Rodolfo Cavagnaro

Rodolfo Cavagnaro

Algunos pensarán que el gobierno nacional se volvió heterodoxo por el paquete de medidas anunciadas ayer, pero, en realidad, es difícil de explicar porque nunca se supo a qué ortodoxia respondía y, por tanto, no sabe a qué heterodoxia se refieren.

 

Escándalos políticos, cambios de reglas de juego y una justicia sin crédito atentan contra el desarrollo de la economía.

 

El dólar volvió a subir por la combinación de factores internos y externos. Los factores externos provienen de un mal desempeño de la economía de Alemania, que mostró un retroceso, sumado a una caída de su producción industrial.

 

Mientras suben expectativas de inflación, suben las tasas y el dólar. La economía sigue en recesión y afecta a todos.

 

En dos días el dólar recuperó la caída de la semana pasada y quedó claro que, más allá de algunos anuncios que generan rápidos movimientos, en general el mercado ha comenzado a producir un movimiento que denominan “de cobertura”, es decir, salen de pesos para pasarse a dólares para cubrirse de alguna sorpresa en el próximo resultado electoral.

 

La Argentina vive un momento de histeria colectiva, donde cualquier noticia es motivo para oficialistas y opositores se tiren con munición gruesa mientras los candidatos, que dicen que quieren presidir la República no hablan, o tiran frases huecas. Mientras tanto, en los medios tratan de obtener alguna ventaja publicando títulos catástrofes, mientras que los análisis finos casi no interesan.

 

Luego de que el Banco Central iniciara un camino de rebajar el nivel de las tasas de las Leliq, hasta llevarla a niveles de 43% anual, el dólar tuvo un rebote porque los inversores sintieron que ya no era rentable y prefirieron pasarse a dólares.

 

La suba del valor del dólar en los últimos días fue la consecuencia de la baja de las tasas de Leliq, impulsada por el Banco Central sumado al efecto que tuvo la difusión de los índices inflacionarios de Enero.

 

La rebaja de las tazas tiene un límite y es que las mismas deben estar siempre por arriba del avance de la inflación.

 

Mientras Argentina quiere avanzar en procesos de integración, las condiciones internas no garantizan competitividad a las empresas locales.

 

Los argentinos nos acostumbramos a que después de cada crisis siempre viniera una recuperación rápida.

 

Comienzan a aparecer indicadores positivos, pero el sistema estadístico recién los expondrá en el segundo trimestre del año.

 

El aumento de la presión impositiva junto a las retenciones termina atentando contra los objetivos del gobierno.

 

El gobierno enfrenta un año electoral con altas exigencia de austeridad que se incluyeron en el acuerdo con el FMI.

 

El presidente vive alentando a que los jóvenes se inclinen por áreas como el software y luego una medida recaudatoria tira todo por la borda

 

El año que se va nos deja sensaciones de golpiza y el nuevo año siempre se empieza con esperanzas, pero cargado de más incertidumbres.

 

Cuando aún están cercanos los temores generados por la crisis, aparecen elementos políticos que siembran dudas sobre el futuro.

 

Luego que el Banco Central eliminara el piso del 60% para las tasas de las Leliq, se esperaba un sendero descendente para los niveles de referencia que la autoridad monetaria utiliza para las Letras de Liquidez, y así fue como la tasa ya cotizó en 58,85%, en una tendencia francamente bajista.

 

Muchas decisiones de inversión están pendientes de la confirmación de una nueva tendencia a la baja.

 

Esta semana será muy corta. Entre paros y feriados por el G 20, el cierre de mes encontrará un mercado un poco alterado por la necesidad de cobertura de fin de mes en medio de un escenario internacional muy volátil y, además, con muchos pesos sobrantes como resultado de las bajas de tasas.

 

En medio de las secuelas que dejaron la devaluación y el plan de ajuste, aparecen algunas señales que hacen esperar un periodo más estable.

 

La resistencia de la clase política a bajar el gasto público trae más presión fiscal, lo que puede hacer caer más la actividad económica.

 

En el caso de los combustibles, las petroleras aducen que están atrasados 20% en la actualización de sus precios.

 

Desde que se aplicaron las nuevas normas cambiarias y monetarias, el dólar se ha manejado tranquilo, en una franja entre $39 y $38 en la franja minorista. Para esto ha sido fundamental el nivel de tasas de política monetaria aplicadas a través de la suscripción de Letras de Liquidez (Leliq), que han marcado, hasta ahora, un techo de 74% anual a 7 días.

 

Un posible triunfo de Bolsonaro ayudará a bajar el dólar en Argentina. Uno de Haddad, otra corrida hacia la moneda estadounidense.

 

Si bien el anuncio del nuevo acuerdo con el FMI trajo muchos datos que ya habían trascendido, confirmó que habrá un anticipo de fondos que correspondían a los desembolsos previstos originalmente para 2020 y 2021. De esta manera le fortalece las espaldas al gobierno para enfrentar los vencimientos de este año y de 2019 sin necesidades de tomar nuevas deudas.

 

Si bien los datos económicos no son buenos y anticipan meses muy complicados, la crisis financiera pareciera haberse tranquilizado.

 

Los países periféricos o emergentes son tales porque tienen muchas debilidades y dependen no solo del financiamiento de los grandes centros financieros, sino también del humor o de las situaciones políticas que se puedan desatar en los países centrales.

 

Para tranquilizar a los mercados y sellar un nuevo acuerdo con el FMI, el Gobierno nacional diseñó una estrategia consistente en incrementar la recaudación a través de los nuevos derechos de exportación que se cobrarán a todos las ventas, incluidos los servicios.

 

Ayer, el presidente Macri hizo un anuncio antes de la apertura de los mercados, dando cuenta de un acuerdo con el FMI para adelantar la totalidad de los fondos acordados para tenerlos disponibles en 2019. De esta manera, el país recibirá en 2018 u$s 21.000 millones y el año próximo los restantes 29.000 millones.

 

La idea de que las provincias ayuden con ahorro fiscal no saldrá vía negociación, ya que ningún político quiere ahorrar.

 

El año 2018 se ha transformado para el gobierno como el de la “tormenta perfecta”, que como toda tormenta suele tener varios episodios y nunca puede decirse que ya terminó porque siempre aparece algún elemento que la hacer recrudecer.

 

Los aumentos de la luz, el gas y los combustibles, entre otros, comprometen al IPC de agosto.

 

El Banco Central mantiene altas las tasas para atraer a inversores y esto se traslada al costo de los créditos.

 

El gobierno avanza con el ajuste del gasto público entre el pánico de los gobernadores y la desconfianza de los inversores.

 

Meses después, anunció que se había pagado U$S 5.000 millones a Repsol, por el 51% de las acciones de Repsol en YPF.

 

El valor de las naftas había quedado congelado y se había planeado pequeños ajustes a partir de julio.

 

Las crisis ponen de manifiesto las personalidades y el temple de la clase dirigente, que es la que tiene la obligación de conducir a la sociedad hacia una salida digna y razonable.

 

Algunas personas pueden haberse sorprendido, pero se sabía que era necesario eliminar subsidios.

 

El gobierno intenta eliminar el problema del déficit entre debates por tarifas, negociaciones y un panorama internacional inestable.

 

El escenario financiero y cambiario de las últimas dos semanas complicó los planes del gobierno respecto de los acuerdos paritarios con los sindicatos.

 

Después de algunas intervenciones poco claras, donde parecía que el poder político presionaba al Banco Central para que no dejara subir el valor del dólar, la presión del mercado pareció animarse a más.

 

Por más que le quieran dar vueltas, el problema argentino sigue siendo el volumen del gasto público, tanto a nivel nacional como provincial y municipal.

 

Lo más peligroso es que se pone en duda la autoridad del Banco Central con tanta injerencia política.

 

La baja de las tasas llevó a muchos inversores a dejar las Lebac y dolarizar sus carteras.

 

La única forma de bajar la inflación es bajar el gasto, aumentar las inversiones y lograr que la economía crezca.

 

En este período los índices de precios crecerán entre 6% y 7%, lo que implica la mitad de la meta inflacionaria prevista para 2018.

 

El gobierno no consigue poner en caja estas variables, que responden al elevado déficit fiscal.

 

Esta semana se realizaron las audiencias públicas para analizar los nuevos cuadros tarifarios para los servicios del gas. En este caso, se analizaron los precios del gas inyectado en las redes y los precios por los servicios de los gasoductos.

 

En esencia, el tema principal es acomodar los escenarios en forma gradual porque también en la misma forma se intentará bajar el gasto.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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