Mariano Pérez de Eulate

Mariano Pérez de Eulate

A la par de la campaña formal por su reelección, la gobernadora María Eugenia Vidal sigue moviéndose políticamente en dirección a un posible escenario que la encuentre en la vereda opositora luego del 10 de diciembre próximo, algo posible si se replica el contundente resultado de las Primarias de agosto en tierra bonaerense.

 

Aún con María Eugenia Vidal haciendo campaña para intentar el milagro de revertir el resultado de las Primarias, en el oficialismo provincial se analiza intramuros, como un tema recurrente, el posicionamiento del espacio ante la eventual derrota.

 

Se libra por estos días un tironeo entre Cambiemos y el peronismo por la designación de 42 funcionarios judiciales bonaerenses que ocuparán lugares vacantes en lo que, si se confirma el resultado de agosto, sería la gestión de gobierno de Axel Kicillof.

 

Entre las muchas derivaciones políticas que brotarán en la Provincia si la elección de octubre confirma el resultado de las Primarias de agosto pasado, el mundo político da como un hecho un profundo y acalorado debate partidario en la Unión Cívica Radical bonaerense, uno de los socios del por ahora oficialista Juntos por el Cambio.

 

Descartando un escenario de triunfo en octubre, aun cuando falta jugar la batalla decisiva, uno de los grandes interrogantes que se escuchan en el mundillo peronista bonaerense es cómo sería la convivencia política en la Provincia de los dos núcleos principales de poder dentro del PJ con el eventual próximo gobernador: Axel Kicillof, postulante del Frente de Todos.

 

En silencio, a través de reuniones reservadas, el vidalismo se está preparando para integrar -con peso fundacional- lo que estima será la etapa post gobierno del PRO, si se repite el resultado de las Primarias de agosto.

 

La decisión del oficialismo provincial de liberar a los intendentes de Juntos por el Cambio para que municipalicen al extremo sus campañas de cara a octubre resalta una de las dos prioridades electorales que se ha fijado María Eugenia Vidal luego del sopapo de las Primarias: que el macrismo bonaerense, que hace rato se autobautizó “vidalismo”, procure conservar los distritos que gobierna desde 2015, en especial en el Conurbano.

 

Cuando en mayo pasado se disparó la polémica por la asunción de Sergio Torres en la Suprema Corte de Justicia provincial, comenzó a ventilarse la pelea política que existe desde antes de aquel episodio entre el actual titular del organismo, Eduardo De Lázzari, y el gobierno de María Eugenia Vidal.

 

Las horas iniciales de campaña electoral plena por los cargos bonaerenses arrojan una lectura inequívoca: la búsqueda de una hiperpolarización, tan o más profunda que la que se observa en la pelea presidencial, de parte de los dos principales candidatos a la gobernación.

 

La rueda de la campaña electoral ya empezó a rodar y en Cambiemos bonaerense, ahora Juntos por el Cambio, están diagramando una campaña en algún punto artesanal.

 

En el búnker central de Roberto Lavagna se estaba decidiendo anoche, al cierre de esta edición, la conformación de la fórmula de Consenso Federal a la gobernación bonaerense.

 

En medio de infinidad de versiones sobre lo que viene, el mundillo político hablaba ayer de un acuerdo electoral en ciernes, casi cerrado, entre la alianza oficialista Cambiemos y el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, con especial epicentro en la Provincia de Buenos Aires.

 

La ciudadanía bonaerense asiste por estas horas a un enchastre de versiones, especulaciones y noticias de dudosa veracidad, en las que están involucradas las principales fuerzas políticas, que se acerca baste a lo ridículo.

 

Todo parece indicar que Sergio Massa confluirá en un acuerdo político con el peronismo kirchnerista, que ya eligió para enfrentar a Cambiemos a nivel nacional a la dupla de los dos Fernández, Alberto y Cristina. El líder del Frente Renovador quedó habilitado a eso luego de la convención nacional de su espacio, realizada ayer en Parque Norte.

 

Se admite fuera de micrófono: la reciente y muy comentada foto de la fórmula presidencial de Alberto y Cristina Fernández junto a Axel Kicillof y la matancera Verónica Magario, subida a las redes sociales por orden de la actual senadora, fue una inesperada piña para la cofradía de intendentes peronistas del Conurbano, que finalmente no tendrá un representante propio en el binomio elegido por la senadora para pelear la gobernación bonaerense.

 

Después del anuncio de que Cristina Kirchner no estará al frente de la boleta electoral del peronismo, el PJ bonaerense -que encarnan, sobre todo, los intendentes del Conurbano- apuró movimientos para procurar protagonismo en la fórmula provincial que disputará la gobernación.

 

La ansiedad del círculo rojo es por estas horas el elemento de mayor presión sobre las espaldas de María Eugenia Vidal. Más, incluso, que el trajín diario de la gestión provincial.

 

A pesar de que aún no ha confirmado si será candidato presidencial, Roberto Lavagna ya dio el visto bueno para que su gente empiece a armar una Junta Promotora de su postulación en la provincia de Buenos Aires, un territorio en el que resulta imprescindible contar con un armado político serio si se sueña con la Casa Rosada.

 

Por decisión orgánica, y en los que parece ser una tensa divisoria de aguas intrapartidaria, el radicalismo bonaerense quedó del bando de los fervorosos defensores de la idea de que la UCR debe permanecer en la alianza Cambiemos.

 

Se percibe cierto nivel de ansiedad en el gobierno de María Eugenia Vidal respecto al cierre del acuerdo salarial con los docentes.

 

El clima se percibe, sobre todo, en las segundas líneas del gabinete bonaerense, entre legisladores provinciales, en algunas comidas reservadas de ciertos ministros de María Eugenia Vidal.

 

En la mesa chica del vidalismo quedó un cierto sabor amargo después de la incursión de Mauricio Macri en La Plata, el lunes a la mañana, y luego en un encuentro nacional del PRO, en los que básicamente buscó dejar en claro que la principal orden que bajará desde ahora a todos los niveles del oficialismo es trabajar para su propia reelección.

 

En lo que marca una diferencia notable con años anteriores, el gobierno bonaerense llega a la reunión paritaria de hoy con el Frente de Unidad Docente con la decisión política de que la negociación no sea traumática y la necesidad de que se cierre un acuerdo lo más rápido posible.

 

En círculos políticos oficialistas y opositores y también en ámbitos empresarios -ese mundillo que alguien definió como el “círculo rojo”- se habla de la posibilidad de la activación de un operativo clamor en favor de una candidatura presidencial de María Eugenia Vidal si la ponderación social de Mauricio Macri no mejora sustancialmente antes del cierre de listas para los comicios de octubre próximo.

 

Más allá de los encuentros públicos de verano en procura de buscar cierta unidad, ¿de qué habla por estas horas la dirigencia del peronismo bonaerense que, a casi cuatro años de la cachetada que le pegó Cambiemos desbancándolo del gobierno provincial, olfatea que un eventual regreso al poder no está tan lejos?

 

Enterrada la idea de desdoblar las elecciones provinciales de las nacionales, en Cambiemos bonaerense se explora por estas horas una quimera fogoneada por los intendentes de esa fuerza que manejan distritos del Conurbano: eliminar las Primarias Abiertas Obligatorias que, de acuerdo al cronograma electoral, deberán realizarse en agosto próximo.

 

En el oficialismo bonaerense daban por muerta la idea de despegar los comicios provinciales de los nacionales, para realizar antes de octubre la elección a gobernador, desde aquel almuerzo en Olivos entre Mauricio Macri y María Eugenia Vidal hace algunos días.

 

Más allá de los discursos de ocasión que tienden a bajarle dramatismo al tema, la verdad es que en el gobierno de la Provincia de lo único que se habla intramuros es del eventual desdoblamiento de las elecciones por los cargos provinciales de los comicios nacionales.

 

Con un presidente recién asumido en el marco de un acuerdo interno -el intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray-, el PJ bonaerense asiste sin certezas a la inminencia de una definición política que marcará su suerte electoral: el posible adelantamiento de las elecciones provinciales para despegarlas de los comicios por los cargos nacionales.

 

Inocultables rostros de satisfacción se ven por estas horas en el oficialismo provincial, en especial en el Poder Ejecutivo, porque al cabo de la maratónica sesión legislativa que culminó ayer a la mañana María Eugenia Vidal obtuvo el paquete de tres leyes clave para gobernar en el 2019, el año en que buscará su reelección: el Presupuesto, la autorización para pedir más deuda y una ley impositiva que, entre sus puntos centrales, contiene la regulación de las apuestas on-line.

 

El raid mediático del último fin de semana de la gobernadora María Eugenia Vidal buscó un sólo objetivo: convertir el rumor que se había instalado respecto a que se analiza la idea de adelantar las elecciones en la Provincia, en una información oficial. “Están abiertas todas las opciones sobre el calendario electoral”, dijo la mandataria en varios reportajes que concedió.

 

Con el envío a la Legislatura del proyecto de Presupuesto 2019, María Eugenia Vidal acaba de propinarle un golpe a los intendentes del Conurbano, en especial a los del peronismo, que fue inesperado para ellos: les transfiere, en el marco de la absorción de costos que antes pagaba la Nación, una serie de gastos para el año próximo que hasta ahora no tenían contabilizados.

 

¿Sorprendió al gobierno de María Eugenia Vidal esa suerte de “misa opositora” realizada el último sábado frente a la Basílica de Luján, interpretada por todo el arco político como un “gesto” hacia Hugo y Pablo Moyano, emblemáticos enemigos de Mauricio Macri con problemas judiciales? La verdad es que, más allá del análisis que se hizo en la Casa Rosada, en La Plata no hubo sorpresa.

 

Lanzado su cuarteto protagónico estelar hace pocos días, el experimento neo peronista conocido provisoriamente como Alternativa Argentina enfrenta el que tal vez sea su desafío más grande, aún mayor que el de definir con qué nombre disputará la candidatura presidencial el año próximo: decidir quién será el postulante a la gobernación bonaerense, esa figura que servirá de anclaje en la provincia definitoria de cualquier sueño presidencial.

 

Desde hace varias semanas, la gobernadora María Eugenia Vidal mantiene conversaciones reservadas con los referentes de la oposición para asegurarse la aprobación del Presupuesto 2019 y la autorización de endeudamiento para el año próximo, estimadas informalmente en 100 mil millones de pesos.

 

Los sectores bonaerenses de Cambiemos parecen ser los más entusiasmados con una idea que circula en el oficialismo desde hace semanas: que el gobierno nacional impulse la eliminación de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) y que cada partido decida como quiera la suerte de sus candidatos de todos los niveles.

 

María Eugenia Vidal se sentó el lunes último ante su gabinete –más algunos actores legislativos de Cambiemos en la Provincia- y bajó, sobre todo, un discurso de alerta y moderación. Pidió que todo el mundo se maneje con “calma” y con “humildad” frente a la población que atraviesa dificultades económicas. Ordenó, además, “no responder a las agresiones” que, descuenta, se multiplicarán en los próximos meses.

 

Desde hace varias semanas circula un tema maldito del que se habla en las mesas chicas de la política provincial: la posibilidad de que el año que viene la provincia de Buenos Aires despegue la elección de gobernador, legisladores provinciales, intendentes y concejales del comicio nacional que definirá al próximo presidente.

 

Una cierta psicosis invade a varios intendentes del Conurbano bonaerense desde que el ex secretario de Obras Públicas de la Nación, José López, declaró como arrepentido en la causa de los llamados cuadernos de la corrupción, esa brutal bitácora del circuito de presuntas coimas y sobreprecios que imperó durante las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner.

 

La historia reciente, circular, se repite para los intendentes del PJ bonaerense. Por lo que se vio el sábado último en Ensenada, durante un plenario en el que fue estrella Máximo Kirchner, están otra vez a las puertas de encolumnarse detrás de las pretensiones electorales de Cristina Fernández, quien el año pasado los alineó a todos ellos bajo su candidatura a senadora nacional por el frente Unidad Ciudadana, un sello del que no participó oficialmente el peronismo provincial.

 

Versiones reservadas que circulan en el cristinista Instituto Patria hablan de la posibilidad de que en 2019 se concrete un escenario electoral que sorprenderá a más de un desprevenido.

 

María Eugenia Vidal transita la época de mayor tensión con la Casa Rosada desde que asumió en la gobernación.

 

María Eugenia Vidal afronta una batalla que resultaba impensada hace algunas semanas atrás: la discusión por el traspaso, desde la Nación a la Provincia, del costo en subsidios que aún insumen los servicios de luz, agua y transporte en la zona metropolitana. Un debate que forzaron los gobernadores del peronismo, envalentonados desde que el gobierno nacional entró en estado de crisis financiera y económica.

 

Cuando el último viernes María Eugenia Vidal escuchó en Mar del Plata la dura crítica de la cúpula eclesiástica sobre la cuestión social, asistió a algo más que un diagnóstico: fue prácticamente la notificación formal del nuevo alineamiento de la Iglesia argentina frente al gobierno de Mauricio Macri, al que le restan dieciocho meses de mandato y aspira a cuatro años más.

 

La pronunciada caída en la imagen de la gestión nacional -y de Mauricio Macri en particular- desde que se desató la crisis cambiaria, agitó un sinfín de especulaciones en el oficialismo.

 

En la última semana uno de los secretos mejor guardados de la política bonaerense es el o los temas que se hablaron en la reunión privada que mantuvieron, el último jueves, el papa Francisco y la gobernadora María Eugenia Vidal. El encuentro estuvo rodeado de un notable hermetismo, aplicado desde las dos partes: sin fotos, sin comunicados oficiales, sin declaraciones al respecto.

 

María Eugenia Vidal asegura en privado que el tema la incómoda mucho. En público, niega enfáticamente cualquier posibilidad y ratifica su fidelidad política al Presidente. Pero lo cierto es que, más allá de lo que quiera la gobernadora, desde diversas usinas del propio oficialismo se sigue agitando la posibilidad de que sea ella, y no Mauricio Macri, quien pelee por la presidencia el año que viene.

 

Acaso por primera vez desde que María Eugenia Vidal es gobernadora de la provincia de Buenos Aires, en su entorno se admite una real preocupación por la baja en la consideración popular que estaría mostrando su figura.

 

El asesinato del chofer de colectivos Leandro Alcaraz insinuó un enfrentamiento político de fondo que estaría mostrando, acaso muy anticipadamente, una parte de la configuración del escenario electoral de 2019 en la Provincia.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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