Carlos Fara

Carlos Fara

El primer enemigo del “albertismo” es el propio Alberto. Esa corriente por ahora está en estado latente, sino expresamente desactivada. El nuevo presidente cree que ya bastante tiene con el desbarajuste económico, como para encima comprarse un pleito temprano con el ala cristinista por una cuestión de egos.

 

Los jugadores están en el vestuario. Aunque no se sabe cómo va a formar el equipo salga finalmente a la cancha, ya está ampliamente difundida la lista de los 23 que integran la delegación. El DT está terminando de afinar los últimos detalles. Quedan 3 semanas para la jura.

 

Por si algo le faltaba a esta campaña atípica –donde la gran mayoría de la sociedad da por ganador a un candidato desde mucho antes – se sumó un polvorín regional, que da argumentos para todos los gustos. Desde un lado, si vuelven “ellos”, vamos camino a Venezuela y Bolivia. Desde la vereda de enfrente, si siguen “ellos”, vamos camino a Ecuador y Chile.

 

La Argentina ha entrado en una de sus recurrentes crisis de estrangulamiento externo: no produce todos los dólares que necesita para sostener su nivel de vida. Varios de sus sectores productivos no son suficientemente competitivos, su industria es muy dependiente de importaciones y su población posee altas expectativas de consumo que no puede satisfacer. Las causas se las dejo a los economistas.

 

Es muy difícil cambiar el estado de ánimo cuando el “inconsciente consciente” parte del supuesto de que el resultado de la elección ya está definido.

 

No hace falta mencionar sus apellidos porque todos sabemos a quiénes nos referimos. La sociedad político profesional está sumamente cuestionada en estos días por propios y extraños. Como siempre, hay en muchos de estos juzgamientos excesos de rigor. Vamos a dedicarle esta columna porque es interesante para pensar la política de los próximos años en la Argentina (¿y en el mundo?).

 

Ya pasados de analizar qué pasó y por qué no se pudo medir la profundidad de la victoria de los FF, pasemos a ayudar a responder la pregunta del millón: ¿esto se puede revertir?

 

La pregunta que se hace todo el círculo rojo por estos días es: ¿cuánto influyen en la determinación del voto ciertos hechos o dichos? Vamos a dar algunas pistas para no perderse por el camino.

Para alguien que está liderando las encuestas y podría ganar en primera vuelta, el clima de su campaña es raro:

 

Los ganadores y perdedores del cierre de listas. Como ya dijimos predominaron las ortodoxias: en el kirchnerismo se impuso La Cámpora, en el macrismo se desplazó al ala política en favor de Peña, y en el lavagnismo ganó el ala sindical – peronista en detrimento del ala progresista.

 

Ya no están Alfonsín, ni Menem, ni Duhalde. Sin embargo, el espíritu es semejante al de 1993 y 2001/2002. Objetivos: a) controlar el poder, y b) asegurar la gobernabilidad sistémica.

 

En la columna del 22 de mayo dijimos: “Por estas horas él está en condiciones de definir quién será el próximo presidente. En política el tamaño no siempre importa, sino ser la pieza estratégica bien ubicada para ser el fiel de la balanza” y “Decida lo que decida, Massa no va a mover fichas rápido. Siempre va a dejar puertas abiertas para lo impensable. Pero claro: la tentación será tan grande, que puede inducirlo a error”.

 

De a ratos parecía que el terremoto iba a ser más grande. Sin embargo, el agua no se está yendo tanto de cauce. ¿Los diques de contención quizá funcionan mejor de lo esperado?

 

 

… por culpa de una pollera, como reza el viejo tema de folclore. Cristina lo hizo de vuelta. Sorprendió a propios y extraños. Como cuando eligió a Amado Boudou como candidato a vicepresidente. ¿Saldrá bien? Bueno, eso ya es diferente. Al menos obligó al resto a revisar sus memos estratégicos. Pasados 4 días, el vino tomó oxígeno y ahora se lo puede degustar mejor. Lector: siéntese y disfrute unos minutos.

 

Un consenso a la 1… un consenso a las 2… un consenso a las 3. Vendido!

 

La práctica política indica que cuando a un jugador se le va acabando la capacidad de chantaje, empieza a jugar al límite. Juega con fuego a riesgo de quemarse. Algo de esto le empieza a pasar al gobierno.

 

Más allá del almuerzo con Tinelli, sus propias declaraciones y la intensidad del operativo clamor, lo más importante con el ex ministro de economía está sucediendo en otra parte: la opinión pública.

 

Las habas venían cociéndose hace rato. Las últimas reuniones del comité nacional, con el gobernador Cornejo a la cabeza, estuvieron calentitas respecto a la relación con el gobierno nacional.

 

El gobierno pasó de los excesos de optimismo –como bien describió el Presidente- a un exceso de cautela: no quieren alentar ningún pronóstico alentador sobre una mejora en la economía, al menos públicamente. El que se quemó con leche…

 

Los consensos de opinión que sobrevuelan en un espacio social son muy importantes más allá de que se cumplan o no las profecías: los actores inmersos maduran decisiones en función de esos consensos; de modo que, si los consensos de opinión son erróneos, la mayoría se equivoca.

 

Es evidente que el gobierno no puede pasar 48 horas tranquilo. Cualquiera en sus cabales le hubiera dado gas a la estela del G-20 para remozar la alicaída imagen presidencial. Sin embargo, logró que “el monstruo (Carrió) saliera de la caverna” con una cuestión ultra sensible: seguridad y derechos humanos. Y de vuelta a la polémica que desplaza a todo lo demás.

 

Solo falta Alberto Castillo. No da la impresión que Argentina esté transitando uno de los ajustes económicos más severos de su historia. Los peronismos andan con la calculadora electoral en la mano y, por si faltaba poco, la conducción radical le hizo un desplante al presidente culpándolo por la votación de miembros al Consejo de la Magistratura. Además siguen las tensiones entre Casa Rosada y Vidal.

 

El peronismo está viviendo semanas muy intensas respecto al debate sobre una eventual unidad y su posición frente al gobierno del presidente Macri.

 

Pudo haber sido de 6, pero el derecho de admisión bochó a 2. Lo cierto es que la foto del cuarteto Massa, Pichetto, Schiaretti y Urtubey movió el avispero en el peronismo no K (PnK) después de mucho tiempo. No era inesperado, pero en un proceso ausente de novedades concretas por ese campo, la concreción de la foto puso algún norte.

 

Un importante fondo de inversión dice que la última crisis se produjo por una falla en la comunicación del gobierno. El FMI le reclama al Banco Central que mejore la comunicación de su política monetaria. Los operados financieros creen que el gobierno no comunica bien sus metas.

 

La mesa chica ya no es lo que era. Tarde o temprano iba a pasar si la situación se complicaba y los resultados no aparecían. El “cuarteto imperial” de Macri – Peña –Vidal – Rodríguez Larreta ya no suena tan afinado como durante los 2 primeros años.

Los votantes de Cambiemos no se pueden quejar. El gobierno sigue cambiando muchas cosas. Aunque no sé si son las que sus electores querían. Pero al menos no se puede decir que se quedó quieto, lo cual es muy importante en política.

 

Por estas horas ya sabemos que no habrá un SuperDujovne, es decir, un verdadero súper ministro que coordine el área económica. Ergo, el proceso de ajuste –de por sí un dolor de cabeza para cualquier gobierno- será más complejo de lo que hubiese sido con un solo timonel, con suficiente voz de mando.

 

Se podría decir que el gobierno zafó del supermartes. Y aun cuando zafe de otros días claves, lo que está claro es que ya no habrá un súper 2018. Las perspectivas indican 1 % de crecimiento e inflación del 27 %, sin contar con el acuerdo con el FMI como espada de Damócles sobre el gobierno.

 

Después de una semana de turbulencias entre las tasas, el dólar, la inflación, los factores internacionales, la pregunta obligada del receso es si la tormenta seguirá o se calmará.

 

Mientras la Argentina se debate acerca de la pulseada entre el gobierno y Moyano, o si el presidente debió echar o no a Triaca, otras cosas mucho más interesantes sucedieron el 1 y 2 de febrero en Baires.

 

El gobierno empezó su tercer año de mandato sabiendo que después de la borrachera electoral, iba a venir una época de noticias no tan agradables.

 

Cuando lo único importante en Argentina es saber si los 44 compatriotas argentinos del ARA San Juan están con vida, la ex presidenta decidió comenzar su campaña electoral para la presidencial de 2019.

 

Nos referimos a las campañas electorales, ya que hace un par de días pudieron volver a existir formalmente (aunque nunca pararon del todo, más que para recuperar energías y no cansar a los votantes prematuramente).

 

El tema Maldonado no abandona la supremacía mediática. Mientras avanza la investigación, la política parece haberse adormecido, y el electorado junto con ella. Como si ambos hubiesen tomado un anestésico.

 

La economía no arrancaba en la opinión de la calle. La plata no alcanzaba. El gobierno se equivocaba mucho y era para ricos. La decepción ya se había instalado desde principios de año. Sin embargo, nada de eso pudo evitar una consolidación de Cambiemos a nivel nacional.

 

El comentario más recurrente en el mundo politizado es que las campañas tuvieron gusto a poco. Que hasta la izquierda apareció más cercana a una reivindicación economicista, que una propuesta revolucionaria.

 

Hay preocupación por la incógnita bonaerense: el gobierno se estaría quedando corto en votos. Venezuela y De Vido ayudan al gobierno. Pero el dólar a 18 y la displicencia hacia las PASO restan. Los spots no mueven el amperímetro. Analicemos 6 claves de la semana.

 

Por qué el presidente habla de corrupción cuando su principal consultor dice que eso no sirve? Por qué De Vido se convirtió en el centro de la escena entonces? Quizá las respuestas haya que buscarlas fuera de la estrategia de campaña y más cerca de los equilibrios políticos internos de Cambiemos.

 

Este viernes comienzan formalmente las campañas, aunque en realidad comenzaron hace mucho. Se podría decir que estos últimos 7 días se los llevó la corrupción: ya sea por De Vido y todo el debate sobre los fueros, ya sea por Gils Carbó, o por Odebrecht. Eso implica un desplazamiento del tema económico, aunque para la opinión pública este último sea el más importante junto con la inseguridad.

 

Los candidatos ya van descubriendo sus cartas. Es temprano para conocer los impactos inmediatos. Ninguna de los principales 4 jugadores está cometiendo errores estratégicos graves. Sin embargo, alcanzar el objetivo buscado no dependerá solamente de no cometer errores, sino que los produzcan los adversarios, y de la creatividad para implementar el plan trazado (si no, esto sería muy fácil).

 

Con todas las definiciones, los caballos y sus jinetes ya salieron de sus gateras. Todas las presunciones se confirmaron: Randazzo, Massa y Cristina iban a estar en la grilla. Luego están los comentarios sobre los acompañantes, pero como diría Bilardo, la gente solo se acuerda del primero.

 

Faltan pocas horas para que se devele la incógnita sobre si CFK será o no será candidata.

 

Las 3 principales fuerzas políticas que competirán en la provincia de Buenos Aires (PBA) tienen un piso del 25 % y un techo del 33 % aproximadamente. Nadie sabe quién ganará, ni quién saldrá tercero: es un escenario abierto.

 

A esta altura está claro que Florencio Randazzo tiene decidido ir por adentro del PJ /FpV. Pero con pocas chances de imponerse. Pero claro: quedan 80 días para dar la vuelta al mundo.

 

De a ratos los políticos y los analistas se pierden por el laberinto de reflexiones wishful thinking. Ahora parece que el gobierno nacional ganará por la política y no por la economía. Veamos de qué se trata esto.

 

Todo el tiempo se habla de si el gobierno puede ganar o no las elecciones de este año. Por supuesto que a esta altura, sin candidaturas definidas, sin resolverse el enigma de CFK, sin arreglarse la interna peronista bonaerense, y con la gente con la cabeza en la plata que no alcanza, la moneda está en el aire.

El primer obstáculo para que el oficialismo pudiese ganar en la provincia de Buenos Aires (PBA) se deshizo: Carrió no competirá ahí.

 

Con esta frase comenzó el presidente su última reunión de gabinete. Y agregó: “vinimos a llevar adelante las decisiones y las peleas que hay que dar para hacer lo que tenemos que hacer”. Solo le faltó agregar: “en la vida hay que elegir”. ¿Le suena lector/a?

 

Como los cambios culturales requieren tiempo y esfuerzo, y salvo que se quiera encarar una gran revolución, las políticas públicas deberán ir interactuando con la matriz existente para asegurar su éxito... o decidirse a enfrentarla cueste lo que cueste.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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