Carlos Mira

Carlos Mira

 

Lo que hemos escrito aquí durante años está saliendo a la luz como los hongos después de una intensa lluvia en el campo: el fascismo está desesperado por regresar al poder y no descarta ninguna opción con tal de conseguir su objetivo.

 

 

El único punto que desconcierta (y hasta por ahí nomás) en el Frente de Todos es Alberto Fernández.

 

 

Las reacciones que estamos presenciando en la sociedad podrían ser tomadas tranquilamente como una explicación sintética de qué clase de país tenemos, qué clase de gente tenemos y, por ende, que tipo de futuro nos espera.

 

 

Muchos kirchneristas se regodeaban al ver a la gente alrededor del Monumento a la Bandera, en lo que fue una nueva apropiación partidaria de un símbolo de todos. Como ellos se asumen el todo creen que pueden apropiarse legítimamente de lo que en realidad le pertenece a la Argentina.

 

 

Las declaraciones de la jefa de la banda sobre Pindonga y Cuchuflito han tenido ya a esta altura muchas interpretaciones, análisis y comentarios. Por eso solo nos vamos a centrar en esta columna en algunas cuestiones que aparecen en los márgenes.

 

 

El gobierno del presidente Macri, a través de los ministros Bullrich y Finochiaro, anunció la creación de un programa llamado “Servicio Cívico Voluntario” consistente en proveer una serie de servicios para chicos de entre 16 y 20 años que no trabajan ni estudian (es decir que no hacen nada en la vida) y que estaría a disposición en todo en el país en sedes de la Gendarmería.

 

 

 

Alberto Fernández sigue entregándonos cápsulas invaluables de cómo entiende la vida y del profundo conflicto que tiene con cuestiones simples que tienen que ver, no con la alta política o la economía, sino con el simple sentido común y hasta con la aún más primitiva cronología.

 

 

La campaña oficial de spots radiales y televisivos ha comenzado. Como no podía ser de otra manera el del totalitario “Frente de Todos” emplea la mentira y la malicia. Era lógico.

 

 

Finalmente, las listas se cerraron. Pero por la experiencia argentina ahora vendrán las impugnaciones, las denuncias… Es normal, en un país anormal.

 

 

Es posible que a muchos les importen poco las señales semánticas. Pero ellas son, muchas veces, un atajo sencillo para entender por anticipado lo que está por suceder.

 

 

 

Nada de lo que haga Cristina Fernández es creíble, si por creíble entendemos conductas que tengan como horizonte el bien del país. A Fernández nunca le interesó otra cosa que ella misma y sus intereses. La gente, la Argentina, el futuro de la nación no le importan nada.

 

 

Los primeros sorprendidos deben haber sido sus propios seguidores, los que necesitan recibir su vómito de odio para expiar su resentimiento. Seguro que la sorpresa no fue la misma para aquellos que nos oponemos con todo lo que tenemos a sus designios autoritarios y de populismo radicalizado: esa franja de gente conoce desde hace rato sus dotes de actriz.

 

 

No hay dudas que cuando un individuo o una familia tiene problemas para llegar a fin de mes tiene dos caminos para intentar solucionar la dificultad: aumentar ingresos o disminuir egresos, o, probablemente una combinación balanceada de ambas cosas.

 


¿Es posible un jubileo de las deudas en la Argentina? La pregunta surge porque en los EEUU son cada vez más los que están previniendo contra un posible jubileo de las deudas privadas de los ciudadanos dado que las proyecciones del nivel de endeudamiento del americano medio es de tal magnitud que ya muchos creen que esa deuda es impagable y que está produciendo un efecto bola de nieve cuya única solución será un “paga Dios”.

 

 

La semana pasada, Luis D’Elía, desde los micrófonos de su Radio Cooperativa dijo lo que Cristina Fernández piensa: que si ganan las elecciones implantarán un dictadura nacionalista popular revolucionaria, que cambiará la Constitución, confiscará las empresas, nacionalizará la banca y el comercio, introducirá una reforma agraria y urbana (léase expropiar propiedades de segunda vivienda o desocupadas, como mínimo), “expoliará” (dixit) Clarín, echará a todos los jueces federales y meterá presos a los que pusieron entre rejas a sus secuaces.

 

 

La mafia no va a cesar así nomás frente al avance de la verdad. Pese a la noble frase de Stornelli, “la verdad lo soporta todo”, lo cierto es que, en el mundo en general y particularísimamente en la Argentina, la mentira, el embarre de la cancha, la confusión, el elefante dentro de una manda de elefantes, han sido parte de la táctica histórica de los totalitarismos y de los regímenes que esclavizan a las sociedades.

 

 

El ex presidente Lula de Brasil acaba de recibir una nueva condena a casi 13 años de prisión más sus adicionales de inhabilitación para ejercer cargos públicos por nuevos hechos de corrupción comprobados durante su presidencia y que lo tuvieron a él como directo beneficiario.

 

 

El saldo del año 2018 resulta francamente magro para la Argentina. Ninguno de los pronósticos que registraban las consultoras hacia el fin de 2017 se cumplió, todos fallaron.

 

 

Lo que está haciendo la Corte Suprema de Justicia –o al menos parte de sus miembros- es francamente repugnante. Estoy seguro que si cayera en consulta en sus manos la causa de Boudou, la Corte dispondría su inmediata liberación.

 

 

No hay dudas de que el gobierno de Cambiemos ha cometido muchos errores en su gestión. Medidas equivocadas, decisiones erróneas, lecturas tergiversadas de la realidad; en fin, un abanico muy grande de oscuridades que han hecho que se consuma prácticamente su primer período de gobierno sin lograr un cambio notorio hacia mejor de las condiciones de vida generales.

 

 

Obviamente a estas alturas es todo muy obvio lo que puede decirse del escándalo que vivió la Argentina durante el fin de semana y que fuera trasmitido en directo a todo el mundo como una muestra de la despampanante desorganización que somos como país y de la obscena impunidad con que los mafiosos se salen con la suya.

 

Martín Irurzun, el juez de la Cámara de Apelaciones que actúa como alzada del juzgado de Sebastián Casanello, debía expedirse sobre la decisión de éste de no procesar a la jefa de la banda, Cristina Fernández.

 

 

La Argentina está siendo escenario de varios espectáculos dantescos al mismo tiempo. La mayoría de ellos, muchos de nosotros, suponíamos que ya eran objetos del pasado y que nunca más íbamos a tener que soportarlos.

 

 

El triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil plantea distintos interrogantes no solo para la Argentina, sino para toda la región. Pero en especial lo hace para el presidente Macri.

 

 

El viernes un fiscal de Neuquén consideró que tirar piedras no es delito en tanto no se verifique un daño.

 

 

Más allá de las respuestas “por la positiva” que todos los dirigentes de Cambiemos han reiterado cada vez que se les preguntó por los dichos de Elisa Carrió (que Cambiemos es una coalición horizontal en donde el verticalismo militar o militante no va y que cada uno puede tener posiciones diferentes) resulta obvio que el tenor de lo dicho por Lilita no es chiste.

 

 

No hay dudas de que el horizonte económico de la Argentina no verá luces resplandecientes como mínimo hasta abril. Serán siete meses en donde deberán echar raíces -si se hacen las cosas bien- los cimientos duros de una nueva recuperación.

 

No hay dudas de que el horizonte económico de la Argentina no verá luces resplandecientes como mínimo hasta abril. Serán siete meses en donde deberán echar raíces -si se hacen las cosas bien- los cimientos duros de una nueva recuperación.

 

 

No es ninguna novedad que el peronismo es ladino, sucio, jodidamente mal parido.

 

 

Teniendo en cuenta los problemas económicos que atraviesa Argentina y la falta de soluciones que el gobierno de Cambiemos parece tener a la mano, una pregunta se transforma cada día en más acuciante: ¿Puede Cristina Fernández ganar las elecciones de 2019?

 

Da nada sirve decir “se los dije”. Cuando el agua le llega a uno al cuello, todo ese tipo de “reverberancias” ya no aportan ninguna solución. Pero lo que ocurre es que el gobierno, por sus principales figuras es el que está diciendo: “me lo dijiste”.

 

El gobierno ha cometido todo tipo de errores desde que asumió sus funciones. Empezando por el machacado aquí mismo hasta el cansancio: no decir la verdad sobre cómo estaba el país al 10 de diciembre de 2015.

 

 

Cristina Fernández en el Senado volvió a hacer lo que más le gusta: hablar para que la escuchen. Es lo único -junto con el robar dinero ajeno- que realmente ama en la vida: hablar para que la escuchen y que la crean una gran oradora.

 

La bola de nieve que comenzó a rodar desde que Oscar Centeno confirmó la fidelidad de los cuadernos de las coimas, tuvo un eslabón dorado hacia el fin de la semana cuando Carlos Wagner, el ex presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, se sentó delante del juez Bonadio y vomitó sobre su escritorio todo el mecanismo de robo kirchnerista, solo en el campo de la obra pública.

 

 

Una vez liberado el contenido de los Cuadernos de las Coimas K (el nuevo “CCK”) se va presentando un interesante debate (uno entre tantos) que hace a un distingo posible entre “coimas” y “chantaje”.

 

 

Los países pueden perfectamente decidir vivir sin Fuerzas Armadas. Si han hecho sus evaluaciones y por los motivos que fueran llegan a la conclusión de que no las necesitan, pueden, efectivamente, prescindir de ellas.

 

 

Todos recuerdan el éxito mundial de aquella película protagonizada por Anthony Hopkins y Jodie Foster -The Silence of the Lambs- que fue traducida en nuestro país como “El Silencio de los Inocentes”. Pues bien parece que la actualidad de la Argentina se las ha ingeniado –como de costumbre- para dar vuelta todo aquello y proponer “el silencio de los culpables”.

 

Con los pasajeros tomados como rehenes adentro de un avión, los lacayos del señor Pablo Miró, el capitoste camporista de APLA (la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas), están leyendo proclamas de amedrentamiento y expansión del terror diciéndoles a los pasajeros, a través de la lectura de un panfleto antes de decolar, que el gobierno nacional está poniendo en peligro la seguridad de la aeronavegación incitando a la merma en el entrenamiento y capacitación de los pilotos y en mantenimiento de las aeronaves, al flexibilizar los sistemas de controles para facilitar la llegada de compañías low cost que, de paso, vienen a extranjerizar el mercado de aeronavegación nacional.

 

 

El Código Civil, redactado por Dalmacio Vélez Sarsfield, convertido en la ley número 340 de la nación por el Congreso de septiembre de 1869 y que entró en vigencia el 1 de enero de 1871 contenía en varias de sus disposiciones un giro del lenguaje que remitía al “curso natural y ordinario de las cosas”.

 

 

El presidente ha decidido meter cambios en el equipo. En tiempos de Mundial, en donde los tiempos son cortos y un resultado insatisfactorio puede decidir al técnico a introducir modificaciones sustanciales, el presidente se parece a un cabeza de grupo que debe echar mano al banco porque lo que le ha entregado el equipo que puso en cancha hasta ahora no solo no lo ha conformado a él sino que tampoco ha despertado el enamoramiento del público.

 

El presidente cree que el peronismo no es un problema. Preguntado si el peronismo se negaba a apoyar el programa comprometido con el FMI, el presidente contestó que “no hay lugar para eso, el peronismo sabe que hizo micho daño en el gobierno anterior y no hay espacio para la demagogia, la locura y la mentira”

 

 

Resulta bastante obvio a esta altura que Cristina Fernández no considera completada su tarea de destrucción física y moral de la Argentina.

 

 

La inflación se va transformando de a poco en el monstruo que si el gobierno no logra dominar, pondrá en jaque su futuro político.

 

La cuestión de los pasajes de los legisladores nacionales no es más que una muestra en pequeño que la política ofrece sobre la cultura media de la sociedad; es una de las tantas manifestaciones que tienen las costumbres nacionales de mostrarse, esta vez, en el ámbito público.

 

En momentos en que la enjundia del gobierno -que había comenzado a mediados del año pasado y se había coronado con el triunfo electoral de octubre- parece disminuir en cuanto a la fortaleza real de su envión para completar un proceso de cambios y de salida del infierno, sería bueno recordar que esa tarea -la de salir de un infierno- la Argentina ya la hizo.

 

 

La marcha pasó y los problemas argentinos siguen siendo los mismos. A la Argentina le cuesta entender que la cultura callejera es la causa y no la solución de los problemas.

 

 

La manifestación convocada por Hugo Moyano para el miércoles 21 es una de las mentiras políticas más impresionantes de los últimos tiempos. Y también una de las burdeces de la izquierda más obvias y evidentes.

 

 

Si algo le faltaba al aquelarre peronista era el pretender juntarse con el trotskismo chavista, defensor de Maduro y aspirante al golpismo institucional contra el gobierno democráticamente electo y democráticamente ratificado.

 

 

En medio del esquizofrénico debate sobre la inseguridad -en donde al mismo tiempo la sociedad (o parte de ella) tiene al tema como su preocupación número uno pero se alarma porque Chocobar mata a un homicida (porque más allá de que Wolek se salvó, no caben dudas que el delincuente quiso matarlo de más de 10 puñaladas) y pide que la Justicia actúe contra el policía- en silencio y sin que nadie sepa mucho sobre el tema, el gobierno se dispone a nombrar al sucesor de Gils Carbó.

 

Colgado de las rejas que protegen el ministerio de desarrollo social se halla un cartel de fondo verde en donde se lee en letras enormes: “La ley de Salud Mental (y con letras más grandes aun): NO SE TOCA”

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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