Fernando Laborda

Fernando Laborda

En los últimos días, han tomado estado público encuestas que muestran a Mauricio Macri en clara desventaja frente a Cristina Kirchner ante un hipotético ballottage por la presidencia de la Nación. Pero el dato más llamativo no es ese, sino el hecho de que, por primera vez, esas radiografías electorales corresponden a sondeos relevados por algunas de las empresas consultoras que habitualmente trabajan para el propio gobierno nacional.

 

Los sorpresivos y recurrentes contactos entre Mauricio Macri y Martín Lousteau en los últimos días, los cónclaves entre funcionarios de la Casa Rosada y los gobernadores de Cambiemos para consensuar acuerdos de precios y medidas para incentivar el consumo, y el anunciado decreto presidencial para eliminar las llamadas "listas colectoras" en los próximos comicios tienen un mismo propósito: empezar a dar respuesta a las urgencias electorales del oficialismo.

 

La estrategia electoral para conseguir la reelección de Mauricio Macri divide no solo a los socios de Cambiemos, sino que también desata diferencias entre algunos de los principales dirigentes del Pro.

 

Tres son las condiciones que requiere Mauricio Macri para lograr su reelección: que la percepción sobre la situación económica no empeore en el camino hacia las elecciones, que la oposición peronista concurra a las urnas lo más dividida posible y que la coalición Cambiemos no se rompa en pedazos.

 

Tras una semana en la cual los números de la economía no acompañaron al gobierno de Mauricio Macri, altos funcionarios buscan llevar tranquilidad frente al escenario electoral: "Solo somos Cristina y nosotros. El resto no existe". La frase se escucha como una verdad revelada en despachos de la Casa Rosada, aunque no es más que una expresión de deseos o una ilusión.

 

La Argentina cuenta con una larga historia sobre leyes de amnistía e indultos presidenciales, ya desde los años que siguieron a la Revolución de Mayo.

 

El mantenimiento de la unidad de la coalición Cambiemos es uno de los tres factores que condicionarán las probabilidades de Mauricio Macri de ser reelegido. Los otros dos son el nivel de dispersión de la oposición peronista y la percepción de la situación socioeconómica por parte de la ciudadanía.

 

De haber triunfado el kirchnerista Ramón Rioseco en las recientes elecciones de gobernador de Neuquén, hubiera sido probable que más de un dirigente K se apurara a lanzar la candidatura presidencial de Cristina Kirchner.

Vuelve a ocurrir lo que tantas otras veces ha sucedido. El mundo estornuda y la Argentina parece sufrir los embates de una neumonía, cuyos primeros síntomas son las turbulencias en el mercado cambiario y la devaluación del peso, frente a lo cual ningún antibiótico está exento de provocar otros males.

 

Cristina Kirchner volvió con voz propia al centro de un escenario del que nunca se fue, pese a un largo silencio que muchos observadores políticos entendieron como un particular modo de hacer campaña electoral sin exponerse.

 

 

Roberto Lavagna comienza lentamente y con disimulo a probarse el traje de candidato presidencial y a dejar atrás sus sandalias veraniegas con medias, mientras evalúa quiénes pueden ser sus mejores compañeros de ruta.

 

Esta semana estará listo el decreto por el cual el Poder Ejecutivo reglamentará la ley de paridad de género en ámbitos de representación política y que obligará a los partidos políticos a intercalar en sus listas a mujeres y varones, a partir de las elecciones nacionales legislativas de este año.

 

La suspensión de las sesiones extraordinarias del Congreso ante la falta de consenso entre los distintos actores políticos anticipa la parálisis parlamentaria que podría signar a 2019.

 

Desde que se inició el nuevo año, el gobierno de Mauricio Macri disfruta de una suerte de veranito cambiario, acompañado por una baja del riesgo país. En contrapartida, la inflación de 2018 resultó la más elevada en los últimos 27 años, con su pernicioso efecto en el poder adquisitivo de la población y en el crecimiento de la tasa de pobreza.

 

Nadie puede asegurar hoy si el exministro de Economía Roberto Lavagna estará o no dispuesto a competir en el proceso rumbo a las elecciones presidenciales y convertirse en un "tapado".

 

En la recordada película de 1976 protagonizada por Sylvester Stallone, Rocky Balboa era un rústico boxeador ítalonorteamericano de segunda categoría que se ganaba la vida en Filadelfia cobrando créditos para un usurero italiano.

 

Mientras el faltazo del presidente Mauricio Macri al acto de asunción de Jair Bolsonaro continúa suscitando cuestionamientos, empresarios y economistas argentinos partidarios de políticas promercado se ilusionan con los primeros anuncios del flamante presidente de Brasil y se preguntan si no podrían marcar un camino para la Argentina.

 

Las probabilidades de que Mauricio Macri sea reelegido presidente de los argentinos en 2019 dependerán de tres factores: la percepción sobre la situación socioeconómica, el nivel de cohesión de la coalición oficialista Cambiemos y el grado de división del peronismo frente a las elecciones.

 

La peor noticia con la que termina 2018 en materia política y económica para la Argentina es que el riesgo país, un indicador que durante la mayor parte de 2017 solo era seguido por los especialistas, ha vuelto a las primeras planas y a ser objeto de comentarios por parte de no pocos ciudadanos comunes.

 

A diez meses de una elección presidencial, los pronósticos son gratuitos y las ilusiones pueden ser infinitas. Sobre todo, en la Argentina, donde en ese lapso pueden producirse tantos cambios políticos y económicos como los que en un país normal podrían tardar años enteros en registrarse.

 

Si el aumento del costo de vida de noviembre que dio a conocer ayer el Indec hubiera arrojado un 2,7%, nadie se habría sorprendido. De hecho, funcionarios gubernamentales esperaban una inflación inferior al 3% y varias consultoras privadas pronosticaban un número más cercano al 2,5% que al finalmente informado por el organismo oficial: 3,2 por ciento.

 

El fuerte protagonismo de la ministra Patricia Bullrich en los últimos días, de la mano del reglamento para el uso de armas de fuego por los efectivos de las fuerzas federales, está indicando que el Gobierno se siente hoy más cómodo debatiendo sobre inseguridad que acerca de economía.

 

Elisa Carrió, quien aseguró que el protocolo anunciado por la ministra Bullrich "viola los derechos humanos fundamentales"

 

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, acaba de reconocer que las preguntas de los inversores sobre la Argentina se han desplazado en los últimos meses desde el programa financiero hacia el riesgo político.

 

Desde que asumió la presidencia de la Nación, Mauricio Macri se sintió casi siempre más cómodo en su interacción con los actores internacionales que en sus relaciones con los distintos factores de poder locales.

 

A pesar de que la mayoría de los ciudadanos suele votar con el bolsillo, no es la prolongación de la recesión económica el mayor temor del macrismo de cara al próximo año electoral.

 

Muchos de los empresarios que escucharon al ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, hablar de la necesidad de insistir en una reforma laboral en el último coloquio de IDEA desearían que los vientos de cambio en la región, impulsados por la elección de Jair Bolsonaro en Brasil, ayudaran a la sanción de un conjunto de normas flexibilizadoras del mercado de trabajo, semejantes a las aprobadas por los brasileños el año último. Sin embargo, desde el propio Gobierno se admite que las circunstancias políticas presentes tornan impensable una reforma de ese tipo.

 

El triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil parece consolidar el alejamiento de la región de las posiciones de izquierda que caracterizaron los años del kirchnerismo y del Partido de los Trabajadores de Lula.

 

Al igual que en diciembre último, durante las violentas protestas contra la reforma previsional, sectores de la oposición intentaron anteayer impedir que el Congreso sesionara, sembrando el caos en las calles adyacentes al Palacio Legislativo.

 

Mientras sigue procesando el conflicto que desató Elisa Carrió, la Casa Rosada evalúa el escenario que ofrece el peronismo, con sus múltiples actos por el 17 de Octubre y sus peculiares criterios para entender el alcance de la lealtad.

 

Es probable que la propia Elisa Carrió haya advertido que había llegado demasiado lejos con sus cuestionamientos y que su andanada de reproches estaba contribuyendo a socavar el liderazgo de Mauricio Macri.

 

La incómoda relación entre Elisa Carrió y parte del gobierno de Mauricio Macri comenzó a partir de la misma noche de octubre de 2017 en que la líder de la Coalición Cívica obtuvo uno de los más holgados resultados electorales para Cambiemos.

 

La situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner ha comenzado a dividir a la coalición oficialista Cambiemos, a casi un año de los próximos comicios presidenciales. No porque alguno de sus integrantes crea en la inocencia de la expresidenta, sino básicamente por estrictas especulaciones electorales.

 

El Presidente enfrenta una nueva etapa de desafíos

 

No fue casual que horas después de anunciado el nuevo acuerdo con el FMI, la primera fila del Gobierno y referentes del oficialismo, como Elisa Carrió, se preocuparan por descomprimir la tensión social.

 

Lejos de la euforia, pero con la serena convicción de que lo peor de la tormenta habría pasado. Esa es la percepción que se transmite en el Gobierno, luego de una semana signada por el alivio financiero que trajeron las bajas del dólar y del riesgo país, y por las complicaciones judiciales que sufre Cristina Fernández de Kirchner.

 

Una palabra es repetida una y otra vez por funcionarios macristas para caracterizar al Presidente en estos tiempos plagados de turbulencias financieras: templanza.

 

Bien sabe Mauricio Macri que la inestabilidad en materia tributaria y el permanente cambio en las reglas de juego no ayudan a la previsibilidad económica ni a la generación de confianza inversora.

 

Un cauto optimismo se posó sobre funcionarios y dirigentes de la coalición Cambiemos en las últimas horas, luego de las sacudidas del mercado cambiario y de la incertidumbre política que precedió los recientes anuncios del gobierno nacional.

 

El gobierno de Mauricio Macri está perdiendo en el sector de la cancha donde la mayoría de sus votantes suponía que tenía a sus mejores jugadores.

 

Los alegres pronósticos económicos que lanzaba el gobierno de Mauricio Macri hasta hace menos de un mes ya forman parte del pasado. Han sido sepultados por las últimas estadísticas oficiales, que dieron cuenta de una caída de la actividad del 6,7% en junio -la peor en nueve años- y de una inflación del 3,1% en julio.

 

Poco puede esperarse de allanamientos que no son sorpresivos y que se anuncian tres semanas antes.

 

Sacudido todavía por la tormenta financiera, con sus secuelas de devaluación y estanflación, el gobierno de Mauricio Macri se ha propuesto un claro objetivo de corto plazo: persuadir a la opinión pública y al mundo empresarial de que las derivaciones de los cuadernos de las coimas no afectarán aún más negativamente a la economía.

 

Las sorprendentes revelaciones derivadas de los cuadernos de las coimas y el nuevo paso de Cristina Kirchner por los tribunales no son por ahora suficientes como para dar por terminada la hipotética carrera electoral de la exmandataria de cara a los comicios presidenciales de 2019. Sin embargo, contribuyen a consolidar o incluso disminuir su techo electoral.

 

En los primeros años de la gestión presidencial kirchnerista, cuando surgían los primeros indicios de un tan desproporcionado como sospechoso incremento patrimonial del matrimonio Kirchner, se explicó que este se justificaba por el millonario alquiler que el grupo liderado por el recordado empresario Juan Carlos Relats le pagaba por el hotel boutique Los Sauces.

 

La investigación judicial abierta con los cuadernos de las coimas será la primera gran prueba para el funcionamiento de la llamada ley del arrepentido, aun cuando esta norma sancionada en octubre de 2016 ya ha pasado en la Argentina por otros tests de menor resonancia.

 

Pese a que dirigentes justicialistas que buscan diferenciarse del kirchnerismo se entusiasman con la posibilidad de que el escándalo de los cuadernos deje a Cristina Kirchner fuera de la carrera presidencial, hay motivos para pensar que se trata de un pronóstico apresurado.

 

Hasta algunos de los economistas más ortodoxos desechan la posibilidad de que la presente crisis económica sea equiparable a la de 2001. Sin embargo, el propio presidente de la Nación sabe que debe enfrentar fuertes prejuicios imperantes en el imaginario social y una ola de pesimismo, alentada desde sectores de la oposición, que vislumbra la idea de que la Argentina podría volar por los aires si no se corrige el actual rumbo.

 

Desde el inicio de la gestión presidencial hasta las elecciones de medio término de 2017, el gobierno de Mauricio Macri consolidó sus bases de apoyo en las expectativas favorables frente al futuro.

 

Página 1 de 4

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…