Carlos Pagni

Carlos Pagni

Se compara la escena, la saga triste ocurrida en River con motivo del final de la Copa Libertadores, con las expectativas que atraen los focos en la Argentina a raíz de que este próximo fin de semana se va a celebrar la cumbre del G-20. Si uno presta atención, era mucho más llamativo a nivel global el partido Boca-River que la cumbre del G-20, por la popularidad del fútbol y porque realmente era un partido histórico que no se pudo jugar

 

La bronca del radicalismo se desata por un episodio concreto: la composición del Consejo de la Magistratura. Por cómo votó Diputados su representación. Pero este episodio se puede inscribir en un contexto mucho más general; que es si hay o no una estrategia de Cambiemos en relación con la Justicia medianamente coherente u homogénea. La crisis con los radicales es una manifestación de este problema.

En la Argentina existe un puente entre la corrupción y la impunidad. Esta dificultad para sancionar y castigar la corrupción está dada por la desviación moral de los jueces

El presidente de la Corte se expresa sobre el beneficio impositivo de los jueces; dice que los magistrados no son los únicos responsables de la corrupción

 

Cuando promovió el reemplazo de Ricardo Lorenzetti por Carlos Rosenkrantz, la Casa Rosada no advirtió que estaba haciendo algo más que modificar la presidencia de la Corte Suprema.

 

En sus primeras horas como presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro está corroborando que es un líder antisistema. Las declaraciones de su entorno desafían intereses y tradiciones que alimentan inercias poderosas de su país. La gran incógnita, por lo tanto, es hasta dónde sus iniciativas lograrán sobreponerse a esas tendencias.

 

El ritual legislativo está en presencia de un nuevo procedimiento. Es el que se activa cuando no se consiguieron los votos para rechazar una ley. Ni los diputados necesarios para impedir el quorum. En esa instancia, se apela a un recurso parainstitucional. En el prospecto se lee: convocar manifestantes a la Plaza del Congreso y forzar la intervención de la policía con algún disturbio.

 

Parece que fuera un fenómeno inusual, genera mucha tensión, como si fuera una gran novedad, pero en realidad no lo es. La Iglesia y el poder político en la Argentina han tenido relaciones muy estrechas, de convergencia y de conflicto a lo largo de toda la historia

Estamos en una etapa de polarización -cuya duración desconocemos- en distintas sociedades, sobre todo en occidente

El Gobierno retrocedió ayer en su decisión de imponer a los consumidores de gas, a partir del próximo enero, una factura adicional, a pagar en cuotas, para compensar a las empresas distribuidoras por el costo que derivó de la devaluación de la moneda.

 

Estamos todos mirando el jardín de al lado; mirando lo que pasa en Brasil con esta elección tan impactante, tan distinta, tan contraria con lo que es la historia de la política brasileña

Los brasileños se preparan para celebrar el domingo que viene la que acaso sea la elección presidencial más polarizada de su historia.

También protagonizan un signo de estos tiempos. Integran una sociedad fracturada. En Brasil, el conflicto fue siempre menos prestigioso que el consenso. Pero hoy se van borrando los matices. Las encuestas muestran a dos candidatos principales. Jair Bolsonaro, un exmilitar reaccionario que vindica la dictadura de 1964 y defiende la tortura.

Es un hombre que confesó que "jamás podría amar a un hijo homosexual" y se degradó ante una colega diputada diciéndole "no te violo porque no te lo merecés". La principal alternativa a Bolsonaro es Fernando Haddad, la cara menos repudiable que encontró Lula da Silva para enmascarar, desde su prisión de Curitiba, las miserias morales del PT. Haddad, exalcalde de San Pablo, carga con el repudio a la corrupción que desnudó el caso Lava Jato.

Fernando Haddad es la cara menos repudiable que encontró Lula da Silva para enmascarar, desde su prisión de Curitiba, las miserias morales del PT

Estos dos aspirantes principales a la presidencia no avanzan por la adhesión a sus figuras o programas. Cada uno es el instrumento del rechazo a su rival. Bolsonaro se presenta, a pesar de que desde hace años es legislador, como el verdugo de la política tradicional. Haddad se ofrece como el freno a la regresión democrática que encarna Bolsonaro. Brasil está partido en dos mitades. Una vota contra la otra. Ese duelo cobija un mensaje para la Argentina.

En la última encuesta de la consultora Datafolha, publicada anteayer, Bolsonaro registra 32% de intención de voto. Cuatro puntos más que en la medición anterior. También bajó su índice de rechazo de 46 a 45%. Y por primera vez aparece como el favorito del segundo turno, que se celebraría el 28. Derrotaría a Haddad por 44 a 42%. El candidato del PT cayó a 21% de intención de voto. Estaba en 22%. Y el repudio a su figura aumentó de 32 a 41%.

Ibope publicó un sondeo ayer en el que Bolsonaro aparece con 32%, un punto más que en el anterior. El rechazo es del 42%. Haddad está mejor que en el trabajo de Datafolha: avanzó de 21 a 23%. Y lo repudia el 37%. Aquí sigue ganando el ballottage por 43 a 41%.

Es natural que las cifras sean dudosas. Por ser la última semana de campaña, hay demasiados indecisos. Cabe también presumir un gran caudal de voto vergonzante para ambos candidatos. Sobre todo para Bolsonaro, que es el que tiene mayor imagen negativa.

El contexto está, además, plagado de paradojas. Bolsonaro no hace proselitismo en las calles porque, debido a la puñalada que recibió a comienzos de septiembre, está encerrado en su departamento de Río de Janeiro. Ni siquiera podrá asistir hoy al debate de la cadena Globo.

¿Esa ausencia es un perjuicio o una ventaja? Se sabrá en el tramo hacia el ballottage, cuando se multipliquen los segundos de TV que le asigna la ley electoral.

La otra curiosidad es que las movilizaciones contra este ejemplar de la derecha más retardataria, centradas en su machismo y su xenofobia, no tuvieron el efecto programado. En el sondeo de Datafolha las preferencias femeninas hacia él subieron del 20 al 27%. Haddad, en ese campo, se mantuvo.

Enfrentados

La división brasileña es inquietante. Bolsonaro genera muchísima antipatía por su falta de valores democráticos. Llegó a decir que, si pierde, no aceptaría el resultado. El avance de su figura genera alarma en muchos adversarios del PT. Se especula con que Fernando Henrique Cardoso, líder del PSDB y crítico acérrimo de Lula, se pronunciará a favor de Haddad. Su mano derecha, el politólogo Sergio Fausto, publicó anteayer en Piauí una crítica durísima al PT. Sin embargo, se destacan dos "detalles". Fausto afirma que, aun siendo defectuosas, las credenciales democráticas del partido de Haddad son superiores a las de Bolsonaro. También reclama que, antes de solicitar apoyos extrapartidarios para la segunda vuelta, el candidato de Lula debe diferenciarse del programa populista del PT. Fausto escribe algo muy significativo sobre el impeachment contra Dilma Rousseff: "No fue un golpe, sino un error, aunque hubiera fundamento constitucional, y tal vez también un pecado, que no hizo bien a la democracia...".

Haddad está dispuesto a tomar distancia de los sectores más radicales de su partido. Su principal rival, Bolsonaro, promete una política económica liberal, que sería encargada al ortodoxo Paulo Guedes. Pero él da señales de una marcha hacia el centro. Por ejemplo, la versión de que el prestigioso Marcos Lisboa sería su ministro de Hacienda.

Los mercados no exhiben la división que muestran las encuestas. Si bien esperan que gane Bolsonaro, cuando mejoran las perspectivas del PT, el real también se revalúa. Para los dueños del dinero cualquier gobierno es mejor que el de Michel Temer, que se retira con una aprobación del 2%.

Para la Argentina es una perspectiva interesante. Sobre todo para Mauricio Macri, que ve en el proceso brasileño un factor determinante de su propia peripecia. Los informes que envía el embajador Carlos Magariños desde Brasilia vaticinan que cualquiera sea el próximo presidente Brasil seguirá comprometido con el acuerdo Mercosur-Unión Europea.

Es posible que, si triunfa Bolsonaro, en la agenda bilateral adquiera relevancia la seguridad. El candidato está rodeado de generales retirados al lado de los cuales Patricia Bullrich parecería Rosa Luxemburgo.

El resultado brasileño será manipulado en la Argentina. El kirchnerismo festejará un eventual triunfo de Haddad como un desenlace predictivo de su suerte electoral el año próximo. Aun cuando Haddad se haya confesado "amigo personal de Mauricio Macri", a quien conoció como alcalde, cuando él estaba al frente de San Pablo.

La principal proyección de los comicios brasileños sobre la Argentina tiene que ver con su dinámica. La política en Brasil está dirigida por el rechazo a los principales líderes políticos. La imagen negativa manda porque garantiza la polarización.

El resultado brasileño será manipulado en la Argentina. El kirchnerismo festejará un eventual triunfo de Haddad como un desenlace predictivo de su suerte electoral el año próximo. Aun cuando Haddad se haya confesado "amigo personal de Mauricio Macri"

¿Sucederá lo mismo en la política local? Un rasgo dominante del momento es el desprestigio de los principales candidatos. Según la última encuesta de Federico Aurelio, Cristina Kirchner tiene una imagen negativa de 59,4%; Macri, de 55,2%, y Sergio Massa, de 50,8%. La ratio de imagen positiva sobre negativa es de -16% en Macri, -18% en Massa y -22% en la señora de Kirchner. Vidal presenta, en ese estudio, una ratio positiva de 7%. Su imagen negativa es de 41,3%, pero la positiva es de 48,4%. Juan Urtubey también muestra un cociente positivo: 37% contra 33%. Su problema es que lo aprecian más los votantes de Cambiemos que los del PJ.

Isonomía realizó un estudio sobre la relación de imagen positiva/negativa por fuerzas políticas. El resultado es que, de las tres corrientes dominantes, solo Cambiemos tiene un índice positivo: 5%. Hace un año ese número era 41%. El PJ no kirchnerista tiene -6%. Y Unidad Ciudadana, -27%.

Hay una encuesta más interesante, también de Isonomía. Evalúa los coeficientes de los principales actores de la política y los promedia. Esa ratio general era de 24% en febrero de 2016. Descendió a 0% en abril de este año. Hoy es de -5%.

Factores corrosivos

La vida pública brasileña estuvo regida en los últimos años por dos factores corrosivos. Recesión y percepción de corrupción. Entre 2015 y 2016 el PBI brasileño se contrajo alrededor de 8 puntos. Y el desempleo pasó del 6 al 13%.

Temer hizo reformas que mejoraron la inflación y el costo del dinero. Pero la desocupación todavía está en 12%. Y el déficit fiscal es de 7 puntos del producto.

Cualquiera sea el próximo gobierno, deberá realizar ajustes sin tener mayoría en el Congreso. ¿Gradualismo?

Las comparaciones sirven para detectar los parecidos, pero todavía más para estudiar las diferencias. El proceso electoral tiene en la Argentina un aire de familia con el de Brasil. Se desarrolla en un contexto recesivo. Y la corrupción está en el centro de la agenda. Es verdad que allá arrastra a Temer. Aquí, la indignación se enfoca sobre el kirchnerismo.

La vida pública brasileña estuvo regida en los últimos años por dos factores corrosivos. Recesión y percepción de corrupción. Entre 2015 y 2016 el PBI brasileño se contrajo alrededor de 8 puntos. Y el desempleo pasó del 6 al 13%.

¿Puede aparecer en la Argentina un Bolsonaro? No es necesario que se trate de un fascista. Alcanza con un profeta antisistema. Marcelo Tinelli tal vez sueñe con ocupar ese lugar, pensando más en Donald Trump que en su caricatura brasileña.

Las equivalencias son siempre traicioneras. Es posible que los argentinos ya hayan consumido una oferta antipolítica: Kirchner cultivó ese sesgo entre 2003 y 2005. Macri lo tuvo. Y aspira a no perderlo. Es la razón de su reticencia a cualquier acuerdo interpartidario.

Más allá de los falsos parecidos, en la Argentina se está montando una escena que comparte una peculiaridad con la de Brasil. El nivel muy alto de rechazo hace que la disputa se polarice. La sociedad se ve obligada a optar por lo que considera el mal menor. Cualquier gobierno surgido de esa lógica tiene garantizada una debilidad desde el origen.

Carlos Pagni

Dada la experiencia del Gobierno desde abril, cuando se desató la crisis financiera, hasta acá, uno mira cómo la administración de Mauricio Macri camina por la cuerda floja como un equilibrista en el circo, con la respiración un poco entrecortada

Nicolás Dujovne y Christine Lagarde anunciaron ayer los términos del nuevo acuerdo con el FMI y explicitaron su objetivo principal: despejar las dudas sembradas en el mercado sobre la capacidad de la Argentina para pagar su deuda.

 

El fallo que dictó el lunes Claudio Bonadio consolidó una percepción: las relaciones entre lo público y lo privado están obligadas a modificarse a partir del escándalo de los cuadernos del chofer Oscar Centeno, revelado por LA NACION. Hay un factor central del cambio, que convierte al de Bonadio en un pronunciamiento inédito.

 

Como tantas veces en la historia, en el centro de la escena se ha establecido la cuestión federal. La tensión reproduce el vaivén tradicional. Cada vez que la Casa Rosada no tuvo un liderazgo institucional indiscutido, las provincias incrementaron su poder. Y, al revés, debieron cederlo en beneficio de la Nación cuando apareció un presidente muy consolidado.

 

La reunión del Presidente con los gobernadores será de gran densidad política porque se cruzan todas las variables: la relación entre el poder central y las provincias, entre Cambiemos y el PJ, que es históricamente compleja en la Argentina.

La vida pública recuperó un formato conocido. Como cada vez que un gobierno debió comprometerse a hacer ajustes para conseguir el financiamiento de un organismo multilateral, la Casa Rosada volvió a resignarse a operar como un intercomunicador entre Washington y el Consejo Federal de Inversiones (CFI).

 

Hoy hay un problema de política económica que tiene que ver con la credibilidad del Gobierno y su capacidad para llevar a cabo una receta

Contratar seguros suele tener un efecto paradójico. Cuanto más cara es la póliza, más al desnudo queda el riesgo. Esto es lo que le sucedió ayer al Gobierno. Confesó que necesitaría que el Fondo Monetario Internacional le adelante el financiamiento previsto para 2019, equivalente a US$29.000 millones.

 

El Gobierno, más allá de todos los temas que ocupan la agenda pública hoy en la Argentina, está preocupado por un tema central (con toda lógica, porque es una de las fluctuaciones de la economía que normalmente más afecta a la política): la historia está plagada de cambios políticos producidos por recesiones, caídas en el nivel de actividad económica, achicamiento de la economía, pérdida de empleo.

Hasta que se desató la crisis financiera de abril, la vida pública argentina se organizaba alrededor de dos axiomas. Mauricio Macri tenía la reelección escriturada. Y el kirchnerismo caminaba hacia un ocaso irreversible. Ambas tesis han sido corroídas por la duda.

 

La incertidumbre se ha potenciado mucho hoy en la Argentina en el plano político y en el plano económico. En alguna medida, ambos se tocan, están relacionados y se potencian en esta incertidumbre que hace que naveguemos un poco en la neblina.

El juez Sergio Moro, protagonista central del Lava Jato brasileño, estudió en 2004 la mecánica del proceso Mani Pulite, que derrumbó el sistema de partidos de la Italia de posguerra. Moro advirtió que el éxito de esa investigación se debió, entre otras razones, a que avanzó sobre los políticos cuando las confesiones de los empresarios ya habían permitido probar los detalles del delito.

 

Estamos siguiendo esta especie de Lava Jato argentino, de revolución en cámara lenta que podría llegar a producirse en el mundo de las relaciones de las empresas con el estado y que ahora presenta otra faceta que es económica: el impacto en la economía.

Los cuadernos de las coimas se han convertido en una especie de Aleph de la vida pública argentina: aquella idea genial de Jorge Luis Borges, que imagina en el cuento. El Aleph, un punto fantástico que contenía todos los puntos del universo

De los innumerables escándalos de corrupción de los últimos años, el que estalló ayer es el de mayor impacto institucional y político.

 

No solamente los inversores y los mercados están tratando de descifrar la bola de cristal, tratando de determinar cómo va a ser el futuro para poder apostar.

La agenda del Gobierno y el procedimiento que escogió Mauricio Macri para gestionarla plantean una incógnita muy interesante.

 

El núcleo del dilema para cualquier Gobierno siempre es político, tiene que ver con la posibilidad de conservar y en todo caso incrementar y reconquistar el poder

La crisis financiera resulta interminable. Sobre todo cuando se la compara con las profecías del Gobierno. El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional no fue el escudo que se había prometido. Ayer hubo un derrumbe del 9% en las acciones bursátiles e importantes inversores internacionales desmontaron sus posiciones en papeles argentinos. Los mercados interpretan que las vulnerabilidades argentinas demandan definiciones oficiales más contundentes.

 

El de hoy fue un paro general fácil en términos de conseguir el acatamiento porque fue un lunes; Buenos Aires estaba vacía al mediodía y así sucedió en muchas localidades del interior

Es posible que ayer Mauricio Macri haya disfrutado la mejor jornada que le tocó en suerte desde las elecciones del año pasado. El directorio del FMI aprobó el crédito de 50.000 millones de dólares asignado al país y la liberación inicial del tramo de 15.000 millones. Minutos más tarde, Morgan Stanley Capital International (MSCI) recalificó a la Argentina elevando su condición de mercado de frontera a mercado emergente.

 

La prioridad del Gobierno es frenar al dólar porque hay una relación directa entre el comportamiento del tipo de cambio y la imagen de Mauricio Macri frente a la sociedad

La política, al igual que los mercados, se mueve con expectativas. Por eso, cada ámbito esboza estrategias de acuerdo a lo que cree que va a pasar con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que le prestará a la Argentina 50 mil millones de dólares

El Gobierno y el peronismo dialoguista juegan al póker en la mesa de la crisis económica. Mauricio Macri busca un soporte político para gestionar su acuerdo con el FMI. Pero poniendo a salvo todo lo posible su competitividad electoral.

 

Esta semana, el Gobierno está a la espera de otro rescate, uno más complejo; la política internacional va a rescatar a Mauricio Macri

¿Mauricio Macri no llega tarde a hablar de tarifas? ¿Estos argumentos no tendrían que haber sido explicitados mucho antes?

No es una novedad que en el corazón de toda discusión fiscal anida una disputa de poder. La democracia moderna nació al calor de un debate sobre impuestos.

 

El Presidente decidió remodelar el Gabinete; tomó una decisión que muchos demandaban desde el comienzo de su gestión, que es, en el marco de un gran desaguisado económico como el que él heredó, concentrar las decisiones económicas y lograr que alguien (y esta es la clave del problema) se convierta en una especie de médico general

El Gobierno ensaya un acercamiento a los rivales tras la crisis financiera que se desató hace tres semanas

 

Todos los ojos están puestos en el comportamiento del mercado financiero, sobre todo en lo que va a pasar con el vencimiento de una masa importantísima de letras del Banco Central

La vida pública está sumergida desde hace 15 días en un mar de perplejidad. Entre todas las incógnitas, hay una dominante: ¿por qué la Argentina de Mauricio Macri, que era señalada por el mundo como un ejemplo global, se transformó en un destino tóxico? La pregunta cobija una trampa. Es la palabra "mundo".

 

Warren Buffet, un icono del mundo financiero dice: "Nunca sabés quién está nadando desnudo hasta que no se retira la marea".

La suba del precio del dólar, que siguió su curso ayer, después del fin de semana largo, es la incógnita que corroe al núcleo del Gobierno.

 

Hay que mirar por qué el tema de tarifas se ha convertido en central para la política. Se da en un contexto de alta inflación.

El Gobierno y la oposición están enredados en la mayor batalla económica que se prevé para antes de las elecciones del año próximo.

 

A raíz del debate por el aumento en las tarifas energéticas, Cambiemos está atravesando su primera crisis desde que llegó al poder. La tormenta es delicada. Esta vez la disidencia no se limitó a Elisa Carrió. También se pronunció el radicalismo.

 

La pregunta es cómo las distintas fuerzas políticas se posicionan frente al problema estratégico que enfrenta la Argentina, que es el mal funcionamiento general de la vida material

La semana de Mauricio Macri está dominada por la agenda internacional, que es muy relevante en su estrategia de poder.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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