Néstor Scibona

Néstor Scibona

Un shock impositivo sobre la clase media para arriba y redistributivo hacia los sectores de más bajos ingresos como antesala de la reestructuración de la deuda externa heredada de la gestión de Mauricio Macri.

 

Es difícil no adherir a la convocatoria por la unidad de los argentinos formulada por el presidente Alberto Fernández en su mensaje inaugural ante la Asamblea Legislativa. Sobre todo, porque incluye a quienes no lo votaron al haber aclarado que no implica unanimidad ni uniformidad y marcado la diferencia entre tolerancia y respeto por quienes piensan distinto.

 

Durante su discurso inaugural ante la Asamblea Legislativa, Alberto Fernández destinó menos de diez minutos para describir los números más dramáticos de la herencia socioeconómica de Mauricio Macri.

 

Cuatro días antes de asumir la presidencia de la Nación, Alberto Fernández oficializó ayer que su ministro de Economía será Martín Guzmán, un macroeconomista joven y heterodoxo de neto perfil académico, sin experiencia en la función pública, especializado en reestructuraciones de deudas soberanas y discípulo del premio Nobel Joseph Stiglitz, el economista extranjero favorito de Cristina Kirchner.

 

El cepo cambiario hard dispuesto por el gobierno de Mauricio Macri tras la victoria electoral de Alberto Fernández acaba de cumplir un mes y muestra varias coincidencias con el que había aplicado Cristina Kirchner en 2011, una semana después de haber logrado su reelección con el 54% de los votos.

 

Mauricio Macri quiso, pero no supo ni pudo combatir la inflación que había prometido bajar a un dígito cuando concluyera su mandato.

 

Aunque sigue siendo una incógnita la política macroeconómica que aplicará Alberto Fernández cuando inicie su gestión presidencial, en el sector energético hace tiempo se descuenta que enviará al Congreso un régimen especial para promover la exportación de petróleo y gas no convencional de Vaca Muerta.

 

En menos de dos meses y sin ser discutido, quedó desvirtuado el proyecto de ley de presupuesto nacional para 2020 que el gobierno de Mauricio Macri había enviado al Congreso a mediados de septiembre. No solo por la evidente desactualización de sus supuestos macroeconómicos (PBI, inflación, tipo de cambio nominal, etc.), sino porque en 2019 el monto total del gasto público habrá de superar en casi 10% al previsto para el próximo ejercicio, el primero bajo la gestión presidencial de Alberto Fernández.

 

En su primer y lúcido análisis poselectoral, el politólogo Andrés Malamud escribió que un tercio de los argentinos son pobres y tres tercios son impacientes.

 

Cada seis meses, el Indec recuerda con sus estadísticas que la pobreza afecta a más de un tercio de la población y enciende un intenso debate político que suele durar unos pocos días, hasta que alguna noticia o escándalo imprevisto lo posterga hasta el siguiente semestre.

 

Alberto Fernández afirmó en Córdoba lo que querían escuchar de su propia boca los acreedores de la Argentina, principalmente del exterior: que una salida posible para resolver el problema de la deuda es el modelo que utilizó Uruguay en 2002/2003.

 

Sin mayores precisiones, Alberto Fernández ya hizo público que si es electo presidente convocará a un acuerdo de precios y salarios por 180 días a partir del 10 de diciembre.

 

Las medidas anunciadas por el ministro Hernán Lacunza tienen una lectura bastante clara en términos políticos: si la mayor parte de los candidatos presidenciales de la oposición -con el kirchnerismo a la cabeza- plantean una próxima refinanciación de la deuda pública en moneda extranjera, empecemos ya mismo y no agreguemos más incertidumbre a los mercados. En otras palabras, el Gobierno busca repartir el costo político de extender los plazos de vencimiento de LETE y Lecap.

 

La polarización electoral es el reflejo de una sociedad dividida y sin un mínimo consenso sobre el tipo de política económica para el futuro

 

Las promesas inverosímiles del kirchnerismo y la cautela oficialista acentúan el enfoque binario de los mercados para los meses pos-PASO

 

La energía está revirtiendo una década de déficit comercial con el aporte de Vaca Muerta, mientras las fuentes renovables ganan terreno

 

Un dato que suele pasar inadvertido es que los jóvenes de 16 a 18 años que podrán votar en las elecciones presidenciales del 27 de octubre prácticamente nunca vivieron con una inflación de un dígito anual, salvo cuando recién nacían.

 

Con el billete "planchado" a la espera de las PASO, los analistas creen que el BCRA podrá evitar sobresaltos hasta las elecciones de octubre

 

La elección entre capitalismo y populismo tiene por delante una grieta entre el sector privado y el Estado que hipoteca el crecimiento

 

A la espera del efecto paritarias, el Gobierno inyecta pequeñas dosis de estimulantes para que el consumo deje de caer antes de octubre

 

Tras la estabilidad cambiaria de mayo, los analistas ponen bajo la lupa la oferta y la demanda preelectorales de divisas y el nivel de reservas

 

Con la inauguración de grandes proyectos en plena campaña electoral, el Gobierno busca mejorar su imagen pese al contrapeso de la estanflación

 

La dirigencia debería asumir compromisos para erradicar los males que condujeron a la decadencia argentina antes de debatir acuerdos a futuro

 

Aunque la Argentina necesita mejorar su calidad institucional, los políticos no se comprometen con cambios que consideran "piantavotos"

 

Si los controles o congelamientos de precios dieran resultado, el inefable Guillermo Moreno no habría intervenido el Indec ni manipulado alevosamente sus índices durante casi nueve años para ocultar el recurrente fracaso de esas medidas intervencionistas, que siempre atacan los efectos y no las causas de la inflación.

 

Calmar al dólar, desacelerar la inflación y salir de la recesión son objetivos disímiles que exceden el limitado poder de fuego del BCRA

 

El "aplanamiento" de las facturas residenciales es parte de un ovillo que incluye parches y cambios en la política para el sector energético

 

La mayor cosecha de granos tras la sequía atenúa la caída del nivel de actividad, mientras las exportaciones elevan el superávit comercial

 

La polarización del escenario electoral reduce las chances de futuros acuerdos para bajar la inflación, impulsar inversiones y crear empleo

Desde siempre el economista Juan Carlos de Pablo sostiene que, por definición, el futuro es algo que todavía no ocurrió; y, por lo tanto, mal pueden pronosticarse distintas variables económicas, ni mucho menos con decimales. Sin embargo, admite el papel clave que juegan las expectativas, al rescatar un concepto de su colega Guillermo Calvo, para quien una misma medida puede tener efectos diferentes según el contexto político que la rodea.

En la Argentina el rol de las expectativas económicas se relativiza y bifurca cada vez que se aproxima una elección presidencial. Salvo escasas excepciones, cada cuatro años se pone en juego el futuro del país y lo convierte en una perspectiva incierta para propios y extraños. No es una cuestión de matices. Si un candidato con chances de ganar propone ir hacia una dirección, su principal oponente promoverá la contraria.

El problema es que el voto mayoritario convalidó ese movimiento pendular según el humor social y la situación económica individual de cada momento. A nivel colectivo el resultado es decepcionante. Con estancamiento económico (crecimiento del PBI per cápita de sólo 0,8% anual promedio en siete décadas, entre los más bajos del mundo); inflación crónica (hoy, entre las 10 más altas del mundo) excepto en períodos relativamente cortos; mayor pobreza (pasó de 4% en 1974 a más de 30% en los últimos 10 años, tras el pico de 52% en 2001/2002); mínima creación de empleo privado registrado; 35% de trabajo en negro; exceso de gasto público pese a la presión tributaria récord; bajísima relación de exportaciones por habitante, salida de capitales y decadencia institucional (impunidad judicial, deterioro de calidad educativa, sistema electoral anacrónico, convenios laborales rígidos y obsoletos).

Aún en pañales, la campaña electoral de 2019 repite este esquema de polarización, acentuado por la grieta política de los últimos años. Para avizorar un horizonte de mediano plazo en todas esas asignaturas pendientes, no es lo mismo un triunfo de Mauricio Macri pese a sus magros resultados económicos, que de Cristina Kirchner con su historial de corrupción con participantes confesos y vaciamiento de recursos fiscales y productivos. Y la eventual candidatura de Roberto Lavagna -como alternativa intermedia para captar el voto de radicales, peronistas e independientes desencantados con uno y otra-, está sujeta a la condición de evitar una interna que defina el liderazgo del PJ no kirchnerista. No muy diferente a la que busca imponer el PRO a sus socios de Cambiemos. Con esta tendencia, las PASO nacionales del 11 de agosto podrían convertirse en una costosa encuesta preelectoral en vez de un saludable ejercicio democrático.

A este panorama incierto se agrega el desdoblamiento de elecciones primarias y provinciales anticipadas que congestiona el cronograma electoral. De aquí a agosto habrá nada menos que 22 comicios. En algún caso, como el de hoy en Neuquén, la reelección del gobernador Omar Gutiérrez (aliado del macrismo y favorito en las encuestas) o un eventual triunfo del candidato kirchnerista Ramón Rioseco será un virtual test provincial sobre el futuro de Vaca Muerta, cuyo potencial promete en los próximos años sacar a la Argentina del pozo. En otros, la mayoría de los gobernadores opositores buscan ser reelectos o imponer sucesor a fin de capitalizar el superávit primario logrado tras los pactos fiscales con la Casa Rosada. Aunque algunos critiquen el ajuste acordado con el Fondo Monetario Internacional y los reajustes tarifarios para achicar subsidios, a nadie le disgusta que el "trabajo sucio" y sus costos políticos corran por cuenta de Macri.

Mientras tanto, ninguno de los precandidatos presidenciales tiene asegurado un triunfo en primera vuelta, donde están expuestos a la pérdida de votos ante opciones más radicalizadas por derecha e izquierda. Al menos si el peronismo no se unifica, con o sin CFK, lo cual por ahora no está a la vista.

El politólogo Rosendo Fraga opina que, de los tres candidatos, Lavagna es el que tiene menos posibilidades de llegar a la segunda vuelta; pero, si lo consigue, puede ganar la elección por representar más que el peronismo anti-K. No obstante, plantea el interrogante sobre si podrá organizar una estructura política nacional y advierte que los gobernadores del PJ tomarán posición una vez que hayan resuelto su propia elección. La situación judicial de CFK sigue siendo un punto conflictivo dentro del peronismo. A tal punto que el propio Lavagna anticipó, en su extenso reportaje con el diario Perfil, que no hará campaña con los casos de corrupción K, que supeditó a la Justicia. Este dato pudo haber sido utilizado por Elisa Carrió para criticar al exministro más que por ser "aburrido, soberbio y usar zoquetes" (sic). Nada que ver con un debate de ideas, que tampoco abundan en las internas del oficialismo ni de la oposición, concentradas en nombres, candidaturas y expresiones de deseos.

En medio de estas incógnitas y para no afectar aún más las expectativas económicas o el repunte del dólar, el FMI se apresuró a aclarar que continuará respaldando a la Argentina sin importar los "cambios políticos" que puedan producirse en octubre. No obstante, quienes conocen la letra chica del segundo acuerdo con el FMI (que se extiende hasta 2021, aunque el grueso de los desembolsos será anticipado este año), advierten que sus metas incluyen un estricto monitoreo -semanal y hasta diario- para prevenir desvíos o incumplimientos, así como controles cruzados para evitar "trampas" (gastos encubiertos, emisión monetaria o atraso cambiario) que en el pasado hicieron naufragar otros programas. Incluso el aumento de 46% en las asignaciones por hijo está contemplado como cláusula de contención social. En otras palabras, renegociar el acuerdo o ampliar la asistencia del FMI no será un simple trámite para Macri ni para quien pueda sucederlo a fin de 2019.

El economista Miguel Ángel Broda afirmó que el actual programa con el Fondo es como un tratamiento de rehabilitación para que la economía vuelva a caminar tras las múltiples fracturas expuestas sufridas con la crisis de 2018, aunque sin margen para aplicar políticas expansivas. Y parafraseó a Carlos Menem al señalar que "estamos mal (por la contracción de la economía al 9% anualizado en tres trimestres) pero vamos bien" (por la baja del déficit fiscal, el ajuste del déficit externo y la mejora del balance del Banco Central), en el largo camino hacia un "país normal". Aun así, estimó que el Gobierno deberá pedir un waiver ante la imposibilidad de cumplir el déficit primario cero (debido al retroceso real de la recaudación tributaria en los últimos meses y el mayor gasto previsional indexado en los próximos) y que la economía se recuperará lentamente antes de las elecciones, pero lejos de la performance de octubre de 2017, pese a lo cual asignó a Macri un 50% de chances de ser reelecto si el peronismo va dividido.

Este pronóstico no difiere del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) difundido por el BCRA, que si bien ubica en 32% la proyección de inflación y en -1,3% el PBI para 2019, prevé un crecimiento de 2,5% para 2020 y 2021, con descenso del IPC a 20,3% y 15%, respectivamente. O sea, una continuidad de la política económica.

Sin embargo, Fraga sostuvo que la grieta y la polarización no facilitarán en 2020 acuerdos políticos básicos para ampliar el horizonte económico. Por sí sólo, ningún presidente estará en condiciones de bajar significativamente la inflación, mantener un Estado financiable y promover un crecimiento sustentable a partir de mayores inversiones y empleos. En medio de tanto internismo, no hay respuesta a la pregunta planteada por el economista Carlos Leyba: ¿Hacia dónde vamos? Y habría que complementarla con qué haría cualquier argentino que dispusiera lícitamente de un millón de dólares. No habría que buscar esta respuesta más lejos que en otros países como Chile, Uruguay, Perú o Colombia, que vienen creciendo y exportando sostenidamente con baja inflación, a pesar de sus problemas y con una civilizada alternancia de partidos políticos de distinto signo.

Néstor O. Scibona  
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Ilustración: Agdamus

La recesión y la alta inflación son efecto de haber subestimado los desequilibrios macroeconómicos, que el Presidente empieza a admitir

 

El recorte de subsidios obligará a revisar inversiones en Vaca Muerta, con impacto sobre el ritmo de producción, los precios y la exportación

 

Con el dólar por el piso de la banda cambiaria, las altas tasas de interés aportan equilibrio hasta que el año electoral tome temperatura

 

El combo devaluación-inflación sube la gravitación de muchos impuestos y acentúa las distorsiones tributarias y también la evasión

 

En 10 meses se definirá el rumbo del país en la tercera década de este siglo, pero la política elude cómo encarar los problemas estructurales

 

La disparidad de valores entre productos o servicios similares fue una constante en 2018, agudizada por la fuerte contracción del consumo

 

El debate económico va más allá de 2019 y debería apuntar a consensos para cortar el circuito de bajo crecimiento, alta inflación y pobreza

 

El desarrollo de los recursos gasíferos de Vaca Muerta abre un nuevo debate, que esta vez apunta al futuro para evitar errores del pasado

 

El futuro del empleo, uno de los temas oficiales de la cumbre del G-20, es un debate pendiente en la Argentina, que sigue aferrada al siglo XX

 

La endémica inflación argentina es un caso patológico en el que no se distinguen causas y efectos del problema y se critican sus soluciones

 

El gobierno de Macri tiene por delante opciones políticas complicadas para evitar que el plan supervisado por el FMI trastabille durante 2019

 

La economía argentina está atravesando una transición a marcha forzada por el ajuste recesivo que implicó la fuerte devaluación del peso, con su correlato de mayor inflación, altas tasas de interés, caída de la demanda interna y la inversión privada.

 

La suspensión del pago extra del gas revela los límites políticos para aplicar reglas previsibles en simultáneo con el ajuste macroeconómico

 

Las exorbitantes tasas de interés ponen en jaque a la economía real, frente a un consumo raquítico que se mueve con precios más bajos

 

A cambio de asegurar los pagos externos hasta fines de 2019, la receta del FMI acentúa la suba de tasas para aquietar el mercado cambiario

El forzado ajuste de la economía impone costos que tardarán en dar beneficios, hasta tanto el FMI permita estabilizar el frente cambiario

 

Con números en debate, incluso quienes concuerdan con la necesidad de bajar el gasto público y la inflación buscan endosar el esfuerzo fiscal

 

Para reforzar la mejora en la producción de hidrocarburos, el Gobierno apunta a sincerar precios en dólares y licitar compras de gas natural

 

Como si fuera un Sudoku, los lineamientos del proyecto de presupuesto nacional para 2019 incluyen pocos números, ya que el anticipo del Ministerio de Hacienda repite las metas acordadas con el Fondo Monetario. Lo verdaderamente complicado será completar los muchos que faltan antes de diciembre para acceder a los desembolsos del organismo a lo largo del año electoral.

 

Las dos mejores noticias al cabo de un "semestre negro" para la política económica (y hasta el fútbol), provinieron del exterior y se resumen en dos siglas: FMI y MSCI.

 

En las pocas horas que lleva como presidente del Banco Central, Luis Caputo se dedicó al juego en el que se siente más a gusto: anticiparse a los acontecimientos, en este caso del mercado cambiario.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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