Mariano Pérez de Eulate

Mariano Pérez de Eulate

Después del anuncio de que Cristina Kirchner no estará al frente de la boleta electoral del peronismo, el PJ bonaerense -que encarnan, sobre todo, los intendentes del Conurbano- apuró movimientos para procurar protagonismo en la fórmula provincial que disputará la gobernación.

 

La ansiedad del círculo rojo es por estas horas el elemento de mayor presión sobre las espaldas de María Eugenia Vidal. Más, incluso, que el trajín diario de la gestión provincial.

 

A pesar de que aún no ha confirmado si será candidato presidencial, Roberto Lavagna ya dio el visto bueno para que su gente empiece a armar una Junta Promotora de su postulación en la provincia de Buenos Aires, un territorio en el que resulta imprescindible contar con un armado político serio si se sueña con la Casa Rosada.

 

Por decisión orgánica, y en los que parece ser una tensa divisoria de aguas intrapartidaria, el radicalismo bonaerense quedó del bando de los fervorosos defensores de la idea de que la UCR debe permanecer en la alianza Cambiemos.

 

Se percibe cierto nivel de ansiedad en el gobierno de María Eugenia Vidal respecto al cierre del acuerdo salarial con los docentes.

 

El clima se percibe, sobre todo, en las segundas líneas del gabinete bonaerense, entre legisladores provinciales, en algunas comidas reservadas de ciertos ministros de María Eugenia Vidal.

 

En la mesa chica del vidalismo quedó un cierto sabor amargo después de la incursión de Mauricio Macri en La Plata, el lunes a la mañana, y luego en un encuentro nacional del PRO, en los que básicamente buscó dejar en claro que la principal orden que bajará desde ahora a todos los niveles del oficialismo es trabajar para su propia reelección.

 

En lo que marca una diferencia notable con años anteriores, el gobierno bonaerense llega a la reunión paritaria de hoy con el Frente de Unidad Docente con la decisión política de que la negociación no sea traumática y la necesidad de que se cierre un acuerdo lo más rápido posible.

 

En círculos políticos oficialistas y opositores y también en ámbitos empresarios -ese mundillo que alguien definió como el “círculo rojo”- se habla de la posibilidad de la activación de un operativo clamor en favor de una candidatura presidencial de María Eugenia Vidal si la ponderación social de Mauricio Macri no mejora sustancialmente antes del cierre de listas para los comicios de octubre próximo.

 

Más allá de los encuentros públicos de verano en procura de buscar cierta unidad, ¿de qué habla por estas horas la dirigencia del peronismo bonaerense que, a casi cuatro años de la cachetada que le pegó Cambiemos desbancándolo del gobierno provincial, olfatea que un eventual regreso al poder no está tan lejos?

 

Enterrada la idea de desdoblar las elecciones provinciales de las nacionales, en Cambiemos bonaerense se explora por estas horas una quimera fogoneada por los intendentes de esa fuerza que manejan distritos del Conurbano: eliminar las Primarias Abiertas Obligatorias que, de acuerdo al cronograma electoral, deberán realizarse en agosto próximo.

 

En el oficialismo bonaerense daban por muerta la idea de despegar los comicios provinciales de los nacionales, para realizar antes de octubre la elección a gobernador, desde aquel almuerzo en Olivos entre Mauricio Macri y María Eugenia Vidal hace algunos días.

 

Más allá de los discursos de ocasión que tienden a bajarle dramatismo al tema, la verdad es que en el gobierno de la Provincia de lo único que se habla intramuros es del eventual desdoblamiento de las elecciones por los cargos provinciales de los comicios nacionales.

 

Con un presidente recién asumido en el marco de un acuerdo interno -el intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray-, el PJ bonaerense asiste sin certezas a la inminencia de una definición política que marcará su suerte electoral: el posible adelantamiento de las elecciones provinciales para despegarlas de los comicios por los cargos nacionales.

 

Inocultables rostros de satisfacción se ven por estas horas en el oficialismo provincial, en especial en el Poder Ejecutivo, porque al cabo de la maratónica sesión legislativa que culminó ayer a la mañana María Eugenia Vidal obtuvo el paquete de tres leyes clave para gobernar en el 2019, el año en que buscará su reelección: el Presupuesto, la autorización para pedir más deuda y una ley impositiva que, entre sus puntos centrales, contiene la regulación de las apuestas on-line.

 

El raid mediático del último fin de semana de la gobernadora María Eugenia Vidal buscó un sólo objetivo: convertir el rumor que se había instalado respecto a que se analiza la idea de adelantar las elecciones en la Provincia, en una información oficial. “Están abiertas todas las opciones sobre el calendario electoral”, dijo la mandataria en varios reportajes que concedió.

 

Con el envío a la Legislatura del proyecto de Presupuesto 2019, María Eugenia Vidal acaba de propinarle un golpe a los intendentes del Conurbano, en especial a los del peronismo, que fue inesperado para ellos: les transfiere, en el marco de la absorción de costos que antes pagaba la Nación, una serie de gastos para el año próximo que hasta ahora no tenían contabilizados.

 

¿Sorprendió al gobierno de María Eugenia Vidal esa suerte de “misa opositora” realizada el último sábado frente a la Basílica de Luján, interpretada por todo el arco político como un “gesto” hacia Hugo y Pablo Moyano, emblemáticos enemigos de Mauricio Macri con problemas judiciales? La verdad es que, más allá del análisis que se hizo en la Casa Rosada, en La Plata no hubo sorpresa.

 

Lanzado su cuarteto protagónico estelar hace pocos días, el experimento neo peronista conocido provisoriamente como Alternativa Argentina enfrenta el que tal vez sea su desafío más grande, aún mayor que el de definir con qué nombre disputará la candidatura presidencial el año próximo: decidir quién será el postulante a la gobernación bonaerense, esa figura que servirá de anclaje en la provincia definitoria de cualquier sueño presidencial.

 

Desde hace varias semanas, la gobernadora María Eugenia Vidal mantiene conversaciones reservadas con los referentes de la oposición para asegurarse la aprobación del Presupuesto 2019 y la autorización de endeudamiento para el año próximo, estimadas informalmente en 100 mil millones de pesos.

 

Los sectores bonaerenses de Cambiemos parecen ser los más entusiasmados con una idea que circula en el oficialismo desde hace semanas: que el gobierno nacional impulse la eliminación de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) y que cada partido decida como quiera la suerte de sus candidatos de todos los niveles.

 

María Eugenia Vidal se sentó el lunes último ante su gabinete –más algunos actores legislativos de Cambiemos en la Provincia- y bajó, sobre todo, un discurso de alerta y moderación. Pidió que todo el mundo se maneje con “calma” y con “humildad” frente a la población que atraviesa dificultades económicas. Ordenó, además, “no responder a las agresiones” que, descuenta, se multiplicarán en los próximos meses.

 

Desde hace varias semanas circula un tema maldito del que se habla en las mesas chicas de la política provincial: la posibilidad de que el año que viene la provincia de Buenos Aires despegue la elección de gobernador, legisladores provinciales, intendentes y concejales del comicio nacional que definirá al próximo presidente.

 

Una cierta psicosis invade a varios intendentes del Conurbano bonaerense desde que el ex secretario de Obras Públicas de la Nación, José López, declaró como arrepentido en la causa de los llamados cuadernos de la corrupción, esa brutal bitácora del circuito de presuntas coimas y sobreprecios que imperó durante las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner.

 

La historia reciente, circular, se repite para los intendentes del PJ bonaerense. Por lo que se vio el sábado último en Ensenada, durante un plenario en el que fue estrella Máximo Kirchner, están otra vez a las puertas de encolumnarse detrás de las pretensiones electorales de Cristina Fernández, quien el año pasado los alineó a todos ellos bajo su candidatura a senadora nacional por el frente Unidad Ciudadana, un sello del que no participó oficialmente el peronismo provincial.

 

Versiones reservadas que circulan en el cristinista Instituto Patria hablan de la posibilidad de que en 2019 se concrete un escenario electoral que sorprenderá a más de un desprevenido.

 

María Eugenia Vidal transita la época de mayor tensión con la Casa Rosada desde que asumió en la gobernación.

 

María Eugenia Vidal afronta una batalla que resultaba impensada hace algunas semanas atrás: la discusión por el traspaso, desde la Nación a la Provincia, del costo en subsidios que aún insumen los servicios de luz, agua y transporte en la zona metropolitana. Un debate que forzaron los gobernadores del peronismo, envalentonados desde que el gobierno nacional entró en estado de crisis financiera y económica.

 

Cuando el último viernes María Eugenia Vidal escuchó en Mar del Plata la dura crítica de la cúpula eclesiástica sobre la cuestión social, asistió a algo más que un diagnóstico: fue prácticamente la notificación formal del nuevo alineamiento de la Iglesia argentina frente al gobierno de Mauricio Macri, al que le restan dieciocho meses de mandato y aspira a cuatro años más.

 

La pronunciada caída en la imagen de la gestión nacional -y de Mauricio Macri en particular- desde que se desató la crisis cambiaria, agitó un sinfín de especulaciones en el oficialismo.

 

En la última semana uno de los secretos mejor guardados de la política bonaerense es el o los temas que se hablaron en la reunión privada que mantuvieron, el último jueves, el papa Francisco y la gobernadora María Eugenia Vidal. El encuentro estuvo rodeado de un notable hermetismo, aplicado desde las dos partes: sin fotos, sin comunicados oficiales, sin declaraciones al respecto.

 

María Eugenia Vidal asegura en privado que el tema la incómoda mucho. En público, niega enfáticamente cualquier posibilidad y ratifica su fidelidad política al Presidente. Pero lo cierto es que, más allá de lo que quiera la gobernadora, desde diversas usinas del propio oficialismo se sigue agitando la posibilidad de que sea ella, y no Mauricio Macri, quien pelee por la presidencia el año que viene.

 

Acaso por primera vez desde que María Eugenia Vidal es gobernadora de la provincia de Buenos Aires, en su entorno se admite una real preocupación por la baja en la consideración popular que estaría mostrando su figura.

 

El asesinato del chofer de colectivos Leandro Alcaraz insinuó un enfrentamiento político de fondo que estaría mostrando, acaso muy anticipadamente, una parte de la configuración del escenario electoral de 2019 en la Provincia.

 

María Eugenia Vidal se dedicó ayer a apaciguar -o al menos intentarlo- los frentes de conflicto más importantes que tiene abierto su gobierno.

 

Desde diciembre pasado, cuando se llevó adelante el debate por la reforma jubilatoria, en Cambiemos empezaron a agitarse escenarios posibles de cara a 2019.

 

La “rebelión” de los intendentes bonaerenses del opositor Frente Renovador, quienes avisaron que piensan dar aumentos salariales a los empleados municipales por arriba de la pretensión del 15 % que impulsa María Eugenia Vidal, no parece desvelar demasiado a los funcionarios del gobierno provincial.

 

El verano en la Costa Atlántica suele ser una vidriera que los políticos bonaerenses utilizan para promocionarse y para enviar mensajes políticos.

 

Para el gran público el dato pasó desapercibido. Pero en el oficialismo provincial fue ampliamente celebrada la decisión de la cúpula nacional del PRO de sumar a su mesa de conducción a la mano derecha de la gobernadora, el jefe de Gabinete bonaerense Federico Salvai. Ocupa desde el lunes el estratégico cargo de secretario político de la fuerza que fundó el presidente Mauricio Macri.

 

Después de la victoria electoral de octubre, la gobernadora María Eugenia Vidal va por la consagración política personal.

 

Como ha sucedido después de cada derrota electoral, el PJ bonaerense empezó a crujir internamente. La caída del último domingo, la tercera consecutiva sin contar las Primarias Abiertas porque en rigor no son una competencia entre las distintas fuerzas, apuró una suerte de cinchada entre los distintos sectores para establecer quién o quiénes deben manejar la reconstrucción.

 

Después de las elecciones del domingo 22, María Eugenia Vidal se enfocará en darle a los bonaerenses señales de austeridad en el manejo de la cosa pública.

 

Mientras hace campaña con el único objetivo de retener el caudal de votos obtenido en las Primarias de agosto (alrededor de 15%), Sergio Massa en verdad está pensando en el día después de la elección del 22 de octubre.

 

No es sólo el triunfo electoral de octubre el objetivo que se impuso María Eugenia Vidal.

 

Salvo que medie un cimbronazo impensado, Cristina Kirchner ya es senadora nacional en representación de la provincia de Buenos Aires.

 

El curioso duelo epistolar que protagonizan las facciones del peronismo sorprende al electorado bonaerense a muy pocos días del arranque oficial de la campaña electoral.

 

La desaparición de Santiago Maldonado, que a esta altura es una crisis política para el gobierno nacional, estalló en la incipiente campaña electoral para las legislativas de octubre.

 

Las versiones de un acuerdo silencioso en Buenos Aires entre la alianza oficialista Cambiemos y el frente justicialista Cumplir, de Florencio Randazzo, circulan en el mundillo político desde el lunes posterior a las Primarias Abiertas.

 

Una luz de alerta se encendió entre algunos intendentes bonaerenses del justicialismo, en especial del conurbano, después de las Primarias del domingo.

 

Página 1 de 2

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…