonados gobernadores de la Unión Cívica Radical. "Tan mal debemos estar que terminamos aceptando consejos sobre economía de los radicales...".

 

Primera premisa que se escucha en despachos y pasillos de la Casa Rosada: hay que llegar a agosto como sea. Todos los indicadores de la economía y de la situación social, amén de los problemas políticos internos que se veía venir que debería afrontar el presidente, son de regulares a malos.

 

En despachos fundamentales de la Casa Rosada siguen con atención el desarrollo de una especie de pulseada que ahora mismo se desarrollaría hacia el interior del gobierno de María Eugenia Vidal, y que tiene que ver directamente con la fecha en las que se llevarán a cabo las elecciones en la provincia de Buenos Aires en las que la gobernadora buscará su reelección.

 

Se venía venir en la medida en que la Casa Rosada tenía certezas previas sobre el fallo de la Corte Suprema de Justicia que declaró inconstitucional, en un caso puntual, el pago del Impuesto a las Ganancias para jubilados y pensionados.

 

Mauricio Macri lo dejó muy claro en su encendido discurso del jueves durante la reunión ampliada del gabinete nacional en el CCK. El presidente dijo que estaba "caliente" por los candidatos de la oposición que siempre prometen "el atajo mágico".

 

La noticia sin medias tintas y de modo directo sostiene que Rogelio Frigerio no seguirá como ministro del Interior y Obras Públicas en un eventual segundo mandato del presidente Mauricio Macri a partir del 10 de diciembre. Debajo de ese título corren informaciones y rumores que le otorgan un plus de interés al anunció en sí mismo.

 

Con su optimismo a ultranza sobre los hombros, el gobierno intenta por estas horas minimizar los problemas presentes y probablemente por venir que hoy envuelven a la coalición Cambiemos, y que figuran al tope de las preocupaciones de Mauricio Macri y su mesa chica.

 

"Teníamos que evitar que si en la interna ganaba (Ramón) Mestre, digan que no perdió (Mario) Negri, sino que perdió Mauricio". Al Gobierno todavía le pesa el "síndrome del Colorado", la derrota de Carlos Mac Allister en La Pampa a manos del radical Daniel Kroneberger.

 

Dante Sica cosechó críticas hasta desde el propio oficialismo por sus declaraciones del jueves tras la reunión del gabinete cuando dijo que el gobierno no estaba preocupado por la nueva disparada del dólar.

 

Hay dos personajes centrales de Pro y del gobierno, uno con altísimo cargo de funcionario y el otro un peso pesado de la opinión, pero siempre entre bambalinas, que tienen "marcado" al radicalismo y han seguido con ojo crítico, por no decir disgusto liso y llano, los recientes corcoveos de los gobernadores y dirigentes del principal socio de Cambiemos. Son esos dos objetores el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba.

 

El presidente Macri mostró el viernes cuales son las armas con las que irá a la campaña electoral en busca de su reelección.

 

El presidente Mauricio Macri profundizará este viernes el estado de la grieta entre Cambiemos y el cristinismo puro, a punto tal que las diferencias entre el pasado y el presente, y también a la hora de plantear el futuro, marcarán la línea argumental del mensaje que pronunciará ante la Asamblea Legislativa al inaugurar un nuevo período de sesiones ordinarias del Congreso, que será el último de su actual mandato.

 

Mauricio Macri no escapa a la media de los presidentes que lo han precedido desde el regreso de la democracia.

 

En perfecta sintonía con lo que ocurría en Nueva Delhi, a más de 15.000 kilómetros de distancia, el fuego cruzado del macrismo puro contra su (¿ex?) aliado Carlos Mac Allister por la derrota en las internas del domingo en La Pampa contra el radical Daniel Kroneberger se hizo sentir.

 

La pregunta brotó con estupor de parte de un funcionario político de la segunda línea del gabinete que venía de escuchar al presidente pontificar sobre la baja de la inflación mientras ahora miraba, apenas 24 horas después, la pantalla de su celular donde el índice oficial del Indec plantaba un numero abrumador: casi 3 % de inflación en enero, y un 50 % de disparada de los precios anualizada esa cifra. ¿"Pero quién nos está asesorando?", fue la ironía que compartió el hombre.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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