Gabriela Pousa

Gabriela Pousa

Llámese “grieta”, llámense diferencias. Gusten o no estas existen desde el momento en que viendo el desborde en una movilización, se nos estruja el alma por ese regreso de la barbarie versus la civilización.

 

 “Mucho ruido y pocas nueces”, el escenario nacional parece estar signado por el despropósito y la calamidad. A simple vista todo es caótico: desde el intento rutinario por llegar al trabajo sin sobresaltos, hasta la lógica más elemental, si quiere tener luz y gas hay que pagar. Nada es razonable como lo sería en un país normal y es que, en trance de sincerarnos, aún no hemos logrado normalizar una Argentina maltratada hasta el hartazgo.

Así no nos vamos a entender. Estamos a punto de volver a caer en uno de esos errores que no conducen a nada positivo y hacerlo, cuando aún la gente mantiene expectativas y esperanzas favorables al oficialismo, sería un desatino.

 

Vacaciones, en apariencia al menos, la nieve comienza a acumularse en los picos de los cedros. Todos encantados con el espectáculo. Los esquiadores preparando el equipo, la temporada se muestra auspiciosa y genera entusiasmo inmediato.

 

Cuando Mauricio Macri ganó las elecciones en diciembre pasado, desde este espacio sostuvimos la necesidad de crear consenso enarbolando alguna bandera política que lo identificara, y al mismo tiempo, no pudiera despertar polémica ni abrir aún más la grieta. En aquel entonces, la corrupción ya se perfilaba como la causa nacional por excelencia.

Argentina es un país inclusivo, nadie puede dudar de ello, lo cierto es que la inclusión nos excluye de poder situar la atención en lo verdaderamente importante que sucede. En este mismo instante, cada canal de televisión muestra una parte de lo que pasa sin que la suma de todas ellas represente un todo homogéneo y razonable.

Borges encontraría una sola forma de describir la Argentina en el comienzo de la era macrista: desde el enigma. De esa forma, habría que asumir que “Somos Edipo y de un eterno modo la larga y triple bestia somos, todo lo que seremos y lo que hemos sido. Nos aniquilaría ver la ingente forma de nuestro ser; piadosamente Dios nos depara sucesión y olvido”. Y en esa sucesión y olvido volver a ser lo que antes fuimos.

Y un buen día los argentinos descubrieron la pobreza… Ese podría ser tranquilamente el encabezamiento de un cuento tan ficticio como cierto. Sucede que las contradicciones han pasado a ser algo cotidiano en una época en la cual la paciencia se ha esfumado.

 

No debería haber sorpresa aun cuando Borges haya rescatado el sentir asombro cuando todos sienten costumbre. Y es que muchos años antes, Heráclito ya había graficado el devenir del mundo y su sumisión al cambio constante al sentenciar que “nadie se baña dos veces en el mismo río”.

 

Fundado el 4 de agosto de 2003

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