Alejandra Gallo

Alejandra Gallo

Hacía demasiado tiempo que los CEOs locales no palpitaban un escenario internacional de la magnitud del G20. El encuentro los enfrentó a ellos mismos a pensar en el mediano y largo plazo, algo que todos le reclaman a la dirigencia política nacional hace décadas pero que sólo un puñado de empresas practica en su quehacer cotidiano. En el G20, sin duda todo fue win-win. Pero ahora hay que mirarse al espejo.

 

Los datos económicos difundidos la última semana volvieron a encender los sensores de alerta en el sector privado. Aunque con panoramas heterogéneos, la recesión se siente en la mayoría de las empresas y no existe consenso en torno al momento exacto en que la situación se revertirá.

 

El matrimonio político que componen el presidente Mauricio Macri y la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, parece estar entrando a boxes. Aunque en esta "terapia de pareja" haya final anunciado: nunca habrá divorcio; las visibles tensiones entre Nación y Provincia de Buenos Aires inquietan y mucho en el sector privado.

 

Si hay un denominador común entre los diferentes sectores y el distinto tamaño de empresas, además de la recesión, es que no parece haber más margen para seguir aportando más o nuevos impuestos.

 

Sobre llovido, mojado. A las preocupaciones de coyuntura local que se amontonan en los escritorios de los CEO´s más influyentes de la Argentina se sumó ahora el resultado electoral en Brasil y la incertidumbre por la segunda vuelta.

 

En una economía a dos velocidades, no sólo el ciudadano a pie pelea la crisis económica que atraviesa el país. Las empresas no están exentas a mediciones estadísticas muy malas que se conocerán y continuarán en los próximos meses.

 

Sin el final de la crisis cambiaria no hay proyección económica que aguante. No sólo porque el dólar no para de subir y ya no tiene que ver con el efecto contagio de los emergentes sino porque, sobre todo, no habrá manera de encorsetar la suba de precios.

 

Corrupción y recesión son la dupla que gobierna de por estas horas la agenda empresarial. Por si faltaba algo para la jungla nacional, un nuevo temblor internacional recordó que la crisis aún no terminó; que el dólar volvió a subir y la inflación también, al menos según la inminente difusión del Índice de Precios al Consumidor del INDEC que estaría otra vez en torno del 3%.

 

Las más de 50 entidades empresarias que componen el Foro de Convergencia Empresarial, timoneado por Miguel Blanco, están afilando el lápiz sobre una prolija redacción del primer documento que presentarán durante la gestión del presidente Mauricio Macri. ¡Era hora!

 

El 68% de las pequeñas y medianas empresas tiene rota su cadena de pagos y considera que ése es el problema que más afecta a su compañía. El porcentaje es altísimo, en especial porque la dinámica habitual de las pymes en la Argentina es hacer malabares. (Entre otras razones, por la competencia en negro).

 

Los CEOs más importantes del país miran los cambios en el equipo del presidente Mauricio Macri desde una platea preferencial, con distintos matices de optimismo sobre los nuevos titulares, aunque descontando un final de año difícil.

 

A esta altura de año, en ninguna oficina donde se toman las decisiones fuertes en el sector privado se dejó de corregir para peor todos los parámetros 2018.

 

En pleno torbellino en la city porteña y antes de que el presidente Mauricio Macri anunciara la negociación con el Fondo Monetario, ya circulaban informes económicos en los escritorios de los principales CEOs del país con todo tipo de ecuación econométrica.

 

Ninguna oficina en el sector privado por estas horas, aunque quiera obviar el tema tarifario, puede dejar de sacar cuentas.

 

Los meses pasan, la inflación continúa lejos, muy lejos de la meta anual prevista, y recrudece una preocupación que recorre transversalmente a todos los sectores: la elevada presión tributaria en la Argentina deja fuera de combate internacional a los sectores productivos tradicionales, aun a aquellos que tienen espalda exportadora.

 

En el círculo más cercano al Presidente circula una apuesta clave para el post Mundial. Sería primer termómetro de la reelección.

El campo y la industria parecen haber superado la grieta que tradicionalmente los enfrentó (y no sólo la que les impuso la política en la última década). Coinciden en apoyar el gradualismo del presidente Mauricio Macri y los seduce una posible re elección del Presidente.

 

 “Nosotros aguantamos los trapos" dijo un ministro en una café de charla informal. Definió así varias cosas: el efecto jubilados (diciembre), el papelón del ministro de Trabajo, Jorge Triaca (enero) y la tensión con el dirigente gremial de Camioneros, Hugo Moyano (febrero).

 

El día a día de las principales empresas del país está muy lejos de los pronósticos de algunos economistas que diagnostican una meseta en el nivel de actividad general, que había acumulado buenas noticias para el Gobierno en los últimos meses de 2017.

 

Mientras asoman los reclamos habituales de fin de año, los principales CEOs del sector privado tildan con verde los objetivos alcanzados durante 2017.

 

Los empresarios que participaron en el CCK de los anuncios del presidente Mauricio Macri el 30 de octubre sienten una brecha entre el espíritu de aquellos lineamientos y la letra chica que muestran en las reuniones técnicas los ministros que afilan el lápiz en torno a las reformas tributaria y laboral. Las caras largas especialmente se suman en torno a las modificaciones tributarias.

 

Fue el propio ministro de Trabajo, Jorge Triaca, quien les dijo que no sería necesario pagar el costo político de una reforma laboral por ley.

 

La economía que viene tiene luces y sombras, aunque por en estos días cercanos a las elecciones priman los brillos de algunas estadísticas oficiales que hoy son creíbles para todos (y todas). Por ejemplo, la recaudación que creció por encima de la inflación en septiembre y de la mano de los tributos atados al nivel de actividad.

 

Aunque el Gobierno no quiere cantar victoria, todo parece indicar que saldrá airoso en las elecciones legislativas de octubre en todo el país y también en la compleja provincia de Buenos Aires. No hay ninguna encuesta que proyecte lo contrario. Si fuera así, dentro del macrismo comienzan a testear la posible reelección de Mauricio Macri.

 

Ahora sí hay datos económicos que muestran recuperación. Sin embargo, en la Argentina del vértigo político electoral parece que nada alcanza. El nivel de violencia de los últimos veinte días, la desaparición de Santiago Maldonado, la ausencia de datos sobre esa investigación pero sobre todo el manoseo político del tema licuó rápidamente las buenas nuevas de la economía.

 

Cambió la mano en la industria. Desde junio la actividad fabril quebró la mala racha y empezó a crecer, según el propio Indec. Mañana se conocerá el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que si bien dará neutro en el primer semestre promete un crecimiento, aunque leve, en el segundo trimestre de este año.

 

Ya que fueron tacaños con las inversiones compensen difundiendo la reactivación. A lo mejor hubo palabras menos glamorosas en el mensaje; pero lo concreto es que el Gobierno les pidió a los principales jugadores privados que salgan a la cancha a decir que les va mejor y que generarán más empleo. Esto ocurre a minutos del primer test electoral, el de pre-calentamiento para el partido de fondo, en octubre.

 

Con el campo, se sabe, el gobierno de Mauricio Macri se siente como en casa. Hay cuestiones económicas que irritan a los productores, como la carga tributaria que en 20 años pasó del 17% del PBI a 34%, la distorsión de precios entre lo que recibe un productor y lo que paga un consumidor por productos regionales o la leche, el aumento del gas oil que implicará unos $ 3600 millones para el sector.

 

Hay bronca en la Casa Rosada con algunos gurúes y empresarios que reclaman ir a fondo con la guadaña fiscal y siguen remolones con las inversiones privadas.

 

Como pasa con el dólar que es un serrucho, así pasará hasta las elecciones con las noticias económicas: una buena y otra mala, todo dosificado por la tibieza del inevitable gradualismo.

 

Cuando el Gobierno estaba festejando una buena de economía (el IPC de mayo finalmente se incrementó sólo 1,3% de acuerdo al INDEC y desaceleró la suba) rápidamente se le empañó la fiesta con el inédito conflicto gremial (y político) de los choferes cordobeses.

 

Como los chicos que se ponen ansiosos por llegar a destino y, entonces, sentados en el asiento de atrás en medio de la ruta empiezan a repiquetear la bendita pregunta: “¿cuándo llegamos?”, así se preguntan hoy varios funcionarios del Gobierno y les preguntan a ellos, a su vez, varios empresarios cuando los visitan respecto de la reactivación fuerte, robusta y estable que no asoma con fuerza.

 

Entre los CEO’s de las empresas que más facturan y emplean en la Argentina hay convicción de que la economía ya arrancó en la mayoría de los sectores.

 

El presidente Mauricio Macri parece resignado a que la batalla legislativa de este año se gana más en el terreno de la política que en el de la economía, al menos así parecen interpretarlo algunos de los principales encuestadores del país. No por eso desoye que la economía debe dar “buenas noticias” en 2018; en especial en la generación de empleo.

 

Mientras se van armando las candidaturas político-partidarias para las próximas elecciones de octubre, las cámaras empresarias ya están en temporada alta de comicios. La Unión Industrial (UIA), la Cámara de Comercio (CAC) y los bancos de ABA y ADEBA votaron a sus conductores o están en pleno “cierre de listas”.

 

El Gobierno vivió exultante la marcha del sábado pasado, aunque no se había decidido a apoyarla antes de la foto ya consumada.

 

Por estos días, los empresarios parecen tan silenciosos como los gobernadores con las paritarias docentes de la provincia de Buenos Aires. Aunque hay señales de cierto alivio en el Gobierno en materia de empleo y de exportaciones y no tanto en actividad económica y consumo a juzgar por las estadísticas oficiales; en la danza oficial de anunciar y corregir quedaron atrapadas decisiones empresarias troncales y el primer cuatrimestre ya parece jugado en materia de estadísticas.

 

El presidente Mauricio Macri inició esta semana tal vez una de sus compromisos externos más importantes de este año: la visita oficial a España, con 140 empresarios locales subidos al avión y una ronda de negocios (mañana) que involucrará a 800 hombres de negocios de ambos países, promete agilizar las inversiones que el año pasado estuvieron esquivas y que el Gobierno necesita para motorizar la actividad económica y la generación de empleo.

 

Con la primavera, los CEOs comenzaron su temporada alta. El “mini Davos” fue sólo el primero de una seguidilla de encuentros que aglutinarán, en los próximos 40 días, a los principales referentes del empresariado local y que también seguirá atrayendo a personalidades del exterior.

 

El Gobierno celebra que habrá una versión argento del G-20 en 2018. Sin duda, la realización de este encuentro que agrupa a los países que generan el 85% del PBI mundial y el 80% del intercambio comercial global es una vidriera de lujo para la gestión de Mauricio Macri.

 

Justo cuando al campo le tocó tragar bronca con la postergación de la baja en las retenciones a las exportaciones de soja, un sector industrial coqueteó con una nueva devaluación.

 

La dirigencia empresaria buscará que la mesa que inaugura hoy el Gobierno para sentarse junto al sector privado y la CGT a discutir el bono de fin de año funcione en dos direcciones en simultáneo: cómo mejorar el bolsillo a fin de año y el debate sobre lo que vendrá. Un sector del Gobierno parece querer lo mismo pero, por ahora, lo que predomina es el tironeo de un partido de truco de coyuntura.

 

Los datos del primer tramo del blanqueo fueron una oportuna bocanada de aire fresco para el Gobierno en medio de otros indicadores.

 

Aunque falten casi 45 días para terminar 2016, este año ya está jugadísimo.

 

“El Gobierno necesita un ministro de Economía, yo soy sólo el titular de Hacienda". Con esa frase, un matrimonio perfecto de ironía y sobreestimación, Alfonso Prat-Gay sorprendió a un selecto puñado de dirigentes de la Unión Industrial (UIA), quienes le habían pedido audiencia para hablar del comercio con China, justo un puñado de días antes de que abandonara el gabinete de Mauricio Macri.

 

Fundado el 4 de agosto de 2003

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