Néstor Scibona

Néstor Scibona

Si los controles o congelamientos de precios dieran resultado, el inefable Guillermo Moreno no habría intervenido el Indec ni manipulado alevosamente sus índices durante casi nueve años para ocultar el recurrente fracaso de esas medidas intervencionistas, que siempre atacan los efectos y no las causas de la inflación.

 

Calmar al dólar, desacelerar la inflación y salir de la recesión son objetivos disímiles que exceden el limitado poder de fuego del BCRA

 

El "aplanamiento" de las facturas residenciales es parte de un ovillo que incluye parches y cambios en la política para el sector energético

 

La mayor cosecha de granos tras la sequía atenúa la caída del nivel de actividad, mientras las exportaciones elevan el superávit comercial

 

La polarización del escenario electoral reduce las chances de futuros acuerdos para bajar la inflación, impulsar inversiones y crear empleo

Desde siempre el economista Juan Carlos de Pablo sostiene que, por definición, el futuro es algo que todavía no ocurrió; y, por lo tanto, mal pueden pronosticarse distintas variables económicas, ni mucho menos con decimales. Sin embargo, admite el papel clave que juegan las expectativas, al rescatar un concepto de su colega Guillermo Calvo, para quien una misma medida puede tener efectos diferentes según el contexto político que la rodea.

En la Argentina el rol de las expectativas económicas se relativiza y bifurca cada vez que se aproxima una elección presidencial. Salvo escasas excepciones, cada cuatro años se pone en juego el futuro del país y lo convierte en una perspectiva incierta para propios y extraños. No es una cuestión de matices. Si un candidato con chances de ganar propone ir hacia una dirección, su principal oponente promoverá la contraria.

El problema es que el voto mayoritario convalidó ese movimiento pendular según el humor social y la situación económica individual de cada momento. A nivel colectivo el resultado es decepcionante. Con estancamiento económico (crecimiento del PBI per cápita de sólo 0,8% anual promedio en siete décadas, entre los más bajos del mundo); inflación crónica (hoy, entre las 10 más altas del mundo) excepto en períodos relativamente cortos; mayor pobreza (pasó de 4% en 1974 a más de 30% en los últimos 10 años, tras el pico de 52% en 2001/2002); mínima creación de empleo privado registrado; 35% de trabajo en negro; exceso de gasto público pese a la presión tributaria récord; bajísima relación de exportaciones por habitante, salida de capitales y decadencia institucional (impunidad judicial, deterioro de calidad educativa, sistema electoral anacrónico, convenios laborales rígidos y obsoletos).

Aún en pañales, la campaña electoral de 2019 repite este esquema de polarización, acentuado por la grieta política de los últimos años. Para avizorar un horizonte de mediano plazo en todas esas asignaturas pendientes, no es lo mismo un triunfo de Mauricio Macri pese a sus magros resultados económicos, que de Cristina Kirchner con su historial de corrupción con participantes confesos y vaciamiento de recursos fiscales y productivos. Y la eventual candidatura de Roberto Lavagna -como alternativa intermedia para captar el voto de radicales, peronistas e independientes desencantados con uno y otra-, está sujeta a la condición de evitar una interna que defina el liderazgo del PJ no kirchnerista. No muy diferente a la que busca imponer el PRO a sus socios de Cambiemos. Con esta tendencia, las PASO nacionales del 11 de agosto podrían convertirse en una costosa encuesta preelectoral en vez de un saludable ejercicio democrático.

A este panorama incierto se agrega el desdoblamiento de elecciones primarias y provinciales anticipadas que congestiona el cronograma electoral. De aquí a agosto habrá nada menos que 22 comicios. En algún caso, como el de hoy en Neuquén, la reelección del gobernador Omar Gutiérrez (aliado del macrismo y favorito en las encuestas) o un eventual triunfo del candidato kirchnerista Ramón Rioseco será un virtual test provincial sobre el futuro de Vaca Muerta, cuyo potencial promete en los próximos años sacar a la Argentina del pozo. En otros, la mayoría de los gobernadores opositores buscan ser reelectos o imponer sucesor a fin de capitalizar el superávit primario logrado tras los pactos fiscales con la Casa Rosada. Aunque algunos critiquen el ajuste acordado con el Fondo Monetario Internacional y los reajustes tarifarios para achicar subsidios, a nadie le disgusta que el "trabajo sucio" y sus costos políticos corran por cuenta de Macri.

Mientras tanto, ninguno de los precandidatos presidenciales tiene asegurado un triunfo en primera vuelta, donde están expuestos a la pérdida de votos ante opciones más radicalizadas por derecha e izquierda. Al menos si el peronismo no se unifica, con o sin CFK, lo cual por ahora no está a la vista.

El politólogo Rosendo Fraga opina que, de los tres candidatos, Lavagna es el que tiene menos posibilidades de llegar a la segunda vuelta; pero, si lo consigue, puede ganar la elección por representar más que el peronismo anti-K. No obstante, plantea el interrogante sobre si podrá organizar una estructura política nacional y advierte que los gobernadores del PJ tomarán posición una vez que hayan resuelto su propia elección. La situación judicial de CFK sigue siendo un punto conflictivo dentro del peronismo. A tal punto que el propio Lavagna anticipó, en su extenso reportaje con el diario Perfil, que no hará campaña con los casos de corrupción K, que supeditó a la Justicia. Este dato pudo haber sido utilizado por Elisa Carrió para criticar al exministro más que por ser "aburrido, soberbio y usar zoquetes" (sic). Nada que ver con un debate de ideas, que tampoco abundan en las internas del oficialismo ni de la oposición, concentradas en nombres, candidaturas y expresiones de deseos.

En medio de estas incógnitas y para no afectar aún más las expectativas económicas o el repunte del dólar, el FMI se apresuró a aclarar que continuará respaldando a la Argentina sin importar los "cambios políticos" que puedan producirse en octubre. No obstante, quienes conocen la letra chica del segundo acuerdo con el FMI (que se extiende hasta 2021, aunque el grueso de los desembolsos será anticipado este año), advierten que sus metas incluyen un estricto monitoreo -semanal y hasta diario- para prevenir desvíos o incumplimientos, así como controles cruzados para evitar "trampas" (gastos encubiertos, emisión monetaria o atraso cambiario) que en el pasado hicieron naufragar otros programas. Incluso el aumento de 46% en las asignaciones por hijo está contemplado como cláusula de contención social. En otras palabras, renegociar el acuerdo o ampliar la asistencia del FMI no será un simple trámite para Macri ni para quien pueda sucederlo a fin de 2019.

El economista Miguel Ángel Broda afirmó que el actual programa con el Fondo es como un tratamiento de rehabilitación para que la economía vuelva a caminar tras las múltiples fracturas expuestas sufridas con la crisis de 2018, aunque sin margen para aplicar políticas expansivas. Y parafraseó a Carlos Menem al señalar que "estamos mal (por la contracción de la economía al 9% anualizado en tres trimestres) pero vamos bien" (por la baja del déficit fiscal, el ajuste del déficit externo y la mejora del balance del Banco Central), en el largo camino hacia un "país normal". Aun así, estimó que el Gobierno deberá pedir un waiver ante la imposibilidad de cumplir el déficit primario cero (debido al retroceso real de la recaudación tributaria en los últimos meses y el mayor gasto previsional indexado en los próximos) y que la economía se recuperará lentamente antes de las elecciones, pero lejos de la performance de octubre de 2017, pese a lo cual asignó a Macri un 50% de chances de ser reelecto si el peronismo va dividido.

Este pronóstico no difiere del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) difundido por el BCRA, que si bien ubica en 32% la proyección de inflación y en -1,3% el PBI para 2019, prevé un crecimiento de 2,5% para 2020 y 2021, con descenso del IPC a 20,3% y 15%, respectivamente. O sea, una continuidad de la política económica.

Sin embargo, Fraga sostuvo que la grieta y la polarización no facilitarán en 2020 acuerdos políticos básicos para ampliar el horizonte económico. Por sí sólo, ningún presidente estará en condiciones de bajar significativamente la inflación, mantener un Estado financiable y promover un crecimiento sustentable a partir de mayores inversiones y empleos. En medio de tanto internismo, no hay respuesta a la pregunta planteada por el economista Carlos Leyba: ¿Hacia dónde vamos? Y habría que complementarla con qué haría cualquier argentino que dispusiera lícitamente de un millón de dólares. No habría que buscar esta respuesta más lejos que en otros países como Chile, Uruguay, Perú o Colombia, que vienen creciendo y exportando sostenidamente con baja inflación, a pesar de sus problemas y con una civilizada alternancia de partidos políticos de distinto signo.

Néstor O. Scibona  
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Ilustración: Agdamus

La recesión y la alta inflación son efecto de haber subestimado los desequilibrios macroeconómicos, que el Presidente empieza a admitir

 

El recorte de subsidios obligará a revisar inversiones en Vaca Muerta, con impacto sobre el ritmo de producción, los precios y la exportación

 

Con el dólar por el piso de la banda cambiaria, las altas tasas de interés aportan equilibrio hasta que el año electoral tome temperatura

 

El combo devaluación-inflación sube la gravitación de muchos impuestos y acentúa las distorsiones tributarias y también la evasión

 

En 10 meses se definirá el rumbo del país en la tercera década de este siglo, pero la política elude cómo encarar los problemas estructurales

 

La disparidad de valores entre productos o servicios similares fue una constante en 2018, agudizada por la fuerte contracción del consumo

 

El debate económico va más allá de 2019 y debería apuntar a consensos para cortar el circuito de bajo crecimiento, alta inflación y pobreza

 

El desarrollo de los recursos gasíferos de Vaca Muerta abre un nuevo debate, que esta vez apunta al futuro para evitar errores del pasado

 

El futuro del empleo, uno de los temas oficiales de la cumbre del G-20, es un debate pendiente en la Argentina, que sigue aferrada al siglo XX

 

La endémica inflación argentina es un caso patológico en el que no se distinguen causas y efectos del problema y se critican sus soluciones

 

El gobierno de Macri tiene por delante opciones políticas complicadas para evitar que el plan supervisado por el FMI trastabille durante 2019

 

La economía argentina está atravesando una transición a marcha forzada por el ajuste recesivo que implicó la fuerte devaluación del peso, con su correlato de mayor inflación, altas tasas de interés, caída de la demanda interna y la inversión privada.

 

La suspensión del pago extra del gas revela los límites políticos para aplicar reglas previsibles en simultáneo con el ajuste macroeconómico

 

Las exorbitantes tasas de interés ponen en jaque a la economía real, frente a un consumo raquítico que se mueve con precios más bajos

 

A cambio de asegurar los pagos externos hasta fines de 2019, la receta del FMI acentúa la suba de tasas para aquietar el mercado cambiario

El forzado ajuste de la economía impone costos que tardarán en dar beneficios, hasta tanto el FMI permita estabilizar el frente cambiario

 

Con números en debate, incluso quienes concuerdan con la necesidad de bajar el gasto público y la inflación buscan endosar el esfuerzo fiscal

 

Para reforzar la mejora en la producción de hidrocarburos, el Gobierno apunta a sincerar precios en dólares y licitar compras de gas natural

 

Como si fuera un Sudoku, los lineamientos del proyecto de presupuesto nacional para 2019 incluyen pocos números, ya que el anticipo del Ministerio de Hacienda repite las metas acordadas con el Fondo Monetario. Lo verdaderamente complicado será completar los muchos que faltan antes de diciembre para acceder a los desembolsos del organismo a lo largo del año electoral.

 

Las dos mejores noticias al cabo de un "semestre negro" para la política económica (y hasta el fútbol), provinieron del exterior y se resumen en dos siglas: FMI y MSCI.

 

En las pocas horas que lleva como presidente del Banco Central, Luis Caputo se dedicó al juego en el que se siente más a gusto: anticiparse a los acontecimientos, en este caso del mercado cambiario.

 

Si Macri no hubiera vetado la ley tarifaria votada por el peronismo, se duplicaría el recorte de gasto público que busca acordar con el FMI

 

El cambio de expectativas hace que el traslado de mayores costos sea dispar y los consumidores no convaliden cualquier aumento en góndola

 

Después de haber dominado la tensión cambiaria con una coordinación de acciones que no se veía desde hace tiempo, el presidente Mauricio Macri no ignora que tiene ahora por delante el trabajoso desafío de reconstruir la confianza en la política económica, seriamente dañada en los últimos meses. Y que, con el nuevo escenario interno y externo, el tiempo no es precisamente lo que sobra.

 

Con el expreso respaldo político brindado por los principales países desarrollados que deciden en el directorio del Fondo Monetario Internacional (FMI), el gobierno de Mauricio Macri no enfrentaría demasiados escollos para recibir el préstamo stand by por un monto que oscilaría entre 20.000 y 30.000 millones de dólares.

 

La sorpresiva decisión del presidente Mauricio Macri de recurrir al apoyo financiero “preventivo” del Fondo Monetario Internacional es una incierta señal a los mercados en medio de la actual crisis cambiaria, aunque puede tener un alto costo político interno.

 

Sobre llovido mojado. En medio de la escalada del dólar provocada por la combinación de factores externos y mala praxis interna, el proyecto de ley de "razonabilidad en las tarifas de servicios públicos" que todos los bloques opositores buscan aprobar esta semana en la Cámara de Diputados, agrega un ingrediente que significa jugar con fuego porque pondría en riesgo el corazón de la estrategia fiscal y económica del Gobierno.

 

Por segunda vez en menos de una semana, fuera del estricto cronograma que había fijado hace un año, el Banco Central volvió a subir drásticamente la tasa de pases a 33,25% anual y la de política monetaria a nada menos que 38,25%, en otro intento de hacer valer esta herramienta para frenar la escalada del dólar cuando las cotizaciones en las pizarras superaron los $22.

 

El retraso tarifario del período 2001/2015 fue el mayor en 70 años y desembocó en subsidios estatales a la energía equivalentes a u$s 18.600 millones (3% del PBI) a fin del 2015.

 

El acceso a préstamos hipotecarios indexados se encarecerá desde mayo con la suba de tasas del BNA para darle continuidad a estas líneas

 

Varios factores -internos y externos- se conjugan para explicar la venta récord de reservas que ayer llevó adelante el Banco Central para mantener "planchada" la cotización del dólar casi en los mismos niveles de fin de febrero.

 

El debate por las tarifas de gas y luz dejó al margen la carga impositiva en las facturas, una añeja distorsión que se replica en otras actividades

 

No todos los objetivos de la ley de Responsabilidad Fiscal, sancionada a fin de 2017 tras el consenso con todos los gobernadores (salvo San Luis), se están cumpliendo como lo preveían la Casa Rosada y no pocos sectores empresarios.

 

El debate sobre la eficacia de las metas de inflación se reavivó tras los cambios sobre la marcha en las políticas monetaria y cambiaria

 

Un lugar común en el periodismo audiovisual y especialmente en el televisivo es referirse a “la gente” como sinónimo de toda la sociedad y como si ésta fuera un conjunto homogéneo de características idénticas.

 

El sector agropecuario espera que lluvias y precios permitan atenuar las fuertes pérdidas provocadas por el clima en la cosecha gruesa

 

Sin conferencias de prensa (como la del 28 de diciembre cuando se recalculó la meta de inflación al 15% anual para 2018) ni anuncios demasiado estridentes (como las subas de hasta 40% en las tarifas de gas), el gobierno de Mauricio Macri aplicó desde marzo varios cambios sobre la marcha en la política económica de corto plazo, tanto en materia cambiaria como monetaria.

 

La biblioteca está dividida -como ocurre con casi todas las áreas de la economía-, cuando se habla de la velocidad del endeudamiento del sector público en los dos últimos años desde un punto de partida extremadamente bajo.

 

Después de la “agenda social” definida por el presidente Mauricio Macri ante el Congreso (aborto, igualdad salarial femenina, licencia por paternidad, seguridad, blanqueo laboral, etc.), está claro que el gobierno no apunta tanto a mostrar resultados económicos durante el segundo semestre, sino más bien en un segundo mandato a partir del 2020.

 

El gradualismo no reemplaza a la necesidad oficial de contar con un programa económico coordinado y explícito para bajar la inflación

 

La desregulación del precio de los combustibles líquidos arrancó en octubre de 2017 y, cuatro meses después, sigue con el paso cambiado.

 

El tipo de cambio recuperó más terreno que lo esperado, con ventajas y problemas para la economía; entre estos, el impacto sobre la inflación

 

Desde que el gobierno de Mauricio Macri abrió el cepo y unificó el mercado cambiario a fines del 2015, el dólar libre siguió una tendencia que se mantiene hasta estos días y difícilmente se modifique en los próximos meses pese a las turbulencias de las últimas semanas.

 

Las dos grandes incógnitas son si la inflación cerrará este año con un número 1 o 2 por delante y si el avance del PBI comenzará con 2 o 3

 

La sensación térmica de la inflación se asemeja este verano a la climática, aunque no llegue tan alto.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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