Guillermo Kohan

Guillermo Kohan

Analizando informes de bancos de inversión internacionales sobre el impacto de las elecciones parlamentarias del martes en EE.UU., aparece un dato histórico en las estadísticas más que relevante para la Argentina de hoy: en los últimos 72 años, desde 1946 se realizaron 18 elecciones de medio término.

 

La Argentina económica de hoy enfrenta un dilema histórico entre las tasas y el dólar, agravado y tensionado por la crisis de confianza que se estacionó entre inversores y empresarios respecto del futuro local. La pregunta es finalmente qué conviene más para salir de la recesión, o al menos para aliviarla: que bajen las tasas de interés o que se mantenga estable y sin sobresaltos el dólar durante 6 meses.

 

La encerrona política en la que una vez más terminó cayendo el Gobierno con el cargo extra ya fallido en la tarifa del gas para compensar la fortísima devaluación del otoño, explica en parte por qué en la Argentina la tasa de interés no puede bajar de 70%, si se quiere mantener el dólar quieto y la inflación controlada. Tasas que superan 100% si se capitalizan los intereses, y que suman y siguen cuando se trata de descontar cheques o financiar consumos con tarjeta de crédito.

 

Las primeras conclusiones de los anuncios de ayer entre Argentina y el FMI podrían resumirse en que finalmente EE.UU. y los países desarrollados le aseguran a Mauricio Macri los dólares en 2019 para evitar el default, cumplir sin sobresaltos su primer mandato e intentar ser reelecto; pero a cambio de cumplir extremas reglas fiscales y monetarias típicas de la recetas tradicionales del Fondo, que como contracara podrían tornar muy duro el camino cotidiano a recorrer por la economía real en términos de actividad, consumo y humor social.

 

Se consolida en estas horas lo que podría considerarse ya una verdadera tragedia fiscal en la Argentina, una Nación que no puede reducir un gasto público gigante, creciente, e indexado; donde la única oferta que se puede asegurar para sus habitantes es un presente -y sobre todo un futuro- donde solamente que cabe esperar es que los impuestos suban y suban cada vez más.

 

Otro pico de pesimismo en el mundo económico por estas horas, con renovadas versiones de cambios en el Gabinete económico, y creciente desconcierto entre empresarios y hombres de negocios sobre el futuro de la administración Macri.

 

Pesimistas y menos pesimistas discuten estas horas cómo llegará la economía y el dólar hasta fin de año y las chances de Mauricio Macri de lograr la reelección en 2019.

 

En la perinola permanente por ver a quién le toca el ajuste, la última novedad que se analiza en el Gobierno es suspender total o parcialmente el pago de reembolsos a las exportaciones.

 

El Gobierno estudia cómo hacer para cancelar en forma total o parcial la posibilidad de que las empresas apliquen el ajuste por inflación para el cálculo del impuesto a las Ganancias que tocará pagar en 2019, en función de los resultados en los balances de este año.

 

Superó la prueba del dólar esta semana el Gobierno, tampoco le sobró mucho, pero lo detuvo entre 28 y 29 pesos a punta de pistola y con las tasas por encima de 50%.

 

Trajeron evidente alivio a los mercados las recientes noticias y la expectativa favorable de que se anuncie antes del Mundial el acuerdo entre Argentina y el FMI, y que los dólares que ingresen con el primer desembolso puedan alimentar la oferta de divisas en el circuito local cuando el Gobierno necesite pesos para cubrir el déficit.

 

Se mantiene vigente la tregua financiera con el dólar que no sobrepasa el precio máximo de 25 pesos para operaciones mayoristas, aunque cada vez que se acerca a 24 reaparece la demanda y se retiran los vendedores.

 

Parece bastante obvio lo que hoy se discute en Argentina. En lo inmediato, si el Gobierno, con la reciente determinación de pedir auxilio al FMI, logrará frenar la corrida contra el peso y los activos financieros del país.

 

La demanda récord de dólares ayer en Argentina sorprendió a todos y las noticias a media tarde dejaron helados a los más conspicuos integrantes del Gobierno, el llamado Círculo Rojo y buena parte de los observadores políticos y económicos del país.

 

A todos los indignados con Facebook que simpatizan con la idea de promover regulaciones estatales a la red social con el argumento de que se trata de un peligroso instrumento mediático que puede y ha manipulado a la gente a la hora de votar y consumir; conviene recordarles que precisamente ese riesgoso razonamiento es el que siempre esgrimió Cristina Kirchner y la izquierda anti democrática vernácula para explicar sus propias derrotas en las urnas.

 

Sigue abierta y con pronóstico reservado la herida entre el Presidente y el mundo empresario, sobre todo con los industriales.

 

Muchas novedades aparecen estas horas tras el exabrupto del ministro Francisco Cabrera contra los industriales afectados por las importaciones, a quienes el funcionario recomendó por radio dejar de llorar y dedicase a competir, y cuya reflexión fue insólitamente celebrada en reunión de Gabinete por el propio Presidente de la Nación, al punto de menear el fantasma de Guillermo Moreno, tristemente recordado y recientemente exculpado por sus tropelías en el INDEC.

 

Será sin duda más difícil para el Gobierno y para el sector empresario sostener desde hoy la rígida estrategia de negociar este año paritarias en torno a 15% y sin cláusula gatillo.

 

Mientras se va cumpliendo en el Congreso el acuerdo entre Mauricio Macri y los gobernadores del PJ, y aún en medio de fuertes polémicas avanza el paquete de reformas para impuestos y jubilaciones, se agudiza en el Gobierno una fuerte polémica sobre cómo seguir en lo inmediato con la inflación, el atraso cambiario y, sobre todo, el nivel de las tasas de interés que impone el Banco Central con las famosas Lebac para dominar el aumento de los precios.

 

Los sobresaltos políticos del Gobierno y del país en estos días dejaron en segundo plano el debate económico, una agenda que en el cierre del año se repite alrededor de la discusión de siempre: el gradualismo porque el déficit fiscal es complejo de bajar y tiene que ser financiado con deuda, la inflación que sigue, las altas tasas de interés, el atraso cambiario y la falta de competitividad del país en su conjunto.

 

Cierra el año con ánimo claramente optimista y entusiasta entre la mayoría de empresarios, inversores y hombres de negocios. A las puertas de las vacaciones, nadie quiere amargarse con proyecciones de largo plazo y sólo cabe ahora celebrar las buenas noticias que pueden contabilizar sobre la mesa política y económica del país.

 

Con renovado entusiasmo después de la victoria del presidente Macri en las elecciones, el mundo económico y político comienza a sumergirse en el debate y las negociaciones del paquete económico anunciado en las últimas horas, básicamente los cambios propuestos en los impuestos y las relaciones laborales.

 

Hace más de 60 años, hacia 1955, el economista Milton Friedman propuso una verdadera revolución mental para mejorar la educación en Estados Unidos.

 

Macri deberá ser menos gradualista si quiere una revolución en serio con los aviones

 

Mauricio Macri sabe que aun confirmando en octubre el gran resultado político que obtuvo su Gobierno y Cambiemos en las PASO, necesitará que ese triunfo sea lo más sólido posible para librar con la oposición y sobre todo con los gobernadores peronistas lo que será la principal batalla política del segundo tramo de su mandato: el nuevo reparto de fondos entre la Nación y las provincias que deberá negociarse una vez que la Corte Suprema active una nueva bomba fiscal y ordene actualizar el famoso Fondo del Conurbano Bonaerense.

 

Si pudieran, firmarían con las dos manos el empate. Así está el ánimo de la mayoría de los inversores y hombres de negocios en la Argentina, esperando cada vez más ansiosos los resultados del próximo domingo en la provincia de Buenos Aires en la batalla entre Cristina y el Gobierno.

 

No se hará esperar la primera y decisiva prueba de fuego que tendrá que superar el presidente Macri en los mercados, una vez que se conozcan los resultados electorales de las Primarias el domingo 13 de agosto.

 

Promete el Gobierno para después de las elecciones encarar una profunda reforma impositiva y laboral en la Argentina, que permita alentar inversiones y aumentar el empleo.

 

La desorientación política en el Círculo Rojo de la Argentina es hoy total y absoluta. El cierre de listas para las elecciones de octubre, la reaparición de Cristina con chances, y los efectos económicos que pueden sobrevenir con el resultado de las urnas ocupa en estas horas la mayor parte de las conversaciones y análisis entre los hombres de negocios.

 

El disgusto llegó para el Gobierno desde el rincón menos esperado: los bancos y operadores de Wall Street que siguen el caso argentino. Los que supuestamente garantizaban el gradualismo para siempre prestando a 100 años.

 

Nada parece capaz de alterar por ahora la paz cambiaria en la Argentina. Algo se movió el dólar en las últimas semanas por el escándalo político en Brasil, pero todo parece sosegarse.

 

Aún los más optimistas aceptan hoy el pronóstico de que la economía no será la estrella en el año electoral.

 

Sonaron las alarmas en el Gobierno, en los principales estudios jurídicos que asesoran empresas e inversores y en los ámbitos más informados del Círculo Rojo.

 

La Argentina en el año electoral anota una dinámica impresionante semana a semana. El que se aburre, es porque quiere. Todo parece indicar estas horas que la reacción espontánea de la mayoría de la gente en las plazas el sábado último, rechazando la oposición violenta y radicalizada que se desató en marzo contra el Gobierno, vino a determinar una novedad inquietante: el que ahora se radicalizó, dicen, es Mauricio Macri.

 

Se modera la inflación y aparecen síntomas que permiten suponer que también lo peor de la recesión va quedando atrás.

 

Parece cada vez más claro que buena parte de la suerte económica del presidente Macri y de los argentinos descansa estas horas en el resultado del tan mentado blanqueo de capitales y activos dentro y fuera del país.

 

No hay peor astilla que la del mismo palo. El mundo económico y de negocios en la Argentina debería prestar atención al viejo refrán. En efecto, aquel que perteneció a un grupo es quien finalmente más provecho puede sacar de él. Ciertamente, no hay peor enemigo que aquel del mismo oficio.

 

Buena parte de la sociedad argentina, sobre todo quienes siguen la actualidad a través de la radio y la televisión, está siendo impactada por el espectáculo de la corrupción a gran escala verificada en los años de Néstor y Cristina Kirchner en el poder.

 

El doctor Alfredo Eugenio López, titular del Juzgado federal N´ 4 de Mar del Plata, es un hombre de mucho prestigio y antigüedad en la Justicia. Sobre él se recogen las mejores referencias entre abogados y en el círculo rojo marplatense. Lo recuerdan muy activo con los amparos en defensa de los ahorristas en las épocas del corralito y el corralón, hechos que le valieron el reconocimiento de los vecinos. Pero su ascenso en el interés de los medios llegó años más tarde, de la mano de la ex presidenta Cristina Kirchner.

Salvo los millonarios, con cuentas bancarias y otros activos no declarados por encima de los u$s 5 o 10 millones, el resto de los argentinos de clase media que ha tenido alguna capacidad de ahorro a lo largo de su vida, y que considera que ha pagado religiosamente los impuestos por todo lo que tiene, maldice en estas horas el blanqueo de capitales lanzado por el Gobierno, cuyo resultado final empieza a estar cada vez más opinado en el circuito económico, político y financiero del país.

 

Mauricio Macri llegará en las próximas horas a Roma con parte de los deberes hechos para tratar de amigarse políticamente con el Papa Francisco: llamó al diálogo a empresarios y dirigentes sindicales para acordar reformas económicas que privilegien la inversión y el empleo; logró una tregua con buena parte de los sindicatos peronistas que desistieron del paro general y, al menos en público, también hizo las paces con el mundo empresario.

 

Cuando al presidente Macri lo visitan economistas que le advierten sobre el creciente déficit fiscal financiado con endeudamiento; y la dificultad que eso significa para bajar de verdad la inflación sin agravar el retraso cambiario; les responde que tienen razón, que él entiende el problema, pero que por favor no le reclamen ajustes ahora porque hay que ganar las elecciones.

 

Los números fiscales de octubre resultaron alarmantes. Déficit fiscal récord de casi 200 mil millones al mes, entre 200% y 300% arriba de octubre de 2015 según cómo se mida. Los gastos suben al 50% anual, los ingresos al 25% en el mejor de los casos.

 

Alivio transitorio entre inversores y en el mundo económico tras confirmarse la tregua de la oposición peronista y el Gobierno a propósito del impuesto a las Ganancias. Frenó la demanda de dólares, reapareció la oferta de divisas y se diluyeron en parte los temores a un nuevo festival de impuestos para todos y todas, con tal de seguir evitando el ajuste al gasto político en Nación, provincias y municipios. Mejor ánimo en Casa Rosada, al confirmar que avanza la negociación por ganancias con la CGT y el PJ, todo para mortificar a Sergio Massa.

 

El último tramo de la paritaria docente que se retoma hoy entre los gremios de la provincia de Buenos Aires y el gobierno de María Eugenia Vidal representa mucho más que una señal económica en términos de expectativas de inflación o equilibrio presupuestario.

 

Contra todos los pronósticos de los encuestadores. Contra el círculo rojo de la mayoría de los medios de comunicación. Contra la voluntad del Papa Francisco. Finalmente se dio el tremendo batacazo en Estados Unidos y ganó Donald Trump, el que no podía ganar.

 

Fundado el 4 de agosto de 2003

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