Fernando Laborda

Fernando Laborda

Mientras sigue procesando el conflicto que desató Elisa Carrió, la Casa Rosada evalúa el escenario que ofrece el peronismo, con sus múltiples actos por el 17 de Octubre y sus peculiares criterios para entender el alcance de la lealtad.

 

Es probable que la propia Elisa Carrió haya advertido que había llegado demasiado lejos con sus cuestionamientos y que su andanada de reproches estaba contribuyendo a socavar el liderazgo de Mauricio Macri.

 

La incómoda relación entre Elisa Carrió y parte del gobierno de Mauricio Macri comenzó a partir de la misma noche de octubre de 2017 en que la líder de la Coalición Cívica obtuvo uno de los más holgados resultados electorales para Cambiemos.

 

La situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner ha comenzado a dividir a la coalición oficialista Cambiemos, a casi un año de los próximos comicios presidenciales. No porque alguno de sus integrantes crea en la inocencia de la expresidenta, sino básicamente por estrictas especulaciones electorales.

 

El Presidente enfrenta una nueva etapa de desafíos

 

No fue casual que horas después de anunciado el nuevo acuerdo con el FMI, la primera fila del Gobierno y referentes del oficialismo, como Elisa Carrió, se preocuparan por descomprimir la tensión social.

 

Lejos de la euforia, pero con la serena convicción de que lo peor de la tormenta habría pasado. Esa es la percepción que se transmite en el Gobierno, luego de una semana signada por el alivio financiero que trajeron las bajas del dólar y del riesgo país, y por las complicaciones judiciales que sufre Cristina Fernández de Kirchner.

 

Una palabra es repetida una y otra vez por funcionarios macristas para caracterizar al Presidente en estos tiempos plagados de turbulencias financieras: templanza.

 

Bien sabe Mauricio Macri que la inestabilidad en materia tributaria y el permanente cambio en las reglas de juego no ayudan a la previsibilidad económica ni a la generación de confianza inversora.

 

Un cauto optimismo se posó sobre funcionarios y dirigentes de la coalición Cambiemos en las últimas horas, luego de las sacudidas del mercado cambiario y de la incertidumbre política que precedió los recientes anuncios del gobierno nacional.

 

El gobierno de Mauricio Macri está perdiendo en el sector de la cancha donde la mayoría de sus votantes suponía que tenía a sus mejores jugadores.

 

Los alegres pronósticos económicos que lanzaba el gobierno de Mauricio Macri hasta hace menos de un mes ya forman parte del pasado. Han sido sepultados por las últimas estadísticas oficiales, que dieron cuenta de una caída de la actividad del 6,7% en junio -la peor en nueve años- y de una inflación del 3,1% en julio.

 

Poco puede esperarse de allanamientos que no son sorpresivos y que se anuncian tres semanas antes.

 

Sacudido todavía por la tormenta financiera, con sus secuelas de devaluación y estanflación, el gobierno de Mauricio Macri se ha propuesto un claro objetivo de corto plazo: persuadir a la opinión pública y al mundo empresarial de que las derivaciones de los cuadernos de las coimas no afectarán aún más negativamente a la economía.

 

Las sorprendentes revelaciones derivadas de los cuadernos de las coimas y el nuevo paso de Cristina Kirchner por los tribunales no son por ahora suficientes como para dar por terminada la hipotética carrera electoral de la exmandataria de cara a los comicios presidenciales de 2019. Sin embargo, contribuyen a consolidar o incluso disminuir su techo electoral.

 

En los primeros años de la gestión presidencial kirchnerista, cuando surgían los primeros indicios de un tan desproporcionado como sospechoso incremento patrimonial del matrimonio Kirchner, se explicó que este se justificaba por el millonario alquiler que el grupo liderado por el recordado empresario Juan Carlos Relats le pagaba por el hotel boutique Los Sauces.

 

La investigación judicial abierta con los cuadernos de las coimas será la primera gran prueba para el funcionamiento de la llamada ley del arrepentido, aun cuando esta norma sancionada en octubre de 2016 ya ha pasado en la Argentina por otros tests de menor resonancia.

 

Pese a que dirigentes justicialistas que buscan diferenciarse del kirchnerismo se entusiasman con la posibilidad de que el escándalo de los cuadernos deje a Cristina Kirchner fuera de la carrera presidencial, hay motivos para pensar que se trata de un pronóstico apresurado.

 

Hasta algunos de los economistas más ortodoxos desechan la posibilidad de que la presente crisis económica sea equiparable a la de 2001. Sin embargo, el propio presidente de la Nación sabe que debe enfrentar fuertes prejuicios imperantes en el imaginario social y una ola de pesimismo, alentada desde sectores de la oposición, que vislumbra la idea de que la Argentina podría volar por los aires si no se corrige el actual rumbo.

 

Desde el inicio de la gestión presidencial hasta las elecciones de medio término de 2017, el gobierno de Mauricio Macri consolidó sus bases de apoyo en las expectativas favorables frente al futuro.

 

Al margen de la decisión de cambiar a Federico Sturzenegger por Luis Caputo, que respondió a calmar a un mercado financiero que había perdido la confianza en el titular del Banco Central, los reemplazos de Francisco Cabrera y de Juan José Aranguren por Dante Sica y Javier Iguacel en los ministerios de Producción y de Energía estuvieron más orientados a brindar señales políticas tanto hacia adentro como hacia afuera de la coalición gobernante Cambiemos.

 

En el atardecer del viernes, un día después del anuncio del acuerdo con el FMI, un alto funcionario se regodeaba en su despacho de la Casa Rosada con la suba del 4% del índice Merval y la baja del riesgo país, al tiempo que ensayaba una conclusión: "Les hablamos a los mercados con cierto éxito. Ahora, tenemos que hablarle a la gente".

 

Mientras buena parte de los argentinos miraban las pizarras de las casas de cambio y veían cómo el dólar trepaba hasta 23 pesos, el jueves pasado, un alto funcionario de la Casa Rosada no podía disimular cierta ambigüedad.

 

La demostración de que la oposición puede reunir una mayoría propia en la Cámara de Diputados, al menos para iniciar una sesión, como ocurrió anteayer, encendió una luz de alarma en el gobierno de Mauricio Macri.

 

El huracán Elisa ha vuelto a conmocionar al escenario político. Aunque esta vez no sólo sobrevuela, como otras veces, el Palacio de Tribunales y el despacho del presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti. Ahora también se acerca a la Casa Rosada.

 

En la Casa Rosada se asegura que el martirio al que fue sometido Luis Caputo por su vinculación con sociedades offshore ha llegado a su fin tras su accidentado paso por el Congreso.

 

La disminución del índice de pobreza al 25,7% en el segundo semestre de 2017 respecto del 30,3% en igual período de 2016 fue la mejor noticia que pudo ofrecer el gobierno de Mauricio Macri en medio del malhumor social que generan los nuevos aumentos tarifarios y una inflación que no cede y rondará los siete puntos al cabo de los primeros tres meses de 2018.

 

La leve baja interanual del desempleo junto al aumento en la tasa de empleo; un crecimiento del PBI en 2017 del 2,9%, como no se veía desde 2011, y el fuerte respaldo de la directora general del FMI, Christine Lagarde, son noticias con las que el Gobierno está intentando remontar la cuesta tras la caída de su nivel de imagen favorable en las encuestas que signó gran parte del verano.

 

Faltan nada menos que 19 meses para las elecciones presidenciales, pero desde el último fin de semana casi no hay otro tema de diálogo entre las principales voces de la política argentina. ¿Será que nos aproximamos a la campaña electoral más larga de nuestra historia?

 

Mientras el oficialismo ha comenzado a avanzar en el diseño de un plan para la reelección presidencial de Mauricio Macri, el peronismo aspira a iniciar en los próximos días un debate para la reorganización partidaria, aunque con más dudas que certezas.

 

Tras el advenimiento de la nueva agenda impulsada por el presidente Mauricio Macri, con el debate sobre la legalización del aborto a la cabeza, que ha desacomodado a buena parte de la oposición, el peronismo comienza a ensayar respuestas.

 

Su última conferencia de prensa, el viernes último en Chapadmalal, mostró a un Mauricio Macri persuadido de que, en la discusión económica, hoy tiene más para perder que para ganar y a un presidente que se siente mucho más confiado a la hora de hablar de temas vinculados con la seguridad .

 

La pelea de fondo entre Mauricio Macri y Hugo Moyano representa, al mismo tiempo, una oportunidad y un riesgo para el presidente de la Nación.

 

Jaime Durán Barba aprendió que la sociedad había cambiado hace algunos años, cuando quiso hacer reír a un niño de siete años con un chiste y, en lugar de arrancarle una sonrisa, recibió un reproche: "¿Sabes qué significa un negro en la nieve? Un blanco perfecto".

 

Poco después de anunciarse el último aumento de tarifas en trenes y colectivos, el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, admitió que, a pesar de esos incrementos, no habría una reducción significativa de los subsidios que paga el Estado y que constituyen una de las principales razones del déficit fiscal.

 

La pregunta del millón que circula en estos días entre dirigentes políticos y empresarios es si el gobierno de Mauricio Macri y la Justicia irán a fondo contra el clan Moyano.

 

La imagen de presidente Mauricio Macri y de su gestión de gobierno sufrió en las últimas semanas de 2017 una de las mayores caídas desde su llegada al poder en diciembre de 2015.

 

Muchos esperaban que este 2018 sin elecciones a la vista pudiera ser el año del ajuste.

 

La flamante senadora Cristina Fernández de Kirchner no apareció el miércoles pasado en la reunión de la Comisión de Presupuesto de la Cámara alta en la cual se trataron nada menos que la reforma tributaria y el presupuesto nacional para 2018.

 

Si alguien en el Gobierno esperaba ingenuamente que los trámites legislativos tras la victoria electoral de octubre fueran como transitar por un jardín de rosas, ayer tuvo la respuesta.

 

Es comprensible el silencio del presidente Mauricio Macri tras la orden de prisión preventiva para Cristina Kirchner y el pedido de desafuero al Senado por parte del juez Claudio Bonadio.

No es exagerado calificar de histórico el acuerdo firmado ayer por el gobierno nacional y los gobernadores provinciales.

 

Tras la cita de Mauricio Macri con los gobernadores puede arribarse a una primera conclusión: ha vuelto el arte del acuerdo como herramienta central del gobierno nacional, el mismo instrumento que le permitió al Presidente la sanción de numerosas leyes durante su primer año pese a su clara minoría parlamentaria.

 

Mientras el Gobierno evalúa cómo aclarar y llevar tranquilidad a inversores por el proyectado impuesto a la renta financiera sobre personas físicas, que gravará depósitos a plazos fijos y títulos públicos, este nuevo tributo sigue despertando múltiples dudas y críticas entre no pocos economistas.

 

Ayer, durante la reunión de gabinete ampliado, Mauricio Macri convocó a sus ministros a profundizar la "austeridad" para bajar el gasto y el déficit fiscal.

 

Ante la virtual certeza de que, si mantenía la estrategia conservadora que empleó en la campaña proselitista previa a las PASO, iba a ser superada por Cambiemos el 22 de octubre, Cristina Fernández de Kirchner optó por tomar riesgos y enfrentar al periodismo al que tradicionalmente no había dudado en ningunear durante casi 15 años. Y, como en la fábula del escorpión que pica a la rana en el medio del río cuando ésta intenta transportarlo a la otra orilla, afloró la naturaleza de la ex presidenta.

 

Mauricio Macri parece vivir uno de sus momentos de mayor gloria desde que llegó a la Casa Rosada. Y no sólo por la buena performance electoral de agosto y las expectativas favorables previstas para los comicios de octubre. La principal razón es que, por primera vez, siente que puede ejercer el poder presidencial sin pedirle permiso a la oposición.

 

Comparar la repercusión que en las redes sociales vienen teniendo dos hechos dolorosos como la desaparición de Santiago Maldonado y la revelación del peritaje que concluyó que al fiscal Alberto Nisman lo asesinaron puede ser considerado una banalidad. Sin embargo, los dos acontecimientos han sido sometidos por una misma tentación: la de introducirlos en la agenda de la campaña electoral.

 

Entre el 11 y el 17 de septiembre, Cristina Kirchner fue la dirigente más citada en las redes sociales, con el 47,4% de menciones, lejos por delante de Mauricio Macri (30,6%), Sergio Massa (4,9%), Florencio Randazzo (3,6%) y María Eugenia Vidal (2,9%), de acuerdo con el Interbarómetro que efectúa la Fundación Cigob. A la ex presidenta le bastó una entrevista periodística para llegar a ese sitial.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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