Eduardo van der Kooy

Eduardo van der Kooy

A Mauricio Macri las declaraciones de Margarita Stolbizer le retumban en la cabeza. La diputada del GEN afirmó, con el molde de una denuncia, que el Gobierno estaría aletargando las cuatro causas (ruta del dinero K, Los Sauces, Hotesur y venta de dólar a futuro) que martirizan a Cristina Fernández en la Justicia.

 

Hay barreras que el gobierno de Mauricio Macri va sorteando en abierto desafío a la historia. Hay fenómenos que produce también este tiempo inesperado del PRO en el poder que denotarían la labilidad y los espacios vacantes de la política argentina.

 

En las objeciones de la diputada incidirían también pleitos políticos irresueltos en Cambiemos.

 

Nunca en sus primeros once meses de poder Mauricio Macri acumuló como en los últimos días tanta contrariedad en el Congreso.

 

 “Tenés que aflojar, Cristina”. El consejo que recibe la ex presidenta no parte nunca de boca de algún desconocido. Lo dispara siempre su hijo Máximo Kirchner.

 

Después del paso de Cristina Fernández y Julio De Vido por Comodoro Py (faltan aún José López y Lázaro Báez) retumba más en la escena pública aquel palabrerío que, convertido ahora casi en involuntaria premonición, la ex presidente lanzó en octubre del 2014, un año exacto antes de su derrota.

 

Las cosas suceden en la Argentina distinto a lo previsto. Incluso para Mauricio Macri. ¿Por qué? La gobernabilidad se va asentando en estos primeros once meses pese a que la economía está lejos de satisfacer las promesas oficiales y las expectativas de la sociedad.

 

Dos mujeres le están planteando un desafío muy bravo a Mauricio Macri. Una de ellas representa un cimiento crucial en la fortaleza defensiva judicial que dejó edificada Cristina Fernández. Se trata de la procuradora Alejandra Gils Carbó.

 

Macri aspira a que su antiguo conocimiento personal de Trump ayude a construir una relación bilateral de buena estabilidad.

 

Mauricio Macri comparte una suerte con una desgracia. Su suerte sería el empeño con que Cristina Fernández pretende confrontar con él cada vez que una causa de corrupción la complica. Su desgracia seguiría encallada en la realidad económica. Los brotes verdes se marchitan rápido. El segundo semestre, vendido por el macrismo como un despegue, morirá sin demasiadas novedades.

 

El último tramo del 2016 podría empezar a ser un anticipo del año electoral que amanece. Las posturas de la oposición con el gobierno de Mauricio Macri se endurecen.

 

Mientras estaba enfrascado en desentrañar las razones de la prolongada meseta económica, Mauricio Macri tomó de nuevo conciencia sobre la fragilidad política de Cambiemos. La alianza oficialista había realizado su relanzamiento hace exactamente un mes. Con sonrisas de ocasión y pocas palabras. El Presidente soñaba con conservar siquiera hasta fin de año esa fotografía. Pero la semana volcánica que tuvo Elisa Carrió sepultó tal ilusión.

 

Emilio Monzó no dijo nada extraordinario. Sólo reivindicó el valor de la política. Por eso guardó una fotografía en la cual se observa juntos a Axel Kicillof (FPV), Marco Lavagna (FR) Luciano Laspina y Nicolás Massot (PRO). Su referencia a la utilidad de posibles replanteos en Cambiemos apuntó a aprovechar una realidad: el estado líquido en que se encuentran los partidos en la Argentina.

 

La Gendarmería evitó ayer dos cortes en los accesos a la Capital. En el cruce de la Panamericana con las rutas 202 y 196. Hubo un amago de movimientos piqueteros de armar allí una olla popular que no prosperó. Los gendarmes se desplegaron también en el Puente La Noria y Puente Pueyrredón.

 

El Gobierno y la oposición ayudaron a profundizar lo que al país le sobra en el mundo: la desconfianza.

 

Mauricio Macri no ha perdido todavía la magia de la varita. Pero, al cabo de su primer año en el poder, empieza a depender más de ese fenómeno ocultista que del sistema que diseñó para convertir a su Gobierno en una herramienta de gestión eficaz. Cuando sus debilidades quedan expuestas, parecen de inmediato compensadas por la irrupción de los adefesios del pasado y las fisuras que se abren en el arco de la oposición.

 

El hasta hace un año omnipresente kirchnerismo parece haber decidido circunscribir su militancia a dos cuestiones. El pedido de libertad para la piquetera Milagro Sala, detenida en Jujuy desde enero y con su primer juicio oral en curso. La defensa de Santa Cruz que gobierna Alicia Kirchner. Donde pasa también la mayor parte de su tiempo Cristina Fernández. Esa provincia está surcada por una crisis igual, o aún peor, que la que encontró en los 90 Néstor Kirchner.

 

Mauricio Macri le ganó de mano a Alfonso Prat Gay. El saliente ministro de Hacienda y Finanzas tenía previsto alejarse del Gobierno una vez que concluyera el 31 de marzo el último tramo del blanqueo.

 

Cristina Fernández parece haberse convertido involuntariamente en una figura providencial del primer año de Mauricio Macri. El Presidente hizo muchas veces lo que pudo para elevarla como adversaria principal. Buscó convocar a los fantasmas del pasado y atizar el miedo.

 

Horacio Rodríguez Larreta sabe que ha concluido su tiempo de paz. Le duró casi un año: la expectativa popular sobre el gobierno nacional encabezado por un partido –el PRO- de apenas 13 años de existencia dejó en un plano relegado los acontecimientos de la Ciudad de Buenos Aires. La figura del presidente Mauricio Macri también sirvió para apartar al jefe de gobierno porteño.

 

La gobernadora está en alerta por el cuadro social bonaerense. Recorre los barrios y consensúa con la oposición. Una actitud que fue citada por el Papa. También su inquietud por los narcos.   

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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